20 de noviembre de 2009

2 SIGLOS, 4 DÉCADAS Y 30 AÑOS.


Todo este período podría hacer referencia a una condena pero sin embargo, tan sólo relata a una existencia.

Y como todas las existencias, ésta se nutre de vivencias, experiencias, alegrías y penas. Si ha habido algo con lo que tenga similitud esta existencia, ésa ha sido la televisión. Esa vida la podemos desentrañar a través de varias series o programas de televisión que, para muchos, han marcado una época.

Los primeros años de tu vida piensas que todo es maravilloso. Que la vida consiste en cantar y ser feliz, sin importar que tus amigos sean un erizo rosa y un engendro (que no se sabe muy bien qué es) llamado DON PIMPÓN. Tu nivel de conciencia no da para más, pero años después te das cuenta de lo surrealista que es todo aquello. Un erizo, gigante y nudista que tan sólo se viste cuando se va a la cama, y un monstruo con sombrero de paja rodeado siempre de niños, a día de hoy estarían en la cárcel acusados de pederastas. Y del panadero y de lo que se cocinaba en la Panadería, mejor no hablamos.

Pronto te das cuenta que en la vida nada es idílico y que hay buenos y malos. Y los buenos son muy buenos, y los malos son muy malos. Menos mal que, a falta de justicia, siempre había un grupo de mercenarios (a los que perseguía injustamente el Ejército) dispuestos a poner las cosas en su sitio. Vale que cada uno de ellos tenía su tara, que los episodios eran calcados y que los coches de Policía eran una birria pero, ¿quién no ha deseado tener un amigo como M.A para librarse de los abusones?

Pero a veces es mejor hacer justicia por nuestra cuenta sin necesidad de rodearnos de tarados. ¿Qué se necesita para eso? Tan sólo 2 cosas. Trabajar para una fundación ¿ficticia? y tener un buen coche. Y si ya el coche corre que se las pela, habla, salta y te comunica con medio mundo, claramente te conviertes en el rey de la carretera al igual que MICHAEL KNIGHT.

Siendo joven, se pierde el miedo a todo. De hecho, no se teme a nada. Ni siquiera a unos forasteros de gustos culinarios tan particulares como para considerar un manjar los ratones, ni con un cutis tan verde como el de los lagartos.

Sigues creciendo y te vas dando cuenta que la vida puede ser bastante turbia. Sobre todo en MIAMI. Que la gente mala no sólo se dedica a dar mamporros y hacer “putaditas”. Hay algunos que tiran en seguida de “pipa” y no andan preguntando. Y todo por controlar el comercio de algo que, en su día, creías que era harina. Para contrarrestar a este nuevo género de “malotes” a parte de una buena pistola, se necesita tener mucha clase (traje blanco, camiseta negra y unos buenos náuticos, sería el modelo) y un buen sentido del gusto para que, cuando con tu meñique pruebes la “harina”, no te den gato por liebre.

Llegado a este punto de la vida, empiezas a controlar la distinción de lo que está bien y lo que está mal. Tienes esa elección bien aprendida y piensas que controlar eso, la vida será coser y cantar. Pero te faltaba un elemento a tener en cuenta y que puede desestabilizar todo tu sistema emocional: la mujer.

Forjas tus relaciones y tus amistades en el ambiente en el que te mueves, bien sea una agencia de detectives (REMINGTON STEELE) o en una agencia matrimonial (LUZ DE LUNA). Al principio, optas por tener una actitud defensiva y hasta cierto punto distante con las mujeres. Éstas son muy mandonas y tú quieres ser un espíritu libre, así que el choque es permanente y te terminas llevando a matar con ellas. Pero dicen que los amores más queridos son los más reñidos, así que tarde temprano acabas cayendo en las redes de esas mantis religiosas. Y la cosa puede ir bien, pero siendo tan joven la mayoría de las veces acaba terminando mal.

Así que nada, decides poner tierra de por medio y te autoconvences que no las necesitas. Que tú puedes ser un superviviente en este mundo tan hostil. Si MC GUYVER era capaz de desmantelar todo un sistema de seguridad con el envoltorio de una chocolatina, ¿cómo no ibas a ser capaz tú de sobrevivir sin mujeres?

