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TU NOMBRE ENVENENA MIS SUEÑOS


Estaba convencido que esta vez por décima vez alcanzaría la gloria y que, tras varios años de travesía por el desierto, por fin tendría un gran éxito que paladear.

Había construido una coraza mental para que ninguna amenaza externa me desviara del objetivo y así auto-convencerme de la consecución del mismo. Notaba muy cerca el aliento y el apoyo de mis seguidores. Ahora más que nunca no les podía fallar. El reto era importante y la responsabilidad grande, pero me encontraba con fuerzas suficientes como para llevarlo a cabo.

Arrancaba hojas del calendario para desear que el gran duelo llegara cuanto antes. Estaba preparado. Los retos anteriores eran pequeñas batallas ganadas, pero a mí lo que me interesa es ganar la guerra. En esta ocasión estaba seguro que la ansiedad no iba a poder conmigo y que era capaz de oponer resistencia.

Y llegó el gran día. Todos los focos alumbrándome y el público expectante por comprobar si por fin había alcanzado la madurez. No sólo se trataba de ganar sino de cambiar la jerarquía y de inclinar la balanza hacia mi lado.

Por fin me encuentro frente a frente con mi enemigo. Mantengo la mirada firme; la misma mirada que espero conservar cuando todo termine. Esta vez me he prometido no abandonar el campo cabizbajo. Suena el pitido y el balón comienza a rodar.

La descarga de adrenalina en esos primeros minutos es difícil de explicar. Salgo como un depredador directo a la yugular de mi presa, intentándola asfixiar y paralizar. Ese planteamiento tiene una rápida recompensa: consigo hacer diana en tiempo record. Todo está surgiendo a pedir de boca…pero suena demasiado bonito como para tener un final feliz.

Pensar más con el corazón que con la cabeza a la larga no es bueno y, si el enemigo es de gran enjundia, más peligroso todavía. Al igual que los fríos psicópatas, mi enemigo ha sido capaz de sacudirse del susto del ataque inicial y poco a poco empieza a tender una trampa para caiga en su tela de araña. Y cuando me quiero dar cuenta, ya me encuentro atrapado dentro de ella con poco margen de maniobra.

Poco a poco me desdibujo, mi juego se diluye hasta tal punto que termino persiguiendo sombras imposibles de parar. Otra vez lo han vuelto a hacer. Cometo continuamente errores y lo que es peor, no tengo capacidad de respuesta. Me bloqueo mentalmente y, aunque por tradición y por respeto a la institución que represento nunca lo puedes hacer, indirectamente bajo los brazos. Finalmente me rindo y deseo que ese suplicio, ese muro (mental) infranqueable, ese bucle infinito que parece que no va a acabar nunca, se termine y se borre cuanto antes de mi mente.

Mis sueños han quedado gravemente dañados y mi futuro bastante comprometido. No lo reconoceré públicamente porque sería darle más ventaja a un enemigo, el cual me tiene bien tomada la medida. Tan sólo me queda confiar que esto es cíclico y que algún día tendrá que cambiar la tendencia. Mientras tanto, tan sólo me queda rezar a la Divina Providencia.

09/12


Hay fechas cuyo significado puede traspasar la de simple hito en el calendario. Por alguna razón difícil de explicar forman parte del imaginario personal de cada uno. No son necesariamente fechas de aniversarios o de celebraciones, pues esas ya se encarga tu entorno de recordártelas, son fechas que tienen un significado personal e intransferible. Un día que supuso un cambio y tras el cual, nada volvió a ser igual.

La trayectoria vital se define, en gran parte, por las decisiones que uno tome. Equivocadas o no, éstas trazan un camino, una senda por la que transitar, pararse o darse la vuelta.

A veces las decisiones se toman para huir hacia delante, para escapar de situaciones que te agobian o que sencillamente no te aportan nada. En esos casos, se corre más riesgo quedándote inmóvil que dando un paso al frente…aunque no sepas muy bien a lo que te puedas llegar a enfrentar.

El romper con el pasado y afrontar constantemente novedades te puede llegar a provocar en una primer momento cierta sensación de adrenalina y optimismo que hace que cualquier obstáculo al que te enfrentes lo solventes sin problemas. No hay ningún miedo a perder.

Pasados esos primeros momentos de ensimismamiento y felicidad, la situación tiende a estabilizarse. Finalmente se toma conciencia del entorno en el que se está y se empieza a vislumbrar que alternativas se tiene. Sin hacer un análisis profundo, comienzas a percibir en ese momento ciertos senderos oscuros en ese camino luminoso que te vendieron. Sin embargo, empleas un planteamiento práctico y no te agobias por el futuro: lo que tenga que ser, será.

Pero avanzas por el camino y los nubarrones cada vez están más cercanos. Se avecina tormenta y ya eres consciente que del chaparrón ya no te libra nadie. Ahora se trata de cubrirse lo mejor que puedas para no mojarte demasiado. Pero no sólo tú transitas por el camino y los cobijos escasean dado que hubo gente que fue previsora y se resguardó en cuanto vio el tiempo cambiar. Ahí te das cuenta que en este mundo no se puede vivir instalado en la comodidad.

En determinados momentos, la lluvia arrecia y es inmisericorde con todo el mundo sin hacer ningún tipo de distinción. La situación no es cómoda, te preguntas por qué te ha pasado esto a ti, qué pudiste hacer mal. Pero no se trata de eso, los infortunios no ocurren porque hayas hecho mal las cosas. El destino es caprichoso y no hace miramientos: si te toca, te tocó.

De los momentos difíciles siempre hay que extraer lecciones. Suelen ser momentos que te ayudan a aclarar la mente, a distinguir quién te puede ayudar y quién te ofrecía su ayuda por puro compromiso. En definitiva, desbrozas sentimientos y amistades. Pero sobre todo, te ayudan a tomar decisiones y afrontar cambios. Es curioso que, a modo de bucle, un ciclo comience y termine en la misma fecha. Ya lo dijimos antes: el destino es caprichoso.

EL NIÑO QUE SOÑABA CON SER SUPERMAN


Todos de pequeño tenemos ídolos a los que nos gustaría parecer. Idealizamos a personas y/o personajes para evadirnos de la realidad que vivimos. Y ya puestos a soñar, ¿por qué no con un superhéroe? La ilusión se compra y se vende, pero su volumen es inmanejable e irrefrenable.

En tus primeros años de vida poco menos que te crees invencible, nunca piensas que te puedan ocurrir desgracias y, de manera simple, divides el Mundo entre buenos y malos. Aunque poco a poco, a medida que vas creciendo, entras en una dinámica en la que comprendes que esa divisoria no es tan clara y que todo es susceptible de ser matizado.

