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UNA HORA MENOS EN CANARIAS (y VI): El Sentido Comercial de la vida.


Querido diario:

Esto se acaba y la prueba de ello es que el poco tiempo que nos queda lo vamos a dedicar a las compras. Ese proceso que se repite viaje tras viaje y que consiste en llenar la maleta de recuerdos típicos, sin orden ni concierto, y de regalos que no sabes si les va a gustar a sus destinatarios. Con el riesgo añadido que, en caso de defecto o de gustos, no vas a poder devolverlos. ¿Te regalan unas piedras del Teide y no te gustan? Pues te aguantas. Por cierto, un inciso. ¿Por qué no te dejan coger piedras en el Teide, supuestamente para no esquilmar el terrero, y luego los autóctonos te venden piedras a granel?

Trevor ha preferido ir por libre y se marchó a por una cámara de fotos. Esta isla es el paraíso digital. Los bazares electrónicos crecen como setas y en todos hay ofertas. Manejas tantos productos y tantos precios en la cabeza, que al final, de tan mareado que estás, decides no comprar nada. Pero Trevor no es de esos. Él ha ido a comprar una cámara de fotos y volverá con una cámara de fotos. Nuestra sorpresa fue cuando le vimos aparecer cargado de paquetes.

Trajo la cámara, por supuesto pero también trajo bajo el brazo, una minicadena, un descodificador de TDT, una maquinilla de afeitar, una radio…En fin, medio bazar. Y en su cara se reflejaba una enorme satisfacción lo que significaba que el vendedor había hecho muy bien su trabajo: había creado necesidades a Trevor.

Visto semejante tocomocho, nos picó la curiosidad y decidimos darnos una vuelta e inspeccionar la tienda donde Trevor había dejado temblando su tarjeta. La verdad es que habíamos visto tiendas mejores, más curradas en cuanto a diseño y escaparate. Lo más característico de la tienda era el pequeño batiburrillo de productos que había, dado que junto a consolas te podrías encontrar camisetas, deliberadamente falsas, de equipos de fútbol. En estas que una voz nos preguntó en qué podía ayudarnos. Su presencia física era impecable. Tez morena, cabellos plateados y gafas impolutas, como impolutas y bien planchadas estaban la camisa y el pantalón que llevaba el primo canario de Apu, el dueño del Badulake de Springfield. Al contestarle que tan sólo estábamos echando un vistazo, su falsa sonrisa de complacencia se borró y se dio media vuelta. Sin duda, no éramos su objetivo.

Trevor continuaba ensimismado con los artilugios que había comprado. Al preguntarle el porqué de la compra de tantas cosas, él sólo pronunciaba una palabra: Descuento. Esta palabra, junto con la palabra Gratis (ver El Teorema de las Camareras) es otra de las palabras fetiche de los españoles. Es oírla y ponerse nuestros 5 sentidos a trabajar. Y aunque nosotros no éramos conscientes de ello, somos débiles (españoles además) y en ese preciso instante se había creado en nuestro interior la necesidad de comprar.

Decidimos volver al lugar de los hechos. Apu, al vernos no nos hizo mucho caso. No éramos su cliente tipo. Trevor, que se había entretenido mirando el escaparate, entró después. Y justo cuando entraba, la situación cambió por completo. Fue como si por el hilo musical se escuchara a Liza Minelli cantando “Money, Money” y como si en vez de pupilas negras, Apu tuviera símbolos de $ en sus ojos. En ese momento, llamó a un mancebo para que despachara a los clientes que él estaba atendiendo, saltó el mostrador, pasó de largo de nosotros y se encaminó hacia Trevor.

¡¡Qué saludo tan efusivo!! Parecían 2 amigos íntimos. Apu preguntó a Trevor si todo lo comprado le funcionaba bien (eso es cuidar al cliente), Trevor afirmó y seguidamente el hindú le preguntó qué le traía por ahí. En el momento que nuestro amigo le dijo éramos nosotros y no él quien venía a comprar, Apu se volvió hacia donde estábamos y nos trató tan bien o mejor de lo que trató a Trevor (qué falso, si ayer ni nos conocías, mamón) Una vez más volvió a tirar de mancebo para que éste atendiera nuestras súplicas. Y juro que sólo íbamos a por algo concreto, pero sin embargo terminamos saliendo de la tienda con más de una cosa. Había caído en sus redes y sin darnos cuenta nos había creado una necesidad. Y a punto estuvo Trevor de caer, menos mal que se despertó a tiempo del influjo del hindú. Yo creo que, si le dejamos, hubiera sido capaz de vendernos a su hijo, el cual se pasó todo el tiempo jugando con una pelota dentro de la tienda. Por cierto, advertencia para los que visiten esa tienda u otras similar. Probad los artilugios antes de iros no siendo que volváis a la Península con un despertador que no funciona.