La adolescencia es una etapa de atolondramiento y sueños. Por soñar que no quede, aunque luego la vida te ponga en el lugar que le parezca. ¿Por qué no ser director de cine? Mejor no, porque visto lo que le costó a DAWSON, es mejor buscarse una profesión con menos sobresaltos y más tranquilidad. Con lo cual, aparcas los sueños y te conviertes en un ser pragmático y materialista. Te preparas para algo que te dé de comer y no para algo que te guste. Dadas las maratonianas jornadas laborales que te metes entre pecho y espalda, dejas los sueños aparcados para otro momento mejor.

Y luego ocurre una gran paradoja. Después de formar parte de, posiblemente, la generación mejor formada de tu país, no tienes nada claro y tu vida es un mar de dudas. Crees que tu vida es una isla a la deriva, no sabes muy bien por qué estás ahí y lo que es peor, hacia dónde te diriges. En definitiva, estás PERDIDO. A veces, te gustaría tener un FLASH FORWARD para saber cómo será tu vida dentro de un tiempo pero, ante la duda de encontrarte con un futuro que no sea de tu agrado, desechas esa idea y prefieres tomarte un bote de pastillas de Vicodina. Si eminencias médicas como el doctor HOUSE las toma, muy malas no serán.

Pero terminas desengañándote. Drogarte no disuelve tus problemas, tan sólo los aparca y te acaba creando otros. Llegados a este punto de la existencia, empiezas a comprender por qué Kevin Arnold añoraba “AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS”.

11 de noviembre de 2009

Segundas Partes


Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. En el mundo del cine ahí está EL PADRINO II ó EL IMPERIO CONTRATACA para desmontar esta teoría. Pero lo cierto es que cuando se ha dado el pelotazo una vez, es difícil repetir el éxito en una segunda ocasión.

Cuanto más inesperado sea el éxito, más se disfruta. Se Saborean sensaciones que ni se imaginaban que se fueran a probar, se cumplen retos que se resistían y se vislumbra un horizonte donde todo es nuevo e ilusionante. Pero todo es efímero en esta vida y las buenas sensaciones pronto se acaban.

Lo inteligente es darse cuenta de cuándo cortar. De cuándo no hay más recorrido y que el futuro tiene fecha de caducidad. Te puedes sentir tentado en prolongar ese momento dulce (a todo el mundo le gusta sentirse cómodo), pero se tiene que ser frío y racional y poner fin ahora que se ve que se termina.

Por todo ello, abandonar cuando se está arriba es duro. Muy duro. Te acostumbras a tenerlo todo controlado, que volver a lo desconocido te produce incertidumbre. Es volver a empezar de cero, comenzar a labrarte un camino y aceptar que las cosas te pueden ir bien…o también te pueden ir mal. Pero lo importante es no rendirse. Hay que seguir intentándolo.

Por eso volver a donde ya estuviste, tiene mucho riesgo porque, si fuiste inteligente y te fuiste cuando estabas en la cumbre, nada ni nadie te puede asegurar que todo vuelva a ir “de dulce”. Y claro, fracasar donde antes tuviste éxito es uno de los sentimientos más duros que puedes sufrir. Ver como los que antes te jalonaban ahora te miran con cautela, que el microclima que dejaste se ha convertido en un ambiente irrespirable y que los que dejaste como amigos pueden ser ahora tus enemigos, no es un plato de buen gusto.

Te puede salir bien como le salió bien a Coppola o Lucas con sus películas, pero tienes más cosas que perder (todos los buenos recuerdos) que ganar. A veces, los caramelos no son dulces y te dejan un regusto amargo que el tiempo difícilmente terminará de quitar.

2 de noviembre de 2009

240 MILLONES DESPUÉS...


...aparecen los de siempre y tan sólo queda la casta.

Puede que hayas ido a las tiendas más caras a comprarte los mejores modelos, que te hayas dejado asesorar por los mejores expertos y que te hayan puesto un tratamiento que te haga irreconocible, que incluso hayas tenido que ir a buscar fuera lo que no has podido encontrar dentro. Da igual, ella siempre preferirá al otro.

