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EL MIEDO ESCÉNICO


El fútbol acuñó este término para aquellos escenarios deportivos en los que, debido a su majestuosidad y amplitud, eran capaces de infundir tal grado de pánico a los equipos rivales que estos quedaban paralizados y a merced del equipo local.

Hoy no vamos a hablar de fútbol, aunque todo lo que aquí vamos a contar perfectamente podría haberse producido en un estadio.

¿Cómo se puede llegar a esta situación de pánico? Pues de la manera más tonta. Tú puedes estar disfrutando de una agradable noche con tus amigos, en un garito donde te encuentras a gusto y que para nada te infunde miedo. Pero basta que una suave mano surja entre la multitud, se alargue, te coja por la muñeca y te lleve hacia su cuerpo, para que todo se ponga "patas arriba".

Sin comerlo ni beberlo te encuentras bailando salsa, ese tipo de música que tanto te gusta, con una chica que no conoces de nada. Como no es la situación que esperabas, ni el tipo de música en la que mejor te desenvuelves (si al menos hubiera sido un pasodoble), deambulas por todo el bar como un pato mareado. Te dejas llevar, pero aquello va de mal en peor.

Agradeces la sinceridad de la chica, dado que no se corta ni un pelo en decirte lo mal que bailas. Pero de sobra sabes que eso no es lo que te mantiene paralizado. Lo que te deja sin respuesta es constatar que tú no controlas la situación y darte cuenta, por enésima vez, que son ellas las que mandan.

Vuestra conversación pasa a los anales de las charlas más anodinas de la Historia. Necesitas pedir tiempo muerto, pero sabes que no puedes dado que este partido se juega a tiempo corrido, sin pausas. Así que, despidiéndote de ella con la sensación de haber presentado una pobre versión de ti mismo, no te queda otra que ponerte a meditar sobre lo sucedido pues está claro que te ha pillado el toro.

Tan sólo los toreros con suerte y con caché son capaces de torear más de una tarde en una misma feria taurina. Dado que no tienes caché, puede considerarse suerte el hecho que te vuelvas a encontrar con la misma chica en el mismo sitio.

Esta vez la situación la controlarás tú...o eso creías dado que, tras los primeros capotazos, ella te ha vuelto a desarmar. Una serie de respuestas cortantes por su parte te hacen comprender que ese "toro" está muy resabiado y embiste por menos de nada. Como te consideras un torero más de oficio que de clase, decides llevar a cabo una faena de "aliño" es decir, sin dejar levantar la muleta del suelo no siendo que en una de estas el "toro" descubra el engaño y vaya de lleno a por ti. Este tipo de faenas requieren de mucho temple, esfuerzo, concentración y no suelen ser lucidas, pero el público siempre acaba siendo agradecido valorando tu entrega y valor, aunque no te obsequien con una oreja.

De todas formas, no lo puedes negar. Disfrutas con este tipo de faenas y...con este tipo de "toros". Y éste en particular, acaba estando de por vida en tu imaginario.

2 comentarios:

¿Por qué será que las mujeres al final acabamos tomando el control de todas las situaciones?

Un muá :)

Y a mi que estando con una chica me da lo mismo que tenga el control o no...