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ALLA DONDE LOS GRITOS DEJEN DE OÍRSE, RESONARA EL ECO DE LA ESPERANZA


Nada está perdido, todo es posible. Por más oscuro que sea el presente siempre habrá un pequeño halo de esperanza. Tan sólo necesitamos el faro que nos guíe a encontrar ese camino.

Hay que tener determinación y no dejar dominarse por los miedos, pues a estos les encanta robar sueños. Nuestros sueños son nuestros y nada ni nadie nos los puede arrebatar. Dejemos volar nuestra imaginación y que ésta nos lleve a donde quisiéramos estar y de momento, no podemos.

Rompamos las cadenas que no nos permiten vivir la vida que queremos sino con la que nos conformamos. No pasemos por la vida como meros espectadores, seamos activos e intentamos que nuestra existencia no pase en balde. Pasemos a la historia por nuestros logros, que por pequeños que sean,  siempre serán nuestros y no pasemos a la historia por envidiar lo que otros han conseguido.

No insistamos en hacernos preguntas repetidamente hasta que encontremos una respuesta. Algunas preguntas no tienen respuesta y si la tienen, es mejor no saberla. Las razones de cada uno son propias y cada uno es responsable de sus actos y sus consecuencias.

Aceptemos el entorno, adaptémonos pero no nos subroguemos a él. No es él quien nos debe dominar, somos nosotros los que tenemos que tener la capacidad para dominarle a él. Aceptemos la diferencia, la discrepancia y la diversidad. No hagamos juicios de valor, ni tengamos imágenes preconcebidas. No pensemos que el resto de la gente ha de ser como nosotros queramos que sean. Asumamos que al igual que no existen dos personas iguales, ninguna relación ha de ser excluyente. Todos nos complementamos y en el fondo somos la suma de muchas pequeñas cosas. Cuando falla alguna de esas pequeñas piezas, una parte de nosotros falla también.
 

Somos el resultado de lo vivido pero sobre todo de lo que nos queda por vivir. El pasado son los cimientos, el presente, el proyecto y el futuro…el futuro está por escribir. No lo emborronemos, soñemos con lo que nos gustaría ser y luchemos con todas nuestras fuerzas para que nada ni nadie nos lo pueda arrebatar. No perdamos la esperanza porque ese es nuestro motor para seguir viviendo. 

EL LIGA MÁSTER

El liga máster es aquel depredador nocturno capaz de cualquier cosa por conseguir su objetivo: atrapar una presa. Se caracteriza por empezar su táctica con movimientos sigilosos y de despiste para pasar desapercibido y así asegurarse un éxito seguro. En un primer momento podría pasar por un animal totalmente inofensivo, apático y poco ambicioso. Pero no nos equivoquemos, es tan sólo una pose. Su primer paso es analizar a toda manada que se le pueda poner a tiro.

Analiza debilidades y fortalezas de las presas que tiene más cercanas con el objetivo de hacerse una idea de lo que tiene enfrente para que el margen de error sea lo más mínimo posible. Una vez que ha tenido en cuenta los peligros que acechan la caza, es momento de hacer un pequeño break y concederse un capricho, no todo en la noche va a ser trabajar, también hay que dar rienda suelta a pequeños placeres. Cae el primer chupito de Jägermeister de la noche.

Hay que reconocer que todo lo que tiene la bebida alemana de fuerte y áspera lo tiene también de liberadora de mentes e ideas. Es este el momento en que, tras mantenerse agazapado, el liga máster haga acto de presencia. Darse a conocer entre la manada de manera discreta, sin avasallar y a poder ser, dejando un pequeño aura de misterio que haga más interesante la conversación. La clave es conversar de temas triviales o de actualidad, sin posicionarse claramente pero haciendo alguna puntualización que le haga interesante. En definitiva, el liga máster busca diferenciarse del resto. En el mundo de los depredadores, ganarse la confianza de la presa es fundamental para pasar al ataque, de lo contrario se puede levantar un muro infranqueable, imposible de atravesar. Tanta conversación provoca sed en el liga máster, así que qué mejor que un segundo chupito de Jägermeister para refrescar la boca.

