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UNA HORA MENOS EN CANARIAS(II): La Marca Blanca.


Querido diario:

Sigue nublado en Tenerife. En ocasiones pensamos que estamos en un pequeño Londres con temperatura agradable. La Panza de Burro no nos ha dado tregua y sigue posada sobre nosotros como un gran telescopio que observa todos nuestros movimientos. Ante estas perspectivas y en vista que no merecía ir a la playa, nos hemos dedicado a hacer turismo.

Como muchas zonas turísticas, el antiguo pueblo es muy diferente a los lugares en donde se concentran todos los hoteles y apartamentos. El pueblo rezuma ambiente de villa de pescadores, con casas de estilo colonial adornadas con balcones típicos hechos con pino canario (del que hablaremos en posteriores post).

Trevor, en contraposición a cómo es de noche, es muy sosegado durante el día. Tanto que parece un osito de peluche. Pero es ocultarse el sol y convertirse en una pantera. En nuestro paseo vespertino a Trevor no se le escapó el detalle de un escenario en medio de la Plaza Mayor. ¿Qué hacía ahí ese escenario? Por ese motivo y, supuestamente para conocer más alternativas de ocio, entramos en la Oficina de Turismo.

Una vez allí, Trevor estuvo atento a otro detalle: a una señora mayor le estaban regalando una pulsera blanca. Una vez más, la palabra fetiche de todos los españoles: gratis. Después de escuchar mucha palabrería sobre nuestro supuesto interés por la actividad cultural de la isla, llegaba el momento de descubrir qué se estaba cociendo ahí. ¿Estarían relacionados el escenario y la pulsera blanca?:

-¿Por qué regaláis una pulsera blanca?- preguntó nuestro hombre. En ese momento a la guía turística le cambió el semblante y caló inmediatamente a Trevor.
-¿Queréis una?- respondió ella- ¡No teníais nada más que habérmela pedido! El motivo de regalarla era porque se está celebrando la semana Tentación.
-¿La semana Tentación?- respondimos al unísono mientras recogíamos la pulsera que la guía nos regalaba.
-Sí, la semana Tentanción. Una semana dedicada a los gays, lesbianas y transexuales. Tomad un programa de las actividades, no os cortéis, que no pasa nada (ya me entendéis), que para eso están.

Después de esta manera tan turística de salir del armario, Trevor encabezó, eso sí, sin pulsera blanca, nuestra ronda nocturna. Y aunque quisimos, no pudimos darles esquinazo. Ellos siempre están ahí. Nos referimos, efectivamente, a nuestros “amigos” los RRPP.

Trevor tomó otra ruta alternativa a la de la noche anterior, exenta de aglomeraciones y de tránsito de personas. Da igual, tras una esquina, como un francotirador, nos estaba esperando un chiquitín. A diferencia de la noche anterior, esta vez el espécimen era autóctono y todo lo que le faltaba de altura, lo tenía de labia. ¡¡Madre mía!! Parecía un socio-fundador del Local. De hecho, Trevor llegó a pensar que los flyers eran participaciones del bar. Nos llegó a decir que era un local diferente, un nuevo concepto de ocio adaptado a las necesidades y gustos del cliente y con música de calidad. ¿Al final?...lo de siempre. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en un garito no muy diferente a otros y con el mismo concepto musical que las orquestas que tocan en los pueblos.

En vista que era imposible librarse de ellos, Trevor decidió volver por los caminos conocidos y repetir ruta. Allí se volvió a encontrar con su viejo amigo uruguayo. Uno de los pocos que se salvaba de ese mercantilismo salvaje que imperaba en el gremio de los RRPP. Un hombre que la noche anterior, a parte de venderle a Trevor la moto de lo genial que era su Local, tuvo la delicadeza (y ese no era su trabajo), de preguntarnos de dónde veníamos y cómo lo estábamos pasando, a parte de sugerirnos actividades en la isla. Vamos, lo que Trevor entiende por un tipo íntegro.

Fue verle y pensar Trevor “por fín un amigo”. Lástima que el uruguayo no lo entendiera de la misma manera. Ahí algo falló. O el “amigo de Trevor” tiene memoria de pez o no era tan “amigo” porque nos volvió a hacer la misma batería de preguntas que la noche anterior y ni se pispó que, en las respuestas, le estábamos mintiendo. En definitiva, en una noche pasó de mostrar interés por nosotros a tener interés en nosotros.



*Con las de hoy, Trevor ya conoce a 19 velinas.

2 comentarios:

El cielo Limeño es el clásico "Panza de Burro"... Sobretodo... ahora que estamos en invierno...

Éxitos Pedalier

No sé si alguna vez he comentado que no me gusta nada la labor de comercial, de verdad, parece que un comercial tenga que engañar y engatusar y eso al final es contraproducente, puede que alguien pique una vez pero no repetirá.