El tema es que no hay que fijarse en los precios. Pueden estar marcados con una cantidad, pero luego el precio es otro. A nosotros se nos aplicó el Descuento Trevor. ¿Que en qué consiste? Ni idea. Porque no se seguía ninguna regla matemática, ni ningún porcentaje, simplemente la cantidad que se le pasase por la cabeza al vendedor. Así, radios de 20 € se quedaban en 10 € ó despertadores de 55 € acababan valiendo 10 €. Con esa técnica era imposible regatear.

El cansancio había hecho mella en nosotros y esa última noche fue la más relajada de todas. La intención de Trevor hubiera sido la de despedirse de esa camarera que tanto había centrado sus pensamientos, pero al final no tuvo fuerzas suficientes como para aguantar hasta altas horas de la madrugada el cierre del bar en el que ella trabajaba. Al menos él espera que le recuerde en sus pensamientos. De todas formas Trevor, no te preocupes porque como allí nos hemos sentido en la gloria (buen clima, ausencia de estrés y gente muy agradable), es casi seguro que volveremos…y triunfaremos.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (V): El Axioma del Teorema de la Camarera.


Querido diario:

Es increíble que, a pesar de su agitada vida nocturna, Trevor lleve pleno de presencias en el desayuno. No ha faltado a ninguno. Lo mejor de todo es que nosotros le vemos con fuerza suficiente como para seguir ese ritmo.

Mientras que físicamente le vemos bien, sabemos que anímicamente no está en su mejor momento. Aún sigue siendo esclavo de sus palabras y el Teorema de las Camareras que brillantemente formuló, le está llevando por la calle de la amargura. Sería tirar piedras contra su propio tejado si deja sin validez su Teorema pero esa camarera le ha calado tan hondo, que por ella sería capaz de mancillar su prestigio matemático.

En estas atribulaciones estábamos cuando decidimos pasar el día en el mayor ¿zoológico? de la isla: El LORO PARQUE. Aunque ellos lo denominan el “Must” de Canarias. Si alguien sabe el significado de esta palabra, por favor que nos lo diga.

A lo que íbamos, que pasamos el día en un recinto donde el espíritu comercial se imponía al animal. Algún día hablaremos del sentido comercial de la vida que posee esta gente. Nada más entrar, casi sin darte cuenta te colocan un loro en el hombro y el flashazo que viene a continuación te recuerda que ya te han retratado para que luego pases por caja. Como no avisan, la cara con la que apareces en la foto está más cerca de la que tendrías al entrar en una Casa del Terror que la de entrar en un “Must”.

Una vez recuperados del susto, nos dispusimos a recorrer nuestro camino intentando interpretar lo mejor posible el mapa del recinto. Al final, no sé para qué ponen tantas letras si al final nos guiábamos por las fotos que venían en el plano. Una vez que dominamos las distancias y los caminos, quedaba otro paso. Controlar los horarios. Cada animal tenía su recinto y cada recinto, tenía su espectáculo. Así que en ese momento empezamos a ir a matacaballo. El estrés había vuelto a nuestras vidas. Acabábamos de ver como un león marino le robaba la cartera a un adiestrador y teníamos que ir a toda prisa a ver cómo una Orca nos calaba hasta los huesos después de un salto espectacular. Terminamos de ver ese húmedo espectáculo y a ver a otro clásico de los zoo´s: el delfín. Después de observar cómo se desenvolvían las orcas y los leones marinos, no hubo nada nuevo que no hubiéramos visto hacer a estos que pasan por ser uno de los animales más inteligentes.

