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VIDAS ENTRECRUZADAS


Es curioso comprobar las vueltas que puede dar la vida. Cuando menos te lo esperas, en el momento más inoportuno y en lugar menos indicado, el pasado vuelve a ti.

Lo que pasa es que el paso del tiempo ha hecho mella y ya no es lo mismo de antes. Hace unos años ni siquiera te imaginabas que fueras a coincidir con ella y menos cuando habías puesto tierra de por medio. No sabías si seguía en el mismo sitio o también como tú había decidido irse en busca de un futuro mejor.

Pero esa duda pronto se disipó. Fugazmente la viste por la calle en la ciudad donde te habías ido a vivir. Es curioso que una urbe tan grande aún se produzca casualidades. ¿Cosas del destino? No lo sé, el hecho es que nuestros caminos tendían a entrecruzarse.

Saber que vivíais en la misma ciudad no quiere decir nada. Ese encuentro casual se produjo, pero probablemente no volvería a ocurrir jamás. Pero el círculo se acorta aún más. Viviendo en la ciudad con más empresas del país, la probabilidad que coincidieseis en la misma, ¿qué es? ¿De una entre un millón? Una vez más, el destino fue caprichoso e hizo que volvierais a coincidir; esta vez no en una calle sino en una oficina.

El cerco se iba acortando pero aún había margen. Os veíais pero trabajabais en departamentos distintos, si me apuras en extremos opuestos de la oficina. Aún así, coincidíais todos los días. Pensabas que eso ya no podía dar más de sí, que todo estaba siendo demasiada casualidad. ¡Qué equivocado estabas!

Faltó el paso de unos meses para que terminaras trabajando con ella. Por fin se habían roto todas las barreras, ya no había más círculos que acortar ni cercos que estrechar. Ella y tú, tú y ella, ya no había más distancia. Pero aún habría más sorpresas.

En todos los encuentros fortuitos, tanto en el pasado como ahora en el presente, siempre pensaste que ella guardaba un recuerdo de ti. No sé si por timidez o por sinceridad (me inclino más por esta segunda opción), ella te admitió que no te conocía, que no te ubicaba en definitiva, que no sabía de dónde habías salido. En ese momento se te pasó por la cabeza decirle, soy yo, aquél que cuando estudiábamos se hacía ilusiones pensando que algún día nuestros caminos se entrecruzarían, aquel que pensaba que como tú no había ninguna, aquel que un día se enamoró de ti y nunca se atrevió a decírtelo.

Qué duro es el paso del tiempo, porque a pesar de la decepción que supone que ella no se acordara de ti, tú no tuviste pena. Ya no sentías nada por ella, ya no era la chica de tu vida. En todo este tiempo o ella había cambiado o tú habías cambiado tanto, que ya no estabas enamorado. Precisamente ahora, que vuestras vidas se habían entrelazado como tanto habías anhelado en el pasado. A veces hay que estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Vuestro momento fue hace 10 años, no ahora.

PENSABA QUE TE CONOCÍA…


…pero qué equivocado estaba. Es increíble como una convivencia de tanto tiempo se borre de un plumazo. ¿Pero con quién he estado realmente viviendo? En vista de los acontecimientos, está claro que he vivido con un desconocido.

Todo este tiempo hemos estado jugando una partida de póker. No has enseñado tus cartas y has estado buscando la mano ganadora para dejar a tu contrincante literalmente “desplumado”. Tus buenas formas, tus buenas maneras escondían un objetivo implacable: tu propio beneficio. Y todo que no fuera eso, era inaceptable para ti.

Sabías que tarde o temprano ganarías la partida dado que tenías asegurado el comodín, o sea yo. Adaptarme a ti ha sido mi sino en este tiempo, no siendo que te incomodases y se rompiera la baraja. Pero la tenía que haber roto al principio y no prolongar esta partida para no quedarme, como me he quedado, sin capacidad de respuesta.

Y a pesar de todo, no me lo agradeces. Eso es lo que más me ha podido doler. Tus actos te definen como persona, pero los hechos son lo suficientemente objetivos como para que no sepas reconocerlos. Y sin embargo, tu alto concepto de ti mismo te hace no percibir tus errores ni los aciertos de los demás. Estás por encima del bien y del mal, en una nube de la que aún no te han bajado los que te rodean, porque ellos están tan equivocados como tú. No te ayudan riéndote tus gracias, jaleándote lo maravilloso que eres, no atreviéndose a cantarte las 40, no siendo que te molestes y les pongas una cruz. Al fin y al cabo es sencillo entenderte. Todo el que piense como tú está contigo, el que no, está contra ti.

La conciencia de cada uno ha de estar tranquila. No tiene que remorderte. Estoy convencido que a ti no te remuerde (a mí tampoco). Pero no te remuerde porque, allá desde lo alto de la nube en la que te encuentras, estás convencido que has hecho bien, porque al fin al cabo has hecho lo que has querido, que a fin de cuentas es lo que has buscado desde un principio.

Sin rencor, espero que te vaya bien. Cada uno ha de responder de sus actos y soy de esos que piensan que la vida nos pone a cada uno en el sitio que nos corresponde. Arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

TENÍA TANTAS COSAS QUE CONTARTE


Hasta que no desaparece, no tienes conciencia de lo grande que era, de lo mucho que, sin darte cuenta, podría estar aportando a tu vida. No lo echas en falta hasta que falta. Y cuando falta…qué dura se hace su ausencia.

A veces en las relaciones humanas se tejen interconexiones invisibles de las que no percibes nada hasta que desde uno de los extremos, la cuerda se rompe. Y hasta entonces puede que tú no percibas lo que te une a otra persona, que estés tan ciego que no te des cuenta que está ahí. Pero de repente, un triste acontecimiento te aclara tu visión borrosa que habías tenido hasta entonces. Y es ahí cuando te das cuenta de todo el tiempo que has perdido.

Porque siempre has pensado que esa otra parte de la cuerda siempre iba a estar ahí, que siempre te iba escuchar cuando lo necesitaras y lo mejor de todo, sin pedirte nada a cambio. Vamos, que era un cheque en blanco al portador. Cuando lo necesitases, siempre podrías echar mano de él.

Y mientras tu vida pasaba. Tu ímpetu te hacía salir de situaciones más o menos complicadas, tus ganas de vivir hacía que no te pusieras límites. Pero no todo se suple con ímpetu, juventud y ganas, tarde o temprano necesitarías de alguien que, gracias a su experiencia, te arrojara algo de luz en algunos claro-oscuros que te ibas encontrando por el camino. Y tú mientras, estabas tranquilo porque sabes que en esos momentos podrías acudir a tu “comodín”.

Por estas macabras casualidades que tiene la vida, no te pasa nada hasta que te pasa algo. Y te pasa todo de golpe y justo cuando eso ocurre, no tienes el otro extremo para sujetarte. Parece que caes por un precipicio sin tener ningún arnés con el que sujetarte. Siempre estuvo ahí, apenas lo utilizaste, pero cuando más necesitabas su consejo, él no estaba, se había ido para siempre. Demasiado pronto, pues tenía tantas cosas que contarte…

CUESTIÓN DE INICIATIVA



Me ha costado tiempo adivinarlo, pero al final he dado con ello. Mira que llevaba tiempo sospechándolo pero hasta hace poco no caí en el quid de la cuestión. Todo en la vida es cuestión de iniciativa. El éxito o el fracaso, la gloria o el destierro, la perdurabilidad o el olvido están intrínsecamente relacionados con el nivel de iniciativa que hayas mostrado para conseguirlo.

Los cementerios están llenos de valientes… y de gente con iniciativa, diría yo. Una persona con iniciativa es una persona valiente, que no vacila ante ningún problema y lo afronta de frente. Una persona sin iniciativa está a verlas venir, espera y al final el problema le aborda y no sabe cómo salir de él. Pero cuidado, en el término medio está la virtud.

Está muy bien ser un tipo decidido, una persona resolutiva, un “echado pa´lante” pero ¡ojo!, en este mundo no sólo convives tú, por suerte o por desgracia lo compartes con otras criaturas de Dios y éstas también tienen derecho a ser escuchadas. Quizás sean más paradas, más reflexivas, le cuesten más arrancar pero seguramente muchas de ellas tendrán algo importante que decir así que, si eres un tipo con iniciativa, no las arrolles pues probablemente estés enterrando buenas ideas. Modérate, término medio.

Hasta aquí, la teoría. Ahora viene la práctica y ahí ya el tema es más complicado. Conviene tener iniciativa o no, según las circunstancias. Las relaciones personales han cambiado un montón, y si las circunscribimos a las de chico y chica, ya ni te cuento.



Si retrocedemos al pasado, tenemos la idea (porque esa época no la hemos vivido) que en una relación entre un hombre y una mujer el que llevaba la iniciativa era él, dejando para ella un papel claramente sumiso. Afortunadamente, los factores culturales han cambiado y ellas se han incorporado al mundo en el que vivimos con plenos derechos, pues ahora tienen las mismas oportunidades académicas y casi las mismas (ya les queda menos para conseguirlo) en el ámbito laboral. Y en esa equiparación hemos salido perdiendo, pues se han puesto de manifiesto nuestras carencias. Los verdaderos sumisos somos nosotros y dado que somos más simples que el mecanismo de una peonza, ellas pueden hacer con nosotros lo que quieran. Ellas llevan la iniciativa.

