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El chico que quería emular a Buyo.


Los porteros son los grandes incomprendidos en los partidos de fútbol. Son los malos de la película porque todo el mundo que se concentra en el terreno de juego desea ver goles y ellos son los encargados de evitarlo.

Y hagan lo que hagan, siempre habrá alguien que no esté contento con su trabajo. Los del equipo rival, si su actuación ha sido tan sublime que ha evitado que le encajaran un gol. Los de su propio equipo, si su trabajo ha estado tan plagado de “cantadas” que han caído derrotados.

Por todo ello, su estabilidad emocional se tambalea y no es raro encontrar a grandes “locos” entre los cancerberos. Auténticos maestros de la actuación, reyes del escenario siempre dispuestos a salir bien en la foto adornándola con bellas palomitas para así pasar a la posteridad. En definitiva, ese tipo de gestos y actos que conectan con el público que, a fín de cuentas, son a los que se deben. Pero, el cliente siempre tiene razón y te los puedes camelar siendo un “palomitero” espectacular que, como falles más que una escopeta de ferias, pronto dejarán de tener tu favor.

Entre los entrañables “palomiteros” hay uno que para un chico siempre será su ídolo: Francisco Buyo. El principal portero que ha dado nunca Betanzos, nunca fue el mejor pero tampoco dejó indiferente a nadie. Estando él en el terreno de juego, se sabía que algo iba a pasar. Como mandan los cánones, su trayectoria no estuvo exenta de polémica y de momentos de auténtica locura (como olvidar su fingida agresión por parte de Futre).

Aunque en la forma de ser no se parecen en nada, ni siquiera en la manera de jugar al fútbol, este chico siempre lo tuvo presente aunque su estilo sobrio se aproximara más a Zubizarreta, el gran enemigo por aquella época de Buyo. Por él decidió ser portero…bueno por él y porque era muy malo con el balón en los pies. Su trayectoria no pasó de jugar en equipos de amigos en campeonatos de medio-pelo. Da igual, siempre supo que de eso no iba a vivir y el partido semanal colmaba sus aspiraciones futbolísticas.

Después de varios años jugando, de innumerables golpes y pequeñas lesiones, nunca pensó que en una jugada fortuita, sin peligro alguno y sin nadie de por medio, un mal giro iba a truncar su carrera y poner punto final a su modesta carrera futbolística. A veces, no eres tú quien te retira sino las circunstancias y la edad son las que dejan paso a las generaciones futuras. Si le pasó a un personaje tan idolatrado como Buyo, ¿cómo no le iba a ocurrir a un humilde imitador?

Con un par...de muletas


La vida se ve distinta cuando, de repente, te vuelves en un minusválido. Al principio crees que puedes con todo y que eso no te va a suponer mayor esfuerzo.Así que cuando una maraña de manos procede a ponerte una escayola a lo largo y ancho de tu pierna, tú te cruzas de brazos y transmites la misma tranquilidad que tenía Paquirri cuando explicaba la doble trayectoria de su cornada en Pozoblanco.

La bajada a la realidad viene después, cuando te bajas de la camilla y compruebas que tu pierna es un peso muerto que no te pertenece y que no puedes mover. Intentas dar un primer paso para ver si puedes controlar la situación, pero aquello pudo terminar en sonoro fracaso de no aparecer una mano amiga en la que apoyarte. A partir de ahora, esa amiga va a ser inseparable y te va a dar la vida: las muletas.

Y no es que con las muletas llegues a ser un Fred Asteire cualquiera, pero al menos te puedes mover algo...pero no totalmente. Y aquí llega lo más humillante de la situación. Y es que con muletas, ya acostumbrado más o menos al peso muerto que tienes en la pierna, no puedes hacer las cosas más simples...por no hablar de las necesidades fisiológicas e higiénicas más básicas. Y entre las cosas más duras está beberse un vaso de agua, actividad que se acaba convirtiendo en todo un acto de ingeniería a más alto nivel.

Primero tienes que reponer fuerzas para poder llegar con aliento a la cocina. Te aproximas a la nevera. Dejas la muleta de la pierna "buena" apoyada en la encimera. Abres la puerta del frigorífico y con pequeños saltitos te perfilas hacia donde está el botellero. Respiras hondo y alargas tu brazo hacia la botella de agua. Vuelves a dar saltitos para perfilarte hacia la encimera donde dejaste la muleta, no sin antes con un pequeño golpe cerrar la nevera. En ese momento, "haces el cambiazo":coges la muleta y dejas la botella.

Ya con las 2 muletas sobre tus brazos, procedes a dirigirte hacia el fregaplatos. Vuelves a respirar hondo y alargas de nuevo tu brazo hacia la primera estantería para coger un vaso. Aquí has tenido que repetir el mismo método que utilizaste antes (dejar muleta y apoyarte sólo en una).LLegado a este punto, se lleva a cabo el movimiento más arriesgado de toda la operación que no es otro que, desde el fregaplatos, tu brazo dé tanto de sí como para acercar el vaso a donde dejaste la botella. Si la distancia entre ambos en mayor de 3 cms, puedes darte por jodido, dado que te toca dejar el vaso, volverte a acercar a donde está la botella y aproximarla al vaso. Una vez que tienes cerca vaso y botella, resoplas de puro cansancio y desenroscas la botella, no sin antes apoyar de nuevo la muleta "buena" en la encimera. ¡Ojo!, esta movimiento hay que hacerlo con sumo cuidado y no dejarse llevar por las prisas. No hay que correr como, vulgarmente se hace, cuando se ve un Oasis en medio del desierto. Hay que tener la sangre muy fría porque un leve error puede ser fatal ya que, si se te va la muleta al suelo, eres hombre muerto o mejor dicho, hombre preso en la cocina a la espera que alguien se digne a agacharse al suelo y recoger la muleta.

Vamos a ser positivos y pensar que todo ha ido bien. En ese momento, beber agua supone uno de los mayores placeres que te puedes permitir. Saboreas el líquido elemento como si un buen vino se tratase. Quieres que ese momento no termine y en el fondo te sientes feliz porque, a pesar de tus limitaciones, has sido capaz de valerte por sí solo.

La operación no se termina ahí. Ahora toca desandar el camino andado es decir, dejar el vaso en el fregadero y la botella en la nevera. Si a este esfuerzo sumamos el anterior, tenemos como consecuencia mayor sed. Pero sólo de pensar en la parafernalia que supone beberse un trago de agua, acabas huyendo de la cocina echando leches.

2 SIGLOS, 4 DÉCADAS Y 30 AÑOS.


Todo este período podría hacer referencia a una condena pero sin embargo, tan sólo relata a una existencia.

Y como todas las existencias, ésta se nutre de vivencias, experiencias, alegrías y penas. Si ha habido algo con lo que tenga similitud esta existencia, ésa ha sido la televisión. Esa vida la podemos desentrañar a través de varias series o programas de televisión que, para muchos, han marcado una época.

Los primeros años de tu vida piensas que todo es maravilloso. Que la vida consiste en cantar y ser feliz, sin importar que tus amigos sean un erizo rosa y un engendro (que no se sabe muy bien qué es) llamado DON PIMPÓN. Tu nivel de conciencia no da para más, pero años después te das cuenta de lo surrealista que es todo aquello. Un erizo, gigante y nudista que tan sólo se viste cuando se va a la cama, y un monstruo con sombrero de paja rodeado siempre de niños, a día de hoy estarían en la cárcel acusados de pederastas. Y del panadero y de lo que se cocinaba en la Panadería, mejor no hablamos.

Pronto te das cuenta que en la vida nada es idílico y que hay buenos y malos. Y los buenos son muy buenos, y los malos son muy malos. Menos mal que, a falta de justicia, siempre había un grupo de mercenarios (a los que perseguía injustamente el Ejército) dispuestos a poner las cosas en su sitio. Vale que cada uno de ellos tenía su tara, que los episodios eran calcados y que los coches de Policía eran una birria pero, ¿quién no ha deseado tener un amigo como M.A para librarse de los abusones?

Pero a veces es mejor hacer justicia por nuestra cuenta sin necesidad de rodearnos de tarados. ¿Qué se necesita para eso? Tan sólo 2 cosas. Trabajar para una fundación ¿ficticia? y tener un buen coche. Y si ya el coche corre que se las pela, habla, salta y te comunica con medio mundo, claramente te conviertes en el rey de la carretera al igual que MICHAEL KNIGHT.

Siendo joven, se pierde el miedo a todo. De hecho, no se teme a nada. Ni siquiera a unos forasteros de gustos culinarios tan particulares como para considerar un manjar los ratones, ni con un cutis tan verde como el de los lagartos.

Sigues creciendo y te vas dando cuenta que la vida puede ser bastante turbia. Sobre todo en MIAMI. Que la gente mala no sólo se dedica a dar mamporros y hacer “putaditas”. Hay algunos que tiran en seguida de “pipa” y no andan preguntando. Y todo por controlar el comercio de algo que, en su día, creías que era harina. Para contrarrestar a este nuevo género de “malotes” a parte de una buena pistola, se necesita tener mucha clase (traje blanco, camiseta negra y unos buenos náuticos, sería el modelo) y un buen sentido del gusto para que, cuando con tu meñique pruebes la “harina”, no te den gato por liebre.

Llegado a este punto de la vida, empiezas a controlar la distinción de lo que está bien y lo que está mal. Tienes esa elección bien aprendida y piensas que controlar eso, la vida será coser y cantar. Pero te faltaba un elemento a tener en cuenta y que puede desestabilizar todo tu sistema emocional: la mujer.

Forjas tus relaciones y tus amistades en el ambiente en el que te mueves, bien sea una agencia de detectives (REMINGTON STEELE) o en una agencia matrimonial (LUZ DE LUNA). Al principio, optas por tener una actitud defensiva y hasta cierto punto distante con las mujeres. Éstas son muy mandonas y tú quieres ser un espíritu libre, así que el choque es permanente y te terminas llevando a matar con ellas. Pero dicen que los amores más queridos son los más reñidos, así que tarde temprano acabas cayendo en las redes de esas mantis religiosas. Y la cosa puede ir bien, pero siendo tan joven la mayoría de las veces acaba terminando mal.

Así que nada, decides poner tierra de por medio y te autoconvences que no las necesitas. Que tú puedes ser un superviviente en este mundo tan hostil. Si MC GUYVER era capaz de desmantelar todo un sistema de seguridad con el envoltorio de una chocolatina, ¿cómo no ibas a ser capaz tú de sobrevivir sin mujeres?

La adolescencia es una etapa de atolondramiento y sueños. Por soñar que no quede, aunque luego la vida te ponga en el lugar que le parezca. ¿Por qué no ser director de cine? Mejor no, porque visto lo que le costó a DAWSON, es mejor buscarse una profesión con menos sobresaltos y más tranquilidad. Con lo cual, aparcas los sueños y te conviertes en un ser pragmático y materialista. Te preparas para algo que te dé de comer y no para algo que te guste. Dadas las maratonianas jornadas laborales que te metes entre pecho y espalda, dejas los sueños aparcados para otro momento mejor.