El deslumbrante, el hecho a si mismo, el virtuoso a la vez que esforzado en el trabajo, el que nunca se esconde y da la cara, el que se impone retos y siempre los cumple. En definitiva, el preferido por todas.

Tú tienes más recursos, durante muchos años has sido el más reconocido en el mundo, el cual hubo un tiempo que gobernaste con mano de hierro. Eran otros tiempos, no tenías competencia y sólo la mención de tu propio nombre hacía temblar de pánico a los contrarios.

Pero ahora los tiempos han cambiado y el respeto, aunque te lo siguen teniendo, ya no paraliza a los contrarios. Al contrario, es un acicate para derrotarte porque una victoria frente a ti da mucho caché. Sigues siendo un grande, sí pero venido a menos.

Ahora el miedo lo infunde otro, que por una justa combinación de estética, plasticidad, y simplicidad, tiene subyugado a medio mundo. Te has querido comparar con él utilizando distintas armas. Y esas armas, aun siendo caras, no han valido nada más que para disparar tiros al aire. Puras balas de fogueo, que apenas han producido rasguños a tu rival.

Y es que para revertir situaciones no vale sólo con nombres, sino que hay que tener las ideas claras, saber a qué se juega, olvidarse de lo que fuiste y centrarte en lo que te gustaría ser; sin fijarte en los demás, creándote un estilo propio y reconocible. Mientras no hagas eso, la pelotita nunca querrá entrar por más que insistas.

27 de octubre de 2009

LOS TIEMPOS DEL BABY


Yo, como ya expliqué con anterioridad, nací prematuro. Eso a lo largo de mi vida me ha acarreado cierto retraso con respecto a mis compañeros. Cuando llevaba baby, babi, babie o cómo se diga, aún no había aprendido ciertas artes que mis compañeros ya dominaban. Teníamos la costumbre de gastar nuestro tiempo de recreo en hacer carreras alrededor del patio. Mi punta de velocidad me granjeaba éxitos en dichas carreras, así que de algún modo, era un pequeño ídolo (¡¡hasta una chica bebía los vientos por mí!!). Pero mi fama se esfumó por un pequeño error que cometí. Bajé de la gloria al infierno, en apenas unos segundos.
Era un día de Otoño y empezaba a hacer frío. No afrontaba la carrera en las mejores condiciones físicas pero aún así confiaba en poder ganar. Estaba congestionado. No podía respirar bien, ni tampoco estornudar para sacar todo lo que llevaba dentro. En estas empezó la carrera; me sentía fuerte y con posibilidades de alcanzar a mi eterno rival, Roberto. El circuito era muy sencillo; totalmente llano, sin dificultades orográficas, consistía en dar vueltas sobre el edificio que albergaba las aulas. La meta era la entrada principal al edificio, en la cual siempre estaba la profesora de turno encargada de la vigilancia del recreo acompañada de.... BERNA.
Berna o Bernarda, era la profesora más mayor que teníamos y todo lo que tenía de vieja lo tenía de mala leche. La temíamos. Pero si hacías las cosas bien y te portabas como un angelito, no tendrías problemas con la abuela del Sargento de Hierro. Yo aparte de tener fama por mis glorias deportivas, también la tenía por ser un niño obediente.Hasta ese día.
La carrera estaba terminando y tenía a Roberto a tiro. Pero a medida que iban pasando las vueltas yo me encontraba peor del resfriado. Tenía unas ganas tremendas de estornudar. En la penúltima vuelta, cuando doblábamos la última esquina y estaba a punto de alcanzar a mi contrincante, un tremendo estornudo me sorprendió. ¡¡Atttchúusss!!. Estaba hecho un cromo, todas mis mucosidades empezaron a brotar. Mi madre, previsora ella, me había colocado un kleenex en la manga de mi jersey. Lo que no había previsto era que yo, a la edad de 4 años, aún no sabía sonarme los mocos y que, cochino de mí, utilizaba para ello la manga de mi babi.
Pero aquella concentración de mucosidades era tan grande, que se iba a notar mucho en mi babi, con lo cual opté por el plan B. B de barrido con la lengua. Bien todo esto lo hice sin dejar de correr. Pero elegí mal el momento para el barrido; pasaba por meta por última vez y no se me ocurrió otra cosa que mirar hacia la puerta de entrada, donde estaban las vigilantes y por supuesto BERNA. La combinación de mirada a la puerta, barrido con la lengua y mirada de Berna hacia mí (aún la recuerdo y me estremezco), terminó con mis huesos en el aula de castigo.