Pero aún eres joven para entender la realidad y piensas que los inconvenientes que te puedas encontrar en la vida tan sólo son pequeñas chinas en el camino que, si las apartas, puedes continuar avanzando. Lo malo puede venir cuando las chinas se pueden acumular hasta la saciedad y tú te canses de mover tanta piedra.

Es en ese instante cuando te pueden empezar a asaltar las dudas. Quizá tu superhéroe no fuera perfecto y que el modelo que promulgaba tuviera aristas. Empiezas a ver que el Mundo va a otra velocidad, que la solidaridad puede llegar a ser una pose y que el principio que más empiezas a padecer es el de “que cada palo aguante su vela”. En definitiva, que tu utópica visión de la realidad queda ahogada por el individualismo imperante.

Pero como posees un idealismo rayando lo “quijotesco” te planteas no cambiar. Seguir con tu visión “ideal” del Mundo aunque ésta te avoque a que  no recibas más que palos. Se trata de defender una manera de ser con todas tus consecuencias, aunque la vida pueda ser un naufragio eterno de nuestras esperanzas.

Dado que con el paso del tiempo has descubierto que no se han desarrollado en ti poderes, quizá el único nexo de unión que puedes tener con tu superhéroe de la infancia es la incomprensión. Pero a diferencia de él, no es una incomprensión que te aboque a la necesidad de ocultarte bajo otra identidad. Has de mostrarte tal y como eres dado que, el mayor activo que tenemos las personas es que nos consideren tal y como somos y no como aparentamos ser.

Darte cuenta que el Mundo no es como imaginabas, que puede haber personas que te decepcionen después de haber confiando mucho en ellas y que la felicidad no es eterna y que dolorosamente se alterna con períodos sombríos, hace que te asalten todavía más dudas. Dudas en torno al futuro, que te pueden llegar a torturar. Dudas en torno a lo que hiciste en el pasado, que te pueden llegar a encadenar. Y mientras dudas, no te das cuenta que puede que se te esté escapando el presente entre las manos.

Por eso, cuando vas teniendo cierta edad, hay que bajar un poco de las nubes, hacer memoria y recordar. Porque, en el fondo, la vida no es como es si no como la recuerdas. Es mejor no empeñarse en buscar el reconocimiento si no en ser alguien que merezca la pena conocer. En definitiva, se trata de no vivir la vida de otros. Felicidades a todos aquellos que alguna vez creyeron ser Supermán. 

BERLINALE (y V). Bombas sobre Berlín


El ser humano nunca dejará de sorprendernos. Su capacidad de adaptación y reinvención es lo que más nos diferencia del resto de seres animales. También en la capacidad para llevar hasta extremos profundos y oscuros nuestra supuesta racionalidad, llegando en ocasiones a poner en peligro la propia supervivencia humana.

La desesperación nunca fue buena aliada para alejarnos de esos recovecos oscuros que tiene nuestra mente. Cuando se ha perdido todo, cuando no se tiene ningún tipo de esperanza, un mensaje arengando a la confrontación puede ser el único clavo ardiendo al que agarrarse.

Ese tipo de mensajes no tienen una base racional muy sólida. Si se analizan fríamente, son bastante simples: basta con crear un falso enemigo al que culpar de nuestros males y orientar todas fuerzas en combatirlo. Si creas un enemigo externo, olvidas las cuestiones internas que te hicieron estar en la desesperación que te encuentras. Es lo que informalmente se llama escurrir el bulto.

Una vez que ese mensaje cala en la gente, ya tienes un caldo de cultivo para desarrollar tus ansias de grandeza y de dominación del Mundo. Ya no hay marcha atrás, es una huída hacia delante. Y cuando ya tienes acólitos en tus filas, el siguiente paso es perpetuar las consignas para que la gente no las cuestione: ha nacido la propaganda.

A modo de repetir machaconamente el mensaje del desagravio, va calando entre las personas las ansias de confrontación y el odio visceral. Es en este momento donde la psiqué humana traspasa la racionalidad para instalarse en la más tenebrosa irracionalidad.

Y ese acaba siendo un proceso que no tiene marcha atrás. Es como un coche sin frenos, no se puede parar. Tan sólo falta que se prenda la mecha. Y sinceramente, llegado a este punto de sin razón, cualquier excusa, por mínima que sea, es más que suficiente para que todo el conflicto estalle.

En esa espiral de odio y violencia el ser humano no se da cuenta de lo que está realmente haciendo. No tiene más visión que la que le han adoctrinado. Pero analizado fríamente, en ese tipo de conflictos todos pierden, nadie gana. Y cuando llega la cordura puede que sea demasiado tarde.

Las consecuencias de este tipo de conflictos son devastadoras. Las heridas creadas tardan en cicatrizarse y poco menos que se necesita una refundación, una eliminación del pasado. Pero el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pues se llega a confundir olvido con desconfianza.

Si escapas de algo horrible, lo que menos necesitas es crearte nuevos fantasmas, nadar en el mar de la desconfianza. Eso sólo crea más recelos, más miedo y reactivar los oscuros pensamientos de los que querías huir porque puedes haber cambiado de enemigo pero no de germen que generaba el odio. Por tanto, se puede llegar a una situación peor de la que partías dado que, debido a la desconfianza, al enemigo externo que supuestamente tienes has de sumarle el interno.

Y mientras tanto, más y más propaganda, haciendo pensar a la población que nada pasa, que los raros son los otros, que nosotros vamos por el buen camino. Se mitifican pequeños éxitos, se crean falsos ídolos y modelos a seguir y se pretende hacer uso de una ostentación que en realidad no se tiene. En todo este peregrinaje se están olvidando la historia común, los valores que les caracterizaban en pos de algo falso, híbrido y endeble que tiene pocos visos de llegar a buen puerto.

Aunque hayamos expuesto que el ser humano es capaz de lo peor, también es capaz de lo mejor. En un momento de lucidez recupera la cordura, rompe pacíficamente con esa pantomima y planifica un futuro basado en el respeto y la confianza. Nadie dijo que la reconciliación fuera fácil pero si se quiere, se puede conseguir.

Es curioso lo que uno puede llegar a divagar paseando por las calles de Berlín. En algunos momentos parece como si su Historia te estuviese hablando para que no se olvide lo que allí sucedió y se extraiga lección de los errores cometidos para que no se vuelvan a repetir. Larga vida a Berlín.

BERLINALE(IV). Contaminación y Transporte Público

Los berlineses tienen por contrato ver la mayor parte de su cielo sin contaminación lumínica. Eso explica la penumbra y el poco partido que sacan al lucimiento nocturno de sus majestuosos monumentos.