Y luego ocurre una gran paradoja. Después de formar parte de, posiblemente, la generación mejor formada de tu país, no tienes nada claro y tu vida es un mar de dudas. Crees que tu vida es una isla a la deriva, no sabes muy bien por qué estás ahí y lo que es peor, hacia dónde te diriges. En definitiva, estás PERDIDO. A veces, te gustaría tener un FLASH FORWARD para saber cómo será tu vida dentro de un tiempo pero, ante la duda de encontrarte con un futuro que no sea de tu agrado, desechas esa idea y prefieres tomarte un bote de pastillas de Vicodina. Si eminencias médicas como el doctor HOUSE las toma, muy malas no serán.

Pero terminas desengañándote. Drogarte no disuelve tus problemas, tan sólo los aparca y te acaba creando otros. Llegados a este punto de la existencia, empiezas a comprender por qué Kevin Arnold añoraba “AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS”.

Segundas Partes


Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. En el mundo del cine ahí está EL PADRINO II ó EL IMPERIO CONTRATACA para desmontar esta teoría. Pero lo cierto es que cuando se ha dado el pelotazo una vez, es difícil repetir el éxito en una segunda ocasión.

Cuanto más inesperado sea el éxito, más se disfruta. Se Saborean sensaciones que ni se imaginaban que se fueran a probar, se cumplen retos que se resistían y se vislumbra un horizonte donde todo es nuevo e ilusionante. Pero todo es efímero en esta vida y las buenas sensaciones pronto se acaban.

Lo inteligente es darse cuenta de cuándo cortar. De cuándo no hay más recorrido y que el futuro tiene fecha de caducidad. Te puedes sentir tentado en prolongar ese momento dulce (a todo el mundo le gusta sentirse cómodo), pero se tiene que ser frío y racional y poner fin ahora que se ve que se termina.

Por todo ello, abandonar cuando se está arriba es duro. Muy duro. Te acostumbras a tenerlo todo controlado, que volver a lo desconocido te produce incertidumbre. Es volver a empezar de cero, comenzar a labrarte un camino y aceptar que las cosas te pueden ir bien…o también te pueden ir mal. Pero lo importante es no rendirse. Hay que seguir intentándolo.

Por eso volver a donde ya estuviste, tiene mucho riesgo porque, si fuiste inteligente y te fuiste cuando estabas en la cumbre, nada ni nadie te puede asegurar que todo vuelva a ir “de dulce”. Y claro, fracasar donde antes tuviste éxito es uno de los sentimientos más duros que puedes sufrir. Ver como los que antes te jalonaban ahora te miran con cautela, que el microclima que dejaste se ha convertido en un ambiente irrespirable y que los que dejaste como amigos pueden ser ahora tus enemigos, no es un plato de buen gusto.

Te puede salir bien como le salió bien a Coppola o Lucas con sus películas, pero tienes más cosas que perder (todos los buenos recuerdos) que ganar. A veces, los caramelos no son dulces y te dejan un regusto amargo que el tiempo difícilmente terminará de quitar.

240 MILLONES DESPUÉS...


...aparecen los de siempre y tan sólo queda la casta.

Puede que hayas ido a las tiendas más caras a comprarte los mejores modelos, que te hayas dejado asesorar por los mejores expertos y que te hayan puesto un tratamiento que te haga irreconocible, que incluso hayas tenido que ir a buscar fuera lo que no has podido encontrar dentro. Da igual, ella siempre preferirá al otro.

El deslumbrante, el hecho a si mismo, el virtuoso a la vez que esforzado en el trabajo, el que nunca se esconde y da la cara, el que se impone retos y siempre los cumple. En definitiva, el preferido por todas.

Tú tienes más recursos, durante muchos años has sido el más reconocido en el mundo, el cual hubo un tiempo que gobernaste con mano de hierro. Eran otros tiempos, no tenías competencia y sólo la mención de tu propio nombre hacía temblar de pánico a los contrarios.

Pero ahora los tiempos han cambiado y el respeto, aunque te lo siguen teniendo, ya no paraliza a los contrarios. Al contrario, es un acicate para derrotarte porque una victoria frente a ti da mucho caché. Sigues siendo un grande, sí pero venido a menos.

Ahora el miedo lo infunde otro, que por una justa combinación de estética, plasticidad, y simplicidad, tiene subyugado a medio mundo. Te has querido comparar con él utilizando distintas armas. Y esas armas, aun siendo caras, no han valido nada más que para disparar tiros al aire. Puras balas de fogueo, que apenas han producido rasguños a tu rival.

Y es que para revertir situaciones no vale sólo con nombres, sino que hay que tener las ideas claras, saber a qué se juega, olvidarse de lo que fuiste y centrarte en lo que te gustaría ser; sin fijarte en los demás, creándote un estilo propio y reconocible. Mientras no hagas eso, la pelotita nunca querrá entrar por más que insistas.

LOS TIEMPOS DEL BABY


Yo, como ya expliqué con anterioridad, nací prematuro. Eso a lo largo de mi vida me ha acarreado cierto retraso con respecto a mis compañeros. Cuando llevaba baby, babi, babie o cómo se diga, aún no había aprendido ciertas artes que mis compañeros ya dominaban. Teníamos la costumbre de gastar nuestro tiempo de recreo en hacer carreras alrededor del patio. Mi punta de velocidad me granjeaba éxitos en dichas carreras, así que de algún modo, era un pequeño ídolo (¡¡hasta una chica bebía los vientos por mí!!). Pero mi fama se esfumó por un pequeño error que cometí. Bajé de la gloria al infierno, en apenas unos segundos.
Era un día de Otoño y empezaba a hacer frío. No afrontaba la carrera en las mejores condiciones físicas pero aún así confiaba en poder ganar. Estaba congestionado. No podía respirar bien, ni tampoco estornudar para sacar todo lo que llevaba dentro. En estas empezó la carrera; me sentía fuerte y con posibilidades de alcanzar a mi eterno rival, Roberto. El circuito era muy sencillo; totalmente llano, sin dificultades orográficas, consistía en dar vueltas sobre el edificio que albergaba las aulas. La meta era la entrada principal al edificio, en la cual siempre estaba la profesora de turno encargada de la vigilancia del recreo acompañada de.... BERNA.
Berna o Bernarda, era la profesora más mayor que teníamos y todo lo que tenía de vieja lo tenía de mala leche. La temíamos. Pero si hacías las cosas bien y te portabas como un angelito, no tendrías problemas con la abuela del Sargento de Hierro. Yo aparte de tener fama por mis glorias deportivas, también la tenía por ser un niño obediente.Hasta ese día.
La carrera estaba terminando y tenía a Roberto a tiro. Pero a medida que iban pasando las vueltas yo me encontraba peor del resfriado. Tenía unas ganas tremendas de estornudar. En la penúltima vuelta, cuando doblábamos la última esquina y estaba a punto de alcanzar a mi contrincante, un tremendo estornudo me sorprendió. ¡¡Atttchúusss!!. Estaba hecho un cromo, todas mis mucosidades empezaron a brotar. Mi madre, previsora ella, me había colocado un kleenex en la manga de mi jersey. Lo que no había previsto era que yo, a la edad de 4 años, aún no sabía sonarme los mocos y que, cochino de mí, utilizaba para ello la manga de mi babi.
Pero aquella concentración de mucosidades era tan grande, que se iba a notar mucho en mi babi, con lo cual opté por el plan B. B de barrido con la lengua. Bien todo esto lo hice sin dejar de correr. Pero elegí mal el momento para el barrido; pasaba por meta por última vez y no se me ocurrió otra cosa que mirar hacia la puerta de entrada, donde estaban las vigilantes y por supuesto BERNA. La combinación de mirada a la puerta, barrido con la lengua y mirada de Berna hacia mí (aún la recuerdo y me estremezco), terminó con mis huesos en el aula de castigo.

Mi pena: haber sacado la lengua a una profesora.

Mi castigo: haber perdido la carrera y mi reputación de niño bueno. Al menos mi media novia no me repudió por ello.

El chico de El Palo


Existe el estereotipo que el futbolista profesional es un tipo privilegiado al que no le falta de nada, que tiene la vida asegurada y que con el fútbol le vino Dios a ver. A veces no estaría mal desterrar los estereotipos e indagar qué hay detrás de cada persona.

Para algunos el fútbol puede ser una válvula de escape, un balón de oxígeno para escapar de una vida condenada a la marginalidad. Eso es lo que le pasó a nuestro personaje.

No tuvo infancia ni motivos para la esperanza. Su padre le abandonó cuando era un recién nacido y su madre murió, arrastrada por los excesos que provocan las drogas, cuando él apenas contaba con 9 años. A pesar de apenas haberla conocido, siempre hay un recordatorio para ella cada vez que marca un gol. Cuando todos presagiaban un triste final de delincuencia y drogadicción, apareció una pequeña luz para la esperanza.

Ese hilo de esperanza no lo encontró en el colegio, el cual abandonó pronto, si no en torno a ese esférico que tanto dinero mueve en España: el balón de fútbol. Con el fútbol regateó a su infausto futuro y pudo construirse una carrera de éxitos.

Aunque ese camino no fue de rosas precisamente. Con 15 años cometió su primer y único delito. Intentó robar una moto para comprarle unas gafas de sol a la que entonces era su novia. Este incidente y su pasado habrían sido suficientes para que un equipo puntero del panorama futbolístico español desechara su fichaje. Pero aquel bigotudo, que más tarde llegaría a entrenar a la mejor Selección Española de Fútbol, le estaba viendo aquel día en la disputa de un partido regional, no hizo caso a los estereotipos y le fichó para el Real Madrid. Ese hombre le cambió la vida, pues, como llegó a decir posteriormente, se ganó a un futbolista y se salvó a un delincuente.

Atrás quedaron los días como jugador de el club El Palo, donde destacaba por su toque, desmarque, su fuerza goleadora, y por un carácter tremendamente competitivo: le gusta ganar o por las buenas o por las malas. Pero aún disfrutando de una vida privilegiada, su pasado no dejaba de perseguirle.

Debutó en el Real Madrid un 3 de Noviembre de 1999. La vida le sonreía pero eso no le hizo olvidar sus orígenes y aún continuaba volviendo a El Palo. En una reunión de conocidos de la infancia presenció como un amigo suyo moría víctima de navajazos. Desgraciadamente estaba curado de espanto pues la mayoría de sus amigos de la infancia había acabado en prisión.

Tras ese episodio comienza un periplo por la Primera y Segunda División, que le lleva a conocer Soria (Numancia), Villarreal, Sevilla, Albacete, Murcia y Granada. Todos los que han compartido vestuario con él, hablan de una persona noble y con un gran corazón. Y a pesar de haber dejado un buen recuerdo en todas las hinchadas, nunca ha terminado de echar raíces. Desde ese punto vista, la suerte le fue esquiva. Pero viendo lo que le deparaba la vida nada más nacer, se puede considerar un tipo afortunado.

Carlos Reina Aranda milita actualmente en el Club Atlético Osasuna.

CORAZONES ROTOS


Nos conocimos por mera conveniencia, en un momento que yo te necesitaba y tú, que siempre has estado dispuesta a conocer gente, me atrajiste. Lo nuestro, desde un principio, fue mera formalidad. Yo me mostré reacio en un primer momento y no quise exponer más; tú tampoco insististe mucho y nunca me pediste un esfuerzo suplementario. Fueron tantos años con otra que, aunque no lo quisiese ver, no podía olvidarme de ella. He de reconocerlo, me caló tan hondo que aunque tú posees innumerables encantos, yo no supe o no quise disfrutarlos. No sabía lo que me perdía.