Mi pena: haber sacado la lengua a una profesora.

Mi castigo: haber perdido la carrera y mi reputación de niño bueno. Al menos mi media novia no me repudió por ello.

21 de octubre de 2009

El chico de El Palo


Existe el estereotipo que el futbolista profesional es un tipo privilegiado al que no le falta de nada, que tiene la vida asegurada y que con el fútbol le vino Dios a ver. A veces no estaría mal desterrar los estereotipos e indagar qué hay detrás de cada persona.

Para algunos el fútbol puede ser una válvula de escape, un balón de oxígeno para escapar de una vida condenada a la marginalidad. Eso es lo que le pasó a nuestro personaje.

No tuvo infancia ni motivos para la esperanza. Su padre le abandonó cuando era un recién nacido y su madre murió, arrastrada por los excesos que provocan las drogas, cuando él apenas contaba con 9 años. A pesar de apenas haberla conocido, siempre hay un recordatorio para ella cada vez que marca un gol. Cuando todos presagiaban un triste final de delincuencia y drogadicción, apareció una pequeña luz para la esperanza.

Ese hilo de esperanza no lo encontró en el colegio, el cual abandonó pronto, si no en torno a ese esférico que tanto dinero mueve en España: el balón de fútbol. Con el fútbol regateó a su infausto futuro y pudo construirse una carrera de éxitos.

Aunque ese camino no fue de rosas precisamente. Con 15 años cometió su primer y único delito. Intentó robar una moto para comprarle unas gafas de sol a la que entonces era su novia. Este incidente y su pasado habrían sido suficientes para que un equipo puntero del panorama futbolístico español desechara su fichaje. Pero aquel bigotudo, que más tarde llegaría a entrenar a la mejor Selección Española de Fútbol, le estaba viendo aquel día en la disputa de un partido regional, no hizo caso a los estereotipos y le fichó para el Real Madrid. Ese hombre le cambió la vida, pues, como llegó a decir posteriormente, se ganó a un futbolista y se salvó a un delincuente.

Atrás quedaron los días como jugador de el club El Palo, donde destacaba por su toque, desmarque, su fuerza goleadora, y por un carácter tremendamente competitivo: le gusta ganar o por las buenas o por las malas. Pero aún disfrutando de una vida privilegiada, su pasado no dejaba de perseguirle.

Debutó en el Real Madrid un 3 de Noviembre de 1999. La vida le sonreía pero eso no le hizo olvidar sus orígenes y aún continuaba volviendo a El Palo. En una reunión de conocidos de la infancia presenció como un amigo suyo moría víctima de navajazos. Desgraciadamente estaba curado de espanto pues la mayoría de sus amigos de la infancia había acabado en prisión.

Tras ese episodio comienza un periplo por la Primera y Segunda División, que le lleva a conocer Soria (Numancia), Villarreal, Sevilla, Albacete, Murcia y Granada. Todos los que han compartido vestuario con él, hablan de una persona noble y con un gran corazón. Y a pesar de haber dejado un buen recuerdo en todas las hinchadas, nunca ha terminado de echar raíces. Desde ese punto vista, la suerte le fue esquiva. Pero viendo lo que le deparaba la vida nada más nacer, se puede considerar un tipo afortunado.

Carlos Reina Aranda milita actualmente en el Club Atlético Osasuna.

6 de octubre de 2009

CORAZONES ROTOS


Nos conocimos por mera conveniencia, en un momento que yo te necesitaba y tú, que siempre has estado dispuesta a conocer gente, me atrajiste. Lo nuestro, desde un principio, fue mera formalidad. Yo me mostré reacio en un primer momento y no quise exponer más; tú tampoco insististe mucho y nunca me pediste un esfuerzo suplementario. Fueron tantos años con otra que, aunque no lo quisiese ver, no podía olvidarme de ella. He de reconocerlo, me caló tan hondo que aunque tú posees innumerables encantos, yo no supe o no quise disfrutarlos. No sabía lo que me perdía.

