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LA SALIDA DEL ARMARIO


Cronología del lamentable espectáculo que un erudito y un profesor protagonizaron un Sábado de Gloria.


5 horas antes de la salida


El proyecto de profesor de autoescuela convoca a parte de sus amigos en el templo de siempre para comenzar la liturgia nocturna. Allí, acompañados por los “animados” ritmos que sonaban por el equipo de música, este grupo de amigos disertaba de lo divino y de lo mundano de la condición humana. Como había visita andaluza, la charla deriva en las asombrosas y estrambóticas historias vividas por los, no menos, estrambóticos y asombrosos amigos del “profesor”. Inexplicablemente allí no había concurrencia (la verdad es que no se entiende por qué), el baño de mujeres estaba arreglado y no había camarera. Éstas, y sobre todo la última, eran razones más que suficientes para abandonar de templo y buscar nuevos aires.


3 horas antes de la salida


Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Traducido en nuestro argot, si la camarera que antes estaba en tu garito de referencia ya no está allí, habrá que ir donde esté trabajando actualmente. Ahora bien, como buen jugador que eres marcas muy bien tus cartas y convences a tus amigos que vas allí sólo por andar un rato, por cambiar de zona. Evidentemente estos se lo creen, pues de sobra es conocido tu placer por el paseo y lo poco que utilizas el coche para los desplazamientos cortos. Tanto andar para nada. Es decir, después de la caminata que te has pegado resulta que tu “amiga” no trabajaba esa noche. Al menos te queda el aliciente de sacarle la segunda copa al camarero que allí ha quedado. Pero ese no será el único aliciente para tu estancia allí. Habrá otro más estimulante y horripilante.


2 horas antes de la salida


Después de ser un estupendo anfitrión para tus nuevas amigas sevillanas, te das cuenta que te falta algo. La noche está siendo monótona, por tanto algo no iba bien. Tu leiv motiv de la noche es estar rondando a una mujer y resulta que tu camarera preferida allí no estaba por lo tanto, tendrás que buscar una sustituta. Ante la indecisión con la sevillana que no se agarra al cuello de tu amigo, decides hacer caso a la observación que, tu otro amigo que estaba allí contigo, te ha hecho. Este erudito, es una mosquita muerta, que interviene poco pero cuando lo hace los dardos que dispara son bastante puñeteros y su estancia en Madrid no ha hecho sino incrementar esa ironía. A lo que íbamos, este amigo te señala un grupo de mujeres entre las que sobresale una. No por su altura, no por su gracia, ni por voz, ni por sus movimientos, sino que destaca por ser la versión española de Betty la Fea.


1 hora antes de la salida


Para qué queremos más. El hecho de visualizar ese grupo de jovencitas hizo que nuestro profesor empezara a sacar a relucir todas las dotes seductoras que atesora. Pero como estas dotes son muchas y darían para escribir un manual, hubo de centrarse en un capítulo concreto, ya vivido por él y que ya le dio resultado con una hembra similar a esta. El capítulo se llama ¿Cómo seducir a la Pili? Llegado este momento es preciso hacer un pequeño matiz. Hemos dicho similar a la Pili pero no igual, pues la Pili al lado de la susodicha podría ser Miss España.


El hecho que entre tu grupo de amigos y el de ellas mediara otro, no hizo sino acrecentar tu seguridad y aumentar tus posibilidades de éxito. Ayudado por el inefable erudito (el cual te jaleaba), llamaste la atención de ella con toda una amalgama de gestos. Primero miradas fijas y penetrantes, seguidas de encendidas de cigarrillos llenas de sensualidad, movimientos de labios a modo de besos virtuales y como traca final, el relamido de la comisura de tus labios. Sus amigas, ante semejante espectáculo, no dejaban de cuchichear y sonreír como solo las enamoradas sonríen es decir, risa tonta acompañada de un ligero movimiento de la mano para taparse la boca. ¡Qué inocencia transmitía esa imagen!


30 minutos antes de la salida


El tugurio se iba vaciando y ya entre ellas y vosotros no había nadie por medio. Era el momento de palpar toda esa pasión que habías sembrado, de comprobar a escasos metros que tu seducida bebía los vientos por ti. Y como de palpar se trataba, pues palpaste, ¡ya lo creo que palpaste! Con la excusa de ir al pinchadiscos a solicitar canciones (por cierto, aquí los dos lumbreras no estuvieron hábiles pues podrían haberle dedicado una canción a la susodicha) pasabas por el grupo de chicas y dejabas rozar tu esculpido y proceloso cuerpo con el suyo. ¡Ay, qué sensación de placer le hiciste sentir! ¡Cómo le hiciste subir la líbido! ¡Cuánto hubiera dado ella por tomarte allí mismo! Cuando no te desplazabas a pedir canciones, te acercabas a ella con la excusa del baile. Tus movimientos de Tony Manero y los de tu inseparable amigo, hicieron desconcentrar a tu seducida en sus bailes tipo Shakira. (Igualita que ella, de hecho se dudaba si la que realmente estaba bailando era ella).