Poco a poco fui venciendo mis miedos y empecé a sopesar que estar contigo no era tan mala idea (aunque aún añorase a la otra). Comencé a aplicar el sentido común y asumí que no debía de gastar fuerzas en recuperar lo que ya no iba tener y ya que a ti te tenía, iba a aprovechar esa baza. Cada vez fui pasando más tiempo contigo y vi que eras diferente a la idea que había preestablecido en mi cabeza. Descubrí placeres nuevos, disfruté experiencias que nunca había vivido y sentí como ya no me acordaba que sentía. En definitiva, me di cuenta que durante un tiempo se me había olvidado vivir y que contigo otra vida era posible.

Es verdad que entre-semana tu ritmo me desquicia, me agota y me deprime, pero estoy empezando a acostumbrarme y, aunque sea en pequeñas dosis, aún en esos días descubro ocultos encantos bajo tu manto. Pero los fines de semana te transformas de tal manera, que parece mentira que seas tú la que me hagas sufrir tanto. Y es cuando te disfruto, te siento y saboreo contigo hasta el último sorbo de la noche. Y descubro una personalidad abierta, desbordante, libre y multicultural, que me tiene absorto y obnubilado deseando pasar más tiempo contigo.

Al final he terminado reconociendo que, aunque ponga tierra de por medio, ya no te podré olvidar. También, como la otra, me has calado hondo; en este caso fue una lluvia fina que me fue mojando sin remisión y cuando me di cuenta ya estaba empapado hasta el tuétano.

El otro día cuando te engalanaste y una vez más te diste a conocer ante el mundo, reconozco que estaba orgulloso de ti. Me sentía muy identificado contigo y deseaba fervientemente que disfrutases de tu (nuestro) gran día. Por eso, cuando todas nuestras ilusiones quedaron hechas añicos al estallar la algarabía brasileña, sentí mucho dolor por ti. Un dolor que llegué a sentir como mío. Ese día me caí en la cuenta que me había convertido en un madrileño más.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (y VI): El Sentido Comercial de la vida.


Querido diario:

Esto se acaba y la prueba de ello es que el poco tiempo que nos queda lo vamos a dedicar a las compras. Ese proceso que se repite viaje tras viaje y que consiste en llenar la maleta de recuerdos típicos, sin orden ni concierto, y de regalos que no sabes si les va a gustar a sus destinatarios. Con el riesgo añadido que, en caso de defecto o de gustos, no vas a poder devolverlos. ¿Te regalan unas piedras del Teide y no te gustan? Pues te aguantas. Por cierto, un inciso. ¿Por qué no te dejan coger piedras en el Teide, supuestamente para no esquilmar el terrero, y luego los autóctonos te venden piedras a granel?

Trevor ha preferido ir por libre y se marchó a por una cámara de fotos. Esta isla es el paraíso digital. Los bazares electrónicos crecen como setas y en todos hay ofertas. Manejas tantos productos y tantos precios en la cabeza, que al final, de tan mareado que estás, decides no comprar nada. Pero Trevor no es de esos. Él ha ido a comprar una cámara de fotos y volverá con una cámara de fotos. Nuestra sorpresa fue cuando le vimos aparecer cargado de paquetes.

Trajo la cámara, por supuesto pero también trajo bajo el brazo, una minicadena, un descodificador de TDT, una maquinilla de afeitar, una radio…En fin, medio bazar. Y en su cara se reflejaba una enorme satisfacción lo que significaba que el vendedor había hecho muy bien su trabajo: había creado necesidades a Trevor.

Visto semejante tocomocho, nos picó la curiosidad y decidimos darnos una vuelta e inspeccionar la tienda donde Trevor había dejado temblando su tarjeta. La verdad es que habíamos visto tiendas mejores, más curradas en cuanto a diseño y escaparate. Lo más característico de la tienda era el pequeño batiburrillo de productos que había, dado que junto a consolas te podrías encontrar camisetas, deliberadamente falsas, de equipos de fútbol. En estas que una voz nos preguntó en qué podía ayudarnos. Su presencia física era impecable. Tez morena, cabellos plateados y gafas impolutas, como impolutas y bien planchadas estaban la camisa y el pantalón que llevaba el primo canario de Apu, el dueño del Badulake de Springfield. Al contestarle que tan sólo estábamos echando un vistazo, su falsa sonrisa de complacencia se borró y se dio media vuelta. Sin duda, no éramos su objetivo.

Trevor continuaba ensimismado con los artilugios que había comprado. Al preguntarle el porqué de la compra de tantas cosas, él sólo pronunciaba una palabra: Descuento. Esta palabra, junto con la palabra Gratis (ver El Teorema de las Camareras) es otra de las palabras fetiche de los españoles. Es oírla y ponerse nuestros 5 sentidos a trabajar. Y aunque nosotros no éramos conscientes de ello, somos débiles (españoles además) y en ese preciso instante se había creado en nuestro interior la necesidad de comprar.

Decidimos volver al lugar de los hechos. Apu, al vernos no nos hizo mucho caso. No éramos su cliente tipo. Trevor, que se había entretenido mirando el escaparate, entró después. Y justo cuando entraba, la situación cambió por completo. Fue como si por el hilo musical se escuchara a Liza Minelli cantando “Money, Money” y como si en vez de pupilas negras, Apu tuviera símbolos de $ en sus ojos. En ese momento, llamó a un mancebo para que despachara a los clientes que él estaba atendiendo, saltó el mostrador, pasó de largo de nosotros y se encaminó hacia Trevor.

¡¡Qué saludo tan efusivo!! Parecían 2 amigos íntimos. Apu preguntó a Trevor si todo lo comprado le funcionaba bien (eso es cuidar al cliente), Trevor afirmó y seguidamente el hindú le preguntó qué le traía por ahí. En el momento que nuestro amigo le dijo éramos nosotros y no él quien venía a comprar, Apu se volvió hacia donde estábamos y nos trató tan bien o mejor de lo que trató a Trevor (qué falso, si ayer ni nos conocías, mamón) Una vez más volvió a tirar de mancebo para que éste atendiera nuestras súplicas. Y juro que sólo íbamos a por algo concreto, pero sin embargo terminamos saliendo de la tienda con más de una cosa. Había caído en sus redes y sin darnos cuenta nos había creado una necesidad. Y a punto estuvo Trevor de caer, menos mal que se despertó a tiempo del influjo del hindú. Yo creo que, si le dejamos, hubiera sido capaz de vendernos a su hijo, el cual se pasó todo el tiempo jugando con una pelota dentro de la tienda. Por cierto, advertencia para los que visiten esa tienda u otras similar. Probad los artilugios antes de iros no siendo que volváis a la Península con un despertador que no funciona.

El tema es que no hay que fijarse en los precios. Pueden estar marcados con una cantidad, pero luego el precio es otro. A nosotros se nos aplicó el Descuento Trevor. ¿Que en qué consiste? Ni idea. Porque no se seguía ninguna regla matemática, ni ningún porcentaje, simplemente la cantidad que se le pasase por la cabeza al vendedor. Así, radios de 20 € se quedaban en 10 € ó despertadores de 55 € acababan valiendo 10 €. Con esa técnica era imposible regatear.

El cansancio había hecho mella en nosotros y esa última noche fue la más relajada de todas. La intención de Trevor hubiera sido la de despedirse de esa camarera que tanto había centrado sus pensamientos, pero al final no tuvo fuerzas suficientes como para aguantar hasta altas horas de la madrugada el cierre del bar en el que ella trabajaba. Al menos él espera que le recuerde en sus pensamientos. De todas formas Trevor, no te preocupes porque como allí nos hemos sentido en la gloria (buen clima, ausencia de estrés y gente muy agradable), es casi seguro que volveremos…y triunfaremos.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (V): El Axioma del Teorema de la Camarera.


Querido diario:

Es increíble que, a pesar de su agitada vida nocturna, Trevor lleve pleno de presencias en el desayuno. No ha faltado a ninguno. Lo mejor de todo es que nosotros le vemos con fuerza suficiente como para seguir ese ritmo.

Mientras que físicamente le vemos bien, sabemos que anímicamente no está en su mejor momento. Aún sigue siendo esclavo de sus palabras y el Teorema de las Camareras que brillantemente formuló, le está llevando por la calle de la amargura. Sería tirar piedras contra su propio tejado si deja sin validez su Teorema pero esa camarera le ha calado tan hondo, que por ella sería capaz de mancillar su prestigio matemático.

En estas atribulaciones estábamos cuando decidimos pasar el día en el mayor ¿zoológico? de la isla: El LORO PARQUE. Aunque ellos lo denominan el “Must” de Canarias. Si alguien sabe el significado de esta palabra, por favor que nos lo diga.

A lo que íbamos, que pasamos el día en un recinto donde el espíritu comercial se imponía al animal. Algún día hablaremos del sentido comercial de la vida que posee esta gente. Nada más entrar, casi sin darte cuenta te colocan un loro en el hombro y el flashazo que viene a continuación te recuerda que ya te han retratado para que luego pases por caja. Como no avisan, la cara con la que apareces en la foto está más cerca de la que tendrías al entrar en una Casa del Terror que la de entrar en un “Must”.

Una vez recuperados del susto, nos dispusimos a recorrer nuestro camino intentando interpretar lo mejor posible el mapa del recinto. Al final, no sé para qué ponen tantas letras si al final nos guiábamos por las fotos que venían en el plano. Una vez que dominamos las distancias y los caminos, quedaba otro paso. Controlar los horarios. Cada animal tenía su recinto y cada recinto, tenía su espectáculo. Así que en ese momento empezamos a ir a matacaballo. El estrés había vuelto a nuestras vidas. Acabábamos de ver como un león marino le robaba la cartera a un adiestrador y teníamos que ir a toda prisa a ver cómo una Orca nos calaba hasta los huesos después de un salto espectacular. Terminamos de ver ese húmedo espectáculo y a ver a otro clásico de los zoo´s: el delfín. Después de observar cómo se desenvolvían las orcas y los leones marinos, no hubo nada nuevo que no hubiéramos visto hacer a estos que pasan por ser uno de los animales más inteligentes.

Y después vinieron, las iguanas, los tigres, los monos, los pingüinos y como no, los loros. Y así, hasta tropecientas especies. Eso era una auténtica saturación animal. Lo bueno del asunto es que en lo que vimos tanto animal, mantuvimos nuestras mentes distraídas. Pero Trevor aún seguía dándole vueltas a la cabeza. Hasta que llegó al quid de la cuestión.

Había dado con la solución, con el método que le permitiría mantener su teoría y conjugar con ella sus sentimientos. Es más, su Teorema de las Camareras saldría reforzado empíricamente. Había nacido el Axioma del Teorema de las Camareras.

Dicho Axioma venía a decir lo siguiente: no hay utilidad marginal tendente a cero cuando la camarera está al otro lado de la barra es decir, cuando la camarera no está de servicio. El ingreso (conseguir los placeres de la chica) aumenta exponencialmente por cada minuto, ¡qué digo minuto!, por cada segundo que pase la damisela fuera de la barra. Desde el punto de vista formal, este Axioma es tan brillante como el Teorema que complementa. Pero Trevor no se había dado cuenta de un pequeño detalle.