Si antes eran los galanes, porque no se me ocurre mejor definición, los encargados del cortejo y agasajo de las bellas damas, las cuales se ruborizaban con tanto halago, ahora son ellas las que llevan la voz cantante, son las encargadas de decir con quién, cuándo, cómo y para qué empezar una relación. Ya puede emplear el hombre todas sus tácticas, (porque el galanteo, no nos engañemos, lo llevamos de serie y esa virtud no se pierde aunque pasen mil años) que como la señorita no quiera, todos esos intentos van a parecerse como jugar un partido en un frontón, donde la pared te devuelve todos los golpes. No podemos decir lo mismo de ellas que, para seguir con el símil tenístico, son poseedoras de golpes ganadores que hacen que resuelvan los partidos por la vía rápida (6-0 y 6-0).

Aún me sorprendo cuando nos reclaman más atención, cuando nos piden más iniciativa, cuando quieren más agasajos, ¿pero no se dan cuenta que tienen la sartén por el mango? ¿Acaso cuando actúan no son conscientes de sus actos? Aceptemos la realidad, las tornas han cambiado; aunque seamos toscos, simples e insensibles en realidad nos estamos afeminando. De la misma manera, aunque ellas parezcan dulces, tiernas y sensibles, son lobos con piel de cordero que cuando detectan a su presa son implacables a la hora de conseguir su pieza. Bienvenidas al mundo animal.

CONDENADOS A NO OLVIDARSE


Toda mi existencia pensando que el cuerpo de uno a uno le pertenece, y que la vida de cada uno, es eso, de cada uno… y resulta que no es así. Hay hechos que demuestran lo contrario y las vidas de unos y de otros se entrelazan creándose nexos de difícil separación.

Por más que hayas querido olvidar, pasar página, plantearte un futuro sin rémoras del pasado, hay determinados episodios que están ahí para no irse nunca. Puedes poner toda la tierra de por medio, romper las cadenas que, como los asesinos, siempre acabas volviendo a la escena del crimen.

Uno entendería ese retorno cuando el recuerdo que prevalece es bueno, cuando los momentos felices contrarrestan a las malas experiencias, cuando aún queda una llama que no ha sido extinguida. Pero seguir atado a algo que te produce daño, ¿qué sentido tiene? Probablemente ninguno, pero seguramente es algo inexorable en esta vida: no olvidas lo que te dejó mella.

A ciencia cierta desconozco a qué afecta exactamente, ¿al alma, al corazón, a la mente?; no lo sé, pero se introduce en tu cuerpo y pasa a ser parte de tu vida. Y lentamente te arrastra, poco a poco, silenciosamente, se va apoderando de ti; de tenerlo olvidado pasas a cederle un lugar preferente en tu vida. Ingenuamente lo vas aceptando porque piensas que las cosas igual no son como antes, que el tiempo que ha mediado ha servido para madurar y que todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad. Por eso las cosas no son como antes, se va con mucho recelo por si todo se va al traste. El ir paso a paso, sin prisas, sin cometer errores anteriores, hace que te esperances y que esta vez sí, la cosa pueda funcionar.

¿Qué ocurre con toda la vida que te habías creado para olvidar el pasado? Pues sin olvidarla, la dejas de lado porque a fin de cuentas esa vida la has cimentado para olvidar el pasado, esas nuevas relaciones están en fase de maduración y te acabas de dar cuenta que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer, sobre todo si “ese malo” tiene posibilidades de volverse bueno.

Los pasos que vas dando cada vez son mayores y tu vida va pareciéndose a la de antes, con nuevas circunstancias pero esencialmente igual. Y tanto se parece a tu vida anterior, que el motivo por el que todo se rompió vuelve a resurgir. Por muchas ganas de cambio que se tenga, el movimiento se demuestra andando, y si no ponéis nada de vuestra parte por cambiar, si todo se queda en palabras y no en hechos, estamos en las mismas y si aquello se rompió, ten por seguro que se volverá a romper.

¿Y ahora qué? Ruptura, vuelta a empezar y el firme convencimiento que aunque te vayas a los confines del mundo, nunca lo vas a olvidar, porque está marcado a fuego en tu cuerpo como si fueras una res, como si le pertenecieses, como si estuvierais condenados a no olvidaros. Ese será tu sino.

DUELE


A veces el dolor no es visible a simple vista pero no por ello no deja de ser más amargo. El dolor que se instala en tu interior es el más difícil de mitigar, el más arduo de olvidar.

En la vida surgen cosas inesperadas, todo cambia en fracciones de segundo. Se pasa de la sonrisa al llanto, del día a la noche, de la felicidad más grande a la tristeza más profunda.

El hombre es un animal que por naturaleza necesita relacionarse. De sus relaciones se derivan gestos, actitudes y actos que a veces tienen consecuencias sobre otros seres humanos, aunque el gesto, actitud o acto no haya sido premeditado. Ese es el dolor más inexplicable, el que te causa alguien sin saber que te lo está causando.

En una relación entre dos personas, un tercero es multitud, es un elemento que intercede en esos momentos de complicidad, de intimidad, de entendimiento y de cariño que pueden llegar a producirse. Pero a veces, ese tercero es el que se lleva el gato al agua.

Después de estar toda la noche escuchándole, entendiéndole, intercambiando opiniones, cuando ves que se va de la mano de otro, la cara que se te queda es de tonto más que tonto. Un extraño, un conocido de esa noche, uno que no sabrá de dónde ha salido ella, a dónde va, cuáles son sus miedos, sus preocupaciones, sus ilusiones. A él no le importa nada de eso, tan sólo le importa ELLA, en el sentido más estricto y simple de la palabra. A fin de cuentas es un éxito más, otro trofeo más a engrosar las muchas noches de gloria. ¿Por qué le va a importar lo que ella piense, si mañana la va a olvidar? Mejor así, sin complicaciones, como mucho aprenderse su nombre, para qué profundizar más si lo que a él le importa de ella es su fachada, no le interesa lo que alberga en su interior.

¿Y ella? Ella no puede ser así, no debe de ser así. ¿Por qué se comporta como él? ¿Acaso piensa de una manera y actúa de otra? Ella no es así, no era como las otras, ella era de otra manera. Pero se fue con él, después de estar toda la noche contigo, se fue con un extraño. Desconoces por qué actuó como actuó, a lo mejor toda la noche estuvo de farol, a lo mejor nunca fue sincera contigo, a lo mejor construyó un personaje para llamar tu atención. A lo mejor…

La vida es imprevisible y nos va poniendo pruebas a lo largo del camino, todas se superan, de todas se aprende algo pero algunas duelen. Y ésta duele. Un dolor que penetra en tu interior, un dolor que es como un aire frío que te recorre inexorablemente tu cuerpo. Y te atrapa, vaya si te atrapa. Te deja inmóvil, sin recursos, sin capacidad de reacción.

Con el tiempo el dolor es menos profundo, se mitiga, casi desaparece, pero la herida vuelve a sangrar cuando la vuelves a ver. Analizas los abrazos, los gestos, las palabras, los besos y piensas si son sinceros o son parte de una estrategia para sentirse querida, porque todos necesitamos sentirnos queridos y a veces buscas fuera lo que ya tienes dentro aunque no te estés dando cuenta.

CON LO FÁCIL QUE HUBIERA SIDO COMER EN UN MC DONALD´S


Como era costumbre habitual aquel día iba a comer de tupper. Era la opción menos mala porque los Sándwiches de las máquinas de vending no es que me ofrezcan mucha confianza; es comida industrializada, hecha sin alma para un tropel de gente que casi le da igual comer que no comer. Al menos con el tupper recordaba la comida casera que siempre había comido.

Pero aquella mañana recibí una llamada para invitarme a comer. Lo primero que se me vino a la cabeza era el típico Bar-Restaurante de Menú Económico. Mi sorpresa fue al comprobar que el restaurante era el de un hotel de 5 estrellas. De haberlo sabido me hubiera puesto mis mejores galas. De todas formas, allá que fuimos.

Lo primero que me sorprendió es que un restaurante de tan alto standing no tuviera una entrada con solera. Entramos por una puerta corriente y moliente y nos dispusimos a bajar por la escalera que nos conducía hacia el comedor. El camino fue un poco desolador, mucha escalera, mucho pasillo pero allí no había nadie… ¡hasta que por arte de magia apareció una chica! Era la encargada del guardarropa. En eso encontré la primera diferencia con respecto a un Mc Donald´s, donde por no haber no hay ni perchas. Mientras le dábamos a la tímida chica nuestros abrigos, apareció un hombrito mayor que se alegró al vernos. Es más, parecía que nos conociera de toda la vida (¿qué tal?, ¿cómo les va?). Yo pensé que conocía a alguno de los comensales pero, ¡qué va! , el hombre tenía desprendía tanta efusividad y alegría porque mentalmente iba calculando el hachazo que nos iba a meter en la factura. Se estaba frotando las manos.

Pasamos al enorme salón de tres alturas con dirección inconexa. No sabíamos para dónde tirar. Menos mal que nuestro “nuevo amigo” nos encontró ubicación. Éramos amigos pero se conoce que no tanto, porque nos pusieron al lado de la puerta de la cocina y camuflados entre plantas, cuando en el salón semi-vacío había mesas mucho más tranquilas y reservadas.

Antes si quiera que tuviésemos entre nuestras manos la carta del menú, nos ofrecieron un aperitivo. A saber, cervezas, refrescos, patatas fritas y aceitunas. Para el hambre que teníamos, no venía nada mal un piskolabis. Con todas las veces que había ido a sus Restaurantes, Ronald nunca tuvo esos detalles conmigo. Tras una animada y relajada charla, eso sí, sin hablar de temas profesionales por si había algún topo, llegó el momento de pedir la carta.