Poco a poco fui venciendo mis miedos y empecé a sopesar que estar contigo no era tan mala idea (aunque aún añorase a la otra). Comencé a aplicar el sentido común y asumí que no debía de gastar fuerzas en recuperar lo que ya no iba tener y ya que a ti te tenía, iba a aprovechar esa baza. Cada vez fui pasando más tiempo contigo y vi que eras diferente a la idea que había preestablecido en mi cabeza. Descubrí placeres nuevos, disfruté experiencias que nunca había vivido y sentí como ya no me acordaba que sentía. En definitiva, me di cuenta que durante un tiempo se me había olvidado vivir y que contigo otra vida era posible.

Es verdad que entre-semana tu ritmo me desquicia, me agota y me deprime, pero estoy empezando a acostumbrarme y, aunque sea en pequeñas dosis, aún en esos días descubro ocultos encantos bajo tu manto. Pero los fines de semana te transformas de tal manera, que parece mentira que seas tú la que me hagas sufrir tanto. Y es cuando te disfruto, te siento y saboreo contigo hasta el último sorbo de la noche. Y descubro una personalidad abierta, desbordante, libre y multicultural, que me tiene absorto y obnubilado deseando pasar más tiempo contigo.

Al final he terminado reconociendo que, aunque ponga tierra de por medio, ya no te podré olvidar. También, como la otra, me has calado hondo; en este caso fue una lluvia fina que me fue mojando sin remisión y cuando me di cuenta ya estaba empapado hasta el tuétano.

El otro día cuando te engalanaste y una vez más te diste a conocer ante el mundo, reconozco que estaba orgulloso de ti. Me sentía muy identificado contigo y deseaba fervientemente que disfrutases de tu (nuestro) gran día. Por eso, cuando todas nuestras ilusiones quedaron hechas añicos al estallar la algarabía brasileña, sentí mucho dolor por ti. Un dolor que llegué a sentir como mío. Ese día me caí en la cuenta que me había convertido en un madrileño más.

29 de septiembre de 2009

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (y VI): El Sentido Comercial de la vida.


Querido diario:

Esto se acaba y la prueba de ello es que el poco tiempo que nos queda lo vamos a dedicar a las compras. Ese proceso que se repite viaje tras viaje y que consiste en llenar la maleta de recuerdos típicos, sin orden ni concierto, y de regalos que no sabes si les va a gustar a sus destinatarios. Con el riesgo añadido que, en caso de defecto o de gustos, no vas a poder devolverlos. ¿Te regalan unas piedras del Teide y no te gustan? Pues te aguantas. Por cierto, un inciso. ¿Por qué no te dejan coger piedras en el Teide, supuestamente para no esquilmar el terrero, y luego los autóctonos te venden piedras a granel?

Trevor ha preferido ir por libre y se marchó a por una cámara de fotos. Esta isla es el paraíso digital. Los bazares electrónicos crecen como setas y en todos hay ofertas. Manejas tantos productos y tantos precios en la cabeza, que al final, de tan mareado que estás, decides no comprar nada. Pero Trevor no es de esos. Él ha ido a comprar una cámara de fotos y volverá con una cámara de fotos. Nuestra sorpresa fue cuando le vimos aparecer cargado de paquetes.

Trajo la cámara, por supuesto pero también trajo bajo el brazo, una minicadena, un descodificador de TDT, una maquinilla de afeitar, una radio…En fin, medio bazar. Y en su cara se reflejaba una enorme satisfacción lo que significaba que el vendedor había hecho muy bien su trabajo: había creado necesidades a Trevor.

