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SIETE


La perspectiva cambia con el tiempo de la misma manera que muchas ilusiones pueden tornarse en decepciones amargas. Del mismo modo, la imagen proyectada puede ser tan solo la fachada de un edificio carente de las estructuras más básicas o éticas.

Admitámoslo, en nuestra vida nos podemos encontrar con prestidigitadores que son capaces de venderte una idea, de crearte una ilusión con ella y luego encontrarte que todo ello era un juego de máscaras cuyo objetivo era conseguir el beneficio propio. La palabra solidaridad no entra en su vocabulario.

Con la óptica de la experiencia el tránsito por el mismo camino se ve de manera diferente. De verlo en un primer momento como un camino largo e ilusionante, con grandes expectativas por delante se pasa a ver como un camino tenebroso y sinuoso con múltiples trampas al acecho. El camino es el mismo pero tú ya no lo eres. ¿Qué ha cambiado? El haber caído en la cuenta que todo era lo más parecido a una farsa.

Está en la conciencia de cada uno aceptar esas condiciones de juego. Cada uno es libre de hacer lo que quiera y hay que respetar todo tipo de decisiones pero, continuar participando en ese juego, aparte de producirte en la mayoría de los casos más disgustos que alegrías, puede tener una consecuencia muy grave: que acabes terminando perdiendo gran parte de tu dignidad.

En el mundo que nos ha tocado vivir parece que esta idea está empezando a calar. Es la idea de “o yo o tú, no hay posibilidad de crecimiento para los dos”. Es el mundo del fomento de la competitividad sin límites, donde parece que sólo los que menos escrúpulos tienen pueden llegar lejos…pero lejos, ¿a dónde? ¿Merece la pena haber avanzado dejando el camino sembrado de cadáveres y habiendo comprometido tu dignidad? Dime de lo qué presumes y te diré de lo que careces.

EL EFECTO PELLEGRINI


Asumir grandes responsabilidades supone asumir grandes retos y a veces, lo que se presupone que va a ocurrir no acaba ocurriendo. La delgada línea que supera el éxito del fracaso muchas veces se alimenta de un componente de azar que se nos escapa de control.

Tampoco es que quede claro qué se puede considerar éxito o qué se puede considerar fracaso. ¿Es un éxito conseguir resultados a costa de poner en peligro tu futuro y tu reputación? ¿Es un fracaso hacer bien tu trabajo y que tu entorno te valore pero sin embargo por haber otra persona que se venda mejor tú (y que no necesariamente sea mejor) todos tus resultados se queden en papel mojado?

Lo mejor para intentar resolver estos planteamientos es analizarlos desde la perspectiva que da la distancia. No quedarse en los resultados a corto plazo sino en los del medio y largo plazo. Tener en cuenta la consecuencias que puedan tener nuestros actos para que estos no hagan prisionero nuestro futuro.

El fútbol es muy ingrato y tiene poca memoria. La verdad es que guarda grandes similitudes con la Biblia, dado que un día te aclaman como el nuevo Mesías y al siguiente, los mismos que te aplaudían, te crucifican. Y después, “otro vendrá que bueno te hará” con lo cual acabarás resucitando.

Entrenar a un equipo grande supone un alto nivel de exigencia y compromiso. Si se consigue el reto, todas tus expectativas puede que se hayan cumplido y que se tenga cierta sensación de estar haciendo algo que pasará a la posteridad. Es decir, conseguir un reconocimiento social que hace que el ego se eleve muy alto. Por otro lado, es tanto lo que a veces se expone para conseguir un objetivo que, cuando no se consigue, el más absoluto de los vacíos invade tu cuerpo. Acabas perdiendo referencias de cara al futuro porque sencillamente no ves otro reto de tal envergadura como este en el que fracasaste.

Pero la vida te da dos, tres o infinitas oportunidades. Tan sólo es necesario saber cuándo aprovecharlas y recomponer tus objetivos, en el caso de haber tenido fracasos anteriores,  hacer estos más asequibles. Puede que de una montaña de pequeños retos se recorra una distancia más grande que la que podrías alcanzar con un gran reto.