Y después vinieron, las iguanas, los tigres, los monos, los pingüinos y como no, los loros. Y así, hasta tropecientas especies. Eso era una auténtica saturación animal. Lo bueno del asunto es que en lo que vimos tanto animal, mantuvimos nuestras mentes distraídas. Pero Trevor aún seguía dándole vueltas a la cabeza. Hasta que llegó al quid de la cuestión.

Había dado con la solución, con el método que le permitiría mantener su teoría y conjugar con ella sus sentimientos. Es más, su Teorema de las Camareras saldría reforzado empíricamente. Había nacido el Axioma del Teorema de las Camareras.

Dicho Axioma venía a decir lo siguiente: no hay utilidad marginal tendente a cero cuando la camarera está al otro lado de la barra es decir, cuando la camarera no está de servicio. El ingreso (conseguir los placeres de la chica) aumenta exponencialmente por cada minuto, ¡qué digo minuto!, por cada segundo que pase la damisela fuera de la barra. Desde el punto de vista formal, este Axioma es tan brillante como el Teorema que complementa. Pero Trevor no se había dado cuenta de un pequeño detalle.

La Utilidad, cuando una camarera no está trabajando en la barra, hay que medirla como un sumatorio de utilidades. Para los no iniciados en la materia, lo explicaremos con otras palabras. A tú interés por cortejar a la camarera hay que unir los de otros cuantos (a ver si creías que tú ibas a ser el único) que piensan que tienen posibilidades con ella. Y claro, el número de personas a las que haya conquistado esta bella dama mientras servía un Cacique-Cola, es cada vez mayor cuanto más guapa y más simpática sea la chica.

En definitiva, aquello sí que se convierte en una Jungla donde todas las especies compiten para ver quién se lleva el gato al agua. Ese sí que es el auténtico LORO PARQUE. Y reconócelo, Trevor, que si te sigue saludando, sonriendo e incluso hablando cuando no está trabajando, eso no quiere decir que la tengas en el bote. Simplemente, es que es una chica educada.

*Hoy Trevor conquistó a 9 velinas en el día de hoy.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (IV): El Increíble Pino Canario.


Querido diario:

Cuenta la Historia que esta tierra un día fue habitada por guanches, los cuáles eran felices con su autóctona forma de vida. Habían llegado a desarrollar su propia jerarquía, con el reparto de diferentes reinos y lo más importante, consiguiendo ser autosuficientes. Esta premisa aún la mantienen, lógico por otra parte, dado que hay ciertos productos que en lo que tardan en llegar a la isla, ya se han estropeado. Por lo tanto les sale más rentable producirlos aquí. Trevor, que sigue con su proceso de mimetización (considera que por sus venas corre un 33% de sangre guanche), ya lo ha comprobado y se ha hecho un ferviente consumidor de la cerveza Dorada. Pero volvamos a la Historia.

Nosotros, que nos hemos criado con la cultura del cómic, idolatrábamos a los superhéroes y en cierta medida, deseábamos parecernos a ellos. Pero desde que sabemos la Historia del Pino Canario, nuestros gustos han cambiado. ¿Qué superhéroes, después de haberse quemado vivos, son capaces de regenerarse en 3 ó 4 años sin perder un ápice de vitalidad? Y otra pregunta, ¿por qué en una isla eminentemente volcánica y aparentemente sin ríos no hay problemas de restricción de agua? La respuesta hay que encontrarla en los Pinos Canarios. Efectivamente, estos proporcionan la humedad necesaria para que se formen acuíferos en el subsuelo. Además, el Pino Canario tiene tal fuerza de contención que es capaz de impedir los corrimientos de tierra en un territorio tan pronunciado como éste. Y como el Pino Canario es muy generoso, a parte de tener mucha vida proporciona vida a otros seres vivos como los pinzones azules, el pájaro típico de la isla o las laurisilvas, la planta canaria por antonomasia.

Pero no se puede ser perfecto en esta vida y como cualquier superhéroe, el Pino Canario tiene un punto débil. Si Superman temía a la Kriptonita, Batman sufría rechazo social o el Increíble Hulk se volvía irascible cuando estaba lleno de ira, el Pino Canario tiene en sus raíces su talón de Aquiles. Si éstas se queman, el pino se extingue para siempre. Desgraciadamente nada es eterno en esta vida.

