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UN TIPO DE TIPA


Pasar de primeras como desapercibido puede llevarle al éxito a largo plazo. Exponerse mucho desde un principio le puede quemar y dejarle en la estacada.

La discreción llevada con elegancia es un arte que le puede dar muchos réditos. No ser el primero en nada pero regular en todo, le abre abanicos para cualquier tipo de horizonte.

La belleza está en el interior pero no conviene que se estanque en el fondo de un pozo, sino que ha de brotar y manifestarse con tal virulencia que deje obnubilado a la concurrencia.

El talante, el buen carácter y la simpatía han de ser sus bazas para ganarse a la gente. La aplicación racional de las mismas le dará el éxito frente a otr@s competidores que, aunque de primeras puedan resultar más atractiv@s, pasado un tiempo su efervescencia se evapora hasta que se disuelven como un azucarillo. Son puro fuegos de artificio.

Con dosis justas, ni escasas ni abundantes, de atrevimiento y locura va forjando una forma de ser que, cuanto menos, no deja indiferente. Una vez que ha cogido confianza, va buscando constantemente la complicidad para que tu vida y la suya se vayan llenando de lugares comunes y convierta vuestra relación en algo único.

Cuando una personalidad así te engancha, es difícil salir de sus redes. Como una paciente araña ha ido tejiendo una fina tela en la que te atrapa como si fueras su presa. Y una vez allí, juega contigo hasta que sale a relucir su lado más oscuro y se comporta como una mantis religiosa. Es ahí cuando te das cuenta que estás perdido y que no puedes quitártela de la cabeza. Te ha conquistado.

Los equipos de fútbol te hacen sentir este tipo de sentimientos. ¿O acaso pensabais que estaba hablando de otra cosa?

TENEMOS UN PLAN


Está todo listo para triunfar. Hemos urdido un plan que nos va a llevar al éxito. Por fin, la infatigable persecución tendrá sentido y llegaremos a buen puerto. ¿Qué cuál es el plan? El plan es que no hay plan.

Toda planificación centrada en la heroica, la casta y jugar en función del rival no puede considerarse como plan. Y claro, cuando el contrario si tiene las cosas claras, tus vergüenzas sale a relucir.

El rival es ese viejo conocido al que mirabas no hace mucho por encima del hombro. Siempre estuvo lleno de complejos, fue víctima de fatalidades reales e infundadas y se sentía inferior a vosotros. Ese mismo rival ha conseguido, como las arañas, tejer una fina y consistente tela que les ha hecho revertir los resultados. Decididamente tienen un plan.

Tener un plan no asegura el éxito si no lo pones a prueba. A pesar que los primeros años no se noten los resultados, conviene no perder la calma y seguir apostando por el mismo porque de ahí depende tu futuro. Los jóvenes son el futuro y has de creer en ellos porque sólo así, ellos te devolverán con creces lo que tú le has enseñado.

Esa es la otra parte, la enseñanza. Tiene que haber un ideario, un estilo, un comportamiento y forma de jugar que os distinga. Tenéis que ser únicos y fácilmente distinguibles. Sólo así conseguiréis un compromiso de fidelidad con vuestros seguidores y lo que es mejor, podréis captar más aficionados. Para ello, nada mejor que apostar por la belleza y los viejos preceptos de este deporte: gana el que juega mejor.

Porque a fin de cuentas, como casi todo en la vida, esto es un juego y no conviene plantearlo como una cuestión de vida o muerte. Hacerlo así es jugar en el filo de la navaja; algunas veces te puede salir bien pero muchas otras mal. Evidentemente jugar así tiene un componente emocional muy alto cuando se consiguen éxitos pero estos, a la larga, terminan siendo efímeros y lo que queda después es pura desazón.

Como no teníais un plan, lo fiasteis todo a jugar al borde del abismo. Sólo que esta vez no os salió bien y la amargura os recorrió todo el cuerpo. Porque se puede perder jugando bien, mal o regular, incluso por un pequeño detalle injusto; pero perder sin oponer resistencia, y no porque la gente no lo diese todo, sino porque no dabais más de sí, es muy duro. Volver a la senda de la victoria se antoja una travesía en el desierto. Da igual, si a partir de ahora trazamos un plan que nos de los frutos dentro de un tiempo. Paciencia, que no nos coman el coco con la grandilocuencia
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