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EL EFECTO BULERÁN


Dicho efecto estriba en el hecho que si en el otoño hiciste una mudanza porque vendías tu chalet, esa mudanza ha de repetirse en verano para poder habitar en tu nuevo chalet. Vuelta al pueblo de tu amigo donde las vaquillas no se torean sino se agarran por el rabo, y a poder ser, se lanzan; y vuelta también al pueblo donde habitan unos fantasmas, con muy mala leche todo hay que decirlo, que hacen que una persona respetable se haya tenido ir a hacer terapia a los EEUU, ya que no superó la impresión de haberlos visto (debió de ser como haber visto a Carmen de Mairena de cerca)

Ya no sólo te reencuentras con poblaciones que te evocan bonitos recuerdos sino que, una mudanza es también lugar de reencuentro con aquellos friquis que conociste el verano anterior y que tanto disertaron sobre si el hormigón había que rebajarlo, como se rebajan las copas, con agua, o que contaban chistes meta-filosóficos pues todos ellos estribaban en algo, no sabemos muy bien qué, pero en algo estribaban.

Como ya eres perro viejo en la materia, el grueso de la mudanza se hizo por la tarde. La mañana es muy corta y es necesario tomarse el vermú y bañarte en la piscina, además faltaba personal. Por la tarde, después de haberse avituallado, había que dirigirse rumbo a lo descocido, no porque no supiéramos a dónde íbamos, sino porque no sabíamos a dónde iba a estribar la conversación que íbamos a tener con el doble de Julián Muñoz, que decidió montarse en el camioneto de "El Pilar".

Como era la hora de la siesta la cosa no estaba muy animada. De hecho el ingeniero agrícola decidió reunirse con Morfeo. La cosa no prometía mucho, y se sacaba el típico tema de conversación que se tiene cuando realmente no se sabe qué decir: el tiempo. Hacía mucho calor, demasiado, la vida daba que el camioneto tenía aire acondicionado pues, como dijo Julián Muñoz, calentaba mucho en la Inpenterie. Antes de nada, se me había olvidado comentar la disposición del pasaje en el camioneto: delante y conduciendo, el profesor de autoescuela, a su izquierda, su amigo bigotudo, y en el otro extremo, el que se dedica a acudir a ruedas de reconocimiento. Detrás, el caprichos abrazando a otro de sus caprichos, su novia, en el medio, el que suscribe y en el otro extremo, el que se pasó todo el viaje sobado.

Con la palabra Inpenterie se escucharon pequeñas sonrisas en la parte trasera. Ahora bien, el verdadero momento surrealista vino después. No sabemos si el tema salió porque nos adelantó un coche de esos que está preparado, ya sabes de lo que te digo, ese tipo de coche que arrasa en Buenos Aires o en Pizarrales. ¿Qué no lo sabes? Pues si lo sabe Julián: Claro, un coche Twingo. Lo que iba diciendo, no sé si fue por eso o porque el número de marchas de un camión es superior al de un turismo, la cuestión es que surgió el gran tema de conversación: La Marcha Atrás.

Dejemos atrás las acepciones con connotaciones sexuales y vayamos analizar qué es la marcha atrás. Tú te ves sobrado y empiezas a hablar de la marcha atrás delante de unos jovenzuelos que, otra cosa no tendrán, pero putear putean un rato. Lo peor que puedes hacer es meterte en un jardín porque si lo haces, estos salvajes no tendrán compasión de tí. Con decir que la marcha atrás hace que un vehículo se desplace hacia atrás, hubiera bastado. ¿Para que te metes en cómo reacciona en ese momento el motor? Porque si te metes la has cagado, ya que te sale un ingeniero de obras públicas (que no púbicas) y te suelta, como que no quiere la cosa, que el motor de un coche, cuando se va marcha atrás, también va hacia atrás, es decir, hace el movimiento inverso. Momento de silencio; tú eres más mayor, tienes más experiencia pero claro, te está hablando un ingeniero que tiene pinta de estar creyéndose lo que dice y es más, atrás hay otro ingeniero y no dice nada (el pobre estaba en el séptimo cielo), ¿a ver si va a ser verdad? Ante la duda, se le da la razón como a los tontos. El ingeniero, al darse cuenta que ha picado en el anzuelo, prosigue su disertación soltando otra bomba: Es obvio, cuando vas marcha atrás, el cuentakilómetros también lo hace vamos, como los cohetes antes de despegar.

La diferencia entre un ingeniero y un currante es que este último consigue toda su sabiduría de su experiencia, mientras que el primero ha de razonar todos sus afirmaciones. ¡Y vaya si lo hizo!. La cuenta atrás del cuentakilómetros era la manera más conocida de trucarlos, de hecho el ingeniero había visto a gente circular hacia atrás hasta poner su cuentakilómetros a cero o a negativo. Vamos, que te podías hacer toda la Ruta de la Plata marcha atrás sin despeinarte.

Menudo jardín, ya no sabía el hombre por donde salir. Gracias a dios que el hijo de tu amigo te echó un capote. Un capote envenenado, de esos que te dejan totalmente descubierto delante de un toro. La pregunta fue: Oye, Pedro, ¿cómo riegas tu jardín? Una vez más rogamos al lector que no vea en esta frase ninguna connotación sexual pues este es un relato blanco, pueril. Esa fue la pregunta; y la respuesta fue: " Yo no uso arpresores, yo lo que tengo es un sistema gota a gota, que estriba que va regandose gota a gota" Pedro, sin darse cuenta, volvió a caer en la trampa que el caprichos le había tendido. ¿Pero para qué explicar en qué estribaba el gota a gota? ¿Acaso no tuviste bastante con la marcha atrás? La cuestión es que le cayó una batería de preguntas cada cual más absurda como por ejemplo, qué pasaba si caían dos gotas a la vez, o si dejaba de caer alguna gota qué ocurría o si las gotas llegaban a todos los sitios.

En fín, menos mal que ya llegábamos al pueblo donde nos esperaban unos viejos conocidos.

¡¡QUÉ CENA DE EMPRESA!!


