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BAR, VISITE NUESTRO BAR


Baaaaar, visite nuestro baaaaaaar decía una buenísima canción de un grupo español con letra erógena y letrista de incalculable valor literario, como muestra alguna de sus últimas creaciones ("Lo noto, puedo ser un cabrón, pero lo noto"). A lo que íbamos, no nos despistemos, en nuestra cultura de fiesta diaria y cachondeo la figura del bar es imprescindible ya que se necesita un recinto para canalizar todo el friquismo que los españoles llevamos dentro.

Lo más importante es encontrar un sitio de referencia, un sitio donde te sientas como en casa o incluso, ya consideres tu casa pues pasas más tiempo allí que en tu hogar. ¿Qué buscar en esos sitios? Es una amalgama de cosas, a saber: ambiente distendido, música, camareras a las que dar carrete pero sobre todo y por encima de todas las cosas, que te pongan la segunda copa gratis. Llegar hasta allí es un camino arduo y complicado. Tienes que dorar mucho la píldora. Por ejemplo darle mucha conversación a los camareros/as o al encargado hasta casi convertirte en un cansino o emplear una serie de frases que te sacarán de cualquier tipo de apuro ("Ángel, cuando puedas: Ángel, Javi, Patricia, Laura, Juanma, etc). Todo esto para llegar a la siguiente fase que es la complicidad entre tabernero y cliente.

La complicidad consiste en que el camarero ya con un simple gesto comprenda lo que tú quieres sin necesidad que tú abras la boquita. El cúlmen de la complicidad consiste que tú entres en el garito y antes que te sientes en el sitio estratégico que tienes reservado en el mismo, tengas tu consumición sobre la mesa . Eso es una muestra del status del que tú gozas allí. La siguiente fase es comportarte como si estuvieras en casa.

Aunque a lo mejor en tu casa no te dedicas hacer gimnasia apoyándote en una encimera, a miccionar en un sitio que no es el servicio o puestos en este plan, a enseñar y estirar tus vergüenzas para que estas vean un poco de luz pues hace mucho que no vas a Santiago con tu novia. Por supuesto no te dedicas a faltar al respeto a tu padre cosa que si haces con el encargado del garito donde lo menos que le dices es que se parece a Jean Paul Gaultier.

Ahora bien, lo mejor de todo, quitando las excursiones guiadas y organizadas al cuarto de baño de las mujeres, es relacionarte con la flora y la fauna que allí habita. Habría que diferenciar entre camareras y clientela. A las primeras te las tuviste que camelar para conseguir la segunda copa gratis; una vez conseguido eso, lo que hay entre vosotros es una tensión sexual no resuelta a pesar que niegues, como Santo Tomás, que no te gusta pero ya se sabe, repudias a las que amas y amas a las que te repudian. Incluso con tu novia delante estás más pendiente de la camarera que de ella. En cuanto a la clientela, si considerabas que tus amigos y tú sois "friquis" no andabas desencaminado ahora bien, los hay más "friquis" que tú. A saber, un tipo orondo parecido a boliche el de "Los Serrano" , al que nunca has oído a hablar y que responde a todo lo que le dices con una sonrisa, no sabemos muy bien por qué, lo más probable es que no te esté haciendo ni puñetero caso. Un tartamudo, con el cual te saludas cariñosamente y al que le das recuerdos para su madre. Para él que eres una especie de Dios, no en vano te tiene un altar en su tienda y cuando entras en ella se disparan todas las luces y suena por el hilo musical la bonita canción del la película "Cabaret": Money,Money,Money . Se me olvidaba el mejor de todos, el mejor bailador no puede estar sin castañuelas y el verdadero toque de calidad a la clientela lo da un tipo al que llaman ZAPA. No entendemos muy bien el nombre pues le pegarían mejor otros como EL DIVINO, EL L´OREAL (porque yo lo valgo), o el BOOMER (por su afición a los chicles). ¡¡Qué clase tienes, cabrón!! parece que le grita la gente que le ve. ¡¡Qué poses!! ¡¡Qué manera de atusarse el pelo!! Ni la divina y pobre Carmina Ordoñez llegó a su nivel de sofisticación. Sobre todo, ¡¡Qué manera más desenfrenada de masticar chicle!! Le saca todo su jugo. El calificativo de hijo del viento que se ganó Carl Lewis habría que dárselo a este hombre, que todas las mañanas cuando se mira al espejo se emociona de lo guapo que es y sobre todo, de haberse conocido. Y además marca tendencia; lo hemos visto con gafas, sin ellas, con el pelo corto, con el pelo largo y engominado, ahora con el pelo ensortijado dejando ver el lado salvaje que oculta en su interior. ¿Lo llamarán zapa por sus zapatos? Seguro que lleva lo último de lo último, por cierto que lo último que le vimos fueron unas chanclas, chanclas que no sé si se atreverá a volver llevar habida cuenta que un energúmeno, porque no merece otro calificativo, un amargado porque le roban en la obra en la que trabaja (Mirar "Rinconete y Cortadillo"), tira las colillas de los cigarros que fuma al suelo sin fijarse donde caen y esta vez cayó en los bonitos dedos del castigador del chicle.

¡¡Qué entrañable es todo esto!!

1 comentarios:

Definitivamente nunca entenderé el mundo del bar.