Lo que si parece eterno, o al menos lo va a conservar durante mucho tiempo, es el acento canario de Trevor. Le oyes hablar y crees que es un lugareño más. Su nivel de acento es inversamente proporcional al que pierden las guías turísticas cuando hablan por el micrófono de la guagua. Afortunadamente, se trata de una pérdida transitoria porque nada más bajar del autobús, olvidan su acento godo y vuelven a recuperar su acento canario. Curioso tema. Habrá que analizarlo.

*Trevor ha tenido un día muy sociable y ha conocido a 10 velinas más. Ya ha entablado amistad con 31.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (III): La guagua o la vida.


Querido diario:

Ya nos hemos acostumbrado a ver el cielo encapotado. Menos mal que Trevor dice que hay que adaptarse a las costumbres de los lugares a donde vayamos. Por eso, ya nos hemos habituado a ver transitar por las calles taxis únicamente de la marca Mercedes que, por cierto, menudo negocio hizo en el pasado (y recalcamos lo de pasado) dado que el más nuevo de ellos no tendría menos de 10 años. Sin duda, fue el gran pelotazo alemán.

También te acostumbras a que tus copas sean combinadas siempre con Pepsi. A lo mejor el buque insignia americano (la chispa de la vida) desconoce la existencia de estas islas. Al hilo de lo de las copas hemos de decir que en todos los bares de la zona hay una verdadera obsesión, por no decir manía persecutoria, por los posavasos. Antes de servirte una copa ya te han puesto uno en la barra, incluso si tan sólo te has pedido una mísera botella de agua. Y si te diera por juguetear o desmenuzar el posavasos, tranquilo que, antes que te hayas dado cuenta, tienes tu copa encima de uno. Debe de haber algún tipo de superstición o maldición porque por preservar la madera de la barra no es, dado que al vidrio de la Pepsi nunca le ponen posavasos.

Tan curioso es cómo te sirven las copas como es la manera de conducir de los lugareños de la zona. En vista que no vislumbrábamos ningún día el sol, Trevor propuso ir en busca de él. Así que decidimos acudir a la playa que nos habían dicho que era la más soleada de la isla (nunca agradeceremos lo suficiente los consejos de nuestro amigo el RRPP uruguayo. Ver “La Marca Blanca”). Como carecíamos, por temas logísticos, de medio de transporte propio decidimos coger una guagua. ¡¡Qué craso error!!

Algo falla cuando transitas por la autopista y tu guagua siempre va por el carril de la izquierda, adelantando a diestro y siniestro. Se llega a dudar que los coches tengan más potencia que los autobuses. Pero no es en la autopista donde se pasa más miedo, a pesar que en los desvíos la guagua nunca redujera la velocidad (más tarde nos enteramos que eran desvíos exclusivos para los buses. Aún así no deberían tomarse a más de 80). El verdadero miedo se pasa en la ciudad.

Para los que piensen que Madrid es una jungla es que no conocen Tenerife. Por menos de nada la gente desenfunda y aprieta el cláxon, demostrando que son los más rápidos del Oeste. Que te piten porque hayas hecho alguna pirula, tiene un pase. Pero que te piten cuando estés cruzando un paso de peatones en verde, es a todas luces incomprensible. No sólo se pita por eso; también se escucha el cláxon cuando las guaguas entran en las glorietas (como diciendo: “aquí estoy y no pienso frenar”), cuando ven a otro autobús (a modo de saludo) y también cuando el semáforo lleva mucho tiempo en rojo y el conductor considera que ya es hora que se ponga en verde. En definitiva, es el Reino del Cláxon. Trevor cree que todo radica en un mecanismo que se activa automáticamente en los pedales. A saber.

Lo que sí está claro es que cuando montas en una guagua, no puedes asegurar al 100% si vas a volver a bajar de ella. Eso sí, los conductores serán un poco suicidas pero en el autobús siempre hay que ir con cierto decoro y por ejemplo, no puedes montar sin camiseta. Mira, es un detalle a tener en cuenta. Por lo menos que seas un muerto elegante.

*2 velinas de hoy hacen ya 21 las conocidas por Trevor.


UNA HORA MENOS EN CANARIAS(II): La Marca Blanca.


Querido diario:

Sigue nublado en Tenerife. En ocasiones pensamos que estamos en un pequeño Londres con temperatura agradable. La Panza de Burro no nos ha dado tregua y sigue posada sobre nosotros como un gran telescopio que observa todos nuestros movimientos. Ante estas perspectivas y en vista que no merecía ir a la playa, nos hemos dedicado a hacer turismo.