La Utilidad, cuando una camarera no está trabajando en la barra, hay que medirla como un sumatorio de utilidades. Para los no iniciados en la materia, lo explicaremos con otras palabras. A tú interés por cortejar a la camarera hay que unir los de otros cuantos (a ver si creías que tú ibas a ser el único) que piensan que tienen posibilidades con ella. Y claro, el número de personas a las que haya conquistado esta bella dama mientras servía un Cacique-Cola, es cada vez mayor cuanto más guapa y más simpática sea la chica.

En definitiva, aquello sí que se convierte en una Jungla donde todas las especies compiten para ver quién se lleva el gato al agua. Ese sí que es el auténtico LORO PARQUE. Y reconócelo, Trevor, que si te sigue saludando, sonriendo e incluso hablando cuando no está trabajando, eso no quiere decir que la tengas en el bote. Simplemente, es que es una chica educada.

*Hoy Trevor conquistó a 9 velinas en el día de hoy.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (IV): El Increíble Pino Canario.


Querido diario:

Cuenta la Historia que esta tierra un día fue habitada por guanches, los cuáles eran felices con su autóctona forma de vida. Habían llegado a desarrollar su propia jerarquía, con el reparto de diferentes reinos y lo más importante, consiguiendo ser autosuficientes. Esta premisa aún la mantienen, lógico por otra parte, dado que hay ciertos productos que en lo que tardan en llegar a la isla, ya se han estropeado. Por lo tanto les sale más rentable producirlos aquí. Trevor, que sigue con su proceso de mimetización (considera que por sus venas corre un 33% de sangre guanche), ya lo ha comprobado y se ha hecho un ferviente consumidor de la cerveza Dorada. Pero volvamos a la Historia.

Nosotros, que nos hemos criado con la cultura del cómic, idolatrábamos a los superhéroes y en cierta medida, deseábamos parecernos a ellos. Pero desde que sabemos la Historia del Pino Canario, nuestros gustos han cambiado. ¿Qué superhéroes, después de haberse quemado vivos, son capaces de regenerarse en 3 ó 4 años sin perder un ápice de vitalidad? Y otra pregunta, ¿por qué en una isla eminentemente volcánica y aparentemente sin ríos no hay problemas de restricción de agua? La respuesta hay que encontrarla en los Pinos Canarios. Efectivamente, estos proporcionan la humedad necesaria para que se formen acuíferos en el subsuelo. Además, el Pino Canario tiene tal fuerza de contención que es capaz de impedir los corrimientos de tierra en un territorio tan pronunciado como éste. Y como el Pino Canario es muy generoso, a parte de tener mucha vida proporciona vida a otros seres vivos como los pinzones azules, el pájaro típico de la isla o las laurisilvas, la planta canaria por antonomasia.

Pero no se puede ser perfecto en esta vida y como cualquier superhéroe, el Pino Canario tiene un punto débil. Si Superman temía a la Kriptonita, Batman sufría rechazo social o el Increíble Hulk se volvía irascible cuando estaba lleno de ira, el Pino Canario tiene en sus raíces su talón de Aquiles. Si éstas se queman, el pino se extingue para siempre. Desgraciadamente nada es eterno en esta vida.

Lo que si parece eterno, o al menos lo va a conservar durante mucho tiempo, es el acento canario de Trevor. Le oyes hablar y crees que es un lugareño más. Su nivel de acento es inversamente proporcional al que pierden las guías turísticas cuando hablan por el micrófono de la guagua. Afortunadamente, se trata de una pérdida transitoria porque nada más bajar del autobús, olvidan su acento godo y vuelven a recuperar su acento canario. Curioso tema. Habrá que analizarlo.

*Trevor ha tenido un día muy sociable y ha conocido a 10 velinas más. Ya ha entablado amistad con 31.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (III): La guagua o la vida.


Querido diario:

Ya nos hemos acostumbrado a ver el cielo encapotado. Menos mal que Trevor dice que hay que adaptarse a las costumbres de los lugares a donde vayamos. Por eso, ya nos hemos habituado a ver transitar por las calles taxis únicamente de la marca Mercedes que, por cierto, menudo negocio hizo en el pasado (y recalcamos lo de pasado) dado que el más nuevo de ellos no tendría menos de 10 años. Sin duda, fue el gran pelotazo alemán.

También te acostumbras a que tus copas sean combinadas siempre con Pepsi. A lo mejor el buque insignia americano (la chispa de la vida) desconoce la existencia de estas islas. Al hilo de lo de las copas hemos de decir que en todos los bares de la zona hay una verdadera obsesión, por no decir manía persecutoria, por los posavasos. Antes de servirte una copa ya te han puesto uno en la barra, incluso si tan sólo te has pedido una mísera botella de agua. Y si te diera por juguetear o desmenuzar el posavasos, tranquilo que, antes que te hayas dado cuenta, tienes tu copa encima de uno. Debe de haber algún tipo de superstición o maldición porque por preservar la madera de la barra no es, dado que al vidrio de la Pepsi nunca le ponen posavasos.

Tan curioso es cómo te sirven las copas como es la manera de conducir de los lugareños de la zona. En vista que no vislumbrábamos ningún día el sol, Trevor propuso ir en busca de él. Así que decidimos acudir a la playa que nos habían dicho que era la más soleada de la isla (nunca agradeceremos lo suficiente los consejos de nuestro amigo el RRPP uruguayo. Ver “La Marca Blanca”). Como carecíamos, por temas logísticos, de medio de transporte propio decidimos coger una guagua. ¡¡Qué craso error!!

Algo falla cuando transitas por la autopista y tu guagua siempre va por el carril de la izquierda, adelantando a diestro y siniestro. Se llega a dudar que los coches tengan más potencia que los autobuses. Pero no es en la autopista donde se pasa más miedo, a pesar que en los desvíos la guagua nunca redujera la velocidad (más tarde nos enteramos que eran desvíos exclusivos para los buses. Aún así no deberían tomarse a más de 80). El verdadero miedo se pasa en la ciudad.

Para los que piensen que Madrid es una jungla es que no conocen Tenerife. Por menos de nada la gente desenfunda y aprieta el cláxon, demostrando que son los más rápidos del Oeste. Que te piten porque hayas hecho alguna pirula, tiene un pase. Pero que te piten cuando estés cruzando un paso de peatones en verde, es a todas luces incomprensible. No sólo se pita por eso; también se escucha el cláxon cuando las guaguas entran en las glorietas (como diciendo: “aquí estoy y no pienso frenar”), cuando ven a otro autobús (a modo de saludo) y también cuando el semáforo lleva mucho tiempo en rojo y el conductor considera que ya es hora que se ponga en verde. En definitiva, es el Reino del Cláxon. Trevor cree que todo radica en un mecanismo que se activa automáticamente en los pedales. A saber.

Lo que sí está claro es que cuando montas en una guagua, no puedes asegurar al 100% si vas a volver a bajar de ella. Eso sí, los conductores serán un poco suicidas pero en el autobús siempre hay que ir con cierto decoro y por ejemplo, no puedes montar sin camiseta. Mira, es un detalle a tener en cuenta. Por lo menos que seas un muerto elegante.

*2 velinas de hoy hacen ya 21 las conocidas por Trevor.


UNA HORA MENOS EN CANARIAS(II): La Marca Blanca.


Querido diario:

Sigue nublado en Tenerife. En ocasiones pensamos que estamos en un pequeño Londres con temperatura agradable. La Panza de Burro no nos ha dado tregua y sigue posada sobre nosotros como un gran telescopio que observa todos nuestros movimientos. Ante estas perspectivas y en vista que no merecía ir a la playa, nos hemos dedicado a hacer turismo.

Como muchas zonas turísticas, el antiguo pueblo es muy diferente a los lugares en donde se concentran todos los hoteles y apartamentos. El pueblo rezuma ambiente de villa de pescadores, con casas de estilo colonial adornadas con balcones típicos hechos con pino canario (del que hablaremos en posteriores post).

Trevor, en contraposición a cómo es de noche, es muy sosegado durante el día. Tanto que parece un osito de peluche. Pero es ocultarse el sol y convertirse en una pantera. En nuestro paseo vespertino a Trevor no se le escapó el detalle de un escenario en medio de la Plaza Mayor. ¿Qué hacía ahí ese escenario? Por ese motivo y, supuestamente para conocer más alternativas de ocio, entramos en la Oficina de Turismo.

Una vez allí, Trevor estuvo atento a otro detalle: a una señora mayor le estaban regalando una pulsera blanca. Una vez más, la palabra fetiche de todos los españoles: gratis. Después de escuchar mucha palabrería sobre nuestro supuesto interés por la actividad cultural de la isla, llegaba el momento de descubrir qué se estaba cociendo ahí. ¿Estarían relacionados el escenario y la pulsera blanca?:

-¿Por qué regaláis una pulsera blanca?- preguntó nuestro hombre. En ese momento a la guía turística le cambió el semblante y caló inmediatamente a Trevor.
-¿Queréis una?- respondió ella- ¡No teníais nada más que habérmela pedido! El motivo de regalarla era porque se está celebrando la semana Tentación.
-¿La semana Tentación?- respondimos al unísono mientras recogíamos la pulsera que la guía nos regalaba.
-Sí, la semana Tentanción. Una semana dedicada a los gays, lesbianas y transexuales. Tomad un programa de las actividades, no os cortéis, que no pasa nada (ya me entendéis), que para eso están.

Después de esta manera tan turística de salir del armario, Trevor encabezó, eso sí, sin pulsera blanca, nuestra ronda nocturna. Y aunque quisimos, no pudimos darles esquinazo. Ellos siempre están ahí. Nos referimos, efectivamente, a nuestros “amigos” los RRPP.

Trevor tomó otra ruta alternativa a la de la noche anterior, exenta de aglomeraciones y de tránsito de personas. Da igual, tras una esquina, como un francotirador, nos estaba esperando un chiquitín. A diferencia de la noche anterior, esta vez el espécimen era autóctono y todo lo que le faltaba de altura, lo tenía de labia. ¡¡Madre mía!! Parecía un socio-fundador del Local. De hecho, Trevor llegó a pensar que los flyers eran participaciones del bar. Nos llegó a decir que era un local diferente, un nuevo concepto de ocio adaptado a las necesidades y gustos del cliente y con música de calidad. ¿Al final?...lo de siempre. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en un garito no muy diferente a otros y con el mismo concepto musical que las orquestas que tocan en los pueblos.

En vista que era imposible librarse de ellos, Trevor decidió volver por los caminos conocidos y repetir ruta. Allí se volvió a encontrar con su viejo amigo uruguayo. Uno de los pocos que se salvaba de ese mercantilismo salvaje que imperaba en el gremio de los RRPP. Un hombre que la noche anterior, a parte de venderle a Trevor la moto de lo genial que era su Local, tuvo la delicadeza (y ese no era su trabajo), de preguntarnos de dónde veníamos y cómo lo estábamos pasando, a parte de sugerirnos actividades en la isla. Vamos, lo que Trevor entiende por un tipo íntegro.

