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EL EFECTO BULERÁN


Dicho efecto estriba en el hecho que si en el otoño hiciste una mudanza porque vendías tu chalet, esa mudanza ha de repetirse en verano para poder habitar en tu nuevo chalet. Vuelta al pueblo de tu amigo donde las vaquillas no se torean sino se agarran por el rabo, y a poder ser, se lanzan; y vuelta también al pueblo donde habitan unos fantasmas, con muy mala leche todo hay que decirlo, que hacen que una persona respetable se haya tenido ir a hacer terapia a los EEUU, ya que no superó la impresión de haberlos visto (debió de ser como haber visto a Carmen de Mairena de cerca)

Ya no sólo te reencuentras con poblaciones que te evocan bonitos recuerdos sino que, una mudanza es también lugar de reencuentro con aquellos friquis que conociste el verano anterior y que tanto disertaron sobre si el hormigón había que rebajarlo, como se rebajan las copas, con agua, o que contaban chistes meta-filosóficos pues todos ellos estribaban en algo, no sabemos muy bien qué, pero en algo estribaban.

Como ya eres perro viejo en la materia, el grueso de la mudanza se hizo por la tarde. La mañana es muy corta y es necesario tomarse el vermú y bañarte en la piscina, además faltaba personal. Por la tarde, después de haberse avituallado, había que dirigirse rumbo a lo descocido, no porque no supiéramos a dónde íbamos, sino porque no sabíamos a dónde iba a estribar la conversación que íbamos a tener con el doble de Julián Muñoz, que decidió montarse en el camioneto de "El Pilar".

Como era la hora de la siesta la cosa no estaba muy animada. De hecho el ingeniero agrícola decidió reunirse con Morfeo. La cosa no prometía mucho, y se sacaba el típico tema de conversación que se tiene cuando realmente no se sabe qué decir: el tiempo. Hacía mucho calor, demasiado, la vida daba que el camioneto tenía aire acondicionado pues, como dijo Julián Muñoz, calentaba mucho en la Inpenterie. Antes de nada, se me había olvidado comentar la disposición del pasaje en el camioneto: delante y conduciendo, el profesor de autoescuela, a su izquierda, su amigo bigotudo, y en el otro extremo, el que se dedica a acudir a ruedas de reconocimiento. Detrás, el caprichos abrazando a otro de sus caprichos, su novia, en el medio, el que suscribe y en el otro extremo, el que se pasó todo el viaje sobado.

Con la palabra Inpenterie se escucharon pequeñas sonrisas en la parte trasera. Ahora bien, el verdadero momento surrealista vino después. No sabemos si el tema salió porque nos adelantó un coche de esos que está preparado, ya sabes de lo que te digo, ese tipo de coche que arrasa en Buenos Aires o en Pizarrales. ¿Qué no lo sabes? Pues si lo sabe Julián: Claro, un coche Twingo. Lo que iba diciendo, no sé si fue por eso o porque el número de marchas de un camión es superior al de un turismo, la cuestión es que surgió el gran tema de conversación: La Marcha Atrás.

Dejemos atrás las acepciones con connotaciones sexuales y vayamos analizar qué es la marcha atrás. Tú te ves sobrado y empiezas a hablar de la marcha atrás delante de unos jovenzuelos que, otra cosa no tendrán, pero putear putean un rato. Lo peor que puedes hacer es meterte en un jardín porque si lo haces, estos salvajes no tendrán compasión de tí. Con decir que la marcha atrás hace que un vehículo se desplace hacia atrás, hubiera bastado. ¿Para que te metes en cómo reacciona en ese momento el motor? Porque si te metes la has cagado, ya que te sale un ingeniero de obras públicas (que no púbicas) y te suelta, como que no quiere la cosa, que el motor de un coche, cuando se va marcha atrás, también va hacia atrás, es decir, hace el movimiento inverso. Momento de silencio; tú eres más mayor, tienes más experiencia pero claro, te está hablando un ingeniero que tiene pinta de estar creyéndose lo que dice y es más, atrás hay otro ingeniero y no dice nada (el pobre estaba en el séptimo cielo), ¿a ver si va a ser verdad? Ante la duda, se le da la razón como a los tontos. El ingeniero, al darse cuenta que ha picado en el anzuelo, prosigue su disertación soltando otra bomba: Es obvio, cuando vas marcha atrás, el cuentakilómetros también lo hace vamos, como los cohetes antes de despegar.

La diferencia entre un ingeniero y un currante es que este último consigue toda su sabiduría de su experiencia, mientras que el primero ha de razonar todos sus afirmaciones. ¡Y vaya si lo hizo!. La cuenta atrás del cuentakilómetros era la manera más conocida de trucarlos, de hecho el ingeniero había visto a gente circular hacia atrás hasta poner su cuentakilómetros a cero o a negativo. Vamos, que te podías hacer toda la Ruta de la Plata marcha atrás sin despeinarte.

Menudo jardín, ya no sabía el hombre por donde salir. Gracias a dios que el hijo de tu amigo te echó un capote. Un capote envenenado, de esos que te dejan totalmente descubierto delante de un toro. La pregunta fue: Oye, Pedro, ¿cómo riegas tu jardín? Una vez más rogamos al lector que no vea en esta frase ninguna connotación sexual pues este es un relato blanco, pueril. Esa fue la pregunta; y la respuesta fue: " Yo no uso arpresores, yo lo que tengo es un sistema gota a gota, que estriba que va regandose gota a gota" Pedro, sin darse cuenta, volvió a caer en la trampa que el caprichos le había tendido. ¿Pero para qué explicar en qué estribaba el gota a gota? ¿Acaso no tuviste bastante con la marcha atrás? La cuestión es que le cayó una batería de preguntas cada cual más absurda como por ejemplo, qué pasaba si caían dos gotas a la vez, o si dejaba de caer alguna gota qué ocurría o si las gotas llegaban a todos los sitios.

En fín, menos mal que ya llegábamos al pueblo donde nos esperaban unos viejos conocidos.

1 comentarios:

Lo peor que puede haber en esta vida es tener que sacar conversaciones. Yo por ejemplo alguna vez que he ido de copiloto lo he pasado mal para hacer un poco más ameno el trayecto al pobre conductor. Cuando no se te ocurre nada medio decente que decir es mejor no decir nada.