Tenía cena de la empresa en un sitio tan exquisito, tan exquisito, que su nivel de exquisitez no valía para lo que había en el centro y por eso estaba ubicado a las afueras, concretamente en la Casa de Campo.

Después de la impresión que te causa ver al salir del Metro a un transexual en vivo y en directo (en mi vida lo había visto), me dispuse a dirigirme a donde se celebraba el evento. En medio de la nada se erigía un pequeño castillo con alfombra roja y con velas iluminando el camino hacia la puerta de entrada. Sin duda estaba en un sitio importante, por tanto yo me podía considerar un tipo importante.

Entramos y eso enseguida se convirtió en un lugar de desenfreno. De desenfreno alimenticio las 2 primeras horas, donde uno se cansó de tomar el típico canapé que nunca falla ( el jamón serrano y el lomo ibérico son, hoy por hoy, una apuesta ganadora), pequeñas delicias, mezclas de dulce y salado, y pinchos con muy buena presencia, que no se sabía lo que era y mejor no saberlo, pues cuando uno se enteró, se le revolvieron las tripas ( ¡¡comí codorniz!!); y de desenfreno alcohólico pues, ágarrate que vienen curvas, había 4 HORAS DE BARRA LIBRE.

Eso empezó a desvariar de una manera increible al mismo ritmo que desvariaba el pincha mezclando a Bisbal con U2 o los Beatles y cortando a la mitad todas y cada una de las canciones. Cuatro horas de barra libre se pasan rapidísimo y aún me quedaron ganas de otras tantas más pues no pude hablar con quien quise o me hubiera gustado.

Total, que todo estaba planeado para la vuelta. Un autobús a las 2, otro a las 3 y otro a las 4. Bien, a las 4 menos 10 allí estábamos como unas 200 personas y el último autobús sólo tenía 54 plazas. ¿Cundió el pánico? ¡¡Qué va!! Allí quedamos ese número de personas y el autobús se fue medio vacío. ¿Solución que nos propusieron? Buhometro en la estación de Metro de Lago.

Búhometro que nunca llegó a pasar, al igual que los taxis que llamamos.Total unas 20 personas tiradas en medio de la nada rodeados por un lago y por una carretera oscura de no menos oscuro destino.

Después que tuvieran la gentileza de abrirnos el recinto del Metro, nos disponíamos a esperar a que pasara el tren por allí hasta que nos dimos cuenta que estar una hora en una estación del Metro era tiempo perdido, así que deshicimos el camino andado y nos adentramos en la M-30, ya sabes, esa pseudo carretera donde cruzar es como una gimkana y donde mis relucientes zapatos se tornaron marrones por el polvo.

Nos dispusimos a parar los taxis que por allí atravesaban pero no nos hacían mucho caso, así nos lanzamos a la aventura del Búhometro, y ¡aleluya! pasó uno que hacía el trayecto de la línea circular del metro. Todo iba muy bien, por fín disfrutamos de un momento de tranquilidad. Pero poco duró la alegría en la casa del pobre, pues el recorrido no nos sonaba ni por asomo. Nos picó la curiosidad y le preguntamos al conductor, el cual no dijo que el billete se nos acababa en la Estación de Atocha y que eso eran lentejas, si quieres las comes y si no las dejas.

6 de la mañana, hora y media después de salir de la fiesta, nos metimos en la estación. Y cansado de caminar y de dar vueltas como un tonto, todavía tuvimos que hacer un transbordo en Sol. En fín, a pesar de todo estuvo bien y de no ocurrirme estas visicitudes, esta historia que te he contado no hubiera existido.

POR FAVOR, GIRE A LA DERECHA


Esta es la frase que más recuerdan los alumnos tras su paso por la Autoescuela. Habida cuenta que tenemos un proyecto de profesor de Autoescuela en el grupo, mucho me temo que nos vamos a cansar de escucharla.


Grandes cambios se avecinan a partir de ahora con la relación con el “profesor”. Más que nada porque él, ahora verá la realidad desde una perspectiva distinta, perspectiva que te da el tapiz de hacer todos los días test y jugar con los pedales de un coche.


Ya nos podemos ir preparando con sus cansinas charlas sobre lo que se debe y no se debe hacer en una vía urbana. Nos pondrá ejemplos a todas horas, a cada cual más aburrido, absurdo e incluso irreal (¿alguien ha visto alguna vez un monociclo? Pues es pregunta de exámen de conducir). Haremos como le escuchamos y mostramos interés, pero estaremos expectantes a que llegue el momento de meter baza y cambiar de tema de conversación. Pero como decíamos, el estar todo el día trabajando con test perturba tu percepción de la realidad y acabamos pensando que la vida en sí es un cuestionario. A saber:


1. Estás borracho (pero controlas). Entras en el Capitolium dos minutos para saludar al pincha y de repente ves a la Pili ¿Crees que tendrás una noche lujuriosa con ella?:
a. Claramente si. Una conquista es una conquista y la Pili no deja de ser una cifra más para engordar tu lista de conquistas (Yoli, Paula, Laura, Arancha, Ana, Esther, la prima del Corbe, ¿Javi Decano?).


b. Sí, pero con reservas. Estás borracho pero no ciego y la Pili como mucho llegará a ser la Miss de su portal. Todo sea por engordar la estadística, pero mejor no pregonarlo por ahí.


c. Con tal de llevar la contraria, sí. Uno tiene la reputación de hacer lo contrario a lo que digan los padres y amigos, y esa reputación hay que mantenerla aunque ello suponga cohabitar con la Pili.


d. Sí o sí. El pequeño Alberto necesita una alegría pues lleva muchas decepciones. No se conforma con los estiramientos que su papá hace con él en la Noche Salmantina. Necesita conocer mundo, aunque con la Pili sea más el Mundo Perdido que otra cosa.