Lo que iba a ser trivial y sencillo, una ensalada, un filete con patatas fritas y un postre, se complica en cuanto empiezas a leer y no sabes si lo que estás leyendo está escrito en castellano, en francés o esperanto. Empiezas a pasar páginas del menú porque tienes la esperanza que en la siguiente hoja te escribirán en cristiano. Pero nada. En ese momento, te aflojas el nudo de la corbata, respiras hondo y piensas, ¿qué pasaría si me pidiese un filete y unas patatas fritas? Lo piensas durante un buen rato, pero al final lo descartas. Hay que estar a la altura del sitio y si hay que apechugar, se apechuga.

Hay un refrán que dice que allá donde fueres, haz lo que vieres. Y a partir de ese momento, opté por esa táctica. Observé a los demás y tampoco les veía muy decididos. O una de dos, o tenían dudas sobre qué elegir o tenían la misma idea que yo de lo que allí se cocinaba. Con el paso de los minutos me fui dando cuenta que, salvo el comensal que ya había estado en ese Restaurante, los demás estábamos muy perdidos. Al final, hubo uno que hizo lo más inteligente que se puede hacer en esos casos: preguntar al experto qué nos recomendaría. Dado que estábamos en un restaurante especializado arroces, y él sugirió arroz, pues arroz pedimos, no si antes probar para empezar una serie de entrantes.

Primer match-ball solventado. Ahora quedaba lo de la bebida. Yo lo tenía claro: agua. Pero parece que el camarero no, es como si le molestara que no pidiéramos vino. Tal fue la insistencia, que al final pedimos vino, aunque sólo fuera por quitarnos a ese pesado de encima. Pero si de comida entiendo poco, de vinos menos. Una vez más utilizamos el comodín del público y pedimos recomendación al experto. El tío o se tiró un farol o de verdad era un entendido porque le tocó hacer de sumiller. El camarero le echó un poco de tinto en la copa, éste lo removió un poco, lo olió, lo miró a trasluz y finalmente, bebió un sorbo relamiéndose después. Por último, dio su visto bueno al camarero (que como para no dárselo, pues con el careto que tenía era capaz de estamparte la botella en la cabeza si le decías que te trajese un DON SIMÓN) Yo, que la única preocupación que tengo cuando voy al Mc Donalds es saber si han rellenado con hielo hasta arriba el vaso de Coca-Cola, aquello me pareció de gente de nivel.

Y llegaron los entrantes. Entradillos diría yo, porque era apenas ocupaban el centro del plato. ¿Para qué ponen un plato tan grande si sólo nos echan una cucharada? En esos momentos me arrepentí de una decisión que había tomado antes. Cuando nos pusieron los aperitivos, decidí reservarme no siendo que luego no tuviera hambre, como muchas veces me había pasado en el Mc Donalds, que te atiborras de patatas, aritos o nuggets y luego no te comes la hamburguesa. Fue un poco triste como nos repartíamos los guisantes con jamón; más menos contábamos los guisantes que tocaban por barba y cuando nos los llevábamos a la boca, intentábamos saborearlos lo máximo posible.

Como las penas con vino, son menos penas, decidí beber un poco para olvidarlas pero hete tú aquí que la botella había desaparecido. ¿Tanto habíamos pimplado? Se conoce que sí. ¿Habría derecho a pedir otra botella? No siendo que se nos saliera del presupuesto, decliné el pedir otra y directamente me decanté por el agua pero… ¡sorpresa!, tampoco había agua. El jamón había causado estragos y nos había dejado sedientos. Así que me vi obligado a apurar las cuatro gotas que había en mi copa, cuando detrás de mí apareció un guardaespaldas. ¿De dónde había salido ese camarero? Me giré y ví como detrás de nosotros teníamos de forma perenne un camarero con una cubitera donde estaban depositadas nuestras botellas de vino y de agua. Era como un bombero, acudía al rescate cada vez que tenías sed. Muy mal me tuvo que ver, porque abrió una botella de agua expresamente para mí. Lo que más me sorprendió fue ver la técnica de rellenado de la copa. Reconozco que me sobresalté un poco pues el hombre, en un visto y no visto, puso la botella de agua en posición enteramente vertical sobre el vaso. Yo pensé, dónde va este loco que va a derramar todo, pero resulta que era un virtuoso de la botella pues no derramó ni una gota, ni siquiera en el sacudido final. Curiosa técnica.

Todavía no he hablado del platito que tenía a mi izquierda. Ya daba por hecho que iba a tener varias cucharas y tenedores en la mesa, pero ¿ese plato? Ese plato estaba allí sin oficio ni beneficio, así que decidí darle uso. Como me había pimplado a aceitunas, puse los huesos en el plato, cosa que por cierto no hizo el resto de la gente. El hecho que pidiéramos arroz me aclaró el problema sobre qué cubierto elegir. Las cucharas y los chuchillos, descartados, nos quedaríamos con la cucharilla para el postre y entre los tenedores, elegí el más largo pues en ese entrarían más granos de arroz. Y hablando de arroz, llegaron las paelleras.

Y llegaron como una exhalación. No sé si quemarían las asas, pero los camareros llegaron a nuestra mesa a toda pastilla. Y hubo un momento que me dio un vuelco al corazón. Aquel insensato giró la paellera y la puso en vertical delante de mis narices, y empezó a lucirla como reclamo para ver si era de nuestro gusto. Me recordó a esa típica escena cuando uno va a una peluquería, le cortan el pelo y le pasan un espejo por detrás para ver cómo ha quedado la nuca y alrededores. Con tal que no tentara más la suerte, le dijimos que sí, que estaba muy buena, qué por favor que dejara de hacer equilibrismos con el arroz. Una cosa sí pareció quedarme claro, entre los ingredientes del arroz debía de estar el pegamento IMEDIO.

Si teníamos subalternos para servirnos la bebida, no iba a ser menos en el caso de la comida. Dispusieron una pequeña mesita alrededor de la nuestra y empezaron a apartar. Eran unos auténticos artistas porque consiguieron despedazar el bogavante de una de las paellas, sin tocarlo con las manos sólo con cuchillos y tenedores. Estos dos camareros como puntilleros de la plaza de las Ventas no tendrían precio. Todo lo rácanos que fueron con los entrantes, lo fueron de generosos con el arroz. ¡¡Menudo copete me pusieron!! A duras penas me acabé el arroz con bogavante y el arroz negro. Que empachado me quedé.

De mis largas veladas en el restaurante de la M amarilla una cosa aprendí. Después de empacharte con una Hamburguesa (o mejor dicho, de todas las guarrerías que le acompañan), no hay nada mejor para rebajar esa sensación que un Sundee. Como no me dio la impresión que allí tuvieran M&M´s, volvimos a hojear el Menú para ver que había de postre. Me alegró saber que allí era todo legible aunque un poco disparatado. ¿A quién se le ocurre mezclar tocino de cielo con helado de leche y boletus a las finas hierbas? Sin duda al pastelero, que debía de ser un fumeta de mucho cuidado. Por descarte, elegí la combinación menos rimbombante. Craso error. Tenía que haber elegido lo que fuera, pero que fuera blando, que no fuera helado porque intentar trinchar algo que está helado-congelado con una cucharilla, creedme, es muy complicado. Es como jugar al escondite, como jugar al perro y al gato. Tú pinchas y el postre se te desliza y se escapa. Vas a buscarlo y él se te vuelve a escapar. Te parapetas con una servilleta para intentar salvar la corbata en caso que el “postre asesino” quiera atacarte directamente. Por orgullo, consigues hincarle el diente aunque éste último salga perjudicado. ¡¡Qué descarga eléctrica!! Ni con el FRESQUITO lo había pasado peor. Y justo en ese momento a un curioso no se le ocurre otra cosa que saber qué tal está tu postre. Tú que estás haciendo auténticos equilibrios pasándote el trozo de postre de un carrillo a otro para intentar mitigar el frío, no te queda otra opción que hacer un mortal hacia delante y contestar abruptamente algo parecido a: “Brruenoor”, mientras te retuerces por dentro por las descargas que están recibiendo tus encías. Cuando terminas con ese tormento, buscas un vaso de agua para enjuagar un poco la boca. Pero tu amigo el guardaespaldas ya había hecho “mutis por el foro”. A falta de agua, buenos son los chupitos de las casa pero da la casualidad que esa casa era muy chic y muy fashion y de chupitos nada. Hubo que conformarse con el café de toda la vida.

Nuestro hombrecito feliz volvió a hacer acto de presencia. El amigo estaba en su momento, todos los parabienes que nos había dedicado a lo largo de la comida podrían tornarse en improperios si no le abonábamos la consumición. ¡Maldito parné!, este hombre solo valoraba la amistad por el dinero. Sobre la mesa dejó la bandeja con la factura, pero de primeras no hubo ningún valiente que se animara a cogerla. Yo no lo iba a hacer porque yo no había cursado la invitación y de haberlo hecho, los hubiera invitado a un Happy Meal que, a parte de la comida te llevas un muñequín. Tras unos momentos de tensión, la persona que había invitado a todos cogió la bandeja, echo un vistazo al ticket y le cambió la cara. Tragó saliva y se desaflojó el nudo de la corbata. Sí, amigos, el hachazo tuvo que ser de campeonato. En menuda hora se le ocurrió invitarnos. No le quedó más remedio que tirar de tarjeta. Es más, estuvo dubitativo entre elegir una u otra (seguro que en una de ellas no tenía fondos suficientes).

En fin, que pagamos, la chica del guardarropa nos devolvió los abrigos y el amiguete nuestro nos preguntó que esperaba volvernos a ver por allí, que esa era nuestra casa. Qué jodío, después de haberle pagado era colega de toda la vida. Tranquilo que volveremos, cuando regales coronas de cartón, muñecos, se pueda comer con las manos, pongas Ketchup sobre la mesa y todo ello no me cueste más de lo que cuesta un billete gris.