Como muchas zonas turísticas, el antiguo pueblo es muy diferente a los lugares en donde se concentran todos los hoteles y apartamentos. El pueblo rezuma ambiente de villa de pescadores, con casas de estilo colonial adornadas con balcones típicos hechos con pino canario (del que hablaremos en posteriores post).

Trevor, en contraposición a cómo es de noche, es muy sosegado durante el día. Tanto que parece un osito de peluche. Pero es ocultarse el sol y convertirse en una pantera. En nuestro paseo vespertino a Trevor no se le escapó el detalle de un escenario en medio de la Plaza Mayor. ¿Qué hacía ahí ese escenario? Por ese motivo y, supuestamente para conocer más alternativas de ocio, entramos en la Oficina de Turismo.

Una vez allí, Trevor estuvo atento a otro detalle: a una señora mayor le estaban regalando una pulsera blanca. Una vez más, la palabra fetiche de todos los españoles: gratis. Después de escuchar mucha palabrería sobre nuestro supuesto interés por la actividad cultural de la isla, llegaba el momento de descubrir qué se estaba cociendo ahí. ¿Estarían relacionados el escenario y la pulsera blanca?:

-¿Por qué regaláis una pulsera blanca?- preguntó nuestro hombre. En ese momento a la guía turística le cambió el semblante y caló inmediatamente a Trevor.
-¿Queréis una?- respondió ella- ¡No teníais nada más que habérmela pedido! El motivo de regalarla era porque se está celebrando la semana Tentación.
-¿La semana Tentación?- respondimos al unísono mientras recogíamos la pulsera que la guía nos regalaba.
-Sí, la semana Tentanción. Una semana dedicada a los gays, lesbianas y transexuales. Tomad un programa de las actividades, no os cortéis, que no pasa nada (ya me entendéis), que para eso están.

Después de esta manera tan turística de salir del armario, Trevor encabezó, eso sí, sin pulsera blanca, nuestra ronda nocturna. Y aunque quisimos, no pudimos darles esquinazo. Ellos siempre están ahí. Nos referimos, efectivamente, a nuestros “amigos” los RRPP.

Trevor tomó otra ruta alternativa a la de la noche anterior, exenta de aglomeraciones y de tránsito de personas. Da igual, tras una esquina, como un francotirador, nos estaba esperando un chiquitín. A diferencia de la noche anterior, esta vez el espécimen era autóctono y todo lo que le faltaba de altura, lo tenía de labia. ¡¡Madre mía!! Parecía un socio-fundador del Local. De hecho, Trevor llegó a pensar que los flyers eran participaciones del bar. Nos llegó a decir que era un local diferente, un nuevo concepto de ocio adaptado a las necesidades y gustos del cliente y con música de calidad. ¿Al final?...lo de siempre. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en un garito no muy diferente a otros y con el mismo concepto musical que las orquestas que tocan en los pueblos.

En vista que era imposible librarse de ellos, Trevor decidió volver por los caminos conocidos y repetir ruta. Allí se volvió a encontrar con su viejo amigo uruguayo. Uno de los pocos que se salvaba de ese mercantilismo salvaje que imperaba en el gremio de los RRPP. Un hombre que la noche anterior, a parte de venderle a Trevor la moto de lo genial que era su Local, tuvo la delicadeza (y ese no era su trabajo), de preguntarnos de dónde veníamos y cómo lo estábamos pasando, a parte de sugerirnos actividades en la isla. Vamos, lo que Trevor entiende por un tipo íntegro.

Fue verle y pensar Trevor “por fín un amigo”. Lástima que el uruguayo no lo entendiera de la misma manera. Ahí algo falló. O el “amigo de Trevor” tiene memoria de pez o no era tan “amigo” porque nos volvió a hacer la misma batería de preguntas que la noche anterior y ni se pispó que, en las respuestas, le estábamos mintiendo. En definitiva, en una noche pasó de mostrar interés por nosotros a tener interés en nosotros.



*Con las de hoy, Trevor ya conoce a 19 velinas.

UNA HORA MENOS EN CANARIAS (I): El Teorema de las camareras.