Fue verle y pensar Trevor “por fín un amigo”. Lástima que el uruguayo no lo entendiera de la misma manera. Ahí algo falló. O el “amigo de Trevor” tiene memoria de pez o no era tan “amigo” porque nos volvió a hacer la misma batería de preguntas que la noche anterior y ni se pispó que, en las respuestas, le estábamos mintiendo. En definitiva, en una noche pasó de mostrar interés por nosotros a tener interés en nosotros.



*Con las de hoy, Trevor ya conoce a 19 velinas.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (I): El Teorema de las camareras.



Querido Diario:

La verdad es que es un poco frustrante hacer miles de Kms. en busca de Sol y Playa, y que lo primero que te reciba en la isla de Tenerife sean cielos cubiertos y una fresca brisa. Es lo que los lugareños llaman La Panza de Burro: fenómeno meteorológico que se produce por la confluencia de los vientos alisios (muy propios de esta época del año) y la evaporación del agua del mar. A Trevor no le ha hecho mucha gracia saber que hubiera sido preferible haber visitado estos lares en invierno, cuando los alisios se han ido a tomar vientos. Aunque reconozcámoslo abiertamente, Trevor es un animal nocturno al que nunca le ha importado el tiempo que haga por el día.

Nuestro primer día allí transcurrió tranquilo. Fue una primera toma de contacto y reconocimiento del terreno. Un terreno, por cierto, muy escarpado sin duda influenciado por el volcán que corona la isla que formó, en sus antiguas erupciones, innumerables barrancos. Trevor no contaba que para cuando volviera de fiesta, tuviera que convertirse en Alberto Contador y escalar el Tourmalet.

Pero, ¿quién piensa en la vuelta cuando aún no se ha producido la ida? La primera noche en un hábitat que te es desconocido es de tanteo y si nos apuras, un poco light. Todo esto se produce en circunstancias normales…pero no en las nuestras. Hemos de tener en cuenta que Trevor juega en nuestro equipo y no se caracteriza, precisamente, por ser un tipo que quiera perder el tiempo. Así que, nos acicalamos y nos dejamos llevar por el influjo de la noche.

Una vez que se pisa el área de influencia, eres hombre muerto. Por área de influencia entendemos la zona por donde los Relaciones Públicas se lanzan como buitres a por su carroña es decir, los turistas. Son especialistas en ofrecerte/venderte las bondades del local al que representan. Entre ellos predomina el espécimen argentino-uruguayo, de labia incontrolada y marcado tópico machista (“las mejores mujeres de la isla van a mi local”). Antes que te hayas dado cuenta, ya te han hecho el lío y terminas brindando con él (un colega ya para toda la vida) chupito en mano. Porque ese es el gran reclamo: el chupito gratis. Parece mentira que el RRPP haya tenido que venir desde tan lejos para detectar claramente cuál es la gran debilidad de todo español: la gratuidad.

Pero si éxito de los RRPP se mide por la fidelidad que consigan captar por parte de los clientes, hemos de decir que en todo este entramado del ocio nocturno, no son los que se llevan el gato al agua. Tienen en las camareras a un duro rival.

Una vez dentro del Local y haberte bebido el chupito, no sin riesgo para tu salud, empieza la competición. Por un lado, Trevor compite para conocer gente (principalmente, público femenino) y por otro, el Bar para ganarte como cliente. A pesar que entraste en el garito a regañadientes, más que nada por no hacerle el feo al RRPP (que entró contigo hasta la cocina) y porque daban algo gratis, ahí te encuentras, sin comerlo ni beberlo (nunca mejor dicho), con una copa en la mano. ¿La culpable? No lo dudes, la camarera.

A Trevor siempre se le había llenado la boca hablando del TEOREMA DE LA CAMARERA. Para los que no lo sepan, dicho teorema enuncia que la Utilidad Marginal de cotejar a una camarera es cero o tendente a cero. Para los no iniciados en las Ciencias Económicas, lo diremos en cristiano. El coste (dar la brasa a una camarera y creer que te hace caso porque le interesas y no por su propio interés) es mucho mayor que el ingreso (la remota probabilidad de enrollarte con ella).

Es increíble cómo todo este razonado y contrastado teorema puede saltar por los aires en el momento en que Trevor, copa en mano, haya quedado prendado a los encantos de las camareras canarias. Ya hemos comentado en ocasiones anteriores, que los hombres son más simples que le mecanismo de una peonza (ver “Cuatro maneras de enfrentarse a una cita). Las potentes armas de este tipo de mujer son una eterna sonrisa, un interminable derroche de simpatía y un acento que puede volver loco al más cuerdo de los mortales. Cuando Trevor despierte de su encantamiento, se dará cuenta que, copa tras copa, ha pasado varias horas en ese Bar. Objetivo cumplido.


*Hoy Trevor conoció a 9 velinas.



LA SALIDA DEL ARMARIO


Cronología del lamentable espectáculo que un erudito y un profesor protagonizaron un Sábado de Gloria.


5 horas antes de la salida


El proyecto de profesor de autoescuela convoca a parte de sus amigos en el templo de siempre para comenzar la liturgia nocturna. Allí, acompañados por los “animados” ritmos que sonaban por el equipo de música, este grupo de amigos disertaba de lo divino y de lo mundano de la condición humana. Como había visita andaluza, la charla deriva en las asombrosas y estrambóticas historias vividas por los, no menos, estrambóticos y asombrosos amigos del “profesor”. Inexplicablemente allí no había concurrencia (la verdad es que no se entiende por qué), el baño de mujeres estaba arreglado y no había camarera. Éstas, y sobre todo la última, eran razones más que suficientes para abandonar de templo y buscar nuevos aires.


3 horas antes de la salida


Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Traducido en nuestro argot, si la camarera que antes estaba en tu garito de referencia ya no está allí, habrá que ir donde esté trabajando actualmente. Ahora bien, como buen jugador que eres marcas muy bien tus cartas y convences a tus amigos que vas allí sólo por andar un rato, por cambiar de zona. Evidentemente estos se lo creen, pues de sobra es conocido tu placer por el paseo y lo poco que utilizas el coche para los desplazamientos cortos. Tanto andar para nada. Es decir, después de la caminata que te has pegado resulta que tu “amiga” no trabajaba esa noche. Al menos te queda el aliciente de sacarle la segunda copa al camarero que allí ha quedado. Pero ese no será el único aliciente para tu estancia allí. Habrá otro más estimulante y horripilante.


2 horas antes de la salida


Después de ser un estupendo anfitrión para tus nuevas amigas sevillanas, te das cuenta que te falta algo. La noche está siendo monótona, por tanto algo no iba bien. Tu leiv motiv de la noche es estar rondando a una mujer y resulta que tu camarera preferida allí no estaba por lo tanto, tendrás que buscar una sustituta. Ante la indecisión con la sevillana que no se agarra al cuello de tu amigo, decides hacer caso a la observación que, tu otro amigo que estaba allí contigo, te ha hecho. Este erudito, es una mosquita muerta, que interviene poco pero cuando lo hace los dardos que dispara son bastante puñeteros y su estancia en Madrid no ha hecho sino incrementar esa ironía. A lo que íbamos, este amigo te señala un grupo de mujeres entre las que sobresale una. No por su altura, no por su gracia, ni por voz, ni por sus movimientos, sino que destaca por ser la versión española de Betty la Fea.


1 hora antes de la salida


Para qué queremos más. El hecho de visualizar ese grupo de jovencitas hizo que nuestro profesor empezara a sacar a relucir todas las dotes seductoras que atesora. Pero como estas dotes son muchas y darían para escribir un manual, hubo de centrarse en un capítulo concreto, ya vivido por él y que ya le dio resultado con una hembra similar a esta. El capítulo se llama ¿Cómo seducir a la Pili? Llegado este momento es preciso hacer un pequeño matiz. Hemos dicho similar a la Pili pero no igual, pues la Pili al lado de la susodicha podría ser Miss España.


El hecho que entre tu grupo de amigos y el de ellas mediara otro, no hizo sino acrecentar tu seguridad y aumentar tus posibilidades de éxito. Ayudado por el inefable erudito (el cual te jaleaba), llamaste la atención de ella con toda una amalgama de gestos. Primero miradas fijas y penetrantes, seguidas de encendidas de cigarrillos llenas de sensualidad, movimientos de labios a modo de besos virtuales y como traca final, el relamido de la comisura de tus labios. Sus amigas, ante semejante espectáculo, no dejaban de cuchichear y sonreír como solo las enamoradas sonríen es decir, risa tonta acompañada de un ligero movimiento de la mano para taparse la boca. ¡Qué inocencia transmitía esa imagen!


30 minutos antes de la salida


El tugurio se iba vaciando y ya entre ellas y vosotros no había nadie por medio. Era el momento de palpar toda esa pasión que habías sembrado, de comprobar a escasos metros que tu seducida bebía los vientos por ti. Y como de palpar se trataba, pues palpaste, ¡ya lo creo que palpaste! Con la excusa de ir al pinchadiscos a solicitar canciones (por cierto, aquí los dos lumbreras no estuvieron hábiles pues podrían haberle dedicado una canción a la susodicha) pasabas por el grupo de chicas y dejabas rozar tu esculpido y proceloso cuerpo con el suyo. ¡Ay, qué sensación de placer le hiciste sentir! ¡Cómo le hiciste subir la líbido! ¡Cuánto hubiera dado ella por tomarte allí mismo! Cuando no te desplazabas a pedir canciones, te acercabas a ella con la excusa del baile. Tus movimientos de Tony Manero y los de tu inseparable amigo, hicieron desconcentrar a tu seducida en sus bailes tipo Shakira. (Igualita que ella, de hecho se dudaba si la que realmente estaba bailando era ella).


15 minutos antes de la salida


Toda la seguridad que habías atesorado hasta entonces se tambaleó por un pequeño pero importante hecho. Las amigas se marcharon quedando allí Rossy de Palma y su hermana, que aun siendo fea parecía guapa al lado de tu “amada”. Esto era un órdago pero la jugada te quedaba grande y no sabías con qué cartas ibas a ganar la partida. En resumidas cuentas, tu amigo y tú estabais acongojados pues no os imaginabais semejante desenlace. Intentasteis guardar la calma y transmitir una tranquilidad que no teníais, y una buena manera de descargar tensiones es ir al cuarto de baño a cambiar el agua al canario. La mayoría de los garitos tienen situado el baño al fondo a la derecha. En éste estaba al fondo bajando unas escaleras. Preguntaste a tu amigo erudito, el único que te hacía caso pues el otro seguía averiguando si el perfume que llevaba la andaluza era de AVON o no, si quería ir y ante la indiferencia de éste decidiste bajar solo. Bajaste las escaleras sin percatarte que, como unas lobas en celo, las seducidas también bajaron. En ese momento al erudito le recorrió un escalofrío pensando no tanto en la suerte que podría estar corriendo, nunca mejor dicho, su amigo sino, en qué hubiera pasado si él también hubiera bajado. Se quedó estupefacto, inmóvil, no reaccionaba. El que si reaccionó fue el otro, que rápidamente se desenrolló de la sevillana y bajó a contemplar el espectáculo. El profesor subió como alma en pena, con la mirada perdida pues su amigo ya le había informado de lo que pasó. Afortunadamente allí abajo no había acontecido nada pero, ¿y si llega a ocurrir? No quería ni imaginarlo.


