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La Azarosa vida de Rinconete y Cortadillo



La insigne e ilustre ciudad de Salamanca siempre ha sido distinguida por la Universidad y los grandes académicos que ésta ha dado. Pero la picaresca y la gente peculiar han caracterizado a la cultura española y Salamanca, como ciudad española que es, también ha sido cuna de pícaros y peculiares.
Vamos a abordar dos episodios de dos personajes que hacen la mejor pareja cómica del país, sólo superada por los míticos Pajares y Esteso.

RINCONETE

Nuestro primer hombre es observador de obras. Su misión es observar y cantar las cuarenta a los obreros. Todo el día de aquí para allá, de sol a sol pero claro, el ser humano tienes sus límites y termina rendido, tanto que se queda dormido en la caseta de obra a pesar que esta no tiene sillas, lo cual no es problema ya que nuestro hombre se duerme de pies apoyando la cabeza en la mesa.

Un día llegó a unas de sus obras y se encontró una noticia inesperada. Habían robado el hidromasaje de uno de los chalets. Él, como licenciado que es, enseguida se percató que el robo se había producido desde dentro es decir, los ladrones habían sido obreros de la obra pues había marcas en la rampa del garage que denotaban que por ahí había salido el objeto hurtado. He aquí un dilema, cómo denunciar el robo. Tras unos momentos de incertidumbres, el lumbreras que toda obra suele albergar, propuso el hacer creer a la Guardia Civil que el chalet había sido asaltado con nocturnidad y alevosía. Sorprendentemente la propuesta salió adelante y nuestro valiente hombre se puso a la tarea.

Se aprovisionó de un martillo y una maza y se fue derecho hacia la ventana del cuarto de baño. Allí, desde dentro del baño se lió a martillazos con la cerradura de la ventana y ya puestos, con la propia ventana. Menuda obra de ingeniería, ni los grandes maestros del robo hubieran hecho semejante prodigio de arte. He aquí otro problema. Muy ingenioso y muy trabajado el destrozo de la ventana por dentro, pero no hemos de olvidar que la idea era hacer creer que los ladrones entraban desde el exterior. Otro dilema, y encima el lumbreras no estaba para dar luz a semejante problema. Allí estaba nuestro hombre apostado en la ventana del cuarto de baño cuando vio aparecer un coche blanco al que no pareció darle demasiada importancia. Pero vaya si se la dio después. En cuanto se identificaron como Guardia Civil, el rostro de nuestro hombre se desfiguró. Bajó corriendo a atender la visita. Menuda sorpresa, podían haber avisado y lo que es peor, podían haber venido con un coche que no fuera camuflado y de uniforme y no de paisano, que era como venían.

Nuestro hombre, educado como es, deseó buenos días a los agentes y estos se interesaron por el problema. Nuestro ingenioso personaje tenía todo un guión preparado para que todo llegara a buen puerto. Lástima que uno de los agentes se le adelantara al discurso y que sus primeras palabras fueran que el objeto había salido del garage, pues las marcas lo denotaban. Toda la teoría de nuestro personaje desmontada sin que todavía hubiera abierto la boca. Pero lo peor estaba por llegar. La segunda bomba que lanzó el agente era sobre aquella ventana del piso superior que estaba destrozada por dentro. Aquí nuestro hombre tuvo una salida honrosa y optó por lo que se llama "matar al mensajero" y echó la culpa al cerrajero, no sin antes decirle al agente que si era preciso lo despedía. En fin, para haber visto la cara de este hombre. Quizás tenía una medio sonrisa=mueca y seguro que la palabra que acertó a decir fue: "valeeee".

En resumidas cuentas, tenemos una ventana rota que hay que cambiar, un hidromasaje del que estarán dando cuenta los ladrones, ladrones que seguramente sigan trabajando en la obra. Para que luego no digan que España no es diferente.


CORTADILLO.

Este es un fanático de lo último, en el sentido literal de la palabra. De lo último que haya salido al mercado o a la puerta de la esquina. Es su vitamina, su razón de ser, si no tiene lo ultimo, su vida no tiene sentido porque tan solo hay una cosa mejor que tener lo ultimo, lucirlo y enseñarlo.

Por estas épocas andaba luciendo vehículo. Un señor coche para que nos vamos a engañar, totalmente acorde al puesto de trabajo que desempeña. Pero la satisfacción no era completa, le faltaba algo. Que podía ser. Un hombre tan atareado como el, con tanta vida social tenia un problema. Había una cosa que le gustaba hacer y no podía mientras conducía. Y no hace falta que entremos en los procelosos terrenos del sexo. No podía hablar por el móvil mientras conducía. Lo del poder es un decir, por poder, podía, de hecho lo hacia, pero no debía.

Solución al problema: comprarse un manos libres. Pero no uno cualquiera, no el último del mercado. A veces solucionar un problema te genera otro y en este caso fue que el móvil que tenia el susodicho -de ultima generación- no era compatible con el manos libres. Este hombre a diferencia del personaje del hidromasaje, no anduvo con miramientos y no se complicó la vida. Solo había una solución: cambiar de móvil. Esto de ser una fashion víctim te genera muchos gastos pero... y lo que presumes, eh.

Pd: A día de hoy nuestro hombre ha vuelto a cambiar de móvil. Desconocemos si este es compatible o no. Da igual, es de serie limitada de Ferrari y si por ello hay que cambiar de manos libres, pues se cambia.