Este segundo chupito a pesar de la sensación de quemazón que deja cuando baja por el esófago, da un pequeño chute de autoestima a nuestro depredador. Causa un efecto inmediato. Pasa de ver un campo inabarcable de presas, a poner puertas al campo. Entramos en una fase en la que tiene que ganarse al contrario en las distancias cortas. Se dejan atrás las conversaciones grupales y se pasa al cuerpo a cuerpo. Empieza a ser directo, pero sin ir a tumba abierta. Aún queda mucha noche y no conviene gastar todas las balas en la recámara. Lo importante es que tenga paciencia, no ponerse límite de tiempo para así poder sacar conclusiones certeras de cuál es el comportamiento de cada una de las presas a las que se enfrenta. En definitiva, se trata de encajar todas las piezas del puzzle. Como la información ha sido extensa, variada y concentrada, nuestro depredador necesita aclarar ideas. No hay nada mejor que un tercer chupito de de Jägermeister para ello.

Los alemanes tendrán buen saque con el alcohol, pero en España no estamos tan acostumbrados para sacudidas tan grandes. Da igual, un depredador nocturno no puede dar muestras de debilidad aunque el alcohol empiece a crear una cierta sensación de pérdida de control. Llegado a este punto de la noche (y de embriaguez), el liga máster se empieza a decantar por una de las presas que ha conocido. Pero surge un principio que puede dar al traste todo el trabajo realizado en la noche: el principio de incertidumbre. Este principio consiste en detectar a una presa, acercarte a ella, creer que es lo que estabas buscando, pero no fiarte del todo. Las dudas con alcohol se disipan. Marchando un cuarto chupito de de Jägermeister.

El liga máster entra en una fase próxima a lo que podría ser el nirvana. Un estado mezcla de felicidad con ausencia plena de control. El principio de incertidumbre se va a tomar vientos y todas las presas le parecen al liga máster sumamente aptas. Fuera reglas y fuera criterios. Empieza la caza pura y dura, aunque eso suponga inmiscuirse en los procesos de caza bastante más avanzadas de otros depredadores de la noche… con el riesgo que eso supone. Disparar a todo lo que se mueva, por mera cuestión estadística, puede surtir efecto…y surte efecto: parece que ha caído una presa en sus redes.

Comienza una tercera fase de conversación completamente distinta a las dos anteriores. Ahora el tema de conversación es completamente secundario, lo importante es que la presa mantenga la atención. Se trata de ejercer un ejercicio de pura sociabilidad, para ello no hay mejor elemento cohesionador de la noche que el alcohol y ya que el liga máster se había tomado cuatro antes, se decide a tomar un quinto chupito de Jägermeister. Empinar el codo por una quinta vez tiene efectos devastadores. El liga máster pierde el control por completo de la situación, no es dueño de sus actos y lo que es más importante, se le olvida una regla aún más importante que el principio de incertidumbre: la presa casi siempre es más inteligente que este tipo de depredadores nocturnos y es sin duda la verdadera cazadora nocturna. Ya puede el liga máster beberse toda la producción existente de Jägermeister que como la presa no quiera tema, no va a haber tema. Ese sería el principio de certidumbre que todo depredador nocturno debería aprender antes de ponerse a actuar.


AUSENCIAS

(Del lat. Absentĭa)
1.      Acción y efecto de ausentarse o de estar ausente.

Hay veces que, ante una presión extrema por distintas circunstancias, es mejor dar un paso atrás y desaparecer del mapa. Con ello coges perspectiva y analizas las cosas desde un punto de vista que no habías tenido en cuenta. Es como si necesitases tiempo para ti, crear un estado mental en el que quieres que nada ni nadie te perturbe para encontrar respuestas a aquella multitud de preguntas que nunca tuviste tiempo de buscar.  
Puede que mucha gente entienda esta “período de reflexión” como una la consecuencia de algo más grave o una falta de respeto a los demás. Para nada eso debe de ser así, simplemente se trata de un pequeño viaje interior con el objetivo de salir más reforzado a nivel personal y mejorar en tus relaciones sociales.

2.      Tiempo en que alguien está ausente.

El tiempo siempre es algo relativo. Puede ser mucho o poco dependiendo de la percepción que tenga cada uno. También puede empezar a contar de diferente forma, el comienzo y el final es algo que no se puede controlar. Lo que sí que hay que tener claro es que estar ausente no es estar indiferente, no es un borrón y cuenta nueva, es un punto y aparte.
Las ausencias propias uno las controla y las puede interpretar. Las ausencias ajenas ni se controlan y muchas veces ni se explican. Y es mejor que así sea, porque a veces es mejor no conocer los motivos; puede ser peor el remedio que la enfermedad.  