15 minutos antes de la salida


Toda la seguridad que habías atesorado hasta entonces se tambaleó por un pequeño pero importante hecho. Las amigas se marcharon quedando allí Rossy de Palma y su hermana, que aun siendo fea parecía guapa al lado de tu “amada”. Esto era un órdago pero la jugada te quedaba grande y no sabías con qué cartas ibas a ganar la partida. En resumidas cuentas, tu amigo y tú estabais acongojados pues no os imaginabais semejante desenlace. Intentasteis guardar la calma y transmitir una tranquilidad que no teníais, y una buena manera de descargar tensiones es ir al cuarto de baño a cambiar el agua al canario. La mayoría de los garitos tienen situado el baño al fondo a la derecha. En éste estaba al fondo bajando unas escaleras. Preguntaste a tu amigo erudito, el único que te hacía caso pues el otro seguía averiguando si el perfume que llevaba la andaluza era de AVON o no, si quería ir y ante la indiferencia de éste decidiste bajar solo. Bajaste las escaleras sin percatarte que, como unas lobas en celo, las seducidas también bajaron. En ese momento al erudito le recorrió un escalofrío pensando no tanto en la suerte que podría estar corriendo, nunca mejor dicho, su amigo sino, en qué hubiera pasado si él también hubiera bajado. Se quedó estupefacto, inmóvil, no reaccionaba. El que si reaccionó fue el otro, que rápidamente se desenrolló de la sevillana y bajó a contemplar el espectáculo. El profesor subió como alma en pena, con la mirada perdida pues su amigo ya le había informado de lo que pasó. Afortunadamente allí abajo no había acontecido nada pero, ¿y si llega a ocurrir? No quería ni imaginarlo.


5 minutos antes de la salida


Tembloroso te aferraste a lo único que te podía hacer olvidar tus penas: Tu copa de Cacique. Acompañado del amigo que te inició en semejante lío te disponías a situarte en la esquina de la barra cuando de repente…Un pequeño toque por la espalda te hizo sentir como un cordero degollado. Ya aceptabas tu sino, y si tenías que apechugar pues apechugabas. Te armaste de valor y secándote el sudor frío que recorría tu frente, te giraste lentamente para enfrentarte a la representación femenina de lo que se ha dado en llamar la belleza interior. Un bufido exclamaste al darte cuenta que el que tenías a la espalda era el camarero que te quería saludar. Bufidos, pero de ataque de risas soltaron el sector andaluz de tus amigos.


1 minuto antes de la salida


Si algún día pensaste a qué momento de tu vida tendrías que aplicar la frase: ¡Tierra, trágame!, ese momento era este. Ese par de hembras se acercaban hacia donde estabais con paso firme y decidido, sin titubeos. Os iban a hacer hombre allí mismo, aunque fuera escándalo público. Tu amigo y tú os mirasteis y observasteis lo desencajado que estaba vuestro rostro. Vuestro tembleque aumentó cuando las susodichas se situaron detrás de vosotros. Fingíais que bebías las copas mientras contemplabais la decoración del bar, mientras os preguntabais cuando esas dos felinas os iban a atacar. Era un callejón sin salida en el que no se vislumbraba solución. O sí. Se te ocurrió un plan perfecto para ahuyentarlas aunque, eso sí, dañara tu reputación en el templo donde andas pelando la pava con la camarera.



LA SALIDA DEL ARMARIO


Te arrimaste a tu amigo, lo abrazaste y finalmente, lo acariciaste. Todo ello con un rictus serio y tenso, muy tenso. Tan tenso que mandaste tensionar el culo a tu amigo. Quizá en ese momento de delirio pensaste que aún podía ser peor, que vuestras amigas podían ser unos travelos y entonces ¡apaga y vámonos! Ellas impasibles veían la escena pero no se iban del escenario del espectáculo. Eso hizo aumentar los gestos, las caricias a la nueva pareja plumera, llegando incluso a los besos, eso si, castos y puros en la mejilla. Os llegasteis a plantear el iros de allí sin vuestras cazadoras pues, las muy listas, se habían colocado al lado de donde las habíais colgado. Eras capaz de dejar allí, tu móvil y tu tabaco, a modo de mito para esas dos mitómanas. Al final, más bien por aburrimiento que por la penosa actuación de estos dos, las hijas secretas del feo de los Calatrava abandonaron su sitio estratégico y se marcharon del garito. Un gran alivio recorrió vuestros cuerpos. Pero la alegría duró poco: ¿y si estuvieran fuera esperándoles? La suerte tan esquiva con vosotros esa noche os concedió una tregua, pues tan solo os esperaba una noche lluviosa.



Apuntes a modo de conclusión


*En el terreno donde andas trabajándote a la camarera saben que eres de la acera de George Michael, pues actuaste delante del dueño y de los camareros.


*De ahí a que se entere la camarera segoviana, dista un pequeño paso.


*En Sevilla tus nuevas amigas os recomendarán el ARNY.


*Las primas de la Familia Monster murieron matando: Cuando se fueron saludaron efusivamente al dueño y los camareros.


En resumidas cuentas, son clientas de ese bar y tú en ese coso taurino te quedan muchos pases que dar.


El BANDERILLERO


Triste vida la del banderillero. Arriesga como el que más, llevándose otro la gloria. El que llena las plazas, el famoso, el que puede pasar a la posteridad siempre será el torero.

La cuestión es que el torero no se presenta sólo en las plazas, sino que lleva a una cuadrilla. Estos le asean la faena para que luego él se luzca. Y aunque no negamos que exponer también expone, si hemos de decir que siempre está acompañado de un capote o muleta (dependiendo de la fase de la lidia en la que se encuentre), el cual puede utilizar a modo de engaño cuando la cosa se pone fea.

Pero y el banderillero, ¿qué tiene para protegerse? Nada. Va a puerta gayola, totalmente desarmado, confiado en que su velocidad y sus reflejos le permitan sortear con éxito las embestidas que el morlaco le pueda infligir. Porque el toro, quejarse se va a quejar. No es para menos cuando le ve con un par de varillas de madera, decoradas de una manera un poco hortera (para qué negarlo) y con una punta de acero cuyo único objetivo es desangrar y desvitalizar al bicho.

Es fácil ponerse en la piel del banderillero dado que el mundo laboral guarda muchas similitudes con el taurino. La gloria es siempre para otro mientras el trabajo sucio lo haces tú, exponiéndote a cornadas continuamente y no saboreando las mieles del triunfo.