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La vida y los Mundiales (y III)


SUDÁFRICA 2010- A veces los sueños se cumplen

Por increíble que parezca, algunas veces los sueños más insospechados pueden hacerse realidad. Cuando te has pasado toda la vida viendo como otros se llevaban la gloria, como te achacaban la falta de experiencia y el no saberte manejar en situaciones complicadas, sentirte protagonista y alcanzar la gloria no tiene precio.

Al fin has alcanzado la madurez. Todo radica en eso. Has llegado a un punto en tu vida en el que empiezas a tener perspectiva. Sabes de dónde vienes pero sobre todo, crees saber a dónde vas. Aunque aún no lo tengas del todo claro, desde luego si sabes lo que no quieres. En definitiva, vas perfilando un estilo.

El hecho que por primera vez te sientas seguro, no implica que no te vayas a encontrar piedras en el camino. Siempre habrá alguien que te ponga a prueba y te examine constantemente. Unos lo harán por envidia, porque en el fondo quieren ser como tú pero se han dado cuenta que nunca lo podrán ser. Otros, porque llevan el gen competitivo en la sangre, te ven como adversario y no les gusta perder ni a las chapas. En ambos casos, plantea batalla. No te achantes y afronta los retos. Eso sí, hazlo siempre desde el respeto al rival y siendo muy consciente que no siempre se gana y que de las derrotas también se aprende…y mucho.

Porque si hace 4 años nos dicen que vamos a ganar un Mundial de Fútbol, seguramente nos tildarían de locos. Nosotros, acostumbrados a ver cómo otros finalmente se llevaban a la chica, de cómo el premio no siempre era para el que mejor había trabajado sino para el más le había lucido dicho trabajo. Pero algún resorte debió cambiar entonces porque ahora no es que dijéramos que íbamos a ganar sino que nos lo creíamos.

Y cuando se tiene convicción, fe ciega en algo, se está seguro de si mismo y encima tienes a mucha gente que te respalda, te vuelves imparable. E incluso las meteduras de pata las relativizas. La clave está en eso y en el esfuerzo porque el talento sin esfuerzo no sirve de nada. Cuando todas esas variables se mezclan, se consigue la combinación perfecta. Es en ese momento cuando el sueño se cumple y has de pellizcarte sin parar porque sigues sin poderte creer que Casillas esté levantando la Copa del Mundo.


La vida y los Mundiales (II)


FRANCIA 98-La escuela de la vida

Siempre te dijeron que entrar en la Universidad te daba un plus, te señalaba como alguien importante, diferente al resto. Vamos, que se notaba claramente quién había pasado por la Universidad y quién no. Teniendo en cuenta que uno nació en la época del “baby boom”, la masificación de las aulas y el poco compromiso de muchos de los profesores, instauró la idea que yo pasé por la Universidad pero ella no pasó por mí.

Es un poco lo que pasó con España en tierras galas. Que estuvo allí pero ni se la vio. Tan sólo recordamos el autogol de Zubizarreta (una vez más, Andoni en mis peores recuerdos).

De este Mundial se puede extraer la lección que, con compromiso, perseverancia y confianza en ti mismo, se puede llegar al objetivo final a pesar de los obstáculos que te puedas encontrar por el camino. Eso es lo que hizo Francia para ganar su Mundial. Eso es lo que hizo un servidor para conseguir su licenciatura.


COREA Y JAPÓN 2002-Segundas Oportunidades

La vida puede ser muy puñetera (que lo es) pero no deja de ofrecerte oportunidades para reengancharte al vagón si has perdido el tren. Si tu imagen ha quedado dañada con derrotas sorprendentes frente a rivales de medio pelo (como por ejemplo, Chipre) y te has enfrentado a situaciones incómodas que no habías vivido antes (como estudiar en verano), siempre habrá un momento en el que todo eso se borre y llegues sin mácula a un gran acontecimiento.

El bálsamo reparador al que se agarró la Selección española fue Austria, a la que le endosamos 9 goles para que se fueran “calentitos” a Viena. Al que se agarró uno fue la consecución de la Licenciatura. Parece mentira que uno sufra tanto, luche tanto y se lleve tantos berrinches para conseguir un mísero título en papel que, una vez obtenido nadie te va a preguntar cómo lo obtuviste. Lo importante es que lo tienes, y punto.

Una vez más llegamos a un Mundial con la vitola de candidatos, pero esta vez con argumentos más sólidos que otras veces. Aunque no sé si lo llevamos incorporado en el gen español que, cuando nos sentimos superiores, fallamos. Esta vez no fue entera culpa nuestra, sino de agentes externos (llamémoslos árbitros) que no se pueden controlar.

Finalizado este Mundial, extraes otra lección vital. No basta con ser muy bueno, tener convicciones y estar seguro de ti mismo, sino que también debes controlar el entorno que te rodea. En la medida que el ser humano vive en un entorno y relacionado con otros seres humanos, es imprescindible, para tener éxito en la vida, saber controlar dicho entorno y saberte relacionar con los demás. Si no, estás perdido.


ALEMANIA 2006-Viejos fantasmas

En este período entre Mundial y Mundial, uno ha pasado del protector manto de la Universidad a la jungla que supone el mercado laboral. Esto es como la cura de humildad a la que se sometió España, que pasó de ser favorita a clasificarse en la repesca.