2. Te dispones a salir de marcha con 20 € y quieres tomarte 12 copas. Evidentemente ni con segundas copas gratis lo vas conseguir, por tanto a alguien tienes que “tangarle” copas. ¿Quién será el pardillo?:


a. El Taki. Por estar siempre un poco colgado y no enterarse de lo que vale un peine (¿se peina El Taki?). Además en “El Faro” juegas con ventaja pues tiene varias barras y da la casualidad que en una de ellas hay una tía, por cierto una de las queridas de El Taki, que se entera tanto o más que su novio. Si todo eso fallase, siempre te quedará el recurso de decirle: - Jaime entendí que me invitabas. Total, ¿hay alguien que entienda lo que balbucea El Taki?


b. Javi Decano. Apuesta arriesgada pues tienes que pillarle de improviso, y mira que es difícil, porque está siempre en alerta (que si la policía, que si la vecina, que si los relaciones públicas de El Pino, que si las tías que van al servicio, que si el dvd de la pantera rosa…). Tienes que hacer un plan combinado en el que todo suceda a la vez y le líes soberanamente. Suelta estas frases de forma seguida y sin vacilar: Muy bueno el capítulo de la pantera rosa; ¿pero qué hace ahí Marcos el de El Pino?; ¡Coño! Es que ha venido la poli… ¡Y la vecina de arriba!; Por cierto, mira a ver Javi, que han entrado unas tías en el cuarto de baño y Zapa va detrás de ellas.Pero, ¡ojo!, toda maquinaria de distracción no valdrá para nada si no le robas el papel donde apunta las copas.


c. La Blanca Doble. Al precio que tiene las copas, a lo mejor te llegan los 20 € para tomarte las 12 copas. Ese tío lo que quiere es tener animación, y contigo y tus amigos el cotarro está asegurado. Si es que, ¡menuda panda os juntáis!: Uno que da voces, otro que no se entera, el que hace flexiones en la barra de un bar, el que dice palabrotas en un velatorio, el que imita voces y por supuesto, tú.


d. Ángel, el del Irish. Apuesta muy complicada habida cuenta que ese hombre no está para disgustos. Cuando vea la cantidad de copas que te has tomado y que sólo dispones de 20 €, le puede dar un jamacuco y se quede allí mismo, y a ti no se te ocurra otra cosa que decirle: Ángel, me parece que no vas a poder.


3. Tu coche ya se ha quedado obsoleto y quieres cambiarlo. ¿Qué has de decir para convencer a tus amigos y a tu familia que realmente tienes necesidad de cambiarlo?


a. Soy profesor de autoescuela y necesito un coche con pedales en el asiento de copiloto. El Tarta de los únicos pedales que entiende es de los que se coge cada fin de semana y por tanto no me puede trucar el coche.


b. Autolux está suministrando coches a varias autoescuelas y Míchel me vende uno a muy buen precio. Lo único que tengo que hacer es darle el que tengo, con las llantas y las demás cosas que le he puesto nuevas, y pagarle una módica cantidad de no menos de 24000 €.


c. Vida nueva, coche nuevo. Voy a emprender una nueva etapa de mi vida como profesor de Autoescuela y ya no puedo andar con el mismo coche con el que iba Amena. Ahora tengo un estatus superior, por tanto me tendré que comprar un coche superior.


d. Ya no necesito coche. La Autoescuela me proporcionará uno y no necesitaré otro. Además estaré asqueado de andar todo el día con el coche. Necesitaré desintoxicarme de él.
(Evidentemente, como todos habéis supuesto, la respuesta falsa de la pregunta 3 es la d)

En fin, enhorabuena a los premiados y que esto sea el comienzo de una larga y fructífera carrera profesional que ayude a nuestro “profesor” a encontrar una senda en este largo camino que es la vida.

MI AGÜITA AMARILLA Y OTROS FLUJOS. (RECONOCIMIENTO MUNDIAL, 2ª PARTE)


Todo reconocimiento médico que se precie ha de terminar por todo lo alto, y qué mejor que hacerlo con los análisis de orina y de sangre. Para hacer más tensa la espera, no te los hacen a la vez que el reconocimiento en sí, con lo cual el desasosiego te dura hasta que ves a tus amigas las agujas. En ese momento el desasosiego se convierte en canguelo.

Este reconocimiento tenía el firme propósito de desconcertar a los pacientes. Primero el cuestionario sui- géneris. Después el tubito que te dieron para el análisis de orina. Se te queda la cara a cuadros cuando te entregan, eso sí, precintado, un vaso de plástico idéntico a los de las máquinas de café, con un tubo de ensayo dentro tan estrecho, tan estrecho, que a duras penas introduces el dedo meñique en él. El shock es tan fuerte que ni siquiera se te ocurre preguntarle al médico cómo narices se utiliza eso. Pero te vas con la duda a casa. Allí lo inspeccionas, sin abrir el precinto. Lo miras por arriba, por abajo intentando buscar algo que haga de transimisor, de manguera del vaso al tubo. Nada de nada. Sólo te queda una esperanza y es que el tubo funcione igual que una aguja y haya un mecanismo que succione tu líquido elemento. Desencantado, desprecintas y tus peores sospechas se hacen realidad. Tienes que hacerlo a pelo.

¡Qué malos recuerdos me trajo eso! Me llevó a una época oscura y escatológica de mi vida. Fue un verano en el que a mi madre se le ocurrió hacer obra. Nunca echas de menos el cuarto de baño salvo cuando no lo puedes utilizar.Al principio se rompieron los azulejos, luego el suelo, después el lavabo y por último el retrete. Y fue faltar el retrete y empezar los problemas. Por de pronto ya no podías hacer aguas mayores. ¡Qué gran problema! Puedes aguantar un día, como mucho 2 pero ya el tercero te encuentras fatal. A punto de desatarse los acontecimientos, tienes que ponerte a pensar dónde plantar, después de 3 días, un pinar. Las madres son protectoras pero ello no quitan que te pongan en el disparadero ya que, después de confesarle tu aflicción va y le comenta el tema la vecina, la cual, te ofrece gentilmente su cuarto de baño. Ya me lo estaba imaginando, llamando al timbre e ir como una exahalación al retrete y ya de puestos, pedirle que tuviera a mano prensa porque allí te ibas a pasar un rato largo.

