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LA CHISPA ADECUADA


En ocasiones cuando se apaga una lumbre puede quedar un rescoldo que vuelva a avivar el fuego. Es un hecho impredecible y hasta cierto punto inexplicable. Quizá es pura Química.

Estas cosas te recuerdan que no se deben dar las cosas por perdidas, que a veces simplemente se trata de una muerte temporal, de un letargo, pero que el día menos pensado la historia se puede revertir y puede ser muy diferente a cómo se había imaginado.

La chispa a ojos de otras personas puede que sea imperceptible pero tú, que has estado atento a todo lo que ocurría a tu alrededor, no has perdido detalle y te has dado cuenta. A veces, un simple gesto, una mirada risueña o una sonrisa sincera, pueden decir mucho. No se sabe qué o por qué se ha producido ese chispazo, pero lo que está claro es que éste ha existido y que a partir de ese momento, puede que nada sea como antes.

Si le buscamos una analogía a ese momento ésta sería como cuando un surfista encuentra la ola “buena” para surfear. Tiene que aprovecharla al máximo porque no sabe cuándo puede volver a encontrar otra ola similar. Tiene que afrontarla con aplomo y destreza pero en ningún momento le conviene relajarse, ya que al más mínimo error se va al agua.

Así que hay que preservar la tenue llama que provoca la chispa. Protegerla del viento para que no se extinga. Alimentarla de ilusiones y buenos propósitos para así granjearle un futuro.

Pero, ¡ojo! No siempre que se ve humo entre los rescoldos hay garantía que allí vuelva a haber fuego. No hay que volverse loco en buscar chispas que no existen o interpretar gestos que realmente no se han llegado a producir.

LO QUE NO PUEDE SER, NO PUEDE SER…Y ADEMÁS ES IMPOSIBLE


Habrá quien no crea en el destino, que piense que las cosas ocurren por designios lógicos y que no hay nada escrito. Tienen razón, pero han de pararse a pensar en un pequeño detalle: hay determinadas personas que por más que lo intenten, el destino se ha empeñado en no unirlas.

Es algo parecido a lo que ocurre con el agua y el aceite, que no son capaces de mezclar por más litros que se viertan de ambos en un cazo. La predisposición y las buenas intenciones de ambos no son suficientes.

Ahora bien, se plantea otra cuestión. Si está claro que esas dos personas vivirán vidas separadas, ¿por qué el destino les hace creer que no y les hace albergar falsas esperanzas? Si está claro que hay un componente fuera de toda lógica que ya ha decidido que no puedan acabar juntos, ¿por qué no se dejan de emitir señales que indican lo contrario? Es como nadar y ahogarse en la orilla. Todo funciona hasta que llega el momento que todo se desmorona. No se sabe quién y por qué se crea el roto, no hay que buscar culpables, simplemente se produce el estropicio porque sí.

Da igual que se intente una, dos o tropecientasmil veces. Cuando es que no, es que no y además es imposible. No conviene hacerse falsas ilusiones y aceptar nuestro sino. ¿Quién decide eso? No lo sé, quizás haya algún ser divino que se divierta con estas cosas, pero está claro que ese divertimento es bastante cruel.

50 Historias


Parece que fue ayer el día que se inició todo. Lo que empezó como una simple crónica de lo que nos acontecía mientras otros se embarcaban en una aventura ERASMUS, se ha convertido en una mirada parcial, soñadora, ilusionante, desencantada o hipotética de la realidad.

En todo este tiempo hemos aprendido lo que se debe de hacer, lo que no se debe hacer o lo que se debía haber hecho y no se hizo. Pero bueno, al fin al cabo en eso consiste la existencia, en tomar decisiones; unas veces con acierto otras con algo de infortunio.

La vida no tendría aliciente si después de haber perdido tu móvil no montas tal cirio que terminas haciendo una rueda de reconocimiento (¿Qué hacer cuando un móvil se cae al suelo?) o terminas tirando piedras sobre tu propio tejado (nunca mejor dicho) y destrozas un cuarto de baño para hacer creer que, en la obra en la que trabajas, has sufrido un robo (“La azarosa vida de Rinconete y Cortadillo”)

Y no sólo nuestra particular concepción del orden público y la justicia nos puede causar problemas. El nulo desconocimiento del universo femenino puede llevarnos a barrer como un poseso un bar cuando en nuestra la vida hemos cogido una escoba (“Cuando una camarera te entra por los ojos…y por sus labios”). Está claro que para entenderlas y complacerlas, tenemos que llevar la lección muy bien estudiada y no dejar ningún tipo de cita al azar (“Cuatro maneras de enfrentarse a una cita”) y es que, como dice una copla, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio (“Condenados a no olvidarse”). ¿Qué haríamos sin ellas?

Más mal que bien, al menos en el tema de relaciones con mujeres nos hemos ido manejando y se ha controlado la situación. Al fin y al cabo, todo es “Cuestión de Iniciativa”, aunque a veces nos quedemos a medio camino “De lo que pudo haber sido y no fue”. Pero en la vida surgen imprevistos y gente a la que aprecias, desaparece de repente justo en el momento en el que “Tenías tantas cosas que contarle”. La vida en ocasiones no es justa y “Se empeña en escribir sobre renglones torcidos”.

Al menos tenemos el fútbol, ese opio del pueblo que nos tiene narcotizados. No se puede considerar que hayamos vivido una mala época para este deporte. Como no olvidar aquellas tardes de verano en el que la Roja fue prolongando un sueño que, en contra de lo que solía ser tradición, tuvo final feliz (“El Sueño de una noche de verano”). Y descubrimos que a este deporte juega gente muy variopinta (“El chico de El Palo”) o que hay posiciones en el campo de lo más desagradecidas (“La soledad del Portero”)

Pero no sólo hay que buscar vías de evasión a través del fútbol. Viajar es una buenísima manera de desconectar y de descubrir que hay otras culturas a parte de la tuya. Quedándote en casa, no vas a descubrir que existe una variedad de árbol con más poderes que cualquier superhéroe de la era moderna (“El increíble Pino Canario”) o que en otros páramos se emplean novedosas artes de seducción (“El Teorema de la Camarera”), eso sí, con el mismo o peor resultado que las que tú conocías.

La vida pasa rápido. Parece que fue ayer cuando empezaste (“Los tiempos del Baby”) y ahora ya eres un joven carroza que las ha visto de muchos colores (“2 siglos, 4 décadas y 30 años”) y que para algunas cosas, tienes que dejar paso a las nuevas generaciones (“El chico que quería emular a Buyo”). Lo importante es relativizar las cosas. Para una vez que se vive, tratemos de ser felices porque quedan aún muchas más historias que contar.