En los Mundiales como en el mercado laboral, conviene ir precavido, en un segundo plano, analizando las posibles alternativas para no equivocarse en los posteriores pasos a dar. Está claro que el que no arriesga, no gana pero tampoco es cuestión de ir de frente, dado que la empresa privada no es la Universidad. Los resultados han de conseguirse cada día, no en Febrero y en Junio y tu supervivencia no depende tan sólo de lo que hagas tú sino también lo que hagan los demás. Y en el mercado laboral, como en el fútbol, hasta el más tonto hace relojes.

Y no vale que tú pases a Octavos de final con una hoja de servicios limpia, porque para llegar a la Final dependes de lo que hagan los demás. Y si los demás son franceses, conviene andarse con cuidado aunque ellos hayan hecho peor las cosas que tú. Lo importante es el fin (llegar a la Final) y no los medios, por eso a veces el mercado laboral se convierte en una jungla.

Hay gente muy resabiada, que está de vuelta de todo y tú, que aún destilas la inocencia del recién licenciado, no eres rival para ese tipo de depredadores, tipo Henry, que no tuvo piedad de la joven y vitalista Selección española.

Parece que la vida no es tan bonita como nos la pintaba Butragueño en Quétaro, que necesitas curtirte y recibir palos, pues ese es el mejor aprendizaje pero que, aunque tenga un punto cruel, siempre acaba dándote una oportunidad por pequeña que sea. La cuestión es que la sepas aprovechar.

Continuará...

La vida y los Mundiales (I)



No sé si llamarlo fanatismo, locura, friquismo u otro calificativo que defina a una persona diferente, pero he llegado a una conclusión cuanto menos sorprendente. Me he dado cuenta que podría contar la vida según los diferentes Mundiales de Fútbol que uno ha visto:

MÉXICO 86-El Despertar

Por más que intento buscar en los lugares recónditos de mi mente, no consigo encontrar ningún recuerdo de Naranjito. Mis primeros recuerdos mundialistas se remontan a México 86.

Fue como despertar de golpe a la vida, como si el contador de la misma comenzara a cero en ese mismo instante. Los recuerdos anteriores, que se almacenaban borrosos en mi cerebro, se tornaron en nítidos a partir de entonces. Y la primera imagen que se guardó en la retina fue la de Butragueño señalando al cielo cuando celebraba uno de sus 4 goles a Dinamarca.

De golpe, todos despertamos. Los mayores, porque vislumbraban que por primera vez en mucho tiempo, nuestro país podía ser reconocido mundialmente y eso suponía un plus de autoestima en el tradicionalmente maltrecho orgullo español. Los pequeños, porque nos asombraba como un acontecimiento que se estaba produciendo a tantos kms de distancia pudiera tener tanta repercusión aquí. Empezabas a comprender que el Mundo estaba más interrelacionado de lo que creías y que todos nos necesitábamos si queríamos remar en el mismo barco, aunque este estuviera en ese momento atracado en México.

Y todas estas noticias llegaba a través de un aparato que empezaba a cobrar vital importancia, pues era el principal transmisor de ilusiones y el que te permitía evadirte de lo que ocurría a tu alrededor: el televisor. Con él y gracias a lo ocurrido en México, piensas que la vida es un infinito campo de sueños dispuesto a ser abonado.


ITALIA 90–No es tan bonito como lo pintan.

Tras el bucólico Mundial anterior tan sólo emborronado por una mala tarde de Zubizarreta parando penalties, llegó el evento que te enseñó que la vida tiene una cara oculta.

La selección acudió a Italia en el mismo estado en el que se encontraba uno mismo: confuso. La confusión venía porque uno se encontraba a medio camino entre ser un niño y ser un adolescente. Y cuando acudes con dudas a un evento de máximo nivel, cualquier mínimo detalle (un lanzamiento de falta de Stojkovic, por ejemplo) te puede mandar para casa.

La lección que aprendes es que en la vida hay que tener convicciones, estar seguro de algo y tener tus propias ideas. En definitiva, tener tu propia personalidad y ser reconocible por ello.

ESTADOS UNIDOS 94-La efervescencia

No sé si sería por el gol in-extremis de Hierro (tras una falta clara de Bakero al portero danés) que nos clasificó para este Mundial o por la adolescencia, que ya empezaba a llamar a nuestra puerta dispuesta a instalarse, la cuestión es que acudimos a este acontecimiento un poco acelerados.

Porque considerarnos favoritos cuando te has clasificado a última hora es algo precipitado y hasta cierto punto, exótico. Como exótico es ver partidos de fútbol a la 1 de la mañana (para luego empatar con Corea).

Pero así es la adolescencia, un período loco, donde no hay ni orden ni concierto. Todo surge sin más y tus sentimientos están a flor de piel, tan pronto estás alegre como estás llorando.

A pesar de todo, intentas buscar racionalidad a todo lo que ocurre a tu alrededor y cuando crees haberla encontrado, le rompen la nariz a Luis Enrique y se te desmorona todo. Piensas que la vida es un carrusel, que gira y gira sin control y que incluso haciendo las cosas con cabeza y sentido común, los resultados pueden que no lleguen. Toda una lección que nunca olvidarás.

Continuará...