3.      Falta o privación de algo.

Como explicamos antes, la principal causa de ausencia puede ser la falta de tiempo para uno mismo. Pero a veces la privación no es premeditada sino que es impuesta. Esa puede ser la peor de las ausencias, la que te hace rehén de una circunstancia o persona.

Cuando se está preso, se tienen dos alternativas: cumplir la condena o intentar escapar. Las dos tienen coste. La primera, la amargura que conlleva la privación de la libertad, una herida tan profunda que ni el paso del tiempo podrá sanar. La segunda, el riesgo que conlleva una huída, las cosas a las que tienes que renunciar para poder disfrutar una nueva vida, vida que en cualquier caso no volverá a ser como la que tenías y que en muchas ocasiones supone empezar de cero.


En ambos casos siempre habrá un motivo para la esperanza. En tu pequeño o gran círculo siempre habrá alguien que te entenderá, apoyará y que te hará saber que no estás solo en este viaje incierto, en cuanto a duración y consecuencias, al centro del interior de cada uno.

Y ahora, ¿que?

Y llegado a este punto, ¿hacia dónde tiramos? ¿Seguimos avanzando por el escarpado camino hasta llegar a una cumbre que aún se presume lejos y desde la cual no sabemos qué vamos a divisar? O por el contrario, ¿desandamos el camino, volvemos por senderos transitados con la tranquilidad de saber por dónde se circula, con la posibilidad de comenzar de nuevo y emendar errores?

El sentido común te dirá que, ya que has llegado hasta ahí, continúes hacia delante, aunque eso suponga abandonar tu zona de confort y hayas de enfrentarte a nuevos desafíos donde tengas que hallar la solución sobre la marcha. Enfrentarte a los problemas, no dejarlos de lado, seguramente te hará más fuerte pero, ¿estás seguro que ese es el camino que quieres tomar? Es más, ¿te has preguntado con qué objetivo empezaste a caminar?

Ese son el tipo de preguntas que uno no puede hacerse cuando toma un camino porque, si no hallas la respuesta, probablemente la desazón se apodere de ti, te apartes de la calzada y te sientes a esperar la respuesta. Pero no sabes cuándo ésta puede llegar…si es que llega.

Lo verdaderamente arriesgado es volver hacia atrás y empezar de nuevo. No descubrir nada nuevo no es el mayor de los problemas de esta decisión. El mayor problema al que te debes enfrentar es el de la incomprensión de la gente. Incomprensión que cuanto mayor sea la firmeza de tu decisión, ésta se tornará seguramente en desaprobación. Será ese el momento en el que más fuerte has de mantenerte mentalmente. No es más valiente el que consigue llegar arriba (independientemente de cómo haya llegado) si no el que más fortaleza demuestra en sus convicciones.

Por tanto, todo al final se reduce a una lucha entre tu cabeza, la parte más racional de ti, y tu corazón, la más pasional. Ahora que el camino es tortuoso y difícil para todos, ¿qué prevalece? ¿Arriesgarse a vivir lo que uno siente? ¿O vivir cosas que uno no siente? ¿Merece la pena convertirse en un autómata de sentimientos inocuos? ¿O que tus pasiones dominen tu vida aunque eso implique mayor inseguridad?

Estabilidad vs incertidumbre. Ir a favor de corriente vs ir a contracorriente. Ser una rara avis o ser uno de tantos. Se podrían poner tantos ejemplos…Pero los ejemplos solo muestran el camino; éste hay que andarlo. Treinta y cuatro después los caminos están difusos.

PASAPORTE A DUBLÍN


A pesar de haber miles de kilómetros de distancia se podría decir que la conexión entre españoles e irlandeses es más grande de lo que a primera vista se puede suponer. Quizá tenga que ver que ambos pueblos hayan forjado su Historia más por sus derrotas que por sus victorias y que a pesar de eso, sean obstinados para levantarse una y otra vez.

Lo primero que llama la atención de Irlanda, y de Dublín en particular, es su climatología la cual se podría definir como una efervescente adolescente que emocionalmente pasa por todos los estados. En un mismo día se puede pasar del nostálgico otoño, a la plenitud primaveral, al tímido verano o al húmedo invierno. Por tanto, es conveniente llevar ropa que cubra toda esa variedad y estar preparado para quitarse o ponerse capas como una cebolla, eso sin olvidar a un inseparable compañero: el paraguas.