Agradecí su ofrecimiento pero uno, que tiene una imágen y un decoro que guardar, pensó en otras alternativas. Y para ello me valí de una de mis mejores cualidades: la observación. Comprobé que mis padres estaban bastante aliviados y que no sentían esa angustia que yo tenía por dentro. Y pensé, ¿qué me diferencia de mis padres? A parte que soy más joven y más guapo, la cosa estaba clara: ellos trabajaban y yo. Ellos se aliviaban en el curro y yo no tenía trabajo, pero si tenía un centro donde echaba muchas horas.

Ya sabía dónde evacuar, tan sólo quedaba que me diera tiempo a cumplir mi misión, pues los dolores eran cada vez más agudos. A pesar que la idea era brillante, el plan era bastante chabacano porque aparecer en la biblioteca, sin apuntes, sin libro, con cara de circustancias, a última hora y cuando no hay exámenes, era, cuanto menos, sospechoso. Yo quería pasar desapercibido pero allí tenía a un bibliotecario en la puerta de entrada recibiéndome a puerta gayola. El cual me vio como fui directamente al baño y cómo cuando salí hacía el paripé como buscando un libro en la base de datos.

La etapa de desconstrucción del cuarto de baño seguía su curso y la siguiente restricción fue no poder hacer aguas menores. Por suerte había en casa un recipiente de cristal llamado conejo y diseñado para que nosotros, los hombres, lo rellenemos cuando no hay retrete cerca ( Por favor no ver ninguna connotación sexual en este párrafo). Gracias al conejo, descubrí una nueva habilidad que era la de poder rellenar, si me lo propusiera, una litrona de cerveza. También descubrí lo calientes que salían los líquidos de mi interior. Y fue a este momento al que retrocedí cuando de una mano sostenía un vaso de plástico y de la otra un tubo de ensayo.

Como los toreros me lanzé al ruedo y lo hice. Comprobé que mi habilidad de rellenar litronas seguía intacta y dí gracias a dios por conservar mi buen pulso, lo cual me permitió rellenar el tubo sin derramar ni gota. Después de un tortuso viaje en metro, rezando para que el tubo aguantase esas acometidas más que nada porque estaba al lado de los bocadillos, llegué dispuesto a que un drácula de turno me quitara sangre. Ví a las agujas; ellas se alegraron de verme, yo no. Miré para otro lado y me dejé martirizar. Casi me mareo, no por la sangre extraída si no porque, ¡había rellenado 3 tubos de sangre! Y lo que es peor, ¡la sangre estaba negra como el alquitran! ( Ver "Reconocimiento Mundial") ¿Tan mal estaba por dentro? ¿Me comeré el turrón? ¿ Y las torrijas?

Conclusión: Si cuando todo esto empezó me encontraba bien, no tenía un dolor. ¿Por qué cuando se acabó todo esto tengo la sensación que necesito un cambio de chapa y pintura? Al médico hay que ir cuando esté mal, antes es tontería.

RECONOCIMIENTO MUNDIAL


El irme a Madrid está suponiendo que queme etapas rápidamente. Y una de ellas es ir a parar a una multinacional y en 3 meses obtener, por méritos propios, un reconocimiento mundial. Pero, me tengo que explicar, lo mío no va suponer que haya convertido en un salmantino universal, para eso tenemos a nuestro alcalde (geniales las ocurrencias de ese expoliado hombre), ni que siente cátedra en algún aspecto. Digamos que lo que he hecho ha sido un juego de palabras.

Miércoles día 1 de Marzo. Comienza un nuevo mes y encima tienes la tarde libre (¿se puede empezar mejor?) Pero en esta vida no se regalan duros a cuatro pesetas por tanto el tener la tarde libre era por una circustancia concreta: has de visitar al Doctor.

Llegas con el convencimiento que esa visita va a ser un mero trámite y que no se te van a complicar ninguno de los planes previstos para la tarde. ¡Qué craso error! Lo peor que te puede pasar es que hayas trazado un plan y que dicho plan se desmonte desde el principio por un imprevisto con el cual no contabas. En este caso el imprevisto iba disfrazado de cuestonario médico.

Te encuentras en un terreno que no dominas. Aún así no cunde el pánico porque te haces una idea de lo que te pueden preguntar; pero no, aquello parece redactado por un esquizofrénico, un obseso o un hipocondríaco. ¿Pero que pregunta es esa de si tienes las heces negras como el alquitrán? Lo primero, ¿qué son las heces? Por favor, llamemos las cosas con propiedad, a eso se le llama cag..., y éstas se dividen en dos grupos: tordos o chocolate; en función de la dureza y espesor del elemento orgánico expulsado.

La pregunta anterior correspondería a la categoría de preguntas boleo, porque el criterio de selección de respuesta estaría cercano al pinto pinto gorgorito. Pero las hay aún peores; no por esperadas menos temidas: las preguntas hipocondríacas. Como muestra un botón: ¿has descontrolado alguna vez el parpadeo de un ojo?, ¿has llegado a cojear alguna vez sin proponértelo? ¿Te has mareado alguna vez?¿Has tartamudeado alguna vez? Si nos damos cuenta hay un elemento común en todas esas preguntas: la palabra alguna vez. Buscas en los rincones más ocultos de tu memoria para darte cuenta que, alguna vez, padeciste semejante sintomatología. Pero lo que es peor, como eres una persona que somatizas todo, empiezas a padecer, mientras un sudor frío recorre tu cuerpo, todos esos síntomas a la vez. Y justo en ese momento te llaman por megafonía: El médico te espera.

Momento patético aquel en el que vas de la salita de espera a la consulta del médico. Patético porque te diriges a esa puerta que gentilmente te ha abierto el Doctor, guiñando el ojo como Millán Salcedo (¡¡Enncana!!), cojeando ostensiblemente como Fraga, con una cara de mareado que pareces un colgado, y dándole a duras penas las buenas tardes al hombre de la bata blanca pues tu rictus es parecido al de la Duquesa de Alba.

