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GRIS


Como se quedó en tierra de nadie, el gris es por naturaleza resentido. Quizás no lo exteriorice pero el resentimiento le carcome por dentro. Él iba para ser destacado y le quedaron las migajas. Le hubiera gustado también no complicarse la vida, pasar desapercibido pero la vida no le concedió esa oportunidad.

El gris no es brillante, no es resplandeciente sino que es plomizo como él solo. Aburre, entristece porque sus argumentos no interesan y él lo sabe, se ofusca y se vuelve más huraño y se empieza a aislar…o a agruparse con otros grises que, tan cabreados como él, juntos acaban volviéndose casi negros como los nubarrones que son la antesala de la tormenta.

El gris intentará hacerse el gracioso y lo único que conseguirá será no caer en gracia. Se dará cuenta que no tiene atractivo y que otros colores, sin ser tan solemnes como él, tienen más suerte en la vida. Por ello, su vida social se vuelve nula, si entendemos por vida social todo aquello no sea trabajar, porque el gris vive para trabajar. Es su consuelo, no le queda otra que refugiarse en su trabajo ante la poca aceptación que tiene y es desde allí donde quiere construir su imperio de grandeza. Ganar dinero será su objetivo para intentar amasar pequeñas fortunas y luego restregárselas a la concurrencia en definitiva, porque ello es la única manera que tienen para sentirse aceptados.¡¡Cómo si el dinero fuera lo más importante!! Pero hasta eso les sale mal porque en realidad son pobres de solemnidad, tanto trabajar, tanto dinero amasado para luego no tener ni tiempo ni amigos con los que disfrutarlo.

Las grandes ciudades están impregnadas de este color que, como una mancha de aceite, se extiende sin límite. Hay que tener cuidado para que no te atrape con sus tentáculos y te gane para su causa, porque sino estás perdido. Te volverías uno de ellos y tomarías distancia con la realidad.

¿Quién no ha visto el gris? ¿Quién no ha tenido la tentación de combinarlo con otro color porque con ese no se sentía atractivo? Pero la gran pregunta es, ¿podríamos vivir sin el gris? Tengo mis dudas, pero probablemente no, dado que alguien ha de hacer el trabajo sucio y que mejor que aquellos que se sienten al margen de ese arco iris de colores que es la vida.

TE BUSCO...PERO NO TE ENCUENTRO



Una vez más me has vuelto a dejar tirado. No hay derecho. No es que las veces anteriores me haya sentido mejor pues estuve igual de fastidiado, pero esta vez, que me había preparado a conciencia para que esto no pasase, mi pena no tiene consuelo.

Ya sé que quizá en todos estos años, por mis conflictos internos, no te he prestado la atención que merecías. Tú y yo que hemos mantenido relaciones tan fructíferas… Me equivoqué; es lo que tiene la confianza que te terminas relajando, descuidando una relación y luego, cuando te das cuenta, ésta empieza a resquebrajarse. En el mejor de los casos, llegas a tiempo para que esa vía de escape no termine en naufragio. Pero contigo tuve mala suerte y cuando quise darme cuenta, ya estaba hundido en medio de un océano de soledad.

De las veces anteriores, puedo entender que te sintieras seducida por el carisma británico, la vigorosidad alemana o el sentido artístico que tienen de la vida los italianos pero en esta ocasión, preferir el aburrimiento francés, sí que no lo entiendo. No este año, cuando por fin comprendí (o creí comprender) cuáles eran mis errores pasados, cuando me había preparado a conciencia para este momento, nuestro momento. Jugábamos en casa y preferiste ir en brazos de otro. Otro que no te quiso, ni te quiere, ni te querrá como yo.

Estoy dolido, no te voy a engañar. Pero seguiré intentándolo, de sobra me conoces. Me centraré en solventar mis demonios interiores y el año que viene volveré. Y retornaré con toda la rabia acumulada que este dolor me ha causado; y esa rabia será el motor que me motive. Ahora bien, una cosa te pido. Está mal que me abandones por un francés de medio pelo, pero no te perdonaría que acabaras en los brazos del OTRO y menos este año, que encima pongo yo la casa.

LA TEORÍA DE LOS 3 CAFÉS


Más de 2000 años de Historia civilizada y el Hombre aún no se ha enterado de qué va el tema. La mujer es el ser más astuto que hay sobre la faz de la Tierra. Así que, si hay que lanzar un plan de ataque, éste tiene que ser milimetrado porque cualquier zarpazo de ellas puede ser mortal de necesidad.

Dado que ella es un rival más fuerte que nosotros, para abordarla hay que buscar un momento de debilidad. No hay mejor momento que cuando lo acaba de dejar otro chico. Es ahí, cual buitre, donde el hombre huele la sangre de su carroña. Somos carroñeros, qué le vamos a hacer.

En este post pretendemos dar unas pautas de cómo conseguir que la misión tenga éxito antes que tengamos que abortarla. Todo en su justa medida y sin exagerar. Como decían en EL PRECIO JUSTO, se llevará el escaparate final aquel que se aproxime al Precio sin pasarse.

