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CUANDO NO ERES EL MÁS QUERIDO


Es duro aceptarlo. Puede que no lo hagas de manera inmediata, que pase un tiempo hasta que lo asimiles, pero has de hacerlo. Olvida esa realidad que te montaste donde todo giraba en torno a ti, donde te creías tan superior que no veías a nadie que te pudiera alcanzar, donde creías que ibas a conseguir todo.

Puede que todo lo hayas hecho bien o muy bien, pero has de aceptar que otras sensibilidades y otros gustos son posibles. Que otra persona ha sabido conectar con el público y ha conseguido atacar un flanco débil, como es la sensibilidad, que todo ser humano tiene.

El orgullo no se cura con más orgullo. Eso tan sólo sería echar más gasolina a una hoguera altamente combustible.

Se tiene que ser grande cuando se gana, pero aún se es más grande cuando se pierde. Es fastidiado perder, una sensación de vacío y ansiedad puede llegar a invadirte. Puede que nada ni nadie puedan consolarte, pero a veces hay derrotas que enaltecen más que muchas victorias.

Perder no significa rendirse. Significa pulir errores, recargar energía para seguir mejorando y conseguir ser el mejor. Tan sólo tienes que conectar con el corazón de la gente, algo tan imprevisible como factible.