Quizá Dublín no tenga un monumento especialmente significativo o relevante pero lo que no se puede negar es que la ciudad rezuma arte, especialmente en el apartado musical. Bien sea en los pubs (los cuales hay a patadas) donde la música en directo es un elemento más, o bien en la calle, donde los artistas son capaces de ofrecer un espectáculo de altísima calidad. No extraña que, con semejante cantera, la nómina de músicos relevantes que ha dado este país sea tan importante. Tampoco se puede olvidar la literatura irlandesa, prolija en géneros y autores donde particularmente Dublín ha sido profundamente descrita.

En cuanto a los monumentos estos no llaman la atención por ser una referencia en su estilo sino más bien por su carácter reivindicativo. Entrar en la catedral de San Patricio es adentrarse en la historia de este pueblo aguerrido. Las referencias a batallas y militares que en ellas participaron son constantes gracias a los estandartes, escudos, placas y sarcófagos que allí hay. Llega un momento en que se puede sentir cierta saturación y que se puede llegar a pensar que aquello más que una catedral es un parque temático de las mil y una batallas a las que los irlandeses se enfrentaron. Pero no sólo se dedican las catedrales o iglesias a la gloria de los héroes de guerra. También las personas más pudientes de la sociedad irlandesa por un “módico” precio podían tener su pequeño lugar en la Historia. El dinero es el dinero y el mantenimiento de esos templos caro, así que a día de hoy todavía se aceptaban donativos.

Pero dejemos atrás la Historia y fijémonos en pequeños detalles. Al igual que comentábamos en Berlín, Dublín es una ciudad eminentemente oscura. Las nubes predominan frente al sol por tanto, hay que aprovechar los escasos rayos de sol que se pueden disfrutar al año. De ahí que los grandes ventanales predominen en sus construcciones. Pero la falta de luz no ensombrece el carácter de los dublineses. Suelen ser personas afables que por menos de nada se lanzan a cantar, sobre todos si son guías turísticos-conductores. ¡Qué mejor manera de conocer la cultura y tradiciones de un país que a través de sus canciones!

Y si en Praga decíamos que la gente estaba en forma porque, entre otras cosas, había que cruzar el semáforo con celeridad, en Dublín para poder atravesar una avenida quizá sea necesario pedir un café para amenizar la espera. Lo peor de todo es que tampoco se puede jugar uno mucho el tipo cruzando en rojo porque aparecen vehículos por todas partes.

Como país duramente golpeado por la crisis, los irlandeses intentan atraer el consumo a través de Ofertas.  Pero les falta práctica en ese sentido. Será por falta de costumbre o porque las matemáticas no son lo suyo, pero las promociones apenas suponen un ahorro como mucho de unos 10 ó 20 céntimos. Quizá cosas como estas expliquen en parte el fenómeno Ryanair.

Uno de los productos típicos irlandeses, que no está en oferta dado que muchos turistas lo reclaman por ser algo típico de allí, es el café irlandés. Antes de tomarlo por primera vez, conviene tener en cuenta una recomendación: que se sirva preferiblemente frío. Puede ser una recomendación extraña tratándose de un café, pero tiene toda su lógica. Teniendo en cuenta que, la cantidad de whisky que lleva el café irlandés no se mitiga por más que se eche terrones de azúcar, ya sea blanquilla o morena, lo que hay que hacer es pedir un par de hielos, quizá una Coca Cola y auto-convencerse que aquello es una copa de whisky con una gotita de café.

En definitiva, después de unos días allí, sobre todos cuando se vuelve a la rutina, se acaba echando de menos no sólo los graznidos matutinos de las gaviotas si no también ese componente bohemio de un país que, aunque golpeado por enésima vez (en esta ocasión por la crisis económica), rezuma optimismo y ganas de vivir, y en los tiempos que corren eso ya es mucho.


PETER PAN NO VA A VOLVER

Atrás quedan los tiempos en que dejabas volar la imaginación y todo parecía de color de rosa. Tiempos en los que eras capaz de sobrevolar nubes imaginarias y verlo todo en una perspectiva de luz y de felicidad. Tiempos en los que te sentías como Peter Pan.

Pero la vida no permite respiro, avanza y no hay manera de paralizarla justo en el instante. Sólo cuando te quedas anclado en un (feliz) pasado te das cuenta que no seguirle el ritmo te dirige irremediablemente a la frustración. Es una negación constante, es no asumir que las cosas por más que lo desees no van a volver a ser como antes. Y eso, cuando idealizaste el futuro puede a llegar a ser muy duro.