Pero no sólo de contaminación lumínica se preocupan los alemanes. Son una auténtica referencia en la recogida de envases (no en vano allí se creó el famoso punto verde).Aunque el sistema allí montado es diferente al que conocemos aquí dado que, si uno se organiza bien, puede obtener pringues beneficios.

Cada vez que se compra un envase en el precio ya está incluido un recargo de 15 céntimos. Si se quiere recuperar se tiene que ir a un supermercado, introducir en el envase una máquina y entregar el ticket expedido por ella en la caja del establecimiento. Así de sencillo. Además, en el Supermercado nunca van a preguntar si se compró allí el envase. Este curioso sistema no se les pasó de largo a numerosas familias de gitanos ¿rumanos? que iban cargadas hasta arriba de bolsas llenas de envases y cuyos niños introducían más de la mitad de sus cuerpos en las papeleras en busca de aquellas botellas de plástico que los turistas depositaban desconociendo que se podía obtener beneficio de ellas. Esto demuestra que los inmigrantes que llegan a ese país no tardan mucho en adaptarse a las costumbres y en asumir la filosofía emprendedora alemana.

Pero no sólo recogiendo botellas de plástico se puede obtener beneficios. En Berlín también puedes obtener tu recompensa (y trabajo) si eres un chivato. Es decir, si informas, a título personal, de actos de vandalismo en el transporte público. La palabra vandalismo en España la asociamos principalmente a destrozos. Los alemanes, tan cívicos ellos, rebajan el registro y consideran también vandálico el hecho de colarte en el metro o en el autobús (una cosa que en España, por otro lado, está visto como un arte).

Y la verdad, tal y como tienen montado el tinglado, es una invitación en toda regla a no pagar al pasar por caja. Con ausencia de tornos, sin apenas revisores (aunque sí potenciales chivatos) y con un billete, muy bonito sí, pero sin aparente uso, ¿quién no va a colarse? Por cierto, que para validar el billete hay que hacer un Máster o encomendarse a la ciencia infusa.

Porque una vez que se detectan dónde están las canceladoras (nada fácil localizarlas) queda el principal paso: cómo se valida el billete. De primeras intentas buscar una ranura que te lo marque o al menos te lo agujeree. Cuando crees encontrar una, resulta que ésta opone tanta resistencia que el billete empieza a doblarse con lo cual casi va a ser peor el remedio que la enfermedad. Después de tu momento “Martínez Soria”, te convences en que lo mejor será viajar sin validarlo y que llegado el punto que aparezca un chivato, le explicarás lo mejor que puedas que eres turista (español para más inri) que no entiendes nada y que al menos has comprado el billete, que la intención es lo que cuenta. Pero siempre queda una bala en la recámara. La más útil, socorrida y comentada en este blog para estos casos: la observación.

Efectivamente, te plantas detrás de una canceladora y ves lo que hacen el resto de viajeros (alemanes, no valen turistas porque estos estarían igual de perdidos que nosotros) Y entonces todo empieza a cuadrar. Los alemanes no dan puntada sin hilo y ese gran espacio en blanco que tenía el billete cobra su sentido. Colocando el billete en posición horizontal debajo de la canceladora, una especie de cédula fotoléctrica imprime una sucesión de números y letras en el billete (es mejor abstenerse buscar el significado de dicha combinación)

Ahora ya sólo queda disfrutar del viaje y hacerte una serie de preguntas. ¿Por qué los cercanías transcurren por vías elevadas y pasan tan cerca de los edificios que cualquiera desde su ventana los puede llegar a tocar?¿Por qué la mayoría de las estaciones de metro sólo tiene un andén y apenas hay que bajar escaleras para llegar a él?¿Por qué la decoración de los trenes es tan hortera y anuncian, en el caso de los cercanías, la próxima estación a ritmo de polca alemana? En fin, sus razones tendrán. A lo mejor los raros somos nosotros.

BERLINALE(III). El Milagro Alemán


Un buen vendedor siempre se ha distinguido por ser capaz de crear una necesidad de compra allí donde ni por asomo la había. De generar en el consumidor una ansiedad de la que será difícil que se sustraiga si no es comprando.

Pero esto de crear necesidades aparentemente superfluas no es sólo exclusivo de los procesos de compra. También puede ser extrapolable a otros ámbitos de la vida como por ejemplo, el laboral.

Y en la creación de necesidades laborales, los alemanes han hecho un arte y ya de paso, han conseguido la cuadratura del círculo del “cuasi” pleno empleo. Si no, ¿dónde se ha visto que en un Centro Comercial por cada puerta que haya exista la figura del portero que te las abra? ¿Acaso no existen las puertas automáticas o giratorias? Sí, pero estamos seguros que el consumidor alemán no lo sabe y que si va a comprar y no encuentra a un gentil caballero o señorita que le abra la puerta, su experiencia no será plena y notará que le falta algo. En definitiva, le han creado una necesidad.

Hablando de Centros Comerciales, estos proliferan sin sentido. Algunas veces unos solapados a otros, con una estética más cercana a la de una Galería que a la de un Centro Comercial. ¿Cuál es el sentido? Sin duda, incitar a consumir. Para ello usan el cebo de una marca reconocida para que el público entre, de paso pique y se encuentre, entre otras cosas, comercios donde están tan poco acostumbrados a vender que cuando un cliente entra y compra algo, tiene que utilizar un rollo de cocina para envolver el regalo (¡y se quedan tan panchos!). Esto último entronca con otra característica del pueblo alemán: la eficiencia.

Pongamos un poco en cuarentena la famosa eficiencia alemana. Lo primero que tenemos que hacer es no sentirnos inferiores a ellos. En el fondo también son humanos y cometen errores. Y también se escaquean. Es difícil ver a alguien trabajando en una obra a primera hora. Ni a media mañana. Se conoce que, como en España, la hora del desayuno y del bocadillo es sagrada. Una cosa es que se tomen las cosas con calma pero otra bien distinta es que no rematen las obras. Si no, ¿por qué ningún edificio tenía cornisas? Porque que no hubiera persianas ya contábamos con ello, pero las cornisas…

Así que, a modo de conclusión hay dos cosas que hemos de tener claras. Que somos mano de obra tan cualificada como otra cualquiera y que hay otros que son más “creativos” maquillando las cifras de Población Activa. 

BERLINALE(II). El Hombre de la bata blanca


Una de las cosas que más llama la atención cuando se viaja al extranjero es entrar a un urinario público. La figura de la señora esperando la propina en la puerta de entrada no se posee en España. En un país dónde la persona que estafa al Estado (y por extensión al resto de ciudadanos) es considerado como un héroe, pagar por evacuar aguas menores (o mayores) no tiene sentido.