Visto semejante tocomocho, nos picó la curiosidad y decidimos darnos una vuelta e inspeccionar la tienda donde Trevor había dejado temblando su tarjeta. La verdad es que habíamos visto tiendas mejores, más curradas en cuanto a diseño y escaparate. Lo más característico de la tienda era el pequeño batiburrillo de productos que había, dado que junto a consolas te podrías encontrar camisetas, deliberadamente falsas, de equipos de fútbol. En estas que una voz nos preguntó en qué podía ayudarnos. Su presencia física era impecable. Tez morena, cabellos plateados y gafas impolutas, como impolutas y bien planchadas estaban la camisa y el pantalón que llevaba el primo canario de Apu, el dueño del Badulake de Springfield. Al contestarle que tan sólo estábamos echando un vistazo, su falsa sonrisa de complacencia se borró y se dio media vuelta. Sin duda, no éramos su objetivo.

Trevor continuaba ensimismado con los artilugios que había comprado. Al preguntarle el porqué de la compra de tantas cosas, él sólo pronunciaba una palabra: Descuento. Esta palabra, junto con la palabra Gratis (ver El Teorema de las Camareras) es otra de las palabras fetiche de los españoles. Es oírla y ponerse nuestros 5 sentidos a trabajar. Y aunque nosotros no éramos conscientes de ello, somos débiles (españoles además) y en ese preciso instante se había creado en nuestro interior la necesidad de comprar.

Decidimos volver al lugar de los hechos. Apu, al vernos no nos hizo mucho caso. No éramos su cliente tipo. Trevor, que se había entretenido mirando el escaparate, entró después. Y justo cuando entraba, la situación cambió por completo. Fue como si por el hilo musical se escuchara a Liza Minelli cantando “Money, Money” y como si en vez de pupilas negras, Apu tuviera símbolos de $ en sus ojos. En ese momento, llamó a un mancebo para que despachara a los clientes que él estaba atendiendo, saltó el mostrador, pasó de largo de nosotros y se encaminó hacia Trevor.

¡¡Qué saludo tan efusivo!! Parecían 2 amigos íntimos. Apu preguntó a Trevor si todo lo comprado le funcionaba bien (eso es cuidar al cliente), Trevor afirmó y seguidamente el hindú le preguntó qué le traía por ahí. En el momento que nuestro amigo le dijo éramos nosotros y no él quien venía a comprar, Apu se volvió hacia donde estábamos y nos trató tan bien o mejor de lo que trató a Trevor (qué falso, si ayer ni nos conocías, mamón) Una vez más volvió a tirar de mancebo para que éste atendiera nuestras súplicas. Y juro que sólo íbamos a por algo concreto, pero sin embargo terminamos saliendo de la tienda con más de una cosa. Había caído en sus redes y sin darnos cuenta nos había creado una necesidad. Y a punto estuvo Trevor de caer, menos mal que se despertó a tiempo del influjo del hindú. Yo creo que, si le dejamos, hubiera sido capaz de vendernos a su hijo, el cual se pasó todo el tiempo jugando con una pelota dentro de la tienda. Por cierto, advertencia para los que visiten esa tienda u otras similar. Probad los artilugios antes de iros no siendo que volváis a la Península con un despertador que no funciona.

El tema es que no hay que fijarse en los precios. Pueden estar marcados con una cantidad, pero luego el precio es otro. A nosotros se nos aplicó el Descuento Trevor. ¿Que en qué consiste? Ni idea. Porque no se seguía ninguna regla matemática, ni ningún porcentaje, simplemente la cantidad que se le pasase por la cabeza al vendedor. Así, radios de 20 € se quedaban en 10 € ó despertadores de 55 € acababan valiendo 10 €. Con esa técnica era imposible regatear.

El cansancio había hecho mella en nosotros y esa última noche fue la más relajada de todas. La intención de Trevor hubiera sido la de despedirse de esa camarera que tanto había centrado sus pensamientos, pero al final no tuvo fuerzas suficientes como para aguantar hasta altas horas de la madrugada el cierre del bar en el que ella trabajaba. Al menos él espera que le recuerde en sus pensamientos. De todas formas Trevor, no te preocupes porque como allí nos hemos sentido en la gloria (buen clima, ausencia de estrés y gente muy agradable), es casi seguro que volveremos…y triunfaremos.

Premios 20Blogs
 
Marzo 2008 | Dise�ado por anita