5 minutos antes de la salida


Tembloroso te aferraste a lo único que te podía hacer olvidar tus penas: Tu copa de Cacique. Acompañado del amigo que te inició en semejante lío te disponías a situarte en la esquina de la barra cuando de repente…Un pequeño toque por la espalda te hizo sentir como un cordero degollado. Ya aceptabas tu sino, y si tenías que apechugar pues apechugabas. Te armaste de valor y secándote el sudor frío que recorría tu frente, te giraste lentamente para enfrentarte a la representación femenina de lo que se ha dado en llamar la belleza interior. Un bufido exclamaste al darte cuenta que el que tenías a la espalda era el camarero que te quería saludar. Bufidos, pero de ataque de risas soltaron el sector andaluz de tus amigos.


1 minuto antes de la salida


Si algún día pensaste a qué momento de tu vida tendrías que aplicar la frase: ¡Tierra, trágame!, ese momento era este. Ese par de hembras se acercaban hacia donde estabais con paso firme y decidido, sin titubeos. Os iban a hacer hombre allí mismo, aunque fuera escándalo público. Tu amigo y tú os mirasteis y observasteis lo desencajado que estaba vuestro rostro. Vuestro tembleque aumentó cuando las susodichas se situaron detrás de vosotros. Fingíais que bebías las copas mientras contemplabais la decoración del bar, mientras os preguntabais cuando esas dos felinas os iban a atacar. Era un callejón sin salida en el que no se vislumbraba solución. O sí. Se te ocurrió un plan perfecto para ahuyentarlas aunque, eso sí, dañara tu reputación en el templo donde andas pelando la pava con la camarera.



LA SALIDA DEL ARMARIO


Te arrimaste a tu amigo, lo abrazaste y finalmente, lo acariciaste. Todo ello con un rictus serio y tenso, muy tenso. Tan tenso que mandaste tensionar el culo a tu amigo. Quizá en ese momento de delirio pensaste que aún podía ser peor, que vuestras amigas podían ser unos travelos y entonces ¡apaga y vámonos! Ellas impasibles veían la escena pero no se iban del escenario del espectáculo. Eso hizo aumentar los gestos, las caricias a la nueva pareja plumera, llegando incluso a los besos, eso si, castos y puros en la mejilla. Os llegasteis a plantear el iros de allí sin vuestras cazadoras pues, las muy listas, se habían colocado al lado de donde las habíais colgado. Eras capaz de dejar allí, tu móvil y tu tabaco, a modo de mito para esas dos mitómanas. Al final, más bien por aburrimiento que por la penosa actuación de estos dos, las hijas secretas del feo de los Calatrava abandonaron su sitio estratégico y se marcharon del garito. Un gran alivio recorrió vuestros cuerpos. Pero la alegría duró poco: ¿y si estuvieran fuera esperándoles? La suerte tan esquiva con vosotros esa noche os concedió una tregua, pues tan solo os esperaba una noche lluviosa.



Apuntes a modo de conclusión


*En el terreno donde andas trabajándote a la camarera saben que eres de la acera de George Michael, pues actuaste delante del dueño y de los camareros.


*De ahí a que se entere la camarera segoviana, dista un pequeño paso.


*En Sevilla tus nuevas amigas os recomendarán el ARNY.


*Las primas de la Familia Monster murieron matando: Cuando se fueron saludaron efusivamente al dueño y los camareros.


En resumidas cuentas, son clientas de ese bar y tú en ese coso taurino te quedan muchos pases que dar.


El BANDERILLERO


Triste vida la del banderillero. Arriesga como el que más, llevándose otro la gloria. El que llena las plazas, el famoso, el que puede pasar a la posteridad siempre será el torero.

La cuestión es que el torero no se presenta sólo en las plazas, sino que lleva a una cuadrilla. Estos le asean la faena para que luego él se luzca. Y aunque no negamos que exponer también expone, si hemos de decir que siempre está acompañado de un capote o muleta (dependiendo de la fase de la lidia en la que se encuentre), el cual puede utilizar a modo de engaño cuando la cosa se pone fea.

Pero y el banderillero, ¿qué tiene para protegerse? Nada. Va a puerta gayola, totalmente desarmado, confiado en que su velocidad y sus reflejos le permitan sortear con éxito las embestidas que el morlaco le pueda infligir. Porque el toro, quejarse se va a quejar. No es para menos cuando le ve con un par de varillas de madera, decoradas de una manera un poco hortera (para qué negarlo) y con una punta de acero cuyo único objetivo es desangrar y desvitalizar al bicho.

Es fácil ponerse en la piel del banderillero dado que el mundo laboral guarda muchas similitudes con el taurino. La gloria es siempre para otro mientras el trabajo sucio lo haces tú, exponiéndote a cornadas continuamente y no saboreando las mieles del triunfo.

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO


Ha tenido que pasar 365 días para que nos demos cuenta que lo que pasó hace un año no fue un sueño. Tuvimos que frotarnos los ojos y pellizcarnos para comprobar que fue real.

Tuvo que ocurrir de manera agónica. El sentido trágico de la vida nos persigue y no concebimos conseguir un éxito si no hay sufrimiento de por medio. Ese es nuestro sino; qué le vamos a hacer si somos así.

La situación estaba controlada, fuimos claros dominadores, cualquier persona imparcial concluiría que éramos visiblemente los favoritos. Cualquiera confiaba en nosotros…excepto nosotros mismos.

La confianza en nosotros mismos estaba por los suelos. El sentimiento de inferioridad siempre nos ha recorrido el cuerpo. Fueron tantos los episodios injustos vividos, que siempre esperábamos cualquier navajazo a la vuelta de la esquina.

Y jugártelo al Todo o Nada es una Ruleta Rusa. Nada de lo que hayas hecho antes habrá valido si no tienes suerte. Para jugárselo todo a la suerte se necesita tener grandes dosis de aplomo y que el miedo a perder no te paralice el cuerpo.

¡Allá vamos! La ilusión de mucha gente está en tus manos…mejor dicho, en tus pies. Eres tan insultantemente joven que las historias de los fracasos previos te sonarán a leyendas de otro siglo, de cuando no había mentalidades abiertas y nos considerábamos el ombligo del mundo aunque tan sólo fuéramos cola de ratón. Épocas en las que éramos contratados en el extranjero como mano de obra barata y poco cualificada, en las que salías del país no por tus méritos sino por falta de oportunidades. Así era fácil echar la culpa a otro si las cosas no salían bien.

Tú, que desde muy joven te has labrado un futuro fuera, aparentas estar tranquilo aunque seguro que por dentro eres un manojo de nervios. No te lo piensas mucho; miras de frente a tu contrincante, lo sitúas, tampoco le dedicas una mirada desafiante, simplemente se trata de marcar el territorio. Das serenamente 3 pasos para atrás y sin dilación te dispones a disparar a puerta. Son esos los segundos que pueden definir un éxito y un fracaso, donde pueden salir a relucir tus nervios aunque no los aparentes. Chutas y se hace el silencio. Apenas transcurren 2 tensos segundos que marcarán para bien o para mal el resultado.

Y el resultado es brillante. Con un disparo certero y suave (¿dónde estaban los nervios?), barres de un plumazo todas las telarañas de la portería y ya de paso, de la decepcionante historia que ha acompañado a la Selección Española de Fútbol. Atrás quedaron fatídicos episodios como el llanto de Luis Enrique (no tanto por su nariz rota como por la rabia), el fallo imposible de Julio Cardeñosa (un gol que todos ya habían cantado), el escurridizo balón que el siempre seguro Arconada no pudo atajar o el gol fantasma de Míchel frente a Brasil que todos vieron menos el árbitro. El fútbol nos debía una y aquella noche de verano en Viena nos la cobramos.

Aunque aún quedaban 2 partidos, el señor Fabregas Soler y todos los que le alentamos desde la distancia sabíamos que habíamos ganado el Torneo. Si nuestro techo siempre estaba en la eliminatoria de cuartos, una vez superada ésta no teníamos límites. El sueño, 40 años después, por fin se cumplió.

CUATRO MANERAS DE ENFRENTARSE A UNA CITA


Hay que reconocerlo, los chicos son más simples que el mecanismo de una peonza. Esa es su gran debilidad porque las mujeres saben de sobra cuáles son sus pensamientos.

El hecho que sepan cuáles sus pensamientos primarios no implica que conozcan todas las conversaciones de hombres. Es por ello que en este post se va a explicar, razonadamente, cómo afronta un hombre, ante sus amigos, una cita con una mujer.

Evidentemente, claro que se habla con los amigos de ese asunto. Los habrá que le falte tiempo para llamar a los colegas para decírselo, también se da el caso de los que esperaran un tiempo prudencial para contarlo (más que nada para aderezar la historia), otros que preferirán convocar una reunión al respecto y por último, están los que lo dicen en petit comitée, casi murmullando.

Sea cual sea el modo en el que el hombre lo comunique, en el resto de amigos va a planear una pregunta que, más pronto que tarde, alguno se va a animar a plantear: En resumidas cuentas, ¿te liaste con ella o no? Aquí, como en el caso anterior, vuelve a haber varias posibilidades de respuestas según los distintos roles que puede adoptar el hombre:

1. El fanfarrón: A este tío se le ve venir. Es más la chica lo tenía que haber visto venir a la legua. Por si no cupiera alguna duda, este es el tipo que en el caso anterior se tomó un tiempo prudencial para aderezar la historia. Aunque la cita haya sido un auténtico fracaso y la chica no haya caído rendido a sus encantos, éste intentará por todos los medios revertir la historia y ponerse como vencedor del combate. Hay que darse cuenta que esta persona tiene una reputación de triunfador entre sus acólitos y un borrón en su listado de conquistas, puede hacerle caer varios peldaños. Así que, donde hubo un beso en la mejilla, él contará que hubo un morreo, donde hubo un acompañamiento a su casa, dirá que subió arriba y cuando ella le dijo que le diera más tiempo para pensárselo, él concluirá que la tiene en el bote.

2. El impulsivo: Quizá por falta de costumbre a la hora de quedar con chicas, o quizás porque las conversaciones con sus amigos son monotemáticas y giran en torno a lo mismo, este tipo de hombre se encuentra con la necesidad imperiosa de, nada más despedirse de la chica, llamar a sus amigos. Para hacernos una idea, es una persona que se queda a medio camino para ser un fanfarrón. Evidentemente este tipo intenta magnificar la cita pero su impulsividad hace que no haya preparado el argumento y que sus amigos le pillen en más de un renuncio. Ahí es dónde se demuestra que el fanfarrón es frío y calculador. Como todos los hombres tienen un código de honor en el que a un tío metido en relaciones sentimentales se le apoya incondicionalmente sin más (nada de consejos), los amigos para no bajarle el ánimo, le dan la razón y se creen toda la sarta de mentiras que le está contando.