Porque el futuro no es como lo pintan. De primeras, por su propia naturaleza, es incierto. Ni tú ni nadie lo puede controlar. Pero independientemente de eso, tampoco te preparan para afrontar los inconvenientes con los que te vas a encontrar, más bien vas aprendiendo a base de golpes, algunos de ellos difíciles de encajar.


No son buenos tiempos para el futuro. El presente es desalentador y no hay perspectivas para que las cosas sean como antes. Por tanto, toca aguantar. Encima puede resultar hasta obsceno quejarse, cuando hay gente lo está pasando realmente mal y tú lo único que tienes frustración. Asumes que el estrés y la ansiedad se hagan un hueco en tu vida. Digieres más mal que bien que tener responsabilidades implica ganarse desilusiones y no ser siempre justo. Que por todos los lados estás desprotegido y que no te queda otra que cubrirte para sobrevivir en esta jungla en la que todo se ha convertido.

En definitiva, hacerse mayor puede llegar a tener más inconvenientes que ventajas. Cuanto antes asumamos que Peter Pan que nunca existió y que es un mero vestigio de nuestra infancia, más tranquilos afrontaremos el futuro. 

Y FUERON FELICES…

…y comieron perdices. Los cuentos clásicos con pareja por medio suelen terminar con esa frase. Pero seamos serios, nadie se ha alegrado por comer perdices en una boda (si es que las ha llegado a comer) ni todo en la vida termina felizmente.

No siempre lo que se proyecta es lo que realmente está ocurriendo. Una buena actuación puede disipar dudas temporalmente pero al final la realidad es caprichosa y no cabe interpretación alguna que solvente una mala película.

Una de las cosas que se desarrolla más con los años, a parte de la experiencia, es el escepticismo. La vida no puede ser perfecta porque el ser humano no lo es. Las relaciones personales no pueden ser idílicas porque la raza humana es egoísta por naturaleza. Por eso quizá sea cierta aquella definición del amor que lo define como en hacer lo que a tu pareja más le gusta y a ti más te fastidia.

Por tanto, ¿hemos de creernos demostraciones de amor eterno y de perfección absoluta? No en la mayoría de los casos. Quizá detrás de esas muestras y exposiciones públicas de amor se encuentre una necesidad de reafirmación de esa relación más allá del ámbito de la propia pareja. Como si ellos mismos no estuvieran seguros de su relación fuera a funcionar y necesitaran que su entorno la confirmase. Es decir, se intenta ocultar inseguridad bajo la premisa que todo va fenomenal.

También puede ocurrir que esas demostraciones sean realmente verdaderas, que el amor produzca tal nivel de felicidad que ésta ya no tenga espacio en tu propio cuerpo y necesite expandirse. Pero no hay estallido de felicidad que dure eternamente y el vivir intensamente tantas experiencias en tan poco tiempo tiene un duro enemigo: el desgaste. Si una relación la interpretas como una carrera de velocidad ésta se verá abocada tarde o temprano a un fracaso. Hay que plantearla como una carrera de fondo. No se puede jugar con todas las cartas marcadas, no se pueden compartir tantas experiencias en tan poco tiempo porque al final se acaba rompiendo el factor sorpresa y esto acaba desembocando en la más absoluta de las monotonías.

También puede ocurrir que en tu fuero interno reconozcas que el comenzar esa relación haya sido un error y por no tener valentía suficiente para romperla, intentes autoengañarte expresando una felicidad ficticia creyendo que la situación pueda revertirse. Verse atrapado en semejante laberinto es una tarea inútil habida cuenta que si la cabeza y el corazón no están alineados, nada podrá unirlos en la misma senda.


La felicidad eterna no existe. Cuanto antes lo asimilemos, antes sobrellevaremos los futuros desengaños. Si estamos seguros de lo que proyectamos, más fácil solventaremos las dificultades y más reforzadas saldrán las relaciones. Disfrutemos de ellas pero seamos conscientes que habrá altibajos. Cuidemos las relaciones, no pensemos que por ir todo rodado al principio todo está hecho. Pongamos soluciones a los problemas. Pero sobre todo, no tomemos decisiones por desesperación, porque creamos que ya no tenemos más alternativas. Siempre se tienen, sólo hay que saber buscarlas y luchar hasta la extenuación por ellas.