Por tanto, el español cuando viaja al extranjero y se topa con una señora y un cestillo a la puerta del WC, intenta esquivarla e ignorarla por todos los medios. Lo que ocurre es que estas recaudadoras se sitúan tan estratégicamente, que es casi imposible librarse de ellas. Así que o pagas, o sales del servicio como un moroso bajo una lluvia de improperios lanzados por esa buena mujer.

Uno entiende que esta persona esté en cafeterías o restaurantes, pero nunca te la esperas encontrar en el vestíbulo de tu Hotel. ¿Por qué si ya has pagado por tu estancia? En ese momento sale a relucir el gen picaresco que todo español lleva dentro y comienza la operación “No más pagar por mear”.

Empiezas a darle vueltas a la cabeza intentando buscar el “garito tipo” en el que tengas la certeza que no vas a tener que desembolsar dinero. Como estás en un país extranjero y no dominas el entorno, intentas extrapolar a esa situación a España. Y pronto caes en la conclusión que, tanto en la Península Ibérica como en el extranjero, tan sólo hay un lugar donde no te van a pedir explicaciones por utilizar su retrete (más que nada porque ellos tampoco están en condiciones de darte muchas explicaciones sobre a lo que se dedican). Hablamos de los restaurantes de comida rápida.

Así que raudo y veloz te diriges hacia la puerta de los servicios y cuando la abres, una pequeña satisfacción recorre tu cuerpo: no hay señora a la vista. Esta alegría, como en la casa del pobre, dura poco porque de pronto te topas con un hombre con una bata blanca y, dado que en este tipo de sitios mucha inversión en I+D no hay (tienen ya todo inventado), pronto deduces que en ese WC no hay doncella, sino doncel, esperando su propina.

En un principio y no exento de tensión (las batas blancas siempre infunden un poco de respeto), intentas ignorar al individuo e ir a lo tuyo. Pero no hay que subestimar a este tipo de criaturas, dado que pueden tener sembrado de minas el camino hacia el retrete. Y antes que hayas conseguido darle esquinazo, te tropiezas con la primera trampa. Esa es la razón por la cual te encuentras entre 2 puertas donde ninguna de ellas delimita cuál la entrada para damas y cuál es para caballeros.

Hay muchas personas, sobre todo mujeres, a los que este tipo de detalles no les importa y entran sin ningún tipo de reparo aunque esa no sea su puerta. Pero si en ti no reside esa osadía, no te queda otra que comerte tu orgullo y preguntarle al amigo de la prenda blanca. Éste, acostumbrado a que constantemente le hagan misma pregunta (como si él no hubiera fomentado la confusión), te resuelve la duda en menos que canta un gallo.

Esa situación te genera inquietud y hace que no evacúes con la tranquilidad exigida. Pero tu gen picaresco resiste y aún sigues pensando en cómo salir de allí sin pagar un céntimo. Iluso de ti. Aún quedan más trampas en el trayecto. La siguiente es saber cómo secarte las manos. Descartada la opción del papel, por no encontrar ningún rollo o similar, tan sólo queda la alternativa del secador, alternativa que tiene su intríngulis: ¿cómo funciona un secador sin sensor y sin botón? Tranquilo, antes que hayas tenido que ir a preguntar al buen hombre, él ya se ha acercado a tu sitio y ha hecho funcionar el aparato (no se sabe muy bien cómo).

En ese momento intentas alargar al máximo el período de secado de manos, aún con el riesgo de poder quemarte la yema de los dedos, asomándote constantemente a la puerta intentando buscar algún instante de relajación o distracción del individuo del cestillo. Pero éste, como los buenos toreros, espera el envite apenas moviéndose en el espacio que le concede una baldosa.

Además hay otro problema: todo hijo de vecino que entra, paga. En ese momento tu gen picaresco se evapora y emerge el de la vergüenza torera. Así que te rascas el bolsillo, echas mano de los pocos céntimos que te quedan y los depositas en el cestillo del hombre de la bata blanca. Todo sea por la Fundación y el payaso de esa cadena de restaurantes al que por cierto, nunca le has visto inaugurar ningún colegio. Pero esa es otra historia.

BERLINALE (I): La Inseguridad vial


Hay que reconocer que el Tour de Francia tiene un efecto hipnótico entre las personas. Y no precisamente entre los aficionados al deporte del pedal. Será por las soporíferas tardes de Julio, por los silencios prolongados de los comentaristas o por la poca batalla que hay en esas etapas que transcurren en terreno de nadie, que al final se acaba cayendo en brazos de Morfeo.

En lo que se concilia el sueño en ese tipo de etapas, a uno le puede dar tiempo a fijarse en algunos pequeños detalles. Hace unos años llamaba la atención la multitud de glorietas que se encontraban los corredores en su camino. En su día, era novedoso ver cómo los ciclistas sorteaban ese obstáculo y en algunos casos te quedabas impresionado por la ornamentación que tenían algunas de ellas.

Por lo que se ve, uno no era la única persona que seguía ese tipo de etapas y la moda de crear glorietas llegó a España hasta el punto de llegar a la más absoluta saturación de las mismas. Por fortuna o por desgracia, el Tour no se sigue tanto en Alemania.

Berlín, en el aspecto de glorietas, es un auténtico páramo. Y no es porque no se necesiten. Allí funciona una especie de “Ley de la Jungla” donde sorprendentemente no se producen grandes desgracias.

Quizá sea cierta su fama de cuadriculados dado que los alemanes circulan por su carril si desviarse ni un ápice de su trazado. Puede dar lo mismo que inesperadamente se cruce en su camino un peatón o una bicicleta. Allí no hay sitio para los dos: o uno u otro. Así que si eres peatón o ciclista tienes que estar dispuesto y preparado para el quiebro y el escorzo.

Ante esa tesitura y ante la falta de glorietas, ser conductor y llegar a un cruce ha de ser un ejercicio de huída hacia delante. Se debe mirar a un lado, a otro y pisar a fondo el acelerador, sin tener previsto ningún tipo imprevisto.

Con este particular panorama, si hay una figura especialmente desprotegida en este entorno, esa es sin duda el peatón. Porque incluso cuando le asiste el derecho a circular por la vía es decir, cuando el semáforo se torna en verde, no se puede confiar dado que, debe de haber una ley no escrita sobre el óptimo estado de forma de los berlineses porque si no, no se explica que el semáforo se ponga en rojo en menos tiempo que Usain Bolt recorre los 100 metros lisos. En menos de 9,58 segundos te puedes encontrar, sin avisar porque los semáforos no emiten ni sonidos ni destellos intermitentes, en medio de un paso de peatones a merced de unos conductores que no encuentran la palabra “improvisación” en su diccionario.

