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BERLINALE(III). El Milagro Alemán


Un buen vendedor siempre se ha distinguido por ser capaz de crear una necesidad de compra allí donde ni por asomo la había. De generar en el consumidor una ansiedad de la que será difícil que se sustraiga si no es comprando.

Pero esto de crear necesidades aparentemente superfluas no es sólo exclusivo de los procesos de compra. También puede ser extrapolable a otros ámbitos de la vida como por ejemplo, el laboral.

Y en la creación de necesidades laborales, los alemanes han hecho un arte y ya de paso, han conseguido la cuadratura del círculo del “cuasi” pleno empleo. Si no, ¿dónde se ha visto que en un Centro Comercial por cada puerta que haya exista la figura del portero que te las abra? ¿Acaso no existen las puertas automáticas o giratorias? Sí, pero estamos seguros que el consumidor alemán no lo sabe y que si va a comprar y no encuentra a un gentil caballero o señorita que le abra la puerta, su experiencia no será plena y notará que le falta algo. En definitiva, le han creado una necesidad.

Hablando de Centros Comerciales, estos proliferan sin sentido. Algunas veces unos solapados a otros, con una estética más cercana a la de una Galería que a la de un Centro Comercial. ¿Cuál es el sentido? Sin duda, incitar a consumir. Para ello usan el cebo de una marca reconocida para que el público entre, de paso pique y se encuentre, entre otras cosas, comercios donde están tan poco acostumbrados a vender que cuando un cliente entra y compra algo, tiene que utilizar un rollo de cocina para envolver el regalo (¡y se quedan tan panchos!). Esto último entronca con otra característica del pueblo alemán: la eficiencia.

Pongamos un poco en cuarentena la famosa eficiencia alemana. Lo primero que tenemos que hacer es no sentirnos inferiores a ellos. En el fondo también son humanos y cometen errores. Y también se escaquean. Es difícil ver a alguien trabajando en una obra a primera hora. Ni a media mañana. Se conoce que, como en España, la hora del desayuno y del bocadillo es sagrada. Una cosa es que se tomen las cosas con calma pero otra bien distinta es que no rematen las obras. Si no, ¿por qué ningún edificio tenía cornisas? Porque que no hubiera persianas ya contábamos con ello, pero las cornisas…

Así que, a modo de conclusión hay dos cosas que hemos de tener claras. Que somos mano de obra tan cualificada como otra cualquiera y que hay otros que son más “creativos” maquillando las cifras de Población Activa. 

2 comentarios:

Vaya!!! Interesante reflexión! Aquí nos pasa al contrario, lo que pueda hacer una máquina, para qué lo va a hacer un hombre (que encima querrá comer, descansar y, lo que es peor, cobrar)?
Un beso

Lo de la eficiencia es verdad que no es para tanto. En cuanto a los centros comerciales no lo recuerdo pero es normal, para tener una buena economía hay que consumir, es el capitalismo.