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UNA HORA MENOS EN CANARIAS (III): La guagua o la vida.


Querido diario:

Ya nos hemos acostumbrado a ver el cielo encapotado. Menos mal que Trevor dice que hay que adaptarse a las costumbres de los lugares a donde vayamos. Por eso, ya nos hemos habituado a ver transitar por las calles taxis únicamente de la marca Mercedes que, por cierto, menudo negocio hizo en el pasado (y recalcamos lo de pasado) dado que el más nuevo de ellos no tendría menos de 10 años. Sin duda, fue el gran pelotazo alemán.

También te acostumbras a que tus copas sean combinadas siempre con Pepsi. A lo mejor el buque insignia americano (la chispa de la vida) desconoce la existencia de estas islas. Al hilo de lo de las copas hemos de decir que en todos los bares de la zona hay una verdadera obsesión, por no decir manía persecutoria, por los posavasos. Antes de servirte una copa ya te han puesto uno en la barra, incluso si tan sólo te has pedido una mísera botella de agua. Y si te diera por juguetear o desmenuzar el posavasos, tranquilo que, antes que te hayas dado cuenta, tienes tu copa encima de uno. Debe de haber algún tipo de superstición o maldición porque por preservar la madera de la barra no es, dado que al vidrio de la Pepsi nunca le ponen posavasos.

Tan curioso es cómo te sirven las copas como es la manera de conducir de los lugareños de la zona. En vista que no vislumbrábamos ningún día el sol, Trevor propuso ir en busca de él. Así que decidimos acudir a la playa que nos habían dicho que era la más soleada de la isla (nunca agradeceremos lo suficiente los consejos de nuestro amigo el RRPP uruguayo. Ver “La Marca Blanca”). Como carecíamos, por temas logísticos, de medio de transporte propio decidimos coger una guagua. ¡¡Qué craso error!!

Algo falla cuando transitas por la autopista y tu guagua siempre va por el carril de la izquierda, adelantando a diestro y siniestro. Se llega a dudar que los coches tengan más potencia que los autobuses. Pero no es en la autopista donde se pasa más miedo, a pesar que en los desvíos la guagua nunca redujera la velocidad (más tarde nos enteramos que eran desvíos exclusivos para los buses. Aún así no deberían tomarse a más de 80). El verdadero miedo se pasa en la ciudad.

Para los que piensen que Madrid es una jungla es que no conocen Tenerife. Por menos de nada la gente desenfunda y aprieta el cláxon, demostrando que son los más rápidos del Oeste. Que te piten porque hayas hecho alguna pirula, tiene un pase. Pero que te piten cuando estés cruzando un paso de peatones en verde, es a todas luces incomprensible. No sólo se pita por eso; también se escucha el cláxon cuando las guaguas entran en las glorietas (como diciendo: “aquí estoy y no pienso frenar”), cuando ven a otro autobús (a modo de saludo) y también cuando el semáforo lleva mucho tiempo en rojo y el conductor considera que ya es hora que se ponga en verde. En definitiva, es el Reino del Cláxon. Trevor cree que todo radica en un mecanismo que se activa automáticamente en los pedales. A saber.

Lo que sí está claro es que cuando montas en una guagua, no puedes asegurar al 100% si vas a volver a bajar de ella. Eso sí, los conductores serán un poco suicidas pero en el autobús siempre hay que ir con cierto decoro y por ejemplo, no puedes montar sin camiseta. Mira, es un detalle a tener en cuenta. Por lo menos que seas un muerto elegante.

*2 velinas de hoy hacen ya 21 las conocidas por Trevor.


1 comentarios:

Lo de que tengan menos potencia que un coche habría que verlo, en una cuesta abajo con todo el peso que tiene un bus corre que se las pela, pero eso es guay, aunque bueno, yo era de los que de pequeño se sentaba en la parte de atrás de los buses, que es donde se notan más los baches y los giros jejeje