EL EFECTO BULERÁN


Dicho efecto estriba en el hecho que si en el otoño hiciste una mudanza porque vendías tu chalet, esa mudanza ha de repetirse en verano para poder habitar en tu nuevo chalet. Vuelta al pueblo de tu amigo donde las vaquillas no se torean sino se agarran por el rabo, y a poder ser, se lanzan; y vuelta también al pueblo donde habitan unos fantasmas, con muy mala leche todo hay que decirlo, que hacen que una persona respetable se haya tenido ir a hacer terapia a los EEUU, ya que no superó la impresión de haberlos visto (debió de ser como haber visto a Carmen de Mairena de cerca)

Ya no sólo te reencuentras con poblaciones que te evocan bonitos recuerdos sino que, una mudanza es también lugar de reencuentro con aquellos friquis que conociste el verano anterior y que tanto disertaron sobre si el hormigón había que rebajarlo, como se rebajan las copas, con agua, o que contaban chistes meta-filosóficos pues todos ellos estribaban en algo, no sabemos muy bien qué, pero en algo estribaban.

Como ya eres perro viejo en la materia, el grueso de la mudanza se hizo por la tarde. La mañana es muy corta y es necesario tomarse el vermú y bañarte en la piscina, además faltaba personal. Por la tarde, después de haberse avituallado, había que dirigirse rumbo a lo descocido, no porque no supiéramos a dónde íbamos, sino porque no sabíamos a dónde iba a estribar la conversación que íbamos a tener con el doble de Julián Muñoz, que decidió montarse en el camioneto de "El Pilar".

Como era la hora de la siesta la cosa no estaba muy animada. De hecho el ingeniero agrícola decidió reunirse con Morfeo. La cosa no prometía mucho, y se sacaba el típico tema de conversación que se tiene cuando realmente no se sabe qué decir: el tiempo. Hacía mucho calor, demasiado, la vida daba que el camioneto tenía aire acondicionado pues, como dijo Julián Muñoz, calentaba mucho en la Inpenterie. Antes de nada, se me había olvidado comentar la disposición del pasaje en el camioneto: delante y conduciendo, el profesor de autoescuela, a su izquierda, su amigo bigotudo, y en el otro extremo, el que se dedica a acudir a ruedas de reconocimiento. Detrás, el caprichos abrazando a otro de sus caprichos, su novia, en el medio, el que suscribe y en el otro extremo, el que se pasó todo el viaje sobado.

Con la palabra Inpenterie se escucharon pequeñas sonrisas en la parte trasera. Ahora bien, el verdadero momento surrealista vino después. No sabemos si el tema salió porque nos adelantó un coche de esos que está preparado, ya sabes de lo que te digo, ese tipo de coche que arrasa en Buenos Aires o en Pizarrales. ¿Qué no lo sabes? Pues si lo sabe Julián: Claro, un coche Twingo. Lo que iba diciendo, no sé si fue por eso o porque el número de marchas de un camión es superior al de un turismo, la cuestión es que surgió el gran tema de conversación: La Marcha Atrás.

Dejemos atrás las acepciones con connotaciones sexuales y vayamos analizar qué es la marcha atrás. Tú te ves sobrado y empiezas a hablar de la marcha atrás delante de unos jovenzuelos que, otra cosa no tendrán, pero putear putean un rato. Lo peor que puedes hacer es meterte en un jardín porque si lo haces, estos salvajes no tendrán compasión de tí. Con decir que la marcha atrás hace que un vehículo se desplace hacia atrás, hubiera bastado. ¿Para que te metes en cómo reacciona en ese momento el motor? Porque si te metes la has cagado, ya que te sale un ingeniero de obras públicas (que no púbicas) y te suelta, como que no quiere la cosa, que el motor de un coche, cuando se va marcha atrás, también va hacia atrás, es decir, hace el movimiento inverso. Momento de silencio; tú eres más mayor, tienes más experiencia pero claro, te está hablando un ingeniero que tiene pinta de estar creyéndose lo que dice y es más, atrás hay otro ingeniero y no dice nada (el pobre estaba en el séptimo cielo), ¿a ver si va a ser verdad? Ante la duda, se le da la razón como a los tontos. El ingeniero, al darse cuenta que ha picado en el anzuelo, prosigue su disertación soltando otra bomba: Es obvio, cuando vas marcha atrás, el cuentakilómetros también lo hace vamos, como los cohetes antes de despegar.

La diferencia entre un ingeniero y un currante es que este último consigue toda su sabiduría de su experiencia, mientras que el primero ha de razonar todos sus afirmaciones. ¡Y vaya si lo hizo!. La cuenta atrás del cuentakilómetros era la manera más conocida de trucarlos, de hecho el ingeniero había visto a gente circular hacia atrás hasta poner su cuentakilómetros a cero o a negativo. Vamos, que te podías hacer toda la Ruta de la Plata marcha atrás sin despeinarte.

Menudo jardín, ya no sabía el hombre por donde salir. Gracias a dios que el hijo de tu amigo te echó un capote. Un capote envenenado, de esos que te dejan totalmente descubierto delante de un toro. La pregunta fue: Oye, Pedro, ¿cómo riegas tu jardín? Una vez más rogamos al lector que no vea en esta frase ninguna connotación sexual pues este es un relato blanco, pueril. Esa fue la pregunta; y la respuesta fue: " Yo no uso arpresores, yo lo que tengo es un sistema gota a gota, que estriba que va regandose gota a gota" Pedro, sin darse cuenta, volvió a caer en la trampa que el caprichos le había tendido. ¿Pero para qué explicar en qué estribaba el gota a gota? ¿Acaso no tuviste bastante con la marcha atrás? La cuestión es que le cayó una batería de preguntas cada cual más absurda como por ejemplo, qué pasaba si caían dos gotas a la vez, o si dejaba de caer alguna gota qué ocurría o si las gotas llegaban a todos los sitios.

En fín, menos mal que ya llegábamos al pueblo donde nos esperaban unos viejos conocidos.

¡¡QUÉ CENA DE EMPRESA!!


Tenía cena de la empresa en un sitio tan exquisito, tan exquisito, que su nivel de exquisitez no valía para lo que había en el centro y por eso estaba ubicado a las afueras, concretamente en la Casa de Campo.

Después de la impresión que te causa ver al salir del Metro a un transexual en vivo y en directo (en mi vida lo había visto), me dispuse a dirigirme a donde se celebraba el evento. En medio de la nada se erigía un pequeño castillo con alfombra roja y con velas iluminando el camino hacia la puerta de entrada. Sin duda estaba en un sitio importante, por tanto yo me podía considerar un tipo importante.

Entramos y eso enseguida se convirtió en un lugar de desenfreno. De desenfreno alimenticio las 2 primeras horas, donde uno se cansó de tomar el típico canapé que nunca falla ( el jamón serrano y el lomo ibérico son, hoy por hoy, una apuesta ganadora), pequeñas delicias, mezclas de dulce y salado, y pinchos con muy buena presencia, que no se sabía lo que era y mejor no saberlo, pues cuando uno se enteró, se le revolvieron las tripas ( ¡¡comí codorniz!!); y de desenfreno alcohólico pues, ágarrate que vienen curvas, había 4 HORAS DE BARRA LIBRE.

Eso empezó a desvariar de una manera increible al mismo ritmo que desvariaba el pincha mezclando a Bisbal con U2 o los Beatles y cortando a la mitad todas y cada una de las canciones. Cuatro horas de barra libre se pasan rapidísimo y aún me quedaron ganas de otras tantas más pues no pude hablar con quien quise o me hubiera gustado.

Total, que todo estaba planeado para la vuelta. Un autobús a las 2, otro a las 3 y otro a las 4. Bien, a las 4 menos 10 allí estábamos como unas 200 personas y el último autobús sólo tenía 54 plazas. ¿Cundió el pánico? ¡¡Qué va!! Allí quedamos ese número de personas y el autobús se fue medio vacío. ¿Solución que nos propusieron? Buhometro en la estación de Metro de Lago.

Búhometro que nunca llegó a pasar, al igual que los taxis que llamamos.Total unas 20 personas tiradas en medio de la nada rodeados por un lago y por una carretera oscura de no menos oscuro destino.

Después que tuvieran la gentileza de abrirnos el recinto del Metro, nos disponíamos a esperar a que pasara el tren por allí hasta que nos dimos cuenta que estar una hora en una estación del Metro era tiempo perdido, así que deshicimos el camino andado y nos adentramos en la M-30, ya sabes, esa pseudo carretera donde cruzar es como una gimkana y donde mis relucientes zapatos se tornaron marrones por el polvo.

Nos dispusimos a parar los taxis que por allí atravesaban pero no nos hacían mucho caso, así nos lanzamos a la aventura del Búhometro, y ¡aleluya! pasó uno que hacía el trayecto de la línea circular del metro. Todo iba muy bien, por fín disfrutamos de un momento de tranquilidad. Pero poco duró la alegría en la casa del pobre, pues el recorrido no nos sonaba ni por asomo. Nos picó la curiosidad y le preguntamos al conductor, el cual no dijo que el billete se nos acababa en la Estación de Atocha y que eso eran lentejas, si quieres las comes y si no las dejas.

6 de la mañana, hora y media después de salir de la fiesta, nos metimos en la estación. Y cansado de caminar y de dar vueltas como un tonto, todavía tuvimos que hacer un transbordo en Sol. En fín, a pesar de todo estuvo bien y de no ocurrirme estas visicitudes, esta historia que te he contado no hubiera existido.