A medida que va trancurriendo la charla con el Médico te vas sintiendo mejor, aunque sólo sea porque en caso que te pase algo allí, alguien te iba a socorrer.Vuelve a sobrevolarte la idea que todo aquello es puro trámite. Llega el momento de despojarse de tu ropa y quedarte en paños menores. Lo haces sin miramientos; confiado vas poniento tu ropa encima del biombo que vela por tu intimidad, que hace que cualquiera que entre por la puerta de la consulta no te vea en semejante situación. Te ordenan tumbarte en la camilla y lo que parece una operación rutinaria se convierte en una pesadilla. No es que la camilla sea eléctrica y allí te vayan a electrocutar. ¡Qué va! El bochorno viene antes que te tumbes; viene en el momento que te giras hacia la camilla, momento que dejas a tu espalda el biombo y compruebas como una enorme cristalera, sin cortinas por medio, hace que veas pormenorizadamente las torres que rodean a tu empresa y la enorme plaza que las sustentas. He aquí mi Reconocimiento Mundial.

Porque el diagnóstico te lo da un profesional médico pero el reconocimiento te lo hace gran parte de las plantillas que trabajan en el mayor centro financiero del país. Lo peor es que tú no los ves porque es tanto el espectro que abarca tu vista que no sabes a donde mirar. Instintivamente te tapas tus partes nobles, te sientas en la camilla y te dispones a una sesión de sobe del médico. Sin enfermedad aparente te vistes, no sin antes con ganas de dedicarles un calvo a la concurrencia.

Avanzamos por el proceloso mundo del reconocimiento y llegamos al momento en que toca inspeccionar tus pabellones auditivos. Aquello es totalmente nuevo para tí, pues por de pronto te tienes que meter en una cabina que asemeja a los estudios de grabación de Operación triunfo, ya que está forrada para que esté totalmente insonorizada. Por un momento te sale el Bustamante que llevas dentro y no puedes por menos que canturrear: "No soy un Supermán, soy un tipo muy sencillo que te quiere enamorar" (la emoción, coño, que es mucha). Lástima que dicha cabina no llegue a categoría de habitación y se quede en habitáculo pues si te estiras te das con el techo, si te expandes te das con las paredes. Tu plan de hacer allí un remolino Bisbal queda fustrado. La mecánica de dicho ejercicio es muy sencilla. Te colocan unos cascos, un pulsador y se trata de pulsar cada vez que tus cascos emitan un pitido. Al principio la cosa tiene su gracia, pasados 10 minutos es bastante cansino.

Y por último la prueba estrella: el aspirómetro. Dicho aparatejo mide tu capacidad pulmonar y es un alcoholímetro conectado a un ordenador. Acumulas todo el aire que puedas en tus pulmones y lo expulsas por la boquilla del aparatejo, el ordenador marca un función creciente en un eje de coordenadas. Una vez que expulsas todo el aire, mantienes chupada la boquilla pues lo siguiente que tienes que hacer es intentar aspirar todo el aire posible. Esta vez la función que sale reflejada en el ordenador es también creciente pero inversa a la anterior ( crece en el eje negativo) Después de este momento didáctico, vienen los resultados. Me salí del mapa en la prueba de expulsar, eso parecía el perfil de una etapa de montaña del Tour de Francia. De lo aspirar, mejor no hablamos. No fuí capaz de hacer crecer la función exponencial, la línea era recta como las constantes vitales de un muerto. Mira que me dieron 3 oportunidades, pues nada. Cada peor, casi me ahogo en la última, venga a toser como un loco. Después de este momento un poco vergonzoso, cogí el toro por los tuernos y me dí cuenta que a la pregunta, ¿escupes o tragas? yo claramente tendría que contestar: escupo, escupo.

Aún quedaba la prueba de la donación de líquidos para la ciencia ( análisis de sangre y de orina) pero aquello me hizo revivir viejos fantasmas que explicaré en otra ocasión.

CASTELLANO / MADRILEÑO – MADRILEÑO / CASTELLANO

Que España es un país de múltiples nacionalidades, nos va quedando claro después de la marea del Estatut. Que en la Península Ibérica se hablan múltiples lenguas, es algo que todos sabíamos. Ahora bien, que el madrileño fuera una de ellas es algo que desconocía.

Hasta ahora, sólo identificaba al madrileño como un acento. ¿Quién no ha oído alguna vez un "eg que"?. Oir a José "Pepe" Bono es una muestra de ese acento. Pero no, el madrileño va más allá y es un idioma en sí mismo. Además un idioma fácil de asimilar; tanto que antes que tú creas ya lo estás utilizando.

Veamos un clarísimo ejemplo viendo un texto en castellano de una pureza exquisita y su correspondiente traducción al madrileño:

UNA BONITA MAÑANA (En Castellano)

Abrí la persiana y la luz del Sol irradió toda mi habitación. Alzé mi vista al cielo y me quedé obnubilado viendo la claridad del cielo. Sin duda era una mañana hermosa para ir a trabajar.

Como era cotidiano, me dispuse a ducharme. Esta vez lo tuve que hacer con agua fría pues el agua caliente se había estropeado. ¿Qué se le va a hacer?. Después de ese inconveniente me dispuse a desayunar viendo en la televisión las primeras noticias del día. Ese día hubo una que me sorprendió y no muy gratamente: Florentino Pérez había dimitido de su cargo al frente del Real Madrid Club de Fútbol. Los últimos actos de indisciplina de algunos de sus jugadores, en particular de Ronaldo, habían precipitado su decisión. ¿Qué se le va a hacer?. La vida sigue.

Bajé a la calle y en cuanto puse el pie en la calle, pisé las heces de un perro. La vida dio que había un jardín cerca y me pude limpiar la suela de mi zapato izquierdo. No le dí más importancia y me dirigí hacia el paso de peatones que tenía a mi izquierda. Iba a cruzar pero tuve que desistir de mi idea porque un conductor no me había visto y no paró. Se conoce que tenía prisa. El pobre llegaría tarde al trabajo.

Llegué al Metro y enseguida me dí cuenta de la cantidad de gente que entraba a trabajar a la misma hora que yo. Es sorprendente la cantidad de personas que pueden entrar en un convoy de Metro.Ni te lo imaginas. De acuerdo, no puedes estirarte pero hay cosas peores que te claven un brazo en tu barriga o que huelas la axila del tipo que tienes a tu derecha. Total ¿qué se le va a hacer si todos tenemos la misma hora de entrada? Si al menos fueran escalonadas...

