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TENÍA TANTAS COSAS QUE CONTARTE


Hasta que no desaparece, no tienes conciencia de lo grande que era, de lo mucho que, sin darte cuenta, podría estar aportando a tu vida. No lo echas en falta hasta que falta. Y cuando falta…qué dura se hace su ausencia.

A veces en las relaciones humanas se tejen interconexiones invisibles de las que no percibes nada hasta que desde uno de los extremos, la cuerda se rompe. Y hasta entonces puede que tú no percibas lo que te une a otra persona, que estés tan ciego que no te des cuenta que está ahí. Pero de repente, un triste acontecimiento te aclara tu visión borrosa que habías tenido hasta entonces. Y es ahí cuando te das cuenta de todo el tiempo que has perdido.

Porque siempre has pensado que esa otra parte de la cuerda siempre iba a estar ahí, que siempre te iba escuchar cuando lo necesitaras y lo mejor de todo, sin pedirte nada a cambio. Vamos, que era un cheque en blanco al portador. Cuando lo necesitases, siempre podrías echar mano de él.

Y mientras tu vida pasaba. Tu ímpetu te hacía salir de situaciones más o menos complicadas, tus ganas de vivir hacía que no te pusieras límites. Pero no todo se suple con ímpetu, juventud y ganas, tarde o temprano necesitarías de alguien que, gracias a su experiencia, te arrojara algo de luz en algunos claro-oscuros que te ibas encontrando por el camino. Y tú mientras, estabas tranquilo porque sabes que en esos momentos podrías acudir a tu “comodín”.

Por estas macabras casualidades que tiene la vida, no te pasa nada hasta que te pasa algo. Y te pasa todo de golpe y justo cuando eso ocurre, no tienes el otro extremo para sujetarte. Parece que caes por un precipicio sin tener ningún arnés con el que sujetarte. Siempre estuvo ahí, apenas lo utilizaste, pero cuando más necesitabas su consejo, él no estaba, se había ido para siempre. Demasiado pronto, pues tenía tantas cosas que contarte…

1 comentarios:

Y por suerte nunca hay un abismo tan grande que no tenga fin y aunque el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra también puede levantarse de las caidas más fuertes.