3. El Consensuador: A diferencia de los otros dos, esta es una persona que se expone menos. Cuenta la historia sin más pero, bien porque es un mar de dudas o bien porque todas las decisiones las consulta con sus colegas, este hombre tiene la necesidad de reunir a sus amigos. A modo de Consejo de Sabios, recibirá todo tipo de interpretaciones en torno a la cita. Las habrá optimistas, realistas, fanfarronas e impulsivas. Una vez más, por ese código de honor que he explicado antes, todos los amigos culminarán sus exposiciones con la siguiente frase: “Haz lo que tú quieras”. Evidentemente, la sensación que se le queda a este tipo de hombres es como el que tiene tos y se rasca la barriga. Es decir, que tanto reunir a la gente para no haber llegado a un consenso y seguir estando hecho un lío. Pero da igual, seguirá confiando en estos tipos de honor y si volviera a surgir una ocasión similar, volvería a reunir a su vieja guardia.

4. El discreto: O también llamado El silencioso. Viene siendo el que las mata a la chita callando. Esta persona no pregonará la cita a los cuatro vientos, ni la magnificará. Es un tipo de éxito y sabe que su estrategia le dará buenos resultados. Avisará a sus amigos en el momento preciso: cuando se haya producido la conquista. Así conseguirá un doble efecto, dejar obnubilada a su concurrencia por un lado y por el otro, mostrarse como el verdadero líder (aquí es donde al fanfarrón le dan sopa con ondas). Este tipo ni necesita contar mentiras, ni pregonarlo a los 4 vientos, ni pedir consejos. Es un autodidacta, un echao p´alante con ciertas tendencias suicidas porque no ha valorado la posibilidad del fracaso. Juega al todo o nada y siempre gana dado que, si tiene éxito lo contará a sus amigos y si ha fracasado, como no lo ha contado, nadie se dará cuenta. Un tipo listo sin duda.

En todo esto no se ha dicho, pero es evidente, que la mujer tiene la sartén por el mango y por tanto, el éxito o fracaso de una relación depende de su decisión. Son ellas las que deciden cuándo y con quién liarse. Ellos son meras comparsas.

Dicho esto, nos asalta otra duda: ¿Qué clase de gestos ha de observar un hombre en una mujer para comprobar que le hace tilín? Eso lo contaremos en otra historia.

A veces la vida se empeña en escribir sobre renglones torcidos


Cuando se nace la vida es una hoja en blanco donde todo está por escribir. Un montón de renglones para contar experiencias, sentimientos, éxitos y fracasos, risas y llantos, momentos inolvidables y otros simplemente imprescindibles.

Aunque te esfuerces y pongas mucho empeño, la escritura no va a ser pulcra. Como seres humanos que somos, los borrones están permitidos. No en vano, el Hombre es probablemente el ser vivo más imperfecto que exista sobre la faz de la Tierra.

Lo bueno de todo esto es que eres tú quien decide. Bueno…tú y tus relaciones con los demás. Pero incluso en esos casos, tú puedes influir en lo que te pase, en lo que tengas que escribir en ese papel en blanco.

Pero la naturaleza es caprichosa y en contadas ocasiones juega cruelmente contigo. Por más que quieras escribir recto, solamente te deja escribir en renglones torcidos. Sin lógica alguna, tu historia se puede terminar antes que llegue el final del folio en blanco, lo cual hubiera sido lo deseable.

¿Qué lógica puede haber cuando esa escritura abruptamente se termina? O lo que es aún peor, ¿cómo puede la vida ser tan cruel como para darte una segunda oportunidad y arrebatártela sin apenas haberla disfrutado?

Puedes aceptar, como un ejercicio de muy mala suerte, que tú no puedas ser como los demás, que tu calidad de vida se resienta o que incluso ésta se acabe antes de tiempo... Bueno, quizás esto último no se termina de aceptar del todo, sino que tan sólo es resignarse a tu mala sombra.

Pero si ya estás desahuciado, resignado y preparándote para lo peor, ¿qué clase de crueldad es esa que te da una segunda oportunidad cuando nadie daba un duro por ti, te esperanzas porque después de mucho tiempo vislumbras un futuro que va más allá que el día de mañana y justo cuando mejor estás, te da el rejón final?

Intentas encontrar algún motivo racional que explique todo esto. Pero a pesar de devanarte los sesos no encuentras lógica alguna. Mientras, sigues escribiendo en ese folio en blanco porque a tí aún te queda espacio, recordando siempre a todos los que finalizaron abruptamente unas líneas más arriba.

Cuando no se está acostumbrado a perder…


…Se te queda cara de tonto. Te recorre por tu cuerpo una parálisis que no te permite reaccionar. No terminas de creértelo.

Lo bueno de instalarte en la victoria es que vas ganando confianza. Cada día confías más en ti y no hay reto que se te resista. Te inflas de moral y ésta te nubla la cabeza. Sólo ves la línea final del horizonte, sin pararte a pensar que a lo mejor es aconsejable fijarse en lo que tienes debajo de tus pies para no tropezarte.

Crees que toda cima es alcanzable y no aceptas que quizás tienes rivales que valen tanto (o a lo mejor más que tú). La derrota borra de un plumazo tus expectativas y te vuelve terrenal. Ya no eres inmortal. Comienzas a analizar tu pasado y empiezas a darle a vueltas sobre si lo del verano del 2008 fue un espejismo. Si tu sino es el de fracasar sistemáticamente cuando más se espera de ti. Vuelven los fantasmas del pasado. Como un flash back visualizas goles fantasmas, cantadas de porteros aparentemente seguros, fallos garrafales de delanteros peculiares o narices rotas en un rostro lleno de lágrimas.

Muchos de los tuyos abandonarán el barco y como los malos adivinos, dirán que ese final ya lo habían pronosticado. Concluirán que nunca supiste competir, que no tienes ese gen que te permite dar el 200% cuando ya ni el cuerpo ni la mente te responden. Que en el fondo siempre tuviste complejo de inferioridad y nunca mirarás a los ojos a la gente que parte el bacalao en este cotarro.

Todo esto es justo lo que no deberías hacer. Volverte pesimista. Se puede perder batallas pero aún así, se ganan guerras. Justo ahora que eres reconocible en el terreno de juego, no merece la pena dispersarse en fantasmas del pasado que no dejan de ser eso, fantasmas.

DE PERDEDORES Y PERDIDOS


Vagas sin rumbo fijo como una veleta que no para de dar vueltas por la Rosa de los vientos. No sabes qué te deparará el futuro, ni siquiera te das cuenta de lo que está ocurriendo en el presente y tienes dudas en torno a si lo que viviste en el pasado tuvo algún sentido. En definitiva, estás perdido.

Tienes la sensación que en algún momento tu vida descarriló y a partir de entonces no fuiste capaz de encarrilarla. Mientras otros conseguían velocidad de crucero, tú aún andas intentando poner en marcha tu locomotora. Y lo peor de todo es que no sabes cómo arrancarla.

Por contraposición a la gente que te rodea, se ha instalado en ti la idea que tu tiempo se agota y, o enciendes el motor y te pones a la par que el resto de la gente, o te quedarás estancando en ese lugar donde ésta ya no vuelve.

Podría haber un cúmulo de cosas que expliquen tu situación, o a lo mejor ninguna. Lo que está claro que en el ambiente siempre planea un concepto: “omisión”. Te has convencido que estás como estás por omisión, por no haber tomado decisiones, por no haber planeado nada y comportarte según sople el viento, sin rumbo fijo.

¿Qué hacer cuándo no sabes qué hacer? Curioso dilema. Además, algo que creías seguro, que te salió bien y que era tu único plan de futuro, se te escapa de las manos dando un portazo y sin saber muy bien porqué.

El destino es caprichoso y tiende a juntar personas solitarias y perdidas. Unidas, se sienten menos desnortadas y consiguen darle un pequeño sentido a sus vidas: su relación. Cuando una de ellas decide seguir en solitario su camino de perdedor quizá haya cometido el mayor error de su vida. El de haber perdido para siempre el tren del sentido de la vida.

UN TIPO DE TIPA


Pasar de primeras como desapercibido puede llevarle al éxito a largo plazo. Exponerse mucho desde un principio le puede quemar y dejarle en la estacada.

La discreción llevada con elegancia es un arte que le puede dar muchos réditos. No ser el primero en nada pero regular en todo, le abre abanicos para cualquier tipo de horizonte.

La belleza está en el interior pero no conviene que se estanque en el fondo de un pozo, sino que ha de brotar y manifestarse con tal virulencia que deje obnubilado a la concurrencia.

El talante, el buen carácter y la simpatía han de ser sus bazas para ganarse a la gente. La aplicación racional de las mismas le dará el éxito frente a otr@s competidores que, aunque de primeras puedan resultar más atractiv@s, pasado un tiempo su efervescencia se evapora hasta que se disuelven como un azucarillo. Son puro fuegos de artificio.

Con dosis justas, ni escasas ni abundantes, de atrevimiento y locura va forjando una forma de ser que, cuanto menos, no deja indiferente. Una vez que ha cogido confianza, va buscando constantemente la complicidad para que tu vida y la suya se vayan llenando de lugares comunes y convierta vuestra relación en algo único.

Cuando una personalidad así te engancha, es difícil salir de sus redes. Como una paciente araña ha ido tejiendo una fina tela en la que te atrapa como si fueras su presa. Y una vez allí, juega contigo hasta que sale a relucir su lado más oscuro y se comporta como una mantis religiosa. Es ahí cuando te das cuenta que estás perdido y que no puedes quitártela de la cabeza. Te ha conquistado.

Los equipos de fútbol te hacen sentir este tipo de sentimientos. ¿O acaso pensabais que estaba hablando de otra cosa?

TENEMOS UN PLAN


Está todo listo para triunfar. Hemos urdido un plan que nos va a llevar al éxito. Por fin, la infatigable persecución tendrá sentido y llegaremos a buen puerto. ¿Qué cuál es el plan? El plan es que no hay plan.

Toda planificación centrada en la heroica, la casta y jugar en función del rival no puede considerarse como plan. Y claro, cuando el contrario si tiene las cosas claras, tus vergüenzas sale a relucir.

El rival es ese viejo conocido al que mirabas no hace mucho por encima del hombro. Siempre estuvo lleno de complejos, fue víctima de fatalidades reales e infundadas y se sentía inferior a vosotros. Ese mismo rival ha conseguido, como las arañas, tejer una fina y consistente tela que les ha hecho revertir los resultados. Decididamente tienen un plan.

Tener un plan no asegura el éxito si no lo pones a prueba. A pesar que los primeros años no se noten los resultados, conviene no perder la calma y seguir apostando por el mismo porque de ahí depende tu futuro. Los jóvenes son el futuro y has de creer en ellos porque sólo así, ellos te devolverán con creces lo que tú le has enseñado.

Esa es la otra parte, la enseñanza. Tiene que haber un ideario, un estilo, un comportamiento y forma de jugar que os distinga. Tenéis que ser únicos y fácilmente distinguibles. Sólo así conseguiréis un compromiso de fidelidad con vuestros seguidores y lo que es mejor, podréis captar más aficionados. Para ello, nada mejor que apostar por la belleza y los viejos preceptos de este deporte: gana el que juega mejor.

Porque a fin de cuentas, como casi todo en la vida, esto es un juego y no conviene plantearlo como una cuestión de vida o muerte. Hacerlo así es jugar en el filo de la navaja; algunas veces te puede salir bien pero muchas otras mal. Evidentemente jugar así tiene un componente emocional muy alto cuando se consiguen éxitos pero estos, a la larga, terminan siendo efímeros y lo que queda después es pura desazón.