Salí de la boca del Metro y la claridad se había tornado en oscuridad. Las nubes amenazaban tormenta. A pesar de todo seguro que hoy iba a ser un gran día.

UNA BONITA MAÑANA (En Madrileño)

Sonó el degpertador. ¡Vamos, no me jodas! Otra vez a trabajar. ¡Qué puto coñazo!. Subí la persiana y el solazo me dejó cegado. Estaba todo degpejado, agígque tenía que hacer una rasca que te cagas.

Medio ciego y medio sonámbulo me fui hacia el váter a pegarme un duchado. Venga a egperar que saliera el agua caliente, y la puta de ella no salía. Vamos, yo lo flipaba con la rasca que hace en la calle y yo duchándome con agua fría. No me jodas... Más cabreado que Jiménez Logjantos en un mítin del PSOE enchufé la tele mientras me comía un Colascao. Me quedé de piedra, colega. El Florentino se piraba del Madrid. La culpa la tenía el jambo ese de Ronaldo. Y encima va su colega el Roberto Carlos y dice que le da igual. Yo lo flipo, tronco.

Superpillado de tiempo bajé a la calle, que ya llegaba tarde al Metro. Y voy y piso una cagarruta que me apuegto el cuello, colega, que es del cacho perro, que ni es perro ni ná, del jambo del vecino. Me la limpié en el verde ese que hay al lado del portal y no quedó superlimpio porque tenía prisa. Me puse a cruzar la calle y por poco un colega no me lleva por delante. Me dio un susto que te cagas. Me cagué en su puta madre y en todo su paentesco. Y encima el jambo, va y me hace una sardineta. ¡Vamos, no me jodas!

Menuda movida cuando llegué al Metro. Allí egtábamos 40 y la madre porque venía un tren con retraso. Me cago en Gallardón y en Espe y sus regpectivas madres por dejar Madrid como una topera. Cuando llegó uno casi me pego con un colega, tronco, que se me quería colar. Le dí su merecido dentro clavándole mi brazo en su barriga. Lo que paso es que al cabrón de él le olía los alerones que no veas, así que no sé quien acabó peor. En cuanto pude ahuequé el ala de allí porque entre tanto sobaco me estaba poniendo supermal, colega.

Total, que salí de la boca del Metro. Y estaba cayendo una que te cagas. Venga a llover y yo sin paragüas. Vaya puto día que me iba a tocar vivir.

ODA A UN AMIGO RECIÉN OPERADO


Tú, trabajador incansable
deportista inagotable
en suma, persona destacable
fuiste a Valencia
no en busca de sapiencia
sino en algo que se ha dado en llamar complaciencia.

Mira que eres "snob"
y siempre te gustó ser un poco Willy Fog,
pues no se necesita tanto ajetreo
para eso del folleteo.

¡Cuánto plan estropeado!
¡Cuanto talento desaprovechado!
Pues después de tanto esperar,
no pudiste cohabitar.

Joder, te jodiste
aunque no con la persona que quisiste
sino con una apéndice puñetera
que actuó de ramera

Postrado en el lecho del dolor
te entró una honda preocupación,
¿habrá llegado a casa el niño melón?

Como es tradición, el te llamó
pero no pudiste olvidar,
muy a tu pesar,
que tu finde de fornicio
no fue vicio sino suplicio

BAR, VISITE NUESTRO BAR


Baaaaar, visite nuestro baaaaaaar decía una buenísima canción de un grupo español con letra erógena y letrista de incalculable valor literario, como muestra alguna de sus últimas creaciones ("Lo noto, puedo ser un cabrón, pero lo noto"). A lo que íbamos, no nos despistemos, en nuestra cultura de fiesta diaria y cachondeo la figura del bar es imprescindible ya que se necesita un recinto para canalizar todo el friquismo que los españoles llevamos dentro.

Lo más importante es encontrar un sitio de referencia, un sitio donde te sientas como en casa o incluso, ya consideres tu casa pues pasas más tiempo allí que en tu hogar. ¿Qué buscar en esos sitios? Es una amalgama de cosas, a saber: ambiente distendido, música, camareras a las que dar carrete pero sobre todo y por encima de todas las cosas, que te pongan la segunda copa gratis. Llegar hasta allí es un camino arduo y complicado. Tienes que dorar mucho la píldora. Por ejemplo darle mucha conversación a los camareros/as o al encargado hasta casi convertirte en un cansino o emplear una serie de frases que te sacarán de cualquier tipo de apuro ("Ángel, cuando puedas: Ángel, Javi, Patricia, Laura, Juanma, etc). Todo esto para llegar a la siguiente fase que es la complicidad entre tabernero y cliente.

La complicidad consiste en que el camarero ya con un simple gesto comprenda lo que tú quieres sin necesidad que tú abras la boquita. El cúlmen de la complicidad consiste que tú entres en el garito y antes que te sientes en el sitio estratégico que tienes reservado en el mismo, tengas tu consumición sobre la mesa . Eso es una muestra del status del que tú gozas allí. La siguiente fase es comportarte como si estuvieras en casa.

Aunque a lo mejor en tu casa no te dedicas hacer gimnasia apoyándote en una encimera, a miccionar en un sitio que no es el servicio o puestos en este plan, a enseñar y estirar tus vergüenzas para que estas vean un poco de luz pues hace mucho que no vas a Santiago con tu novia. Por supuesto no te dedicas a faltar al respeto a tu padre cosa que si haces con el encargado del garito donde lo menos que le dices es que se parece a Jean Paul Gaultier.