Querido Diario:

La verdad es que es un poco frustrante hacer miles de Kms. en busca de Sol y Playa, y que lo primero que te reciba en la isla de Tenerife sean cielos cubiertos y una fresca brisa. Es lo que los lugareños llaman La Panza de Burro: fenómeno meteorológico que se produce por la confluencia de los vientos alisios (muy propios de esta época del año) y la evaporación del agua del mar. A Trevor no le ha hecho mucha gracia saber que hubiera sido preferible haber visitado estos lares en invierno, cuando los alisios se han ido a tomar vientos. Aunque reconozcámoslo abiertamente, Trevor es un animal nocturno al que nunca le ha importado el tiempo que haga por el día.

Nuestro primer día allí transcurrió tranquilo. Fue una primera toma de contacto y reconocimiento del terreno. Un terreno, por cierto, muy escarpado sin duda influenciado por el volcán que corona la isla que formó, en sus antiguas erupciones, innumerables barrancos. Trevor no contaba que para cuando volviera de fiesta, tuviera que convertirse en Alberto Contador y escalar el Tourmalet.

Pero, ¿quién piensa en la vuelta cuando aún no se ha producido la ida? La primera noche en un hábitat que te es desconocido es de tanteo y si nos apuras, un poco light. Todo esto se produce en circunstancias normales…pero no en las nuestras. Hemos de tener en cuenta que Trevor juega en nuestro equipo y no se caracteriza, precisamente, por ser un tipo que quiera perder el tiempo. Así que, nos acicalamos y nos dejamos llevar por el influjo de la noche.

Una vez que se pisa el área de influencia, eres hombre muerto. Por área de influencia entendemos la zona por donde los Relaciones Públicas se lanzan como buitres a por su carroña es decir, los turistas. Son especialistas en ofrecerte/venderte las bondades del local al que representan. Entre ellos predomina el espécimen argentino-uruguayo, de labia incontrolada y marcado tópico machista (“las mejores mujeres de la isla van a mi local”). Antes que te hayas dado cuenta, ya te han hecho el lío y terminas brindando con él (un colega ya para toda la vida) chupito en mano. Porque ese es el gran reclamo: el chupito gratis. Parece mentira que el RRPP haya tenido que venir desde tan lejos para detectar claramente cuál es la gran debilidad de todo español: la gratuidad.

Pero si éxito de los RRPP se mide por la fidelidad que consigan captar por parte de los clientes, hemos de decir que en todo este entramado del ocio nocturno, no son los que se llevan el gato al agua. Tienen en las camareras a un duro rival.

Una vez dentro del Local y haberte bebido el chupito, no sin riesgo para tu salud, empieza la competición. Por un lado, Trevor compite para conocer gente (principalmente, público femenino) y por otro, el Bar para ganarte como cliente. A pesar que entraste en el garito a regañadientes, más que nada por no hacerle el feo al RRPP (que entró contigo hasta la cocina) y porque daban algo gratis, ahí te encuentras, sin comerlo ni beberlo (nunca mejor dicho), con una copa en la mano. ¿La culpable? No lo dudes, la camarera.

A Trevor siempre se le había llenado la boca hablando del TEOREMA DE LA CAMARERA. Para los que no lo sepan, dicho teorema enuncia que la Utilidad Marginal de cotejar a una camarera es cero o tendente a cero. Para los no iniciados en las Ciencias Económicas, lo diremos en cristiano. El coste (dar la brasa a una camarera y creer que te hace caso porque le interesas y no por su propio interés) es mucho mayor que el ingreso (la remota probabilidad de enrollarte con ella).

Es increíble cómo todo este razonado y contrastado teorema puede saltar por los aires en el momento en que Trevor, copa en mano, haya quedado prendado a los encantos de las camareras canarias. Ya hemos comentado en ocasiones anteriores, que los hombres son más simples que le mecanismo de una peonza (ver “Cuatro maneras de enfrentarse a una cita). Las potentes armas de este tipo de mujer son una eterna sonrisa, un interminable derroche de simpatía y un acento que puede volver loco al más cuerdo de los mortales. Cuando Trevor despierte de su encantamiento, se dará cuenta que, copa tras copa, ha pasado varias horas en ese Bar. Objetivo cumplido.


*Hoy Trevor conoció a 9 velinas.