DE LA PERFECCIÓN A LA LOCURA TAN SÓLO HAY UN PASO


Nada de lo que hacemos es casual. Siempre nos motiva algo, siempre se busca mejorar, evolucionar en definitiva, progresar. Ese es el sino de la raza humana.

También se posee por defecto el gen de la competitividad, buscar ser mejor que los demás y a poder ser, llegar a la perfección. Aunque puede que con ello tengamos que traicionarnos a nosotros mismos.

A veces un entorno opresivo coarta la libertad, condenándote a vivir en una cárcel de cristal. Una actitud así puede ser fruto de no reconocer el fracaso propio e intentar proyectar en otro lo que uno quiso ser y no pudo. Pero nuestra vida es lo más preciado que tenemos, quizá sea lo único que realmente nos pertenece y por tanto, no se puede obligar a otro vivir la vida que uno siempre quiso para sí y que se diluyó como un azucarillo en una taza de café.

Por otro lado, hay que saber gestionar el éxito y tener presente que habrá personas que quizás no toleren tu triunfo y que por ello, a falta de una cosa mejor, se dedicarán a boicotearte sin escatimar esfuerzos, llegando a rebajar su catadura moral. Hundirte será el triunfo que ocultará su estrepitoso fracaso.

Por último está la búsqueda de la perfección, la más obsesiva y peligrosa de las aventuras. Porque no sólo compites contra otros, sino contra ti mismo y si no te pones límites, puedes llegar a desembocar en la locura más extrema. Conseguirás la gloria, sí. Pero el precio que habrás pagado por ella condicionará eternamente el resto de tu vida.

EL TIKI-TAKA


Las grandes obras tan sólo necesitan tener un pequeño detalle para ser admiradas: Estilo propio. Sin él, puede que grandes artistas y colectivos queden diluidos en la inmensidad de la cotidianeidad. Si no destacas, no dejas de ser uno más. Pero siempre en la vida queremos destacar en algo, por pequeño que sea, pero al fin y al cabo no pasar desapercibidos. Somos así de egocéntricos, qué le vamos a hacer.

Tener un estilo reconocible supone bucear en tu interior, analizar tus virtudes para potenciarlas y que éstas salgan a relucir de manera esplendorosa. Pero también supone estudiar tus defectos, saber el porqué de su existencia para así mostrarlos lo menos posible.

Todo esto porque ante todo lo más importante es ser uno mismo, mostrarse con naturalidad. Cuando más natural se sea, más confianza se tiene y más fácil se puede salir de las derrotas porque, aunque se tenga estilo, éstas se van a seguir produciendo. Y es en esos momentos cuando más debemos potenciar lo que somos y no intentar cambiar a lo que otros son.

El éxito puede hacer caer en una espiral de autocomplacencia. No es bueno mirarse el ombligo ni creerse el Centro del Universo. Es en el éxito cuando se debe empezar a blindar la mente para el fracaso. No hay éxito sin fracaso previo, ni fracaso que luego no se torne en éxito.

La vida es cíclica. Te da y te quita. Y dado que hace un año nos dio mucho, vamos a disfrutarlo antes que nos lo vuelva a quitar.

LOS TOROS BRAVOS Y LAS CAPAS DE UNA CEBOLLA


Hay ciertas ganaderías, que por su bravura, los toreros desean no torear. Suelen ser toros bravos, resabiados y con pitones tan afilados, que el peligro se palpa en cuanto pisan el albero. Desde luego, no permiten ni un ápice de relajación.

También es cierto que con ese tipo de morlacos se puede obtener la gloria a poco que se lleve a cabo una faena apañada. Pero eso no suele ser lo habitual. Por lo general, los toreros habituados a torear este tipo de encastes se pasan la mayor parte de la lidia agarrando fuertemente la muleta para intentar no ser desarmados, soñando en ese pase que les acerque a la gloria. Definitivamente, hay poco margen para las florituras.

Por tanto, el día que el toro y el torero consiguen armonizar sus pasos cual pareja de baile, el espectáculo es de tal belleza que el público lo suele agradecer con creces. Para llegar a ese momento, el torero ha tenido que hacer un ejercicio de empatía y llegar a entender al toro, comprender el porqué de esa actitud esquiva.

Ese tipo de toros tan sólo quieren que se les escuche, que alguien repare en ellos no por su apariencia sino por su contenido. Por tanto, merecen ser tratados con seriedad, sin complejo de inferioridad, como un ser que posee mucho mundo interior. Y quizá, cuando se llega a comprender todo eso, se obtiene la confianza suficiente como para tener una relación de igual a igual. Sin recelos y sin secretos. Son como las cebollas: tienen muchas capas hasta llegar a su corazón.

Las personas también guardan similitudes con las cebollas. Su verdadero ser se esconde detrás de varias capas (en algunos casos, muchas) de tal manera que la mayoría de las veces la imagen que proyectan dista mucho de ser la que albergan en su interior. También las personas, como las cebollas, nos hacen llorar. No conviene intentar llegar a toda costa a la última sin pasar previamente por las anteriores. En todas y cada una de sus capas está la esencia de la persona. Son imprescindibles para descifrar su corazón. Si te saltas esas etapas, es que realmente no eres consciente del toro al que te enfrentas.

ACUÉRDATE DE MÍ CADA 4 AÑOS


Soy yo, el que siempre aparezco por estas fechas sin avisar y casi me cuelo hasta la cocina. El que viene cargado de buenas promesas y de futuros deslumbrantes. Como un genio de la lámpara, puedo prometer lo imaginable, lo inimaginable y casi lo intangible. No me preguntes por qué no lo hice antes, confía en mí porque ahora sí que lo voy a hacer .

Ya sé que puedes pensar que en todo este tiempo tan sólo he pensado en mí, pero estás muy equivocado. Si he estado enfrascado en mis asuntos ha sido para estar hoy aquí a tu lado, para ser tu fiel sirviente y atender todas tus súplicas.

No sabes lo duro que es llegar hasta aquí, el montón de batallas internas y externas que he tenido que librar. De sobra conoces que nuestra profesión requiere sacrificios, que nosotros para nada buscamos nuestra satisfacción personal dado que carecemos de egos. El poder tan sólo nos interesa para ponerlo a vuestra disposición: la voz del pueblo.

Me echáis en cara que no piso la calle. ¿Cómo puedes decir eso si en estos últimos 15 días he hecho más kilómetros que en los últimos 4 años? Además, noto vuestro calor cada vez que acudo a un acto y, con una ovación cerrada, se me aclama como Presidente mientras miles de banderitas ondean en el horizonte. Decididamente, no sé en qué Realidad vivís pero desde luego es cualquier cosa menos “la Realidad”.

