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RECONOCIMIENTO MUNDIAL


El irme a Madrid está suponiendo que queme etapas rápidamente. Y una de ellas es ir a parar a una multinacional y en 3 meses obtener, por méritos propios, un reconocimiento mundial. Pero, me tengo que explicar, lo mío no va suponer que haya convertido en un salmantino universal, para eso tenemos a nuestro alcalde (geniales las ocurrencias de ese expoliado hombre), ni que siente cátedra en algún aspecto. Digamos que lo que he hecho ha sido un juego de palabras.

Miércoles día 1 de Marzo. Comienza un nuevo mes y encima tienes la tarde libre (¿se puede empezar mejor?) Pero en esta vida no se regalan duros a cuatro pesetas por tanto el tener la tarde libre era por una circustancia concreta: has de visitar al Doctor.

Llegas con el convencimiento que esa visita va a ser un mero trámite y que no se te van a complicar ninguno de los planes previstos para la tarde. ¡Qué craso error! Lo peor que te puede pasar es que hayas trazado un plan y que dicho plan se desmonte desde el principio por un imprevisto con el cual no contabas. En este caso el imprevisto iba disfrazado de cuestonario médico.

Te encuentras en un terreno que no dominas. Aún así no cunde el pánico porque te haces una idea de lo que te pueden preguntar; pero no, aquello parece redactado por un esquizofrénico, un obseso o un hipocondríaco. ¿Pero que pregunta es esa de si tienes las heces negras como el alquitrán? Lo primero, ¿qué son las heces? Por favor, llamemos las cosas con propiedad, a eso se le llama cag..., y éstas se dividen en dos grupos: tordos o chocolate; en función de la dureza y espesor del elemento orgánico expulsado.

La pregunta anterior correspondería a la categoría de preguntas boleo, porque el criterio de selección de respuesta estaría cercano al pinto pinto gorgorito. Pero las hay aún peores; no por esperadas menos temidas: las preguntas hipocondríacas. Como muestra un botón: ¿has descontrolado alguna vez el parpadeo de un ojo?, ¿has llegado a cojear alguna vez sin proponértelo? ¿Te has mareado alguna vez?¿Has tartamudeado alguna vez? Si nos damos cuenta hay un elemento común en todas esas preguntas: la palabra alguna vez. Buscas en los rincones más ocultos de tu memoria para darte cuenta que, alguna vez, padeciste semejante sintomatología. Pero lo que es peor, como eres una persona que somatizas todo, empiezas a padecer, mientras un sudor frío recorre tu cuerpo, todos esos síntomas a la vez. Y justo en ese momento te llaman por megafonía: El médico te espera.

Momento patético aquel en el que vas de la salita de espera a la consulta del médico. Patético porque te diriges a esa puerta que gentilmente te ha abierto el Doctor, guiñando el ojo como Millán Salcedo (¡¡Enncana!!), cojeando ostensiblemente como Fraga, con una cara de mareado que pareces un colgado, y dándole a duras penas las buenas tardes al hombre de la bata blanca pues tu rictus es parecido al de la Duquesa de Alba.

A medida que va trancurriendo la charla con el Médico te vas sintiendo mejor, aunque sólo sea porque en caso que te pase algo allí, alguien te iba a socorrer.Vuelve a sobrevolarte la idea que todo aquello es puro trámite. Llega el momento de despojarse de tu ropa y quedarte en paños menores. Lo haces sin miramientos; confiado vas poniento tu ropa encima del biombo que vela por tu intimidad, que hace que cualquiera que entre por la puerta de la consulta no te vea en semejante situación. Te ordenan tumbarte en la camilla y lo que parece una operación rutinaria se convierte en una pesadilla. No es que la camilla sea eléctrica y allí te vayan a electrocutar. ¡Qué va! El bochorno viene antes que te tumbes; viene en el momento que te giras hacia la camilla, momento que dejas a tu espalda el biombo y compruebas como una enorme cristalera, sin cortinas por medio, hace que veas pormenorizadamente las torres que rodean a tu empresa y la enorme plaza que las sustentas. He aquí mi Reconocimiento Mundial.

Porque el diagnóstico te lo da un profesional médico pero el reconocimiento te lo hace gran parte de las plantillas que trabajan en el mayor centro financiero del país. Lo peor es que tú no los ves porque es tanto el espectro que abarca tu vista que no sabes a donde mirar. Instintivamente te tapas tus partes nobles, te sientas en la camilla y te dispones a una sesión de sobe del médico. Sin enfermedad aparente te vistes, no sin antes con ganas de dedicarles un calvo a la concurrencia.

Avanzamos por el proceloso mundo del reconocimiento y llegamos al momento en que toca inspeccionar tus pabellones auditivos. Aquello es totalmente nuevo para tí, pues por de pronto te tienes que meter en una cabina que asemeja a los estudios de grabación de Operación triunfo, ya que está forrada para que esté totalmente insonorizada. Por un momento te sale el Bustamante que llevas dentro y no puedes por menos que canturrear: "No soy un Supermán, soy un tipo muy sencillo que te quiere enamorar" (la emoción, coño, que es mucha). Lástima que dicha cabina no llegue a categoría de habitación y se quede en habitáculo pues si te estiras te das con el techo, si te expandes te das con las paredes. Tu plan de hacer allí un remolino Bisbal queda fustrado. La mecánica de dicho ejercicio es muy sencilla. Te colocan unos cascos, un pulsador y se trata de pulsar cada vez que tus cascos emitan un pitido. Al principio la cosa tiene su gracia, pasados 10 minutos es bastante cansino.

Y por último la prueba estrella: el aspirómetro. Dicho aparatejo mide tu capacidad pulmonar y es un alcoholímetro conectado a un ordenador. Acumulas todo el aire que puedas en tus pulmones y lo expulsas por la boquilla del aparatejo, el ordenador marca un función creciente en un eje de coordenadas. Una vez que expulsas todo el aire, mantienes chupada la boquilla pues lo siguiente que tienes que hacer es intentar aspirar todo el aire posible. Esta vez la función que sale reflejada en el ordenador es también creciente pero inversa a la anterior ( crece en el eje negativo) Después de este momento didáctico, vienen los resultados. Me salí del mapa en la prueba de expulsar, eso parecía el perfil de una etapa de montaña del Tour de Francia. De lo aspirar, mejor no hablamos. No fuí capaz de hacer crecer la función exponencial, la línea era recta como las constantes vitales de un muerto. Mira que me dieron 3 oportunidades, pues nada. Cada peor, casi me ahogo en la última, venga a toser como un loco. Después de este momento un poco vergonzoso, cogí el toro por los tuernos y me dí cuenta que a la pregunta, ¿escupes o tragas? yo claramente tendría que contestar: escupo, escupo.

Aún quedaba la prueba de la donación de líquidos para la ciencia ( análisis de sangre y de orina) pero aquello me hizo revivir viejos fantasmas que explicaré en otra ocasión.

1 comentarios:

Seguro que la gente no te veía desde otros edificios, yo a veces en mis ratos aburridos intento mirar a los edificios cercanos y no se ve nada.