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EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO


Ha tenido que pasar 365 días para que nos demos cuenta que lo que pasó hace un año no fue un sueño. Tuvimos que frotarnos los ojos y pellizcarnos para comprobar que fue real.

Tuvo que ocurrir de manera agónica. El sentido trágico de la vida nos persigue y no concebimos conseguir un éxito si no hay sufrimiento de por medio. Ese es nuestro sino; qué le vamos a hacer si somos así.

La situación estaba controlada, fuimos claros dominadores, cualquier persona imparcial concluiría que éramos visiblemente los favoritos. Cualquiera confiaba en nosotros…excepto nosotros mismos.

La confianza en nosotros mismos estaba por los suelos. El sentimiento de inferioridad siempre nos ha recorrido el cuerpo. Fueron tantos los episodios injustos vividos, que siempre esperábamos cualquier navajazo a la vuelta de la esquina.

Y jugártelo al Todo o Nada es una Ruleta Rusa. Nada de lo que hayas hecho antes habrá valido si no tienes suerte. Para jugárselo todo a la suerte se necesita tener grandes dosis de aplomo y que el miedo a perder no te paralice el cuerpo.

¡Allá vamos! La ilusión de mucha gente está en tus manos…mejor dicho, en tus pies. Eres tan insultantemente joven que las historias de los fracasos previos te sonarán a leyendas de otro siglo, de cuando no había mentalidades abiertas y nos considerábamos el ombligo del mundo aunque tan sólo fuéramos cola de ratón. Épocas en las que éramos contratados en el extranjero como mano de obra barata y poco cualificada, en las que salías del país no por tus méritos sino por falta de oportunidades. Así era fácil echar la culpa a otro si las cosas no salían bien.

Tú, que desde muy joven te has labrado un futuro fuera, aparentas estar tranquilo aunque seguro que por dentro eres un manojo de nervios. No te lo piensas mucho; miras de frente a tu contrincante, lo sitúas, tampoco le dedicas una mirada desafiante, simplemente se trata de marcar el territorio. Das serenamente 3 pasos para atrás y sin dilación te dispones a disparar a puerta. Son esos los segundos que pueden definir un éxito y un fracaso, donde pueden salir a relucir tus nervios aunque no los aparentes. Chutas y se hace el silencio. Apenas transcurren 2 tensos segundos que marcarán para bien o para mal el resultado.

Y el resultado es brillante. Con un disparo certero y suave (¿dónde estaban los nervios?), barres de un plumazo todas las telarañas de la portería y ya de paso, de la decepcionante historia que ha acompañado a la Selección Española de Fútbol. Atrás quedaron fatídicos episodios como el llanto de Luis Enrique (no tanto por su nariz rota como por la rabia), el fallo imposible de Julio Cardeñosa (un gol que todos ya habían cantado), el escurridizo balón que el siempre seguro Arconada no pudo atajar o el gol fantasma de Míchel frente a Brasil que todos vieron menos el árbitro. El fútbol nos debía una y aquella noche de verano en Viena nos la cobramos.

Aunque aún quedaban 2 partidos, el señor Fabregas Soler y todos los que le alentamos desde la distancia sabíamos que habíamos ganado el Torneo. Si nuestro techo siempre estaba en la eliminatoria de cuartos, una vez superada ésta no teníamos límites. El sueño, 40 años después, por fin se cumplió.

4 comentarios:

Buenas... muy buen blog! Felicitaciones!!!

Te invito a que visites nuestro blog y que luego consideres darnos tu voto en la sección SOLIDARIOS.
Damos de comer a los jóvenes que viven en la calle y el premio redundaría en beneficio de ellos.
Gracias por tu valioso tiempo!!!

Paula y Manuel
www.elmacarronsolidario.blogspot.com

Hola Pedalier...
He utilizado un post tuyo en uno mío... pero me pareció tan brillante que no podía dejarlo escapar!!!

Sigue así!!!

Fue una bonita noche ^^
yo que al principio casi ni miraba los partidos con ilusión, pues sabía que en los tres primeros todo genial y luego para casa!! jejejej

Todavia recuerdo los momentos con la plaza llena de gente, todo el mundo veía el partido, antes estabamos tan solos ^^


Saludos : )

Pues ya ni me acuerdo ni contra quien jugaba en cuartos España, fíjate tú.