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CONDENADOS A NO OLVIDARSE


Toda mi existencia pensando que el cuerpo de uno a uno le pertenece, y que la vida de cada uno, es eso, de cada uno… y resulta que no es así. Hay hechos que demuestran lo contrario y las vidas de unos y de otros se entrelazan creándose nexos de difícil separación.

Por más que hayas querido olvidar, pasar página, plantearte un futuro sin rémoras del pasado, hay determinados episodios que están ahí para no irse nunca. Puedes poner toda la tierra de por medio, romper las cadenas que, como los asesinos, siempre acabas volviendo a la escena del crimen.

Uno entendería ese retorno cuando el recuerdo que prevalece es bueno, cuando los momentos felices contrarrestan a las malas experiencias, cuando aún queda una llama que no ha sido extinguida. Pero seguir atado a algo que te produce daño, ¿qué sentido tiene? Probablemente ninguno, pero seguramente es algo inexorable en esta vida: no olvidas lo que te dejó mella.

A ciencia cierta desconozco a qué afecta exactamente, ¿al alma, al corazón, a la mente?; no lo sé, pero se introduce en tu cuerpo y pasa a ser parte de tu vida. Y lentamente te arrastra, poco a poco, silenciosamente, se va apoderando de ti; de tenerlo olvidado pasas a cederle un lugar preferente en tu vida. Ingenuamente lo vas aceptando porque piensas que las cosas igual no son como antes, que el tiempo que ha mediado ha servido para madurar y que todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad. Por eso las cosas no son como antes, se va con mucho recelo por si todo se va al traste. El ir paso a paso, sin prisas, sin cometer errores anteriores, hace que te esperances y que esta vez sí, la cosa pueda funcionar.

¿Qué ocurre con toda la vida que te habías creado para olvidar el pasado? Pues sin olvidarla, la dejas de lado porque a fin de cuentas esa vida la has cimentado para olvidar el pasado, esas nuevas relaciones están en fase de maduración y te acabas de dar cuenta que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer, sobre todo si “ese malo” tiene posibilidades de volverse bueno.

Los pasos que vas dando cada vez son mayores y tu vida va pareciéndose a la de antes, con nuevas circunstancias pero esencialmente igual. Y tanto se parece a tu vida anterior, que el motivo por el que todo se rompió vuelve a resurgir. Por muchas ganas de cambio que se tenga, el movimiento se demuestra andando, y si no ponéis nada de vuestra parte por cambiar, si todo se queda en palabras y no en hechos, estamos en las mismas y si aquello se rompió, ten por seguro que se volverá a romper.

¿Y ahora qué? Ruptura, vuelta a empezar y el firme convencimiento que aunque te vayas a los confines del mundo, nunca lo vas a olvidar, porque está marcado a fuego en tu cuerpo como si fueras una res, como si le pertenecieses, como si estuvierais condenados a no olvidaros. Ese será tu sino.

1 comentarios:

No creo que haya nada tan tan tan definititorio en esta vida. Puede ser muy fuerte pero se puede lograr superar.