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Mi primera huelga



Hace unas semanas asistí en primera persona a mi primera huelga. Tuve la sensación de cierto desvirgamiento, de algo que tarde o temprano tenía que ocurrir, de un paso necesario que en toda vida laboral ha de darse. Igual que en tu vida personal, la caída de tu primer diente es todo un acontecimiento este momento huelga también fue expectante.

Mañana fría de un día del mes de Febrero, sales aturdido por la luz del sol después de haber estado media hora en la penumbra del Metro y te dispones a cruzar la calle, cuando una pancarta en lo alto de un puente te anuncia un conflicto laboral. Caminas con paso firme por la acera acercándote cada vez más a la concentración de piquetes que hay en la puerta de entrada. Dos certezas hacen que te tranquilices. Una de ellas, la presencia de dos furgones policiales. La otra, el hecho de haber quedado con todos tus compañeros en una Cafetería para ir juntos hacia la empresa.

Llegó el momento. Cuan procesión de Semana Santa, el rebaño de trabajadores se dispone a realizar su travesía. Travesía que se ve trufada de sonrisas falsas, conversaciones irrelevantes para así negar la realidad que te espera y por qué no decirlo, para disimular el desasosiego que sientes en tu interior.


¡Sorpresa! Los sindicalistas te reciben con una sonora ovación y te hacen pasillo. Por un momento te abstraes de la realidad y te crees campeón de la Champions League y que luego vas a salir al balcón para ofrecer tu trofeo a la afición. Te crees el Rey del Mambo, una estrella, un ídolo de masas. Pero una palabra te baja de la nube.

¡Esquirol! No sabes muy bien lo que significa pero por la cara que ponen al pronunciarla, te das cuenta que no es un piropo. Desde luego cuando ya tomas conciencia de la situación es cuando te llaman ¡¡Borrego!! Y se te cambia el rictus de la cara cuando ves impactados huevos en la pared de la empresa ( y aún les quedaban más). Eso sí todo en un ambiente festivo y poético, pues todo lo que declamaban era cantado y rimado. Ni la generación del 27 lo podría hacer mejor. Por un momento los envidié: yo yendo a trabajar y ellos de cánticos espirituales. Para rematar la faena y cuando ya estábamos dentro del edificio, una mascletá nos recordó que no quedaba mucho para las Fallas.

Y es que la vida, como las huelgas, es una fiesta.

1 comentarios:

Mira, dentro de unos días habrá otra, a ver qué tal, yo como trabajador creo que no he vivido huelgas o si las he vivido las he olvidado sin que hubiera ningún incidente.