Como no teníais un plan, lo fiasteis todo a jugar al borde del abismo. Sólo que esta vez no os salió bien y la amargura os recorrió todo el cuerpo. Porque se puede perder jugando bien, mal o regular, incluso por un pequeño detalle injusto; pero perder sin oponer resistencia, y no porque la gente no lo diese todo, sino porque no dabais más de sí, es muy duro. Volver a la senda de la victoria se antoja una travesía en el desierto. Da igual, si a partir de ahora trazamos un plan que nos de los frutos dentro de un tiempo. Paciencia, que no nos coman el coco con la grandilocuencia
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CUANDO UNA CAMARERA TE ENTRA POR LOS OJOS…Y POR SUS LABIOS



Nunca lo hubiera pensado de él, de otro sí, pero no de él. Pero una camarera es un ente con muchos recursos que puede dejar tocado al más recto de los hombres. Esta es la historia.

Te reúnes con tus amigos después de mucho tiempo sin estar juntos. Es momento de contaros cómo os va, qué andáis haciendo y qué expectativas de futuro tenéis. Es una noche reservada para ellos, una reunión de hombres porque se va a hablar de temas masculinos; por ello, os habéis preocupado que ninguna hembra interceda en vuestras conversaciones.

Tus amigos, cada vez que hablas, te escuchan con atención porque como orador, no tienes precio. Parece que sube el pan cuando hablas, obnubilas a la concurrencia. De todos los temas hablas, porque de todos sabes algo, escuchas porque sabes escuchar y defiendes ideas porque realmente crees en ellas. Podría decirse que eres un tipo ejemplar, intachable y recto.

¿Qué o quién puede hacerte desviar del camino recto? Bien lo sabes tú: una mujer. Qué inteligente fuiste al planear una reunión con tus amigos sin mujeres por medio, sabías que te podrían dar problemas. Pero no existe plan perfecto y todos tienen sus aristas. Y cuando entras en un bar, sabes que detrás de la barra te está esperando una camarera.

Al principio, entre el tumulto de gente y dado que es un bar conocido por ti, no tienes miedo de lo que pueda ocurrirte porque ya conoces a las camareras y ninguna te hace tilín (a un amigo tuyo sí, pero a ti no). En ese momento, te frotas las manos. Todo ha salido a pedir de boca, primero en un bar regentado por un calvo y ahora en otro con camareras con poco morbo. Como tu sentido de la responsabilidad te acompaña hasta en tus noches de fiesta, te encargas de pedir las consumiciones a tus colegas. Ni les preguntas qué van a tomar, porque de sobra sabes lo que beben.

El bar está apestado y te abres paso entre la gente, no si antes rodear a aquel grupito de forasteras que todos los fines de semana te las encuentras y que parecen sacadas de un concurso de belleza de la Casa de los Horrores (Ver “La Salida del Armario”). El camino se te hace interminable, entre otras cosas porque vas parándote a hablar con conocidos que te vas encontrando. Parece que la barra nunca llega. Pero llega.

Buscas a la camarera que le mola a tu amigo, no solo porque ella tan solo verte sabe lo que consumís sino, sobre todo, porque os invita a la segunda copa. No la ves y decides llamar al típico camarero cachas que todo bar que se precie ha de tener. Pero el tío está más preocupado de enseñar sus bíceps a la concurrencia femenina que en atender la barra. Te planteas irte y volver más tarde, hasta que una dulce voz femenina te hace recapacitar:

-¿Qué vas a tomar?

Giras la cabeza con actitud indiferente para ver quién te está llamando y ¡zas!, se produce un cortocircuito en tu mente. Se apagó la luz en tu cerebro. La única luz que te ilumina en ese momento es la que irradian los ojos negros de ELLA. Te quedas sin palabras, sólo salen balbuceos de tus labios. ¡¡Sus labios!! Grandes, voluptuosos y naturales, sellan una amplia boca con una dentadura perfectamente alineada.

No te recuperas del shock, has olvidado por completo las consumiciones que querían tus amigos. Uno de ellos aparece por allí, te echa un capote y pide por ti. Te recrimina lo mucho que has tardado para luego olvidarte de lo que ibas a pedir. Tú te justificas diciendo:

-Pero, ¿has visto cómo está?

Tu amigo observa a la susodicha y no ve nada que le llame extraordinariamente la atención, salvo las braguitas de color llamativo que sobresalen de su vaquero. Se conoce que era el fin de semana del Domund y la muchacha estaba pidiendo un donativo.

No volviste a ser el mismo. Tus amigos conversaban pero tú no participabas en la tertulia y si lo hacías, era sólo para insistir en el tema: pero, ¿habéis visto cómo está? Aguantaste toda la noche sin volver a la barra, pero sin dejar de echar vistazos hacia ella. Poco a poco el shock se te fue pasando y a última hora de la noche, cuando el bar se estaba despejando, te armaste de valor y diste la cara. Sin venir a cuento, sin copa de por medio, interrumpiéndola en su trabajo, presentaste tus credenciales. La chica, que seguro que lidia con situaciones similares todas las noches, no mostraba demasiado interés por tus preguntas ya que sus respuestas eran más bien escuetas. Tú, que sigues en una nube, simplemente con que te conteste, aunque sea con monosílabos, te vas creciendo y crees que la tienes en el bote.

La cordura poco a poco estaba volviendo a ti y te diste cuenta que con sólo palabras, no ibas a llegar a ningún puerto. Como era la hora de cierre y la chica ya estaba recogiendo el bar, te ofreciste a cargar las cajas de botellas retornables que ella había comenzado a apilar. Lo que empezó siendo una ayuda terminó siendo un encasquetamiento, pues la susodicha no volvió a llevar caja alguna.

Da igual, tú eras feliz. Después de las cajas vino lo de barrer. ¡¡Cómo te metiste en el papel de barrendero!! Tú barre, que te barre y ella hablando con sus amigos. Dejaste el bar como los chorros del oro y cuando te quisiste dar cuenta, el dueño te dio las llaves para que cerraras. Ambos estabais encantados de la vida. Él porque había encontrado a un empleado a coste cero. Tú porque te ibas a casa en una nube, sin reconocer la realidad, convencido que habías impresionado a aquella camarera, la cual ni siquiera se despidió porque le esperaba su novio fuera. Pobre infeliz.

LA SOLEDAD DEL PORTERO



La verdad es que se te queda cara de tonto cuando, después de una magnífica actuación tuya, tu equipo no sólo pierde, sino que es humillado.

Las crónicas serán injustas contigo porque no reflejarán lo bien que lo has hecho sino la lamentable imagen que habéis dado en conjunto. De todas formas, ya estás acostumbrado. Tu trabajo es oscuro, poco lucido y carente de reconocimiento. Las estrellas deslumbran más que los obreros, que es lo que eres tú.

Un obrero… pero un obrero especialista. No todo el mundo vale para tu puesto. Hay que tener las suficientes dosis de frialdad, oportunismo y por qué no, locura para intentar atrapar balones que vienen envenenados hacia tu portería. A veces te sientes como un reo frente a un pelotón de fusilamiento. ¡¡Pim, pam, pum!! Los artilleros disparan sin descanso pero tú, de forma milagrosa, consigues salir milagrosamente intacto de ese asedio. Definitivamente, tienes Áurea de Santo.

Pero todos los Santos algunas veces van al cielo y en determinadas ocasiones, te quedas desprotegido y las líneas enemigas no tienen piedad cuando vislumbran ese resquicio de vulnerabilidad. Es en ese momento en el que todo tu trabajo previo se va al traste, donde las estiradas, los escorzos inverosímiles, las salidas suicidas y el jugarse el tipo no ha servido para nada. Te han encajado un gol.

Tras unos instantes de rabia contenida, te muerdes la lengua y te auto-convences que eso no va a volver a ocurrir. Que aunque tu meta no quede a cero, tú ya no vas a recibir más goles. Que ese gol te va a motivar más para conseguir una actuación casi-perfecta. Pero aquí es donde te das cuenta que, para bien o para mal, tú juegas en un equipo y tu equipo está aturdido. Eso y que tú rival se ha espoleado con el gol, hace que el asedio a tu portería sea aún más agobiante. Te sacas despejes de la chistera y demuestras tener reflejos de gato. Nada de esto sirve. Tanto va el cántaro a la fuente, que se termina rompiendo.

Segundo gol. Después de respirar hondo, empieza a recorrer por tu cuerpo un cierto halo de resignación. Por más que hagas, te van a seguir metiendo goles. Tan sólo es un instante de debilidad. Acto seguido, arengas a los tuyos y les dices que aquello no es imposible, que aún hay tiempo. No hay que rendirse.

La soledad de la portería te da mucha perspectiva de cómo se está desarrollando el juego y te hace reflexionar. Pero no te permite pulsar el estado de ánimo de tus compañeros. Y estos están sobrepasados, no son capaces de poner freno a tanto ataque. Así que tus palabras de ánimo no sirven de ayuda para achicar el agua que ha aparecido en vuestro buque. El barco tiene pinta de irse a pique.

Tras unos momentos de calma chicha, el buque enemigo vuelve a lanzar cañonazos hacia tu portería. Y tu equipo, ¿qué hace? Plegar velas. El miedo es libre y nadie es capaz de dar una voz de mando. Antes que te hayas podido dar cuenta, ya ha comenzado el abordaje y recoges el balón del fondo de las mallas. Ha llegado el tercero.

Este mazazo ha sido muy duro. Te quedas unos instantes en tumbado en el suelo sin muchas ganas de levantarte. Ese gol te ha dejado k.o., no eres capaz de reaccionar. Empiezas a pensar que seguir jugando no tiene mucho sentido porque lo único que vas a conseguir es recoger más balones en el fondo de la red. Si tú estás así, ¡cómo estarán tus compañeros!

Igual que si estuvieras soñando, tu mente se desconecta de la realidad y empieza a dar vueltas a pensamientos que poco tienen que ver con el partido que estás disputando. Estás presente en cuerpo pero no en mente. Aún te queda un poco de orgullo y regresas a la realidad para cumplir como profesional y, aunque ya sepas que el partido lo tienes perdido, por lo menos acabar dignamente el encuentro. Tú lo has entendido así, pero alguno de tus compañeros ha bajado los brazos y no ofrecen resistencia. Y sin resistencia, ¿qué ocurre? Pues que el balón se introduce por cuarta vez en tu meta.

No puedes por menos que sonreir. Es una sonrisa sarcástica donde se entremezclan sentimientos de impotencia, amargura y pequeñas dosis de ira. Y esas pequeñas dosis estallan en forma de recriminaciones a tus compañeros. Se acabó la cordialidad, es el momento de los reproches, de buscar culpables y no soluciones. En definitiva, de intentar salvar tu actuación en medio de tanto desastre (que al menos no hablen mal de ti).

Afortunadamente, ese sentimiento individualista sólo te dura hasta el final del partido. Éste se acaba sin más goles y aquello te ha anestesiado y te ha abierto los ojos. Caes en la cuenta que, para bien o para mal, formas parte de un equipo y si ganáis, ganáis todos y si perdéis, perdéis todos. Además, el fútbol siempre da una segunda oportunidad. Algún día saldréis de donde habéis sido humillados, con la cabeza muy alta. Esa es la grandeza de un equipo.