Ahora os habéis organizado para canalizar vuestro desencanto. Y estoy totalmente de acuerdo con vosotros. La situación hay que revertirla, pero por favor votadme. La culpa es de los “otros” que no os escuchan, que siempre han ido a lo suyo. Pero nosotros no somos ellos. Somos parte de vosotros, ¿no lo véis? No hace falta cambiar de Sistema, sino que simplemente hay que cambiar a quienes lo dirigen. Es tan simple como eso.

Así que recoged los bártulos y por favor, votadnos. Que ahora sí que os vamos a escuchar. Entendednos, la frondosidad no nos ha dejado ver el bosque, pero ahora ya lo tenemos todo muy claro. Ya veréis como todo irá mejor. Os lo prometo.

Atentamente: Tu político.

PD: El día después de unas elecciones se leen en los titulares de Prensa palabras como “apabullante”, “resultado histórico”, “descalabro” o “batacazo”. ¿Los partidos políticos realmente miran por los ciudadanos a los que representan o directamente lo único que hacen es mirarse a su ombligo?¿Se han enterado de qué va la película?

¿NO QUIERES CALDO?...PUES TOMA 4 TAZAS (y IV): Historia de un desengaño


Cuando ha habido tantos sentimientos de por medio, un desengaño se vuelve tremendamente doloroso. Y cuando el causante es casi siempre el mismo, más todavía. En los últimos años te estuve buscando infructuosamente y este año, cuando parecía que te iba a volver a encontrar, te me volviste a escapar.

Tú y yo, que tanto hemos vivido juntos, que en tiempo no muy lejano tus éxitos eran míos y los míos eran también tuyos, tú que me ayudaste a forjar parte de lo que hoy en día soy, tú por la que tanto luché, has vuelto a preferir a otro.

Este año me centré en solventar mis demonios interiores, me puse en manos de quien creí que mejor te conocía en los últimos años y estaba convencido que el plan no podía fallar. Pero desgraciadamente, falló. Otros tenían un plan mejor.

Un plan que le ha granjeado muchos éxitos en los últimos años. Un resultado fruto de varios años de siembra. A veces saber el motivo por el que se hacen las cosas, te hace tener tal plus de confianza en ti mismo que te crees prácticamente invencible.

Me di cuenta tarde que los tiempos han cambiado, que ahora prefieres la precisión estética al señorío que yo te ofrecí. Que ya no premias tanto la caballerosidad como la sensibilidad. Consciente que el nuevo orden era otro, intenté ser lo que no soy. Adopté un pefil bajo y plantee todo como si fuera un asunto de vida o muerte pensando que, por una vez, te olvidarías de ese virtuosismo que te atrae últimamente y prestarías atención a alguien totalmente contrapuesto.

Se me olvidó que esto es un juego y, generalmente, gana el que mejor juega, el que más expone y no el que sale a no perder. Puede que con rudeza se ganen algunas batallas pero desde luego, no la guerra. Y ahí estoy, perdido, con mi pequeña batalla ganada este año pero sin tener ni idea de cómo conquistarte el año que viene. Quizás hasta que no se canse de ganar mi enemigo, no tengo nada que hacer.

¿NO QUIERES CALDO?...PUES TOMA 4 TAZAS (III): El villano


¿Qué tienen los villanos para que, aún sabiendo que practican el mal, nos sintamos atraídos por ellos? Si no existieran, habría que inventarlos.

Sin ellos no tendríamos medida de la dimensión de la bondad en el Mundo. Son su contrapunto. Se es bueno porque sabemos que hay alguien que es malo. Pero, si estos conceptos los tenemos tan claros, ¿por qué los malos atraen más que los buenos?

Pensar en hacer el mal requiere altas dosis de imaginación, creatividad e inteligencia. No en vano, lo que se intenta es romper el “Status Quo” de buenas intenciones que rige el Mundo. Por tanto, un primer punto de admiración hacia los villanos lo encontramos en el reconocimiento al esfuerzo por derrotar el orden establecido. Pero no es la única arma de seducción que tienen estos tipos.

Sin duda, la persuasión es quizá su mejor arma. Aun sabiendo que no tienen buenas intenciones, son capaces de sumar seguidores a su causa. El villano les promete un mundo mejor y la consecución de éxitos inmediatos. Los caladeros donde pesca son los de la gente desencantada y con querencia a un fracaso continuo.

Y una vez persuadidos, esta gente afín es fanática de su líder-villano. Llegando a olvidar sus orígenes y convencidos que el fin justifica los medios. Aunque ese fin ponga en peligro su imagen. Una imagen cimentada en el pasado, en un pasado glorioso y admirable. Un pasado quizá demasiado lejano.

Con el villano imponiendo su ley, no hay pasados que valga. El peso de la Historia se diluye porque lo que se busca la inmediatez. No importan las formas siempre que se consiga el objetivo: revertir el orden preestablecido. Literalmente, se matan moscas a cañonazos. Se dispara a todo lo que se mueva. Sólo hay una verdad única e inamovible: su verdad.

Lo importante es generar revuelo. Con barullo se discutirá sobre pequeños detalles y se obviará lo verdaderamente importante. Todo se enfangará hasta tal punto que, los que iban de buenos por la vida, mostrarán su lado oscuro. Y es que algunas veces la línea que separa el bien y el mal es extremadamente delgada. No es lo mismo lo que se dice públicamente que lo que se piensa.

Si el villano no es capaz de revertir el orden y conseguir lo que se propone, generará alrededor un ambiente de victimismo y derrotismo sustentados por una serie de rocambolescas coartadas que mucha gente no se cuestionará. Se da una curiosa paradoja dado que esta gente que pertenece a un club que construyó su historia con hombres que se propusieron luchar por alcanzar lo imposible por inalcanzable que pareciera.

Los villanos podrán conseguir éxitos inmediatos, pero desde luego no generarán supremacías. Terminarán marchándose porque un día acaban percibiendo el desapego de sus acólitos y el ambiente estará tan viciado, que le será irrespirable. El día que se vayan, el territorio que dominaron corre el riesgo de convertirse en un páramo.

¿NO QUIERES CALDO?...PUES TOMA 4 TAZAS (II): Volver a ser el equipo que algún día fui


Muchas cosas en este mundo pueden llegar a explicarse por medio de trayectorias y puntos de inflexión. Ambos conceptos son indisolubles y uno no tendría sentido sin el otro.

Los puntos de inflexión son imprescindibles para explicar por qué una dinámica descendente pasa a ser ascendente y por qué una ascendente pasa a ser descendente. Ahora bien, definir cuándo se está frente a un punto de inflexión es complicado. Para ello se requiere de tiempo y de un reposado análisis. A veces los análisis precipitados nos pueden inducir a error.