Ahora bien, lo mejor de todo, quitando las excursiones guiadas y organizadas al cuarto de baño de las mujeres, es relacionarte con la flora y la fauna que allí habita. Habría que diferenciar entre camareras y clientela. A las primeras te las tuviste que camelar para conseguir la segunda copa gratis; una vez conseguido eso, lo que hay entre vosotros es una tensión sexual no resuelta a pesar que niegues, como Santo Tomás, que no te gusta pero ya se sabe, repudias a las que amas y amas a las que te repudian. Incluso con tu novia delante estás más pendiente de la camarera que de ella. En cuanto a la clientela, si considerabas que tus amigos y tú sois "friquis" no andabas desencaminado ahora bien, los hay más "friquis" que tú. A saber, un tipo orondo parecido a boliche el de "Los Serrano" , al que nunca has oído a hablar y que responde a todo lo que le dices con una sonrisa, no sabemos muy bien por qué, lo más probable es que no te esté haciendo ni puñetero caso. Un tartamudo, con el cual te saludas cariñosamente y al que le das recuerdos para su madre. Para él que eres una especie de Dios, no en vano te tiene un altar en su tienda y cuando entras en ella se disparan todas las luces y suena por el hilo musical la bonita canción del la película "Cabaret": Money,Money,Money . Se me olvidaba el mejor de todos, el mejor bailador no puede estar sin castañuelas y el verdadero toque de calidad a la clientela lo da un tipo al que llaman ZAPA. No entendemos muy bien el nombre pues le pegarían mejor otros como EL DIVINO, EL L´OREAL (porque yo lo valgo), o el BOOMER (por su afición a los chicles). ¡¡Qué clase tienes, cabrón!! parece que le grita la gente que le ve. ¡¡Qué poses!! ¡¡Qué manera de atusarse el pelo!! Ni la divina y pobre Carmina Ordoñez llegó a su nivel de sofisticación. Sobre todo, ¡¡Qué manera más desenfrenada de masticar chicle!! Le saca todo su jugo. El calificativo de hijo del viento que se ganó Carl Lewis habría que dárselo a este hombre, que todas las mañanas cuando se mira al espejo se emociona de lo guapo que es y sobre todo, de haberse conocido. Y además marca tendencia; lo hemos visto con gafas, sin ellas, con el pelo corto, con el pelo largo y engominado, ahora con el pelo ensortijado dejando ver el lado salvaje que oculta en su interior. ¿Lo llamarán zapa por sus zapatos? Seguro que lleva lo último de lo último, por cierto que lo último que le vimos fueron unas chanclas, chanclas que no sé si se atreverá a volver llevar habida cuenta que un energúmeno, porque no merece otro calificativo, un amargado porque le roban en la obra en la que trabaja (Mirar "Rinconete y Cortadillo"), tira las colillas de los cigarros que fuma al suelo sin fijarse donde caen y esta vez cayó en los bonitos dedos del castigador del chicle.

¡¡Qué entrañable es todo esto!!

¿Qué hacer cuando un móvil se cae al suelo?


Lo primero: Recogerlo y ver si funciona. Si no se enciende no pasa nada; hay que mantener la calma pues cuando lo compraste firmaste un seguro que te garantizaba otro móvil. Confiado vas a la tienda donde lo compraste y....¡¡Sorpresa!! Sólo te dan un móvil si te lo han robado con intimidación.

En esos momentos hay que ser fríos y pensar, sobre todo pensar, pensar como pensaste cuando te robaron el hidromasaje de la obra donde trabajas (ver "Rinconete y Cortadillo"). Hay que idear un plan, un plan perfecto que ahora ningún guardia civil de paisano te pueda estropear. ¿Qué hacer? Muy sencillo; ¿cuándo te roban dónde vas? Efectivamente: a la comisaría a denunciar.

Llegas allí con la lección aprendida pues tienes memorizados los rasgos físicos de tu "supuesto" agresor. Te sientas, lo describes y te vas -eso es lo que pensaba nuestro hombre-. Lo que no esperaba es que después de ello tendría que hojear un libro gordo, no el de "Petete" precisamente, para reconocer a "su atracador". Con tres policías escoltándole, aguantó tres cuartos de hora viendo a tipos de lo más variopintos y como la cosa le parecía entretenida, de cada uno de ellos hizo un comentario. A saber: "No, ese no, era más alto", "No, más delgado y más rubio", "¿Era drogadicto?- No, no me lo pareció". Se estaba gustando, había interiorizado su farsa y hasta encontró algún conocido en el Libro de Sospechosos.

Salió con la cabeza alta de comisaría, pero aún quedaban cabos por atar. Hemos de apuntar que nuestro hombre, puesto a denunciar un robo, ya denunció un robo en condiciones es decir, pérdida de móvil y de tarjeta de crédito (Esto no es ciencia ficción aunque lo parezca, hemos de recordar que todo empezó porque un móvil se cayó al suelo). Así que el siguiente paso era ir a cancelar su tarjeta de crédito. Allí fue y le dijeron que sin ningún problema, que se pasara dentro de unos días a recoger su nueva tarjeta.

Spain is different:

Al cabo de unos días nuestro hombre recibió una llamada de la oficina de objetos perdidos diciéndole que allí estaba su móvil hurtado, ¡vaya! ahora que "Don Tarta" le había arreglado el móvil que había dado sus huesos con el asfalto. Pues si hay que ir se va, y nuestro hombre para allá fue y se juntó con dos móviles, uno de los cuales regaló gentilmente a su hermana. Pero aún le llegarían más sorpresas. Cuando fue a buscar su nueva tarjeta, no se la dieron ya que no habían dado de baja la "robada" (vaya putada si llega a ser verdad, pues habían pasado 5 días).

No me canso de repetir que toda esta historia tiene su orígen en la caída libre de un móvil al suelo. Que cierto aquel dicho que decía que de un grano se hacía una montaña de arena.

Mi primera huelga



Hace unas semanas asistí en primera persona a mi primera huelga. Tuve la sensación de cierto desvirgamiento, de algo que tarde o temprano tenía que ocurrir, de un paso necesario que en toda vida laboral ha de darse. Igual que en tu vida personal, la caída de tu primer diente es todo un acontecimiento este momento huelga también fue expectante.

