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LOS TOROS BRAVOS Y LAS CAPAS DE UNA CEBOLLA


Hay ciertas ganaderías, que por su bravura, los toreros desean no torear. Suelen ser toros bravos, resabiados y con pitones tan afilados, que el peligro se palpa en cuanto pisan el albero. Desde luego, no permiten ni un ápice de relajación.

También es cierto que con ese tipo de morlacos se puede obtener la gloria a poco que se lleve a cabo una faena apañada. Pero eso no suele ser lo habitual. Por lo general, los toreros habituados a torear este tipo de encastes se pasan la mayor parte de la lidia agarrando fuertemente la muleta para intentar no ser desarmados, soñando en ese pase que les acerque a la gloria. Definitivamente, hay poco margen para las florituras.

Por tanto, el día que el toro y el torero consiguen armonizar sus pasos cual pareja de baile, el espectáculo es de tal belleza que el público lo suele agradecer con creces. Para llegar a ese momento, el torero ha tenido que hacer un ejercicio de empatía y llegar a entender al toro, comprender el porqué de esa actitud esquiva.

Ese tipo de toros tan sólo quieren que se les escuche, que alguien repare en ellos no por su apariencia sino por su contenido. Por tanto, merecen ser tratados con seriedad, sin complejo de inferioridad, como un ser que posee mucho mundo interior. Y quizá, cuando se llega a comprender todo eso, se obtiene la confianza suficiente como para tener una relación de igual a igual. Sin recelos y sin secretos. Son como las cebollas: tienen muchas capas hasta llegar a su corazón.

Las personas también guardan similitudes con las cebollas. Su verdadero ser se esconde detrás de varias capas (en algunos casos, muchas) de tal manera que la mayoría de las veces la imagen que proyectan dista mucho de ser la que albergan en su interior. También las personas, como las cebollas, nos hacen llorar. No conviene intentar llegar a toda costa a la última sin pasar previamente por las anteriores. En todas y cada una de sus capas está la esencia de la persona. Son imprescindibles para descifrar su corazón. Si te saltas esas etapas, es que realmente no eres consciente del toro al que te enfrentas.