Si se lleva tiempo enfangado en una trayectoria descendente, es hasta cierto punto comprensible que, ante un pequeño rayo de luz, se atisbe un cambio de tendencia. Por otro lado, si se está instalado en la cima del éxito desde hace tiempo, cualquier pequeño fracaso puede ser visto como una tragedia.

En ambos casos hay un denominador común: la falta de costumbre ante la nueva situación. Cuando se está acostumbrado a ganar, perder es doloroso. Cuando se está resignado a perder, ganar puede que sea demasiado ilusionante.

Pero las trayectorias no pueden ser infinitamente rectas. Han de tener curvas ascendentes o descendentes. Si no, todo sería demasiado monótono y aburrido. Y para revertir la tendencia, nada mejor que recordar experiencias pasadas. Si se te olvidó ganar, recuerda cuando eras casi invencible y no tenías rival, cuando labraste una historia de éxitos que te han permitido tener un inigualable palmarés. Si después de mucho tiempo ya habías olvidado la derrota, no debes dejar que te asalten las dudas, que vuelvan fantasmas pasados. A veces, el peor enemigo es uno mismo.

Simplemente se necesita tiempo para saber quién está en claro ascenso y quién se empieza a desinflar. Quien sea más fuerte mentalmente y recuerde inmediatamente el equipo que algún día fue, habrá conseguido ganar el envite. Aún tenemos 2 actos más para salir de dudas.

¿NO QUIERES CALDO?...PUES TOMA 4 TAZAS (I): Desnaturalización en el Campo de Batalla


Hay batallas que se ganan sorprendiendo al enemigo y otras que se consiguen incrustándose en el territorio enemigo: metro a metro, posición a posición, casa por casa. Esta última táctica es la mayoritariamente empleada por los ejércitos que se consideran pequeños y que, sabedores que tienen casi imposible ganar la guerra, se enfrascan en una guerra de guerrillas con el único objetivo de ganar tiempo.

Pequeños pueden ser los ejércitos limitados de medios que aún así consiguen reclutar a un grupo de valientes sin miedo a nada y cuyas prestaciones, gracias a su tesón e inconformismo, llegan a estar muy por encima de lo que se presuponía.

Pero pequeño también se puede ser cuando se poseen muchos medios y tras haberlo probado todo, se acude a la desesperada ante la imposibilidad de poder de derrotar al ejército con el que tantas veces se ha claudicado.

Ese ejército vencedor marca la tendencia, ha creado un estilo reconocible, y en él puede cambiar los soldados pero no la esencia. Es insaciable y después de ganar todas las batallas posibles en los últimos años, aún tiene hambre.

Y es tal el influjo que transmite a sus rivales que estos, ante el temor de salir escaldados y sin títulos, se desnaturalizan y pierden los rasgos por los que fueron conocidos y temidos hasta no hace mucho. Plantean trampas en todo el campo de batalla sin intentar imponer iniciativa, esperando un error del contrario para atacar la líneas enemigas. En definitiva, adoptan tácticas de los ejércitos que asumen de antemano su inferioridad antes de plantear batalla.

Cuando eres un Grande y en tu casa no te queda otra que defenderte, está claro que has perdido tu hegemonía.

EL EFECTO COBRA


Marion Cobretti fue un policía de métodos expeditivos encarnado por Sylvester Stallone en la famosa película “Cobra”. Un tipo que nunca se quitaba sus gafas de sol de aviador, que siempre mascullaba una cerilla en la boca y que se desplazaba en un coche de los años cincuenta bien merece un capítulo aparte. Desgraciadamente en este post no hablaremos de él, sino de una especie aún más peligrosa: la Cobra.

Este peligroso animal siempre ataca de noche y como buen depredador, huele a muchos metros de distancia la sangre (o mejor dicho, el alcohol en la sangre) de sus potenciales víctimas. Cuanto más alcohol lleven éstas encima, más apetecibles se convierten para la Cobra.

La víctima no detecta la amenaza dado que este peligroso espécimen es capaz de moverse con sigilo y determinación entre la multitud y en apenas unas décimas de segundo, plantarse delante de su víctima. Además, sabe marcar perfectamente los tiempos. Aparece cuanto más indefensa puede encontrarse la víctima. También sabe esperar su momento, no lanza su ataque a las primeras de cambio sino que es capaz de madurar un plan para poder efectuar un ataque certero con todo su veneno.

Eso hace que la víctima no valore realmente el peligro que se le viene encima y tienda a relajarse porque crea que domine la situación. Pero la que sin duda domina la situación es la Cobra. Sólo ella sabe cuando preparar su ataque y cuando lo ve claro, lanza sus labios (que no sus colmillos, como ocurre con su homónima reptil) contra su pobre presa.

Es en ese momento cuando el sujeto pasivo despierta de su letargo e intenta repeler el veneno que la sujeta activa le está lanzando. A modo de combate de boxeo, el púgil indefenso intenta frenar los ataques directos de su oponente basculando su cabeza de derecha a izquierda. Lo que no sabe nuestra pobre víctima es que la Cobra tiene muy estudiado ese movimiento y es capaz de rectificar su trayectoria una vez lanzado su ataque.

La única alternativa que le queda a nuestro pobre hombre es la basculación trasera, ese arte que la Cobra no domina por pura por pura incapacidad física: su cuello, como el de todo mortal, no se alarga hasta el infinito. Aunque para tener esta alternativa a mano, la víctima ha de tener la ubicación idónea. Como se encuentre en una esquina, se puede dar muerto. Desgraciadamente, ha caído en sus redes.

Por tanto y a modo de resumen, para no ser víctima de este peligroso animal se precisan 3 simples consejos:

1. Tener siempre una escapatoria, ya sea la barra del bar, la puerta del baño o la de salida. Eso, y unas piernas ligeras para salir pitando en cualquier momento.

2. Estar acompañado de un amigo que, ante un posible ataque, te pueda echar un capote y colocar ese toro en otro tendido.

3. El más importante de todos: No tener tal concentración de alcohol en la sangre que te haga estar eufórico y despreciar los peligros. La Noche siempre es muy traicionera y a ciertas horas, todos los gatos son pardos.

Siempre hay que dejar las cosas claras y no dejar margen a las interpretaciones. Para eso Marion Cobretti siempre tenía una frase: "Aquí es donde termina la ley, y empiezo yo"

LA REALIDAD Y LAS EXPECTATIVAS


A veces el cerebro actúa como una lente deliberadamente desenfocada que hace que las expectativas distorsionen lo que está ocurriendo en la realidad. Si esas expectativas están relacionadas con el amor, la cosa puede llegar a magnificarse.