POR FAVOR, GIRE A LA DERECHA


Esta es la frase que más recuerdan los alumnos tras su paso por la Autoescuela. Habida cuenta que tenemos un proyecto de profesor de Autoescuela en el grupo, mucho me temo que nos vamos a cansar de escucharla.


Grandes cambios se avecinan a partir de ahora con la relación con el “profesor”. Más que nada porque él, ahora verá la realidad desde una perspectiva distinta, perspectiva que te da el tapiz de hacer todos los días test y jugar con los pedales de un coche.


Ya nos podemos ir preparando con sus cansinas charlas sobre lo que se debe y no se debe hacer en una vía urbana. Nos pondrá ejemplos a todas horas, a cada cual más aburrido, absurdo e incluso irreal (¿alguien ha visto alguna vez un monociclo? Pues es pregunta de exámen de conducir). Haremos como le escuchamos y mostramos interés, pero estaremos expectantes a que llegue el momento de meter baza y cambiar de tema de conversación. Pero como decíamos, el estar todo el día trabajando con test perturba tu percepción de la realidad y acabamos pensando que la vida en sí es un cuestionario. A saber:


1. Estás borracho (pero controlas). Entras en el Capitolium dos minutos para saludar al pincha y de repente ves a la Pili ¿Crees que tendrás una noche lujuriosa con ella?:
a. Claramente si. Una conquista es una conquista y la Pili no deja de ser una cifra más para engordar tu lista de conquistas (Yoli, Paula, Laura, Arancha, Ana, Esther, la prima del Corbe, ¿Javi Decano?).


b. Sí, pero con reservas. Estás borracho pero no ciego y la Pili como mucho llegará a ser la Miss de su portal. Todo sea por engordar la estadística, pero mejor no pregonarlo por ahí.


c. Con tal de llevar la contraria, sí. Uno tiene la reputación de hacer lo contrario a lo que digan los padres y amigos, y esa reputación hay que mantenerla aunque ello suponga cohabitar con la Pili.


d. Sí o sí. El pequeño Alberto necesita una alegría pues lleva muchas decepciones. No se conforma con los estiramientos que su papá hace con él en la Noche Salmantina. Necesita conocer mundo, aunque con la Pili sea más el Mundo Perdido que otra cosa.


2. Te dispones a salir de marcha con 20 € y quieres tomarte 12 copas. Evidentemente ni con segundas copas gratis lo vas conseguir, por tanto a alguien tienes que “tangarle” copas. ¿Quién será el pardillo?:


a. El Taki. Por estar siempre un poco colgado y no enterarse de lo que vale un peine (¿se peina El Taki?). Además en “El Faro” juegas con ventaja pues tiene varias barras y da la casualidad que en una de ellas hay una tía, por cierto una de las queridas de El Taki, que se entera tanto o más que su novio. Si todo eso fallase, siempre te quedará el recurso de decirle: - Jaime entendí que me invitabas. Total, ¿hay alguien que entienda lo que balbucea El Taki?


b. Javi Decano. Apuesta arriesgada pues tienes que pillarle de improviso, y mira que es difícil, porque está siempre en alerta (que si la policía, que si la vecina, que si los relaciones públicas de El Pino, que si las tías que van al servicio, que si el dvd de la pantera rosa…). Tienes que hacer un plan combinado en el que todo suceda a la vez y le líes soberanamente. Suelta estas frases de forma seguida y sin vacilar: Muy bueno el capítulo de la pantera rosa; ¿pero qué hace ahí Marcos el de El Pino?; ¡Coño! Es que ha venido la poli… ¡Y la vecina de arriba!; Por cierto, mira a ver Javi, que han entrado unas tías en el cuarto de baño y Zapa va detrás de ellas.Pero, ¡ojo!, toda maquinaria de distracción no valdrá para nada si no le robas el papel donde apunta las copas.


c. La Blanca Doble. Al precio que tiene las copas, a lo mejor te llegan los 20 € para tomarte las 12 copas. Ese tío lo que quiere es tener animación, y contigo y tus amigos el cotarro está asegurado. Si es que, ¡menuda panda os juntáis!: Uno que da voces, otro que no se entera, el que hace flexiones en la barra de un bar, el que dice palabrotas en un velatorio, el que imita voces y por supuesto, tú.


d. Ángel, el del Irish. Apuesta muy complicada habida cuenta que ese hombre no está para disgustos. Cuando vea la cantidad de copas que te has tomado y que sólo dispones de 20 €, le puede dar un jamacuco y se quede allí mismo, y a ti no se te ocurra otra cosa que decirle: Ángel, me parece que no vas a poder.


3. Tu coche ya se ha quedado obsoleto y quieres cambiarlo. ¿Qué has de decir para convencer a tus amigos y a tu familia que realmente tienes necesidad de cambiarlo?


a. Soy profesor de autoescuela y necesito un coche con pedales en el asiento de copiloto. El Tarta de los únicos pedales que entiende es de los que se coge cada fin de semana y por tanto no me puede trucar el coche.


b. Autolux está suministrando coches a varias autoescuelas y Míchel me vende uno a muy buen precio. Lo único que tengo que hacer es darle el que tengo, con las llantas y las demás cosas que le he puesto nuevas, y pagarle una módica cantidad de no menos de 24000 €.


c. Vida nueva, coche nuevo. Voy a emprender una nueva etapa de mi vida como profesor de Autoescuela y ya no puedo andar con el mismo coche con el que iba Amena. Ahora tengo un estatus superior, por tanto me tendré que comprar un coche superior.


d. Ya no necesito coche. La Autoescuela me proporcionará uno y no necesitaré otro. Además estaré asqueado de andar todo el día con el coche. Necesitaré desintoxicarme de él.
(Evidentemente, como todos habéis supuesto, la respuesta falsa de la pregunta 3 es la d)

En fin, enhorabuena a los premiados y que esto sea el comienzo de una larga y fructífera carrera profesional que ayude a nuestro “profesor” a encontrar una senda en este largo camino que es la vida.

MI AGÜITA AMARILLA Y OTROS FLUJOS. (RECONOCIMIENTO MUNDIAL, 2ª PARTE)


Todo reconocimiento médico que se precie ha de terminar por todo lo alto, y qué mejor que hacerlo con los análisis de orina y de sangre. Para hacer más tensa la espera, no te los hacen a la vez que el reconocimiento en sí, con lo cual el desasosiego te dura hasta que ves a tus amigas las agujas. En ese momento el desasosiego se convierte en canguelo.

Este reconocimiento tenía el firme propósito de desconcertar a los pacientes. Primero el cuestionario sui- géneris. Después el tubito que te dieron para el análisis de orina. Se te queda la cara a cuadros cuando te entregan, eso sí, precintado, un vaso de plástico idéntico a los de las máquinas de café, con un tubo de ensayo dentro tan estrecho, tan estrecho, que a duras penas introduces el dedo meñique en él. El shock es tan fuerte que ni siquiera se te ocurre preguntarle al médico cómo narices se utiliza eso. Pero te vas con la duda a casa. Allí lo inspeccionas, sin abrir el precinto. Lo miras por arriba, por abajo intentando buscar algo que haga de transimisor, de manguera del vaso al tubo. Nada de nada. Sólo te queda una esperanza y es que el tubo funcione igual que una aguja y haya un mecanismo que succione tu líquido elemento. Desencantado, desprecintas y tus peores sospechas se hacen realidad. Tienes que hacerlo a pelo.

¡Qué malos recuerdos me trajo eso! Me llevó a una época oscura y escatológica de mi vida. Fue un verano en el que a mi madre se le ocurrió hacer obra. Nunca echas de menos el cuarto de baño salvo cuando no lo puedes utilizar.Al principio se rompieron los azulejos, luego el suelo, después el lavabo y por último el retrete. Y fue faltar el retrete y empezar los problemas. Por de pronto ya no podías hacer aguas mayores. ¡Qué gran problema! Puedes aguantar un día, como mucho 2 pero ya el tercero te encuentras fatal. A punto de desatarse los acontecimientos, tienes que ponerte a pensar dónde plantar, después de 3 días, un pinar. Las madres son protectoras pero ello no quitan que te pongan en el disparadero ya que, después de confesarle tu aflicción va y le comenta el tema la vecina, la cual, te ofrece gentilmente su cuarto de baño. Ya me lo estaba imaginando, llamando al timbre e ir como una exahalación al retrete y ya de puestos, pedirle que tuviera a mano prensa porque allí te ibas a pasar un rato largo.

Agradecí su ofrecimiento pero uno, que tiene una imágen y un decoro que guardar, pensó en otras alternativas. Y para ello me valí de una de mis mejores cualidades: la observación. Comprobé que mis padres estaban bastante aliviados y que no sentían esa angustia que yo tenía por dentro. Y pensé, ¿qué me diferencia de mis padres? A parte que soy más joven y más guapo, la cosa estaba clara: ellos trabajaban y yo. Ellos se aliviaban en el curro y yo no tenía trabajo, pero si tenía un centro donde echaba muchas horas.

Ya sabía dónde evacuar, tan sólo quedaba que me diera tiempo a cumplir mi misión, pues los dolores eran cada vez más agudos. A pesar que la idea era brillante, el plan era bastante chabacano porque aparecer en la biblioteca, sin apuntes, sin libro, con cara de circustancias, a última hora y cuando no hay exámenes, era, cuanto menos, sospechoso. Yo quería pasar desapercibido pero allí tenía a un bibliotecario en la puerta de entrada recibiéndome a puerta gayola. El cual me vio como fui directamente al baño y cómo cuando salí hacía el paripé como buscando un libro en la base de datos.

