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BERLINALE (y V). Bombas sobre Berlín


El ser humano nunca dejará de sorprendernos. Su capacidad de adaptación y reinvención es lo que más nos diferencia del resto de seres animales. También en la capacidad para llevar hasta extremos profundos y oscuros nuestra supuesta racionalidad, llegando en ocasiones a poner en peligro la propia supervivencia humana.

La desesperación nunca fue buena aliada para alejarnos de esos recovecos oscuros que tiene nuestra mente. Cuando se ha perdido todo, cuando no se tiene ningún tipo de esperanza, un mensaje arengando a la confrontación puede ser el único clavo ardiendo al que agarrarse.

Ese tipo de mensajes no tienen una base racional muy sólida. Si se analizan fríamente, son bastante simples: basta con crear un falso enemigo al que culpar de nuestros males y orientar todas fuerzas en combatirlo. Si creas un enemigo externo, olvidas las cuestiones internas que te hicieron estar en la desesperación que te encuentras. Es lo que informalmente se llama escurrir el bulto.

Una vez que ese mensaje cala en la gente, ya tienes un caldo de cultivo para desarrollar tus ansias de grandeza y de dominación del Mundo. Ya no hay marcha atrás, es una huída hacia delante. Y cuando ya tienes acólitos en tus filas, el siguiente paso es perpetuar las consignas para que la gente no las cuestione: ha nacido la propaganda.

A modo de repetir machaconamente el mensaje del desagravio, va calando entre las personas las ansias de confrontación y el odio visceral. Es en este momento donde la psiqué humana traspasa la racionalidad para instalarse en la más tenebrosa irracionalidad.

Y ese acaba siendo un proceso que no tiene marcha atrás. Es como un coche sin frenos, no se puede parar. Tan sólo falta que se prenda la mecha. Y sinceramente, llegado a este punto de sin razón, cualquier excusa, por mínima que sea, es más que suficiente para que todo el conflicto estalle.

En esa espiral de odio y violencia el ser humano no se da cuenta de lo que está realmente haciendo. No tiene más visión que la que le han adoctrinado. Pero analizado fríamente, en ese tipo de conflictos todos pierden, nadie gana. Y cuando llega la cordura puede que sea demasiado tarde.

Las consecuencias de este tipo de conflictos son devastadoras. Las heridas creadas tardan en cicatrizarse y poco menos que se necesita una refundación, una eliminación del pasado. Pero el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pues se llega a confundir olvido con desconfianza.

Si escapas de algo horrible, lo que menos necesitas es crearte nuevos fantasmas, nadar en el mar de la desconfianza. Eso sólo crea más recelos, más miedo y reactivar los oscuros pensamientos de los que querías huir porque puedes haber cambiado de enemigo pero no de germen que generaba el odio. Por tanto, se puede llegar a una situación peor de la que partías dado que, debido a la desconfianza, al enemigo externo que supuestamente tienes has de sumarle el interno.

Y mientras tanto, más y más propaganda, haciendo pensar a la población que nada pasa, que los raros son los otros, que nosotros vamos por el buen camino. Se mitifican pequeños éxitos, se crean falsos ídolos y modelos a seguir y se pretende hacer uso de una ostentación que en realidad no se tiene. En todo este peregrinaje se están olvidando la historia común, los valores que les caracterizaban en pos de algo falso, híbrido y endeble que tiene pocos visos de llegar a buen puerto.

Aunque hayamos expuesto que el ser humano es capaz de lo peor, también es capaz de lo mejor. En un momento de lucidez recupera la cordura, rompe pacíficamente con esa pantomima y planifica un futuro basado en el respeto y la confianza. Nadie dijo que la reconciliación fuera fácil pero si se quiere, se puede conseguir.

Es curioso lo que uno puede llegar a divagar paseando por las calles de Berlín. En algunos momentos parece como si su Historia te estuviese hablando para que no se olvide lo que allí sucedió y se extraiga lección de los errores cometidos para que no se vuelvan a repetir. Larga vida a Berlín.

5 comentarios:

Sin duda hay épocas históricas, vivencias propias y ajenas que convendría no olvidar nunca. Una vez me dijeron que perdonar es de sabios, pero olvidar de estúpidos.

Flaca memoria tenemos con muchas cosas.

suscribo todo lo que has escrito... mi abuela siempre me decía que la gente era buena por naturaleza, que sus malas acciones siempre eran desencadenadas por una mezcla equitativa entre incultura y desesperación...

no lo sé

un placer leerte!!

Antes que nada te agradezco no solo tu comentario sino tu paso por el blog.
Gracias y bienvenido!

Berlín es mas que un sueño un bucle para mi cada comienzo de año. Fue mi primer destino cuando por primera vez soñé con recorrer Europa en coche, luego el tren, y finalmente el avión, pero los años pasan y sigo sin viajar a ella.
Aun así me sigue cautivando, creo que es la única ciudad donde conviven el color y el blanco y negro, donde el pasado es tan cercano como el futuro.
Leeré los capítulos anteriores pero este quinto es una muy buena reflexión y resalto lo del tropezar dos veces. Es curioso pero cuando Angela Merckel habla de que estamos como al final de la 2ªGM sale a la luz la trama neonazi, el paro y la crisis asola la economía europea, y si antes hubo un plan Marshall que nos auxilió, habrá un plan Obama? No creo, mas bien estamos en manos de Berlín.

Decía mi profe de historia económica que la historia nunca se repite, es imposible que ocurran las mismas circunstancias, el mero hecho de tener una circunstancia anterior similar ya hace que no sea igual a la anterior. Eso sí, hay que saber interpretar que actuaciones equivocadas de situaciones similares puede que sean de nuevo equivocadas.

Venia a desearte un muy FELIZ CUMPLEAÑOS, que disfrutes mucho de tu día, y que... votes como buen ciudadano xD.

Mañana no sé si me conectaré y no quería quedarme sin felicitarte.

Un besito.