Las expectativas pueden hacerte creer que el comienzo de una relación está íntimamente relacionado con el destino, esa cosa etérea e incorpórea que dicen que está escrito. Que el uno está hecho para el otro, que eso estaba predeterminado desde tu nacimiento y que ahora que te acabas de dar cuenta, ni nada ni nadie os podrá separar.

La realidad desgraciadamente es menos soñadora, aplica más la lógica y considera que si dos personas se conocen probablemente sea por un cúmulo de casualidades, por estar en un determinado lugar en un determinado momento y no por una alineación de planetas.

La bisoñez de las expectativas no tiene límites. Cuando una relación empieza a funcionar, comienza a planificar el futuro, a imaginarse cómo será la realidad con esa otra persona dentro de unos años…qué digo años, ¡el resto de su vida! No vislumbra dificultades, cree que el camino es todo recto y no considera que habrá agentes externos que puedan llegar a minar esa relación. Todo es maravilloso y feliz.

La realidad es mucho más pragmática, considera que si dos personas están disfrutando en el día de hoy, ¿por qué preocuparse del mañana? El futuro es algo incierto que en un porcentaje alto no podemos controlar. Casi es mejor no planificar nada no siendo que, por diferentes motivos y circunstancias, las expectativas no lleguen a cumplirse.

Y luego está el compromiso. Las expectativas tienen un sentimiento de lealtad muy grande y hacen que solo pertenezcas a una sola persona. La realidad siente vértigo al oír la palabra compromiso, es de mente más liberal y no quiere ataduras de ningún tipo porque, si la relación comienza a resquebrajarse, ¿merece la pena estar con alguien por mero compromiso? En ese aspecto, es más consecuente con sus sentimientos.

Llegados a este punto, aparece el dilema moral. ¿Hacemos caso a lo que dictan las expectativas mentales que nos hemos creado? O por el contrario, ¿somos fieles a lo que nos marca la realidad para evitarnos disgustos futuros? La raza humana, conservadora por naturaleza, optaría en la mayoría de los casos por la segunda opción. Lo malo es que cuando te lo has jugado todo a esa carta, la otra persona, por esas “casualidades” del destino, puede que encuentre al hombre/mujer de su vida y te quedes compuest@ y sin novi@.

COMPLETO INCOMPLETO


Dicen que los años confieren madurez, que la experiencia es un grado y que nunca se estará mejor que ahora. Pero hay motivos para desmitificar todo esto.

Aunque todo va muy deprisa y apenas tenemos tiempo para saborear los buenos instantes que la vida te depara, hay momentos en los que uno puede llegar a hacer Balance. El motivo no es otro que intentar averiguar hacia dónde va, comprobar que ese barco no se ha quedado varado y que prosigue con velocidad de crucero hacia el destino fijado. Pero, ¿cuál es el destino?

A ciencia cierta es difícil que alguien lo sepa. Algunos pueden tener alguna remota idea, otros, soñadores por naturaleza, no les cuesta imaginar el destino deseado. Pero la gran mayoría transita por la vida sin saber muy bien hacia dónde se encamina. Va con el piloto automático.

¿Y eso es malo? No tiene porqué serlo. Al fin al cabo si uno no piensa, se quita de preocupaciones. Lo fastidiado es analizar fríamente el lugar dónde se encuentra uno en un determinado momento. Y ahí puede que se dé de bruces con la cruda realidad dado que, de puertas para fuera se ha proyectado una imagen de persona realizada, que ha conseguido todos sus propósitos y que no tiene meta que se le resista pero, de puertas para dentro, esa proyección se puede venir abajo como un castillo de naipes. En definitiva, es un incompleto.

Un completo incompleto. Un seguro inseguro. Una media persona que busca cómo encajar la otra media. En resumidas cuentas, una persona a medio camino de algo. ¿Qué algo? No se sabe; el que lo sepa habrá conseguido descifrar el gran enigma de nuestra existencia: El sentido de la vida.

ESPINETE´S GENERATION


La generación mejor formada de la Historia es tristemente la más “puteada”. Y nuestro nexo común es un erizo nudista de color rosa que no nos advirtió de lo que nos esperaba.

¿Qué es lo que ha podido fallar? No se sabe, pero la cuestión es que nos encontramos en un barco a punto de hundirse sin ser nosotros culpables de la vía de agua abierta. Tan sólo nos queda remar y remar, sin rumbo fijo, hasta llegar a tierra firme y sobrevivir.

Nos piden que nos formemos, y eso hacemos, que completemos nuestros estudios, e invertimos nuestros ahorros en ello, que profundicemos en otros idiomas dado que, aunque hablemos una lengua con siglos de historia y muy hablada en el Mundo, ésta no nos vale para abrirnos camino. Somos competitivos, hemos superado a generaciones anteriores pues ya no tenemos complejos, a nuestro alcance poseemos todas las herramientas para el triunfo y sin embargo, el motor se gripa.

Y de golpe, todos tus sueños se esfuman y te topas de lleno con la cruda realidad. Consideras que no es justo pero que, como al fin y al cabo se trata de una cuestión de supervivencia, tienes que transigir y apechugar con lo que te venga. Y más cuando los demás también lo hacen. Si al menos nos uniéramos y planteáramos cara a este injusto Sistema, quizás reverteríamos la situación. Pero son malos tiempo para el compañerismo, para perder derechos (aunque estos sean ínfimos) en pos de conseguir conquistas. “Que cada palo aguante su vela”, que este barco si no está hundido, poco le falta.

Y las perspectivas no son nada halagüeñas, pues nadie se ha puesto a cortar de raíz el problema, a buscar las causas que lo provocan. Los que mandan aceptan que estemos así diciendo que es lo que nos ha tocado vivir, olvidando que si ellos son elegidos es para revertir este tipo de situaciones en pos del progreso, no para quedarse resignados sin obtener respuestas a nuestras preguntas. Hay un cierto apoltronamiento en ellos y da la impresión que más de venir a servir a la Sociedad, han venido a servirse de ella.

El empresario capitalista, ante esta situación, se frota los ojos pues no puede creerse que se esté viviendo una regresión tan grande. Ha de revisar sus libros de Historia, ver cómo se procedía hace siglos atrás, cuando los trabajadores no habían conquistado ningún derecho y actualizar sus métodos a esa época. Además de nuestra inseguridad laboral, hemos de añadir jornadas maratonianas de trabajo, ausencia de beneficios sociales y eliminación de cualquier tipo de disidencia o queja. Si protestas, te pueden enseñar la puerta de salida.

¿Por qué no puede volver la época en la que todo era color de rosa y nuestra única preocupación era que a Espinete no le pasara nada?