En ocasiones piensas que el
Universo se sostiene sobre finos hilos que en cualquier momento pueden romperse.
Que la calma tan sólo es un estado transitorio previo a la mayor de las
tempestades. Que en el fondo somos frágiles aunque una coraza exterior muestre
lo contrario.
La fragilidad es pensar que lo
tienes todo, que puedes conseguir todo lo que te propongas y no tener en cuenta
que, en un instante, de la manera más imprevista, casi sin buscarlo, lo puedes perder
todo. Hasta tu propia vida. No nos damos cuenta que lo importante en la existencia
es llegar vivo al día siguiente, que todos los días nos enfrentamos a peligros “invisibles” que nos
pueden jugar una mala pasada. A veces se tiende a trivializar todo, lo que
provoca que nos relajemos en esa jungla diaria que es la vida y por tanto,
estemos más expuestos a cualquier tipo de incidencia.
La fragilidad es también no saber
transmitir tus sentimientos, creer erróneamente que un escudo te protegerá de
posibles daños que te pueda ocasionar relacionarte con los demás sin darte
cuenta que, con ese escudo puesto, te estás aislando cada vez más. Que si no te
abres, los demás no se abrirán para ti y que tú serás un extraño para ellos de
la misma manera que ellos lo son para ti.
La fragilidad es no haber
aprendido de las malas experiencias anteriores y cometer los mismos errores.
Venirte abajo sin ser capaz de reponerte, esperar a que la situación amaine en
vez de coger tú las riendas de la misma. En definitiva, no creer en ti y pensar
que cualquier cosa que hagas será mejorada por otro.
La fragilidad es obsesionarte
tanto con algo que esa obsesión no deje despuntar tu gran potencial. Es un
estado mental en el que interiorizas que eres inferior al otro y no sólo eso,
si no que lo demuestras lo cual, da munición a tus adversarios para hurgar en esta
herida. En vez de poner remedio, te hundes más y más hasta llegar a crearte
problemas donde antes no los había.
Como se puede ver, la fragilidad
se puede percibir de diferentes maneras pero una cosa es cierta: está ahí. No
podemos obviarla, es indisoluble con la condición humana. Desde el momento que
somos mortales, no podemos ser invencibles y por tanto, somos frágiles. Se
necesita un ejercicio mental exhaustivo para que no nos condicione la vida y ésta
podamos disfrutarla.

4 comentarios:
La fragilidad a vees nos deja... pongo puntos suspensivosss!!! Es un tema a mucha reflexión!! Excelente tu blog!!!! Estoy en la blogoteca.20minutos. y ya quedan apenas 2 días para el cierre!! Hasta el 3/2/12.
Podrías dar tu opinión y si puedes votar, en buena hora!! Pasa por http://lablogoteca.20minutos.es/todo-preescolar-15750/0/
Sí al final no decides votar mi blog o ya has votado otro, te invito a que le eches un vistazo a ver que te parecen los artículos.
Gracias
El pasado no sirve más que para aprender, hay que gestionar el presente con el conocimiento de lo que nuestra historia inmediata nos enseño, pero sin lamentarse o regodearse en lo que debió ser y no fue o no pudo, regodearse en el dolor del pasado no aporta nada.
Carpe Diem, siempre!!!,... pero con cabeza.
Has conseguido expresar de manera clara y sublime lo que yo siempre he pensado pero no he sabido transmitir, sin encontrar otras palabras (torpes y burdas, lo reconozco) que no fueran éstas: "Somos blanditos".
Saludos decadentes.
Es una buena manera de describir la vida, frágil como una figura de porcelana pero hermosa a la vez.
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