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CUATRO MANERAS DE ENFRENTARSE A UNA CITA


Hay que reconocerlo, los chicos son más simples que el mecanismo de una peonza. Esa es su gran debilidad porque las mujeres saben de sobra cuáles son sus pensamientos.

El hecho que sepan cuáles sus pensamientos primarios no implica que conozcan todas las conversaciones de hombres. Es por ello que en este post se va a explicar, razonadamente, cómo afronta un hombre, ante sus amigos, una cita con una mujer.

Evidentemente, claro que se habla con los amigos de ese asunto. Los habrá que le falte tiempo para llamar a los colegas para decírselo, también se da el caso de los que esperaran un tiempo prudencial para contarlo (más que nada para aderezar la historia), otros que preferirán convocar una reunión al respecto y por último, están los que lo dicen en petit comitée, casi murmullando.

Sea cual sea el modo en el que el hombre lo comunique, en el resto de amigos va a planear una pregunta que, más pronto que tarde, alguno se va a animar a plantear: En resumidas cuentas, ¿te liaste con ella o no? Aquí, como en el caso anterior, vuelve a haber varias posibilidades de respuestas según los distintos roles que puede adoptar el hombre:

1. El fanfarrón: A este tío se le ve venir. Es más la chica lo tenía que haber visto venir a la legua. Por si no cupiera alguna duda, este es el tipo que en el caso anterior se tomó un tiempo prudencial para aderezar la historia. Aunque la cita haya sido un auténtico fracaso y la chica no haya caído rendido a sus encantos, éste intentará por todos los medios revertir la historia y ponerse como vencedor del combate. Hay que darse cuenta que esta persona tiene una reputación de triunfador entre sus acólitos y un borrón en su listado de conquistas, puede hacerle caer varios peldaños. Así que, donde hubo un beso en la mejilla, él contará que hubo un morreo, donde hubo un acompañamiento a su casa, dirá que subió arriba y cuando ella le dijo que le diera más tiempo para pensárselo, él concluirá que la tiene en el bote.

2. El impulsivo: Quizá por falta de costumbre a la hora de quedar con chicas, o quizás porque las conversaciones con sus amigos son monotemáticas y giran en torno a lo mismo, este tipo de hombre se encuentra con la necesidad imperiosa de, nada más despedirse de la chica, llamar a sus amigos. Para hacernos una idea, es una persona que se queda a medio camino para ser un fanfarrón. Evidentemente este tipo intenta magnificar la cita pero su impulsividad hace que no haya preparado el argumento y que sus amigos le pillen en más de un renuncio. Ahí es dónde se demuestra que el fanfarrón es frío y calculador. Como todos los hombres tienen un código de honor en el que a un tío metido en relaciones sentimentales se le apoya incondicionalmente sin más (nada de consejos), los amigos para no bajarle el ánimo, le dan la razón y se creen toda la sarta de mentiras que le está contando.

3. El Consensuador: A diferencia de los otros dos, esta es una persona que se expone menos. Cuenta la historia sin más pero, bien porque es un mar de dudas o bien porque todas las decisiones las consulta con sus colegas, este hombre tiene la necesidad de reunir a sus amigos. A modo de Consejo de Sabios, recibirá todo tipo de interpretaciones en torno a la cita. Las habrá optimistas, realistas, fanfarronas e impulsivas. Una vez más, por ese código de honor que he explicado antes, todos los amigos culminarán sus exposiciones con la siguiente frase: “Haz lo que tú quieras”. Evidentemente, la sensación que se le queda a este tipo de hombres es como el que tiene tos y se rasca la barriga. Es decir, que tanto reunir a la gente para no haber llegado a un consenso y seguir estando hecho un lío. Pero da igual, seguirá confiando en estos tipos de honor y si volviera a surgir una ocasión similar, volvería a reunir a su vieja guardia.

4. El discreto: O también llamado El silencioso. Viene siendo el que las mata a la chita callando. Esta persona no pregonará la cita a los cuatro vientos, ni la magnificará. Es un tipo de éxito y sabe que su estrategia le dará buenos resultados. Avisará a sus amigos en el momento preciso: cuando se haya producido la conquista. Así conseguirá un doble efecto, dejar obnubilada a su concurrencia por un lado y por el otro, mostrarse como el verdadero líder (aquí es donde al fanfarrón le dan sopa con ondas). Este tipo ni necesita contar mentiras, ni pregonarlo a los 4 vientos, ni pedir consejos. Es un autodidacta, un echao p´alante con ciertas tendencias suicidas porque no ha valorado la posibilidad del fracaso. Juega al todo o nada y siempre gana dado que, si tiene éxito lo contará a sus amigos y si ha fracasado, como no lo ha contado, nadie se dará cuenta. Un tipo listo sin duda.

En todo esto no se ha dicho, pero es evidente, que la mujer tiene la sartén por el mango y por tanto, el éxito o fracaso de una relación depende de su decisión. Son ellas las que deciden cuándo y con quién liarse. Ellos son meras comparsas.

Dicho esto, nos asalta otra duda: ¿Qué clase de gestos ha de observar un hombre en una mujer para comprobar que le hace tilín? Eso lo contaremos en otra historia.

1 comentarios:

Pues me da que soy el discreto, pero como tampoco tengo amigos pues creo que no entro en esta clasificación jajaja