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LA REALIDAD Y LAS EXPECTATIVAS


A veces el cerebro actúa como una lente deliberadamente desenfocada que hace que las expectativas distorsionen lo que está ocurriendo en la realidad. Si esas expectativas están relacionadas con el amor, la cosa puede llegar a magnificarse.

Las expectativas pueden hacerte creer que el comienzo de una relación está íntimamente relacionado con el destino, esa cosa etérea e incorpórea que dicen que está escrito. Que el uno está hecho para el otro, que eso estaba predeterminado desde tu nacimiento y que ahora que te acabas de dar cuenta, ni nada ni nadie os podrá separar.

La realidad desgraciadamente es menos soñadora, aplica más la lógica y considera que si dos personas se conocen probablemente sea por un cúmulo de casualidades, por estar en un determinado lugar en un determinado momento y no por una alineación de planetas.

La bisoñez de las expectativas no tiene límites. Cuando una relación empieza a funcionar, comienza a planificar el futuro, a imaginarse cómo será la realidad con esa otra persona dentro de unos años…qué digo años, ¡el resto de su vida! No vislumbra dificultades, cree que el camino es todo recto y no considera que habrá agentes externos que puedan llegar a minar esa relación. Todo es maravilloso y feliz.

La realidad es mucho más pragmática, considera que si dos personas están disfrutando en el día de hoy, ¿por qué preocuparse del mañana? El futuro es algo incierto que en un porcentaje alto no podemos controlar. Casi es mejor no planificar nada no siendo que, por diferentes motivos y circunstancias, las expectativas no lleguen a cumplirse.

Y luego está el compromiso. Las expectativas tienen un sentimiento de lealtad muy grande y hacen que solo pertenezcas a una sola persona. La realidad siente vértigo al oír la palabra compromiso, es de mente más liberal y no quiere ataduras de ningún tipo porque, si la relación comienza a resquebrajarse, ¿merece la pena estar con alguien por mero compromiso? En ese aspecto, es más consecuente con sus sentimientos.

Llegados a este punto, aparece el dilema moral. ¿Hacemos caso a lo que dictan las expectativas mentales que nos hemos creado? O por el contrario, ¿somos fieles a lo que nos marca la realidad para evitarnos disgustos futuros? La raza humana, conservadora por naturaleza, optaría en la mayoría de los casos por la segunda opción. Lo malo es que cuando te lo has jugado todo a esa carta, la otra persona, por esas “casualidades” del destino, puede que encuentre al hombre/mujer de su vida y te quedes compuest@ y sin novi@.

COMPLETO INCOMPLETO


Dicen que los años confieren madurez, que la experiencia es un grado y que nunca se estará mejor que ahora. Pero hay motivos para desmitificar todo esto.

Aunque todo va muy deprisa y apenas tenemos tiempo para saborear los buenos instantes que la vida te depara, hay momentos en los que uno puede llegar a hacer Balance. El motivo no es otro que intentar averiguar hacia dónde va, comprobar que ese barco no se ha quedado varado y que prosigue con velocidad de crucero hacia el destino fijado. Pero, ¿cuál es el destino?

A ciencia cierta es difícil que alguien lo sepa. Algunos pueden tener alguna remota idea, otros, soñadores por naturaleza, no les cuesta imaginar el destino deseado. Pero la gran mayoría transita por la vida sin saber muy bien hacia dónde se encamina. Va con el piloto automático.

¿Y eso es malo? No tiene porqué serlo. Al fin al cabo si uno no piensa, se quita de preocupaciones. Lo fastidiado es analizar fríamente el lugar dónde se encuentra uno en un determinado momento. Y ahí puede que se dé de bruces con la cruda realidad dado que, de puertas para fuera se ha proyectado una imagen de persona realizada, que ha conseguido todos sus propósitos y que no tiene meta que se le resista pero, de puertas para dentro, esa proyección se puede venir abajo como un castillo de naipes. En definitiva, es un incompleto.

Un completo incompleto. Un seguro inseguro. Una media persona que busca cómo encajar la otra media. En resumidas cuentas, una persona a medio camino de algo. ¿Qué algo? No se sabe; el que lo sepa habrá conseguido descifrar el gran enigma de nuestra existencia: El sentido de la vida.

ESPINETE´S GENERATION


La generación mejor formada de la Historia es tristemente la más “puteada”. Y nuestro nexo común es un erizo nudista de color rosa que no nos advirtió de lo que nos esperaba.

¿Qué es lo que ha podido fallar? No se sabe, pero la cuestión es que nos encontramos en un barco a punto de hundirse sin ser nosotros culpables de la vía de agua abierta. Tan sólo nos queda remar y remar, sin rumbo fijo, hasta llegar a tierra firme y sobrevivir.

Nos piden que nos formemos, y eso hacemos, que completemos nuestros estudios, e invertimos nuestros ahorros en ello, que profundicemos en otros idiomas dado que, aunque hablemos una lengua con siglos de historia y muy hablada en el Mundo, ésta no nos vale para abrirnos camino. Somos competitivos, hemos superado a generaciones anteriores pues ya no tenemos complejos, a nuestro alcance poseemos todas las herramientas para el triunfo y sin embargo, el motor se gripa.

Y de golpe, todos tus sueños se esfuman y te topas de lleno con la cruda realidad. Consideras que no es justo pero que, como al fin y al cabo se trata de una cuestión de supervivencia, tienes que transigir y apechugar con lo que te venga. Y más cuando los demás también lo hacen. Si al menos nos uniéramos y planteáramos cara a este injusto Sistema, quizás reverteríamos la situación. Pero son malos tiempo para el compañerismo, para perder derechos (aunque estos sean ínfimos) en pos de conseguir conquistas. “Que cada palo aguante su vela”, que este barco si no está hundido, poco le falta.

Y las perspectivas no son nada halagüeñas, pues nadie se ha puesto a cortar de raíz el problema, a buscar las causas que lo provocan. Los que mandan aceptan que estemos así diciendo que es lo que nos ha tocado vivir, olvidando que si ellos son elegidos es para revertir este tipo de situaciones en pos del progreso, no para quedarse resignados sin obtener respuestas a nuestras preguntas. Hay un cierto apoltronamiento en ellos y da la impresión que más de venir a servir a la Sociedad, han venido a servirse de ella.

El empresario capitalista, ante esta situación, se frota los ojos pues no puede creerse que se esté viviendo una regresión tan grande. Ha de revisar sus libros de Historia, ver cómo se procedía hace siglos atrás, cuando los trabajadores no habían conquistado ningún derecho y actualizar sus métodos a esa época. Además de nuestra inseguridad laboral, hemos de añadir jornadas maratonianas de trabajo, ausencia de beneficios sociales y eliminación de cualquier tipo de disidencia o queja. Si protestas, te pueden enseñar la puerta de salida.

¿Por qué no puede volver la época en la que todo era color de rosa y nuestra única preocupación era que a Espinete no le pasara nada?