Mañana fría de un día del mes de Febrero, sales aturdido por la luz del sol después de haber estado media hora en la penumbra del Metro y te dispones a cruzar la calle, cuando una pancarta en lo alto de un puente te anuncia un conflicto laboral. Caminas con paso firme por la acera acercándote cada vez más a la concentración de piquetes que hay en la puerta de entrada. Dos certezas hacen que te tranquilices. Una de ellas, la presencia de dos furgones policiales. La otra, el hecho de haber quedado con todos tus compañeros en una Cafetería para ir juntos hacia la empresa.

Llegó el momento. Cuan procesión de Semana Santa, el rebaño de trabajadores se dispone a realizar su travesía. Travesía que se ve trufada de sonrisas falsas, conversaciones irrelevantes para así negar la realidad que te espera y por qué no decirlo, para disimular el desasosiego que sientes en tu interior.


¡Sorpresa! Los sindicalistas te reciben con una sonora ovación y te hacen pasillo. Por un momento te abstraes de la realidad y te crees campeón de la Champions League y que luego vas a salir al balcón para ofrecer tu trofeo a la afición. Te crees el Rey del Mambo, una estrella, un ídolo de masas. Pero una palabra te baja de la nube.

¡Esquirol! No sabes muy bien lo que significa pero por la cara que ponen al pronunciarla, te das cuenta que no es un piropo. Desde luego cuando ya tomas conciencia de la situación es cuando te llaman ¡¡Borrego!! Y se te cambia el rictus de la cara cuando ves impactados huevos en la pared de la empresa ( y aún les quedaban más). Eso sí todo en un ambiente festivo y poético, pues todo lo que declamaban era cantado y rimado. Ni la generación del 27 lo podría hacer mejor. Por un momento los envidié: yo yendo a trabajar y ellos de cánticos espirituales. Para rematar la faena y cuando ya estábamos dentro del edificio, una mascletá nos recordó que no quedaba mucho para las Fallas.

Y es que la vida, como las huelgas, es una fiesta.

Cuando sentarse en el trono supone un suplicio.


El trono, también llamado letrina, catre, roca o gala (según el modelo) es un sitio al que se va no de motu propio, sino por obligación, porque se siente una llamada, la llamada de la madre naturaleza y ante eso, nada se puede hacer.

Tantas acepciones como el propio lugar tiene el acto de ir. A saber: Ir de hacer del vientre (la más formal), hacer aguas mayores, plantar un pino (la más ecologista), irse de bareta, conciliarse con la naturaleza (la más filosófica), hacer chorizos (muy propia en guijuelo).

¿Y qué decir de lo que allí se cuece? Es cuna de grandes pensadores, donde a uno se le ocurren las mejores ideas y paridas (ésta se me ocurrió allí). Y donde uno se aficionó a la lectura. Yo los grandes clásicos los leí allí y no en la escuela. Se debería incentivar el ir a hacer de vientre antes de ir a la escuela.

El recinto al que voy no tiene mucho misterio. Casi podríamos hablar de habitáculo, una especie de zulo estrecho y sin ventanas, con un pequeño conducto de ventilación por una de cuyas rendijas asoma algo, que a ciencia cierta no sé qué es. Aparentemente parece una pata, pero no de cerdo precisamente. Yo me inclinaría por un roedor que estiró la pata, nunca mejor dicho, al no poder aguantar los efluvios que por allí emanaban.

Uno ya se coloca en posición de salida pero el coche se gripa, no arranca. Se masca tensión. Tensión derivada del hecho que no vas al water cuando tu intestino te lo pide sino cuando hay calma chicha en el tema de los albaranes es decir, cuando no aparece ningún fulano de mono verde o azul, pidiéndote que le hagas un albarán. Hay que saber elegir el momento adecuado, pero cuando mejor lo eliges peor te sale. Estás apunto y...¡¡zas!!, oyes cerrarse la puerta de la oficina (entre el water y la oficina sólo media un tabique) y tras ello una voz varonil pronuncia aquello de: ¡¡Buenos días!! (O tardes). Y esto ocurre justo en el momento en el que más inspirado te encuentras y claro, te entra la duda, ¿expulsas o retienes?. Elijas lo que elijas, la elección nunca será la correcta. Te levantas y vas cariacontecido a hacerle el albarán al hombrito, sabiendo que tu momento "All Bran" ya se acabó en todo día. Pero esto no es lo peor.

Porque si se ha dado el caso que tú has podido descargar a gusto, luego te queda otro toro por lidiar. Un Vitorino o Mihura. La cisterna. Resulta que vas recogiendo el campamento, te aprovisionas de la escobilla si es preciso, diriges tu dedo índice hacia el botón que, mágicamente, hará saltar el agua y ocurre lo que nunca quisiste que ocurriera. El botón no ofrece ningún tipo de resistencia, está fofo y el agua no aparece. En esos momentos la expresión de la cara es todo un poema. La palidez inunda por completo tu rostro y se te nubla la mente. Lo primero que piensas ya que de la mano sostienes una escobilla, es utilizarla y lo haces. Pero claro, en esas circustancias la escobilla parece más un imán que una escoba. Lo atrae todo, todo lo malo y el papel sobre todo. Eso acaba pareciendo un algodón de feria.

Todo hombre hispánico tiene alma de ñapa y empieza a tocarlo todo. Y gracias a la combinación de llave de agua y apretar sistemáticamente el botón de la cisterna, el agua va fluyendo lenta pero segura. Así por la bobada has consumido unos 20 minutos. La peña debe pensar que estás plantando toda una reserva nacional, y lo que menos te importa son los de los albaranes. Solucionas el envite y sales como orgulloso de allí. Con la autoestima alta. Sólo hay un pero.

Que el siguiente que entre en el baño sea tu jefe, a la sazón dueño de la fábrica, y vea que de la cisterna no deja de manar agua, sabiendo que ese día se le habían muerto cochinos de la finca por falta de agua. Bronca al canto y sambenito de rompe-cisternas.

En fin, como dice el dicho de la perrita: "Entre todos la mataron y ella sola se murió"


PD: La cisterna daba problemas desde hace días, el jefe lo sabía, el fontanero en 1 sólo minuto y sin hacerle nada dijo que estaba perfectamente. Desde entonces me cuelga ese sambenito y ahora voy a plantar pinos al servicio de los vestuarios