No hay mejor técnica para acercarse y escuchar a una pobre víctima desvalida, que tomándose un café con ella. Y dos. E incluso, tres. Pero nunca más de 3 y ahora explicaremos el porqué:

1er Café: El confidente

Este es el café de las confidencias. Te limitas a escucharla y a no tomar partido, lo cual te confiere de un gran componente cínico dado que ella te hablará de lo mal que se lo ha hecho pasar su ex, y tú sin embargo verás que la cosa no es para tanto, ya que en las mismas circunstancias hubieses actuado igual. Le darás la razón aunque no compartas su punto de vista. Es más, a medida que te vayas animando terminarás por echar más leña al fuego y soltando por la boca esa frase que les gusta tanto a las mujeres: “Es un cabrón”. No lo sabes pero en ese momento acabas de sellar una amistad inquebrantable con ella.



2º Café: El asesor.

El plan va tomando cuerpo. Gracias a tu paciencia has conseguido ganarte su confianza. A pesar que para ello hayas tenido que tirar piedras sobre su propio tejado pero…¿acaso para ganar una batalla no hay que practicar antes “guerra de guerrillas”?

Teniendo en cuenta que sólo tienes 3 oportunidades, este café se antoja crucial para el éxito de tu misión. Este es el momento de postularse como un candidato.

Como ella ya confía en ti, abrirá más su corazón y los temas de conversación, a priori, no versarán exclusivamente en torno a su ex. A este café hay que ir con la lección bien aprendida y por eso es recomendado un estudio concienzudo del último ejemplar de la revista COSMOPOLITAN. Con dicha publicación se aprende más psicología femenina que tomando mil cafés con una mujer. Se asombrará con todo lo que sabes sobre cómo se siente ella en uno de esos días y llegará a confiar en tí tanto como en su mejor amiga. Pero al final va tanto el cántaro a la fuente, que se acaba rompiendo.

Como bien sabes, si te has leído la COSMO, al final todos los temas a los que les dan vuelta las mujeres giran en torno a lo mismo: los hombres. Y como ya has pasado a ser de su círculo de amigas, te empezará a plantear sus dudas en torno género masculino de modo general…y a título personal.

No te lo puedes creer. ¡¡Te está preguntando qué te parece otro chico!! ¿En qué momento ha podido fallar esto? Aunque esta situación no te la esperases, hay que mantener la cabeza fría. Y dado que te han planteado batalla, no serás cobarde y plantarás cara.

La estrategia está clara: menospreciar al otro. Cuanto más mierda le eches encima, mejor. Si te dice que es muy mono, tú dirás que no es para tanto, que es muy chaparrito (dirás esto infligiendo una norma no escrita entre los hombres que se trata de no opinar sobre el físico de otros hombres). Si ella opina que es un tío encantador, invéntate una excusa y dile que un día le viste hacer algo abominable (puede valer el hecho que se hurgue la nariz). Si ella te dice que es una persona que siempre le escucha y está ahí siempre que la necesite, plántate. Ponte serio porque, ¿qué es si no lo que estás haciendo tú más que aguantar sus monólogos y como pone a parir al género masculino? Claramente llegado a ese punto, tienes que pasar al ataque.


3er Café: El conquistador (¡¡Al Ataque!!)

Esta fase es como una ruleta rusa: puedes conseguir todo o nada. Es tu última bala en la recámara, el momento de presentar credenciales y de echar del camino a cuantos rivales se te pongan por delante.

Aquí no hace falta tanto leerse la COSMOPOLITAN como tomarse un copazo antes de la cita. Hay que ir a por todas. Dejarle muy claro que no ande buscando fuera lo que ya tiene en casa y que mejor que tú, no va a encontrar a nadie en la faz de la Tierra.

Para encontrarle más receptiva, pasa del café e invítala a una copa. A ti también te vendrá bien otro lingotazo. Teniendo en cuenta que las mujeres, por ciertas cosas, se comen mucho el tarro, seguirá hablándote del otro. La táctica está clara. Por cada vez que vanaglorie al otro, tú dirás que eres más o mejor. Véndete en el sentido más comercial de la palabra, preséntate como casi la reencarnación de Dios en la Tierra.

Esto tiene que ser como el txirimiri, una lluvia fina que apenas crees que moja y sin embargo estás calado hasta los huesos. Y como los hombres somos un poco cobardes cuando una mujer está delante y no nos atrevemos a decirle claramente lo que pensamos, reclamas la ayuda del camarero. Éste posee lo único que te puede ayudar: el alcohol.

Ahora no valen las excusas y hay que tirar hacia delante con todas las consecuencias, aunque eso pueda implicar romper su amistad con ella. Pero, pensado fríamente, ¿era la amistad lo que buscabas? Pues, no. Así que empinas la copa y te la bebes de un sorbo, respiras hondo y te propones a declararle todo tu cariño y amor. En ese momento en el que tú deberías llevar la iniciativa, ella de nuevo te vuelve a interrumpir para decirte: -Ya está ahí.

¿Quién? ¿De qué me está hablando? Ves que saluda a alguien a lo lejos, giras la cabeza con aire indiferente y lo ves. Le he dicho que viniera, para que así os conociérais- interrumpe ella. Después de presentarte al susodicho como su mejor amigo, decides levantarte para así no romper ese momento tan íntimo y también porque, esa copa tomada de un sorbo ha sido una auténtica bomba de relojería en tu estómago. Según vas camino del WC te vas preguntado, ¿podremos ser amigos las mujeres y los hombres? Quizá con otro café por medio lo podremos descifrar.

*Dedicado a David B., por darme la idea.