La etapa de desconstrucción del cuarto de baño seguía su curso y la siguiente restricción fue no poder hacer aguas menores. Por suerte había en casa un recipiente de cristal llamado conejo y diseñado para que nosotros, los hombres, lo rellenemos cuando no hay retrete cerca ( Por favor no ver ninguna connotación sexual en este párrafo). Gracias al conejo, descubrí una nueva habilidad que era la de poder rellenar, si me lo propusiera, una litrona de cerveza. También descubrí lo calientes que salían los líquidos de mi interior. Y fue a este momento al que retrocedí cuando de una mano sostenía un vaso de plástico y de la otra un tubo de ensayo.

Como los toreros me lanzé al ruedo y lo hice. Comprobé que mi habilidad de rellenar litronas seguía intacta y dí gracias a dios por conservar mi buen pulso, lo cual me permitió rellenar el tubo sin derramar ni gota. Después de un tortuso viaje en metro, rezando para que el tubo aguantase esas acometidas más que nada porque estaba al lado de los bocadillos, llegué dispuesto a que un drácula de turno me quitara sangre. Ví a las agujas; ellas se alegraron de verme, yo no. Miré para otro lado y me dejé martirizar. Casi me mareo, no por la sangre extraída si no porque, ¡había rellenado 3 tubos de sangre! Y lo que es peor, ¡la sangre estaba negra como el alquitran! ( Ver "Reconocimiento Mundial") ¿Tan mal estaba por dentro? ¿Me comeré el turrón? ¿ Y las torrijas?

Conclusión: Si cuando todo esto empezó me encontraba bien, no tenía un dolor. ¿Por qué cuando se acabó todo esto tengo la sensación que necesito un cambio de chapa y pintura? Al médico hay que ir cuando esté mal, antes es tontería.

RECONOCIMIENTO MUNDIAL


El irme a Madrid está suponiendo que queme etapas rápidamente. Y una de ellas es ir a parar a una multinacional y en 3 meses obtener, por méritos propios, un reconocimiento mundial. Pero, me tengo que explicar, lo mío no va suponer que haya convertido en un salmantino universal, para eso tenemos a nuestro alcalde (geniales las ocurrencias de ese expoliado hombre), ni que siente cátedra en algún aspecto. Digamos que lo que he hecho ha sido un juego de palabras.

Miércoles día 1 de Marzo. Comienza un nuevo mes y encima tienes la tarde libre (¿se puede empezar mejor?) Pero en esta vida no se regalan duros a cuatro pesetas por tanto el tener la tarde libre era por una circustancia concreta: has de visitar al Doctor.

Llegas con el convencimiento que esa visita va a ser un mero trámite y que no se te van a complicar ninguno de los planes previstos para la tarde. ¡Qué craso error! Lo peor que te puede pasar es que hayas trazado un plan y que dicho plan se desmonte desde el principio por un imprevisto con el cual no contabas. En este caso el imprevisto iba disfrazado de cuestonario médico.

Te encuentras en un terreno que no dominas. Aún así no cunde el pánico porque te haces una idea de lo que te pueden preguntar; pero no, aquello parece redactado por un esquizofrénico, un obseso o un hipocondríaco. ¿Pero que pregunta es esa de si tienes las heces negras como el alquitrán? Lo primero, ¿qué son las heces? Por favor, llamemos las cosas con propiedad, a eso se le llama cag..., y éstas se dividen en dos grupos: tordos o chocolate; en función de la dureza y espesor del elemento orgánico expulsado.

La pregunta anterior correspondería a la categoría de preguntas boleo, porque el criterio de selección de respuesta estaría cercano al pinto pinto gorgorito. Pero las hay aún peores; no por esperadas menos temidas: las preguntas hipocondríacas. Como muestra un botón: ¿has descontrolado alguna vez el parpadeo de un ojo?, ¿has llegado a cojear alguna vez sin proponértelo? ¿Te has mareado alguna vez?¿Has tartamudeado alguna vez? Si nos damos cuenta hay un elemento común en todas esas preguntas: la palabra alguna vez. Buscas en los rincones más ocultos de tu memoria para darte cuenta que, alguna vez, padeciste semejante sintomatología. Pero lo que es peor, como eres una persona que somatizas todo, empiezas a padecer, mientras un sudor frío recorre tu cuerpo, todos esos síntomas a la vez. Y justo en ese momento te llaman por megafonía: El médico te espera.

Momento patético aquel en el que vas de la salita de espera a la consulta del médico. Patético porque te diriges a esa puerta que gentilmente te ha abierto el Doctor, guiñando el ojo como Millán Salcedo (¡¡Enncana!!), cojeando ostensiblemente como Fraga, con una cara de mareado que pareces un colgado, y dándole a duras penas las buenas tardes al hombre de la bata blanca pues tu rictus es parecido al de la Duquesa de Alba.

A medida que va trancurriendo la charla con el Médico te vas sintiendo mejor, aunque sólo sea porque en caso que te pase algo allí, alguien te iba a socorrer.Vuelve a sobrevolarte la idea que todo aquello es puro trámite. Llega el momento de despojarse de tu ropa y quedarte en paños menores. Lo haces sin miramientos; confiado vas poniento tu ropa encima del biombo que vela por tu intimidad, que hace que cualquiera que entre por la puerta de la consulta no te vea en semejante situación. Te ordenan tumbarte en la camilla y lo que parece una operación rutinaria se convierte en una pesadilla. No es que la camilla sea eléctrica y allí te vayan a electrocutar. ¡Qué va! El bochorno viene antes que te tumbes; viene en el momento que te giras hacia la camilla, momento que dejas a tu espalda el biombo y compruebas como una enorme cristalera, sin cortinas por medio, hace que veas pormenorizadamente las torres que rodean a tu empresa y la enorme plaza que las sustentas. He aquí mi Reconocimiento Mundial.

Porque el diagnóstico te lo da un profesional médico pero el reconocimiento te lo hace gran parte de las plantillas que trabajan en el mayor centro financiero del país. Lo peor es que tú no los ves porque es tanto el espectro que abarca tu vista que no sabes a donde mirar. Instintivamente te tapas tus partes nobles, te sientas en la camilla y te dispones a una sesión de sobe del médico. Sin enfermedad aparente te vistes, no sin antes con ganas de dedicarles un calvo a la concurrencia.

Avanzamos por el proceloso mundo del reconocimiento y llegamos al momento en que toca inspeccionar tus pabellones auditivos. Aquello es totalmente nuevo para tí, pues por de pronto te tienes que meter en una cabina que asemeja a los estudios de grabación de Operación triunfo, ya que está forrada para que esté totalmente insonorizada. Por un momento te sale el Bustamante que llevas dentro y no puedes por menos que canturrear: "No soy un Supermán, soy un tipo muy sencillo que te quiere enamorar" (la emoción, coño, que es mucha). Lástima que dicha cabina no llegue a categoría de habitación y se quede en habitáculo pues si te estiras te das con el techo, si te expandes te das con las paredes. Tu plan de hacer allí un remolino Bisbal queda fustrado. La mecánica de dicho ejercicio es muy sencilla. Te colocan unos cascos, un pulsador y se trata de pulsar cada vez que tus cascos emitan un pitido. Al principio la cosa tiene su gracia, pasados 10 minutos es bastante cansino.

Y por último la prueba estrella: el aspirómetro. Dicho aparatejo mide tu capacidad pulmonar y es un alcoholímetro conectado a un ordenador. Acumulas todo el aire que puedas en tus pulmones y lo expulsas por la boquilla del aparatejo, el ordenador marca un función creciente en un eje de coordenadas. Una vez que expulsas todo el aire, mantienes chupada la boquilla pues lo siguiente que tienes que hacer es intentar aspirar todo el aire posible. Esta vez la función que sale reflejada en el ordenador es también creciente pero inversa a la anterior ( crece en el eje negativo) Después de este momento didáctico, vienen los resultados. Me salí del mapa en la prueba de expulsar, eso parecía el perfil de una etapa de montaña del Tour de Francia. De lo aspirar, mejor no hablamos. No fuí capaz de hacer crecer la función exponencial, la línea era recta como las constantes vitales de un muerto. Mira que me dieron 3 oportunidades, pues nada. Cada peor, casi me ahogo en la última, venga a toser como un loco. Después de este momento un poco vergonzoso, cogí el toro por los tuernos y me dí cuenta que a la pregunta, ¿escupes o tragas? yo claramente tendría que contestar: escupo, escupo.

Aún quedaba la prueba de la donación de líquidos para la ciencia ( análisis de sangre y de orina) pero aquello me hizo revivir viejos fantasmas que explicaré en otra ocasión.

CASTELLANO / MADRILEÑO – MADRILEÑO / CASTELLANO

Que España es un país de múltiples nacionalidades, nos va quedando claro después de la marea del Estatut. Que en la Península Ibérica se hablan múltiples lenguas, es algo que todos sabíamos. Ahora bien, que el madrileño fuera una de ellas es algo que desconocía.

Hasta ahora, sólo identificaba al madrileño como un acento. ¿Quién no ha oído alguna vez un "eg que"?. Oir a José "Pepe" Bono es una muestra de ese acento. Pero no, el madrileño va más allá y es un idioma en sí mismo. Además un idioma fácil de asimilar; tanto que antes que tú creas ya lo estás utilizando.

Veamos un clarísimo ejemplo viendo un texto en castellano de una pureza exquisita y su correspondiente traducción al madrileño:

UNA BONITA MAÑANA (En Castellano)

Abrí la persiana y la luz del Sol irradió toda mi habitación. Alzé mi vista al cielo y me quedé obnubilado viendo la claridad del cielo. Sin duda era una mañana hermosa para ir a trabajar.

Como era cotidiano, me dispuse a ducharme. Esta vez lo tuve que hacer con agua fría pues el agua caliente se había estropeado. ¿Qué se le va a hacer?. Después de ese inconveniente me dispuse a desayunar viendo en la televisión las primeras noticias del día. Ese día hubo una que me sorprendió y no muy gratamente: Florentino Pérez había dimitido de su cargo al frente del Real Madrid Club de Fútbol. Los últimos actos de indisciplina de algunos de sus jugadores, en particular de Ronaldo, habían precipitado su decisión. ¿Qué se le va a hacer?. La vida sigue.

Bajé a la calle y en cuanto puse el pie en la calle, pisé las heces de un perro. La vida dio que había un jardín cerca y me pude limpiar la suela de mi zapato izquierdo. No le dí más importancia y me dirigí hacia el paso de peatones que tenía a mi izquierda. Iba a cruzar pero tuve que desistir de mi idea porque un conductor no me había visto y no paró. Se conoce que tenía prisa. El pobre llegaría tarde al trabajo.

Llegué al Metro y enseguida me dí cuenta de la cantidad de gente que entraba a trabajar a la misma hora que yo. Es sorprendente la cantidad de personas que pueden entrar en un convoy de Metro.Ni te lo imaginas. De acuerdo, no puedes estirarte pero hay cosas peores que te claven un brazo en tu barriga o que huelas la axila del tipo que tienes a tu derecha. Total ¿qué se le va a hacer si todos tenemos la misma hora de entrada? Si al menos fueran escalonadas...

Salí de la boca del Metro y la claridad se había tornado en oscuridad. Las nubes amenazaban tormenta. A pesar de todo seguro que hoy iba a ser un gran día.

UNA BONITA MAÑANA (En Madrileño)

Sonó el degpertador. ¡Vamos, no me jodas! Otra vez a trabajar. ¡Qué puto coñazo!. Subí la persiana y el solazo me dejó cegado. Estaba todo degpejado, agígque tenía que hacer una rasca que te cagas.

Medio ciego y medio sonámbulo me fui hacia el váter a pegarme un duchado. Venga a egperar que saliera el agua caliente, y la puta de ella no salía. Vamos, yo lo flipaba con la rasca que hace en la calle y yo duchándome con agua fría. No me jodas... Más cabreado que Jiménez Logjantos en un mítin del PSOE enchufé la tele mientras me comía un Colascao. Me quedé de piedra, colega. El Florentino se piraba del Madrid. La culpa la tenía el jambo ese de Ronaldo. Y encima va su colega el Roberto Carlos y dice que le da igual. Yo lo flipo, tronco.

Superpillado de tiempo bajé a la calle, que ya llegaba tarde al Metro. Y voy y piso una cagarruta que me apuegto el cuello, colega, que es del cacho perro, que ni es perro ni ná, del jambo del vecino. Me la limpié en el verde ese que hay al lado del portal y no quedó superlimpio porque tenía prisa. Me puse a cruzar la calle y por poco un colega no me lleva por delante. Me dio un susto que te cagas. Me cagué en su puta madre y en todo su paentesco. Y encima el jambo, va y me hace una sardineta. ¡Vamos, no me jodas!

Menuda movida cuando llegué al Metro. Allí egtábamos 40 y la madre porque venía un tren con retraso. Me cago en Gallardón y en Espe y sus regpectivas madres por dejar Madrid como una topera. Cuando llegó uno casi me pego con un colega, tronco, que se me quería colar. Le dí su merecido dentro clavándole mi brazo en su barriga. Lo que paso es que al cabrón de él le olía los alerones que no veas, así que no sé quien acabó peor. En cuanto pude ahuequé el ala de allí porque entre tanto sobaco me estaba poniendo supermal, colega.

Total, que salí de la boca del Metro. Y estaba cayendo una que te cagas. Venga a llover y yo sin paragüas. Vaya puto día que me iba a tocar vivir.

ODA A UN AMIGO RECIÉN OPERADO


Tú, trabajador incansable
deportista inagotable
en suma, persona destacable
fuiste a Valencia
no en busca de sapiencia
sino en algo que se ha dado en llamar complaciencia.

Mira que eres "snob"
y siempre te gustó ser un poco Willy Fog,
pues no se necesita tanto ajetreo
para eso del folleteo.

¡Cuánto plan estropeado!
¡Cuanto talento desaprovechado!
Pues después de tanto esperar,
no pudiste cohabitar.

Joder, te jodiste
aunque no con la persona que quisiste
sino con una apéndice puñetera
que actuó de ramera

Postrado en el lecho del dolor
te entró una honda preocupación,
¿habrá llegado a casa el niño melón?

Como es tradición, el te llamó
pero no pudiste olvidar,
muy a tu pesar,
que tu finde de fornicio
no fue vicio sino suplicio

BAR, VISITE NUESTRO BAR


Baaaaar, visite nuestro baaaaaaar decía una buenísima canción de un grupo español con letra erógena y letrista de incalculable valor literario, como muestra alguna de sus últimas creaciones ("Lo noto, puedo ser un cabrón, pero lo noto"). A lo que íbamos, no nos despistemos, en nuestra cultura de fiesta diaria y cachondeo la figura del bar es imprescindible ya que se necesita un recinto para canalizar todo el friquismo que los españoles llevamos dentro.

Lo más importante es encontrar un sitio de referencia, un sitio donde te sientas como en casa o incluso, ya consideres tu casa pues pasas más tiempo allí que en tu hogar. ¿Qué buscar en esos sitios? Es una amalgama de cosas, a saber: ambiente distendido, música, camareras a las que dar carrete pero sobre todo y por encima de todas las cosas, que te pongan la segunda copa gratis. Llegar hasta allí es un camino arduo y complicado. Tienes que dorar mucho la píldora. Por ejemplo darle mucha conversación a los camareros/as o al encargado hasta casi convertirte en un cansino o emplear una serie de frases que te sacarán de cualquier tipo de apuro ("Ángel, cuando puedas: Ángel, Javi, Patricia, Laura, Juanma, etc). Todo esto para llegar a la siguiente fase que es la complicidad entre tabernero y cliente.

La complicidad consiste en que el camarero ya con un simple gesto comprenda lo que tú quieres sin necesidad que tú abras la boquita. El cúlmen de la complicidad consiste que tú entres en el garito y antes que te sientes en el sitio estratégico que tienes reservado en el mismo, tengas tu consumición sobre la mesa . Eso es una muestra del status del que tú gozas allí. La siguiente fase es comportarte como si estuvieras en casa.

Aunque a lo mejor en tu casa no te dedicas hacer gimnasia apoyándote en una encimera, a miccionar en un sitio que no es el servicio o puestos en este plan, a enseñar y estirar tus vergüenzas para que estas vean un poco de luz pues hace mucho que no vas a Santiago con tu novia. Por supuesto no te dedicas a faltar al respeto a tu padre cosa que si haces con el encargado del garito donde lo menos que le dices es que se parece a Jean Paul Gaultier.

Ahora bien, lo mejor de todo, quitando las excursiones guiadas y organizadas al cuarto de baño de las mujeres, es relacionarte con la flora y la fauna que allí habita. Habría que diferenciar entre camareras y clientela. A las primeras te las tuviste que camelar para conseguir la segunda copa gratis; una vez conseguido eso, lo que hay entre vosotros es una tensión sexual no resuelta a pesar que niegues, como Santo Tomás, que no te gusta pero ya se sabe, repudias a las que amas y amas a las que te repudian. Incluso con tu novia delante estás más pendiente de la camarera que de ella. En cuanto a la clientela, si considerabas que tus amigos y tú sois "friquis" no andabas desencaminado ahora bien, los hay más "friquis" que tú. A saber, un tipo orondo parecido a boliche el de "Los Serrano" , al que nunca has oído a hablar y que responde a todo lo que le dices con una sonrisa, no sabemos muy bien por qué, lo más probable es que no te esté haciendo ni puñetero caso. Un tartamudo, con el cual te saludas cariñosamente y al que le das recuerdos para su madre. Para él que eres una especie de Dios, no en vano te tiene un altar en su tienda y cuando entras en ella se disparan todas las luces y suena por el hilo musical la bonita canción del la película "Cabaret": Money,Money,Money . Se me olvidaba el mejor de todos, el mejor bailador no puede estar sin castañuelas y el verdadero toque de calidad a la clientela lo da un tipo al que llaman ZAPA. No entendemos muy bien el nombre pues le pegarían mejor otros como EL DIVINO, EL L´OREAL (porque yo lo valgo), o el BOOMER (por su afición a los chicles). ¡¡Qué clase tienes, cabrón!! parece que le grita la gente que le ve. ¡¡Qué poses!! ¡¡Qué manera de atusarse el pelo!! Ni la divina y pobre Carmina Ordoñez llegó a su nivel de sofisticación. Sobre todo, ¡¡Qué manera más desenfrenada de masticar chicle!! Le saca todo su jugo. El calificativo de hijo del viento que se ganó Carl Lewis habría que dárselo a este hombre, que todas las mañanas cuando se mira al espejo se emociona de lo guapo que es y sobre todo, de haberse conocido. Y además marca tendencia; lo hemos visto con gafas, sin ellas, con el pelo corto, con el pelo largo y engominado, ahora con el pelo ensortijado dejando ver el lado salvaje que oculta en su interior. ¿Lo llamarán zapa por sus zapatos? Seguro que lleva lo último de lo último, por cierto que lo último que le vimos fueron unas chanclas, chanclas que no sé si se atreverá a volver llevar habida cuenta que un energúmeno, porque no merece otro calificativo, un amargado porque le roban en la obra en la que trabaja (Mirar "Rinconete y Cortadillo"), tira las colillas de los cigarros que fuma al suelo sin fijarse donde caen y esta vez cayó en los bonitos dedos del castigador del chicle.

¡¡Qué entrañable es todo esto!!

¿Qué hacer cuando un móvil se cae al suelo?


Lo primero: Recogerlo y ver si funciona. Si no se enciende no pasa nada; hay que mantener la calma pues cuando lo compraste firmaste un seguro que te garantizaba otro móvil. Confiado vas a la tienda donde lo compraste y....¡¡Sorpresa!! Sólo te dan un móvil si te lo han robado con intimidación.

En esos momentos hay que ser fríos y pensar, sobre todo pensar, pensar como pensaste cuando te robaron el hidromasaje de la obra donde trabajas (ver "Rinconete y Cortadillo"). Hay que idear un plan, un plan perfecto que ahora ningún guardia civil de paisano te pueda estropear. ¿Qué hacer? Muy sencillo; ¿cuándo te roban dónde vas? Efectivamente: a la comisaría a denunciar.

Llegas allí con la lección aprendida pues tienes memorizados los rasgos físicos de tu "supuesto" agresor. Te sientas, lo describes y te vas -eso es lo que pensaba nuestro hombre-. Lo que no esperaba es que después de ello tendría que hojear un libro gordo, no el de "Petete" precisamente, para reconocer a "su atracador". Con tres policías escoltándole, aguantó tres cuartos de hora viendo a tipos de lo más variopintos y como la cosa le parecía entretenida, de cada uno de ellos hizo un comentario. A saber: "No, ese no, era más alto", "No, más delgado y más rubio", "¿Era drogadicto?- No, no me lo pareció". Se estaba gustando, había interiorizado su farsa y hasta encontró algún conocido en el Libro de Sospechosos.

Salió con la cabeza alta de comisaría, pero aún quedaban cabos por atar. Hemos de apuntar que nuestro hombre, puesto a denunciar un robo, ya denunció un robo en condiciones es decir, pérdida de móvil y de tarjeta de crédito (Esto no es ciencia ficción aunque lo parezca, hemos de recordar que todo empezó porque un móvil se cayó al suelo). Así que el siguiente paso era ir a cancelar su tarjeta de crédito. Allí fue y le dijeron que sin ningún problema, que se pasara dentro de unos días a recoger su nueva tarjeta.

Spain is different:

Al cabo de unos días nuestro hombre recibió una llamada de la oficina de objetos perdidos diciéndole que allí estaba su móvil hurtado, ¡vaya! ahora que "Don Tarta" le había arreglado el móvil que había dado sus huesos con el asfalto. Pues si hay que ir se va, y nuestro hombre para allá fue y se juntó con dos móviles, uno de los cuales regaló gentilmente a su hermana. Pero aún le llegarían más sorpresas. Cuando fue a buscar su nueva tarjeta, no se la dieron ya que no habían dado de baja la "robada" (vaya putada si llega a ser verdad, pues habían pasado 5 días).

No me canso de repetir que toda esta historia tiene su orígen en la caída libre de un móvil al suelo. Que cierto aquel dicho que decía que de un grano se hacía una montaña de arena.

Mi primera huelga



Hace unas semanas asistí en primera persona a mi primera huelga. Tuve la sensación de cierto desvirgamiento, de algo que tarde o temprano tenía que ocurrir, de un paso necesario que en toda vida laboral ha de darse. Igual que en tu vida personal, la caída de tu primer diente es todo un acontecimiento este momento huelga también fue expectante.

Mañana fría de un día del mes de Febrero, sales aturdido por la luz del sol después de haber estado media hora en la penumbra del Metro y te dispones a cruzar la calle, cuando una pancarta en lo alto de un puente te anuncia un conflicto laboral. Caminas con paso firme por la acera acercándote cada vez más a la concentración de piquetes que hay en la puerta de entrada. Dos certezas hacen que te tranquilices. Una de ellas, la presencia de dos furgones policiales. La otra, el hecho de haber quedado con todos tus compañeros en una Cafetería para ir juntos hacia la empresa.

Llegó el momento. Cuan procesión de Semana Santa, el rebaño de trabajadores se dispone a realizar su travesía. Travesía que se ve trufada de sonrisas falsas, conversaciones irrelevantes para así negar la realidad que te espera y por qué no decirlo, para disimular el desasosiego que sientes en tu interior.


¡Sorpresa! Los sindicalistas te reciben con una sonora ovación y te hacen pasillo. Por un momento te abstraes de la realidad y te crees campeón de la Champions League y que luego vas a salir al balcón para ofrecer tu trofeo a la afición. Te crees el Rey del Mambo, una estrella, un ídolo de masas. Pero una palabra te baja de la nube.

¡Esquirol! No sabes muy bien lo que significa pero por la cara que ponen al pronunciarla, te das cuenta que no es un piropo. Desde luego cuando ya tomas conciencia de la situación es cuando te llaman ¡¡Borrego!! Y se te cambia el rictus de la cara cuando ves impactados huevos en la pared de la empresa ( y aún les quedaban más). Eso sí todo en un ambiente festivo y poético, pues todo lo que declamaban era cantado y rimado. Ni la generación del 27 lo podría hacer mejor. Por un momento los envidié: yo yendo a trabajar y ellos de cánticos espirituales. Para rematar la faena y cuando ya estábamos dentro del edificio, una mascletá nos recordó que no quedaba mucho para las Fallas.

Y es que la vida, como las huelgas, es una fiesta.

Cuando sentarse en el trono supone un suplicio.


El trono, también llamado letrina, catre, roca o gala (según el modelo) es un sitio al que se va no de motu propio, sino por obligación, porque se siente una llamada, la llamada de la madre naturaleza y ante eso, nada se puede hacer.

Tantas acepciones como el propio lugar tiene el acto de ir. A saber: Ir de hacer del vientre (la más formal), hacer aguas mayores, plantar un pino (la más ecologista), irse de bareta, conciliarse con la naturaleza (la más filosófica), hacer chorizos (muy propia en guijuelo).

¿Y qué decir de lo que allí se cuece? Es cuna de grandes pensadores, donde a uno se le ocurren las mejores ideas y paridas (ésta se me ocurrió allí). Y donde uno se aficionó a la lectura. Yo los grandes clásicos los leí allí y no en la escuela. Se debería incentivar el ir a hacer de vientre antes de ir a la escuela.

El recinto al que voy no tiene mucho misterio. Casi podríamos hablar de habitáculo, una especie de zulo estrecho y sin ventanas, con un pequeño conducto de ventilación por una de cuyas rendijas asoma algo, que a ciencia cierta no sé qué es. Aparentemente parece una pata, pero no de cerdo precisamente. Yo me inclinaría por un roedor que estiró la pata, nunca mejor dicho, al no poder aguantar los efluvios que por allí emanaban.

Uno ya se coloca en posición de salida pero el coche se gripa, no arranca. Se masca tensión. Tensión derivada del hecho que no vas al water cuando tu intestino te lo pide sino cuando hay calma chicha en el tema de los albaranes es decir, cuando no aparece ningún fulano de mono verde o azul, pidiéndote que le hagas un albarán. Hay que saber elegir el momento adecuado, pero cuando mejor lo eliges peor te sale. Estás apunto y...¡¡zas!!, oyes cerrarse la puerta de la oficina (entre el water y la oficina sólo media un tabique) y tras ello una voz varonil pronuncia aquello de: ¡¡Buenos días!! (O tardes). Y esto ocurre justo en el momento en el que más inspirado te encuentras y claro, te entra la duda, ¿expulsas o retienes?. Elijas lo que elijas, la elección nunca será la correcta. Te levantas y vas cariacontecido a hacerle el albarán al hombrito, sabiendo que tu momento "All Bran" ya se acabó en todo día. Pero esto no es lo peor.

Porque si se ha dado el caso que tú has podido descargar a gusto, luego te queda otro toro por lidiar. Un Vitorino o Mihura. La cisterna. Resulta que vas recogiendo el campamento, te aprovisionas de la escobilla si es preciso, diriges tu dedo índice hacia el botón que, mágicamente, hará saltar el agua y ocurre lo que nunca quisiste que ocurriera. El botón no ofrece ningún tipo de resistencia, está fofo y el agua no aparece. En esos momentos la expresión de la cara es todo un poema. La palidez inunda por completo tu rostro y se te nubla la mente. Lo primero que piensas ya que de la mano sostienes una escobilla, es utilizarla y lo haces. Pero claro, en esas circustancias la escobilla parece más un imán que una escoba. Lo atrae todo, todo lo malo y el papel sobre todo. Eso acaba pareciendo un algodón de feria.

Todo hombre hispánico tiene alma de ñapa y empieza a tocarlo todo. Y gracias a la combinación de llave de agua y apretar sistemáticamente el botón de la cisterna, el agua va fluyendo lenta pero segura. Así por la bobada has consumido unos 20 minutos. La peña debe pensar que estás plantando toda una reserva nacional, y lo que menos te importa son los de los albaranes. Solucionas el envite y sales como orgulloso de allí. Con la autoestima alta. Sólo hay un pero.

Que el siguiente que entre en el baño sea tu jefe, a la sazón dueño de la fábrica, y vea que de la cisterna no deja de manar agua, sabiendo que ese día se le habían muerto cochinos de la finca por falta de agua. Bronca al canto y sambenito de rompe-cisternas.

En fin, como dice el dicho de la perrita: "Entre todos la mataron y ella sola se murió"


PD: La cisterna daba problemas desde hace días, el jefe lo sabía, el fontanero en 1 sólo minuto y sin hacerle nada dijo que estaba perfectamente. Desde entonces me cuelga ese sambenito y ahora